XVII

Laborio de minas.—Un almuerzo.

VEN, Guillermo, oirás una conversacion de unos mineros, de la que

puedes sacar partido para tus apuntaciones: están en mi cuarto, y les

he dicho que iba á tener el honor de presentarte.

Diciendo y haciendo, me puse al lado de Francisco y entramos á su

cuarto.

Rodeados á la pequeña mesita que fungia de escritorio de mi amigo, se

encontraban tres personajes, que por ser característicos, me voy á dar

el trabajo de bosquejar.

Era el uno Mr. Wood, de nueve arrobas de tara, con cada dedo como un

morillo y con cada pié como una canoa traginera; de la piel de su cara

escarlata habria podido salir una tambora.

La frente aplastada y ancha, los ojos azules, parapetados en los

carnudos pómulos, el cabello blanco, cayendo en hilos separados sobre

sus hombros y espaldas.

Negro leviton, con la figura de un baul á medio abrir, y uno de esos

sombreros puntiagudos, desgobernados, de ala ancha y accidentada, que

solo se ven en la cabeza de un yankee.

Ese tosco campesino; ese hombre de carcajada franca y estrepitosa, con

una dentadura de marfil luminoso, con su pipa de palo apagada en la

diestra, y su pulgar de la mano derecha negro de tabaco; ese tiene más

de tres millones de pesos, su casa es como un palacio y se trata como

un príncipe.

El otro que está á su lado, con la espina dorsal doblada, dando su

rostro casi sobre sus rodillas, cayendo su pelo castaño como una

cortina sobre su rostro, con una enorme navaja en la mano, puliendo,

como distraido, un palito, volviéndose á cada instante para escupir el

negro tabaco que masca grosero; ese, es Mr. Keen, accionista de minas,

que en los _Stokes_ ha perdido y ganado inmensas fortunas; hombre de

negocios, _manejador_ de plata.

El tercero, de sombrero blanco, elegante porte, rica cadena de oro,

pálido, rubio, nariz puntiaguda, boca pequeña, escasa patilla y barba

rasurada. Es ingeniero de minas: está con el pié derecho sobre el sofá,

inclinado sobre la mesa, tiene una de sus manos en el bolsillo del

pantalon, cuyo bolsillo encierra llavero, lápices, medidas, compases,

navajas, y no sé cuántos útiles que suelen sacar las narices y

desaparecen en aquel antro que hemos titulado bolsillo. Este ingeniero,

á quien llamaremos Mr. Swift, es hombre de números, y por consiguiente,

encanto de los negociantes.

Los caballeros con quienes acabo de dar conocimiento á mis lectores,

iban á consultar al Sr. Gomez del Palacio sobre una escritura de

Compañía, porque es de advertir, para orgullo nuestro, que el Sr.

Gomez del Palacio es conocido de toda la gente de valer de los

Estados-Unidos, no solo como eminente jurisconsulto y hombre próvido,

sino como muy entendido en negocios y como hombre que escribe con

la mayor cultura y correccion el idioma inglés. Por otra parte, un

hombre tan distinguido y considerado como Mr. Cushing, es el amigo

de Gomez del Palacio, amigo á quien mucho estima, y esta es una gran

recomendacion en aquellos países. Muchas de las consideraciones que yo

merecí en los Estados-Unidos á las personas de la alta sociedad, las

debo á mi amistad con el respetable Mr. Bryant, eminente poeta, y uno

de los hombres más dignos y más ilustres de la patria de Washington.

La consulta habia concluido muy satisfactoriamente, reinaba el buen

humor, se atizaba el _coptail_ y la cerveza, con alguna economía del

tabaco, porque á Francisco le endiablan los fumadores.

M. Wood me flechó, nos hablamos un inglés españolizado que hizo soltar

la risa al concurso, y á poco, el comerciante de granos y ganados y yo,

hubiéramos hecho la envidia de Pílades y Orestes.

El ingeniero que tenia la palabra cuando fué á llamarme Gomez del

Palacio, fué invitado á continuar despues de la interrupcion que

produjo mi llegada.

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 37 / 106 题