M. Swift habla perfectamente castellano.

—Decia yo, continuó el ingeniero, que la conmocion producida por el

descubrimiento de los placeres de oro de Calfornia, no ha tenido igual

en el mundo, no obstante que la Australia, tres años despues, daba

tanto como California, y que la fábula misma no se habria atrevido á

inventar bonanzas como las de la Nevada, más productivas en pocos años

que las riquezas de las Américas en tres siglos.

—Incluyendo por supuesto, dijo el de la navaja, el Colorado, Idalio.

—Bien, bien, decia M. Wood; pero de 1848 á 1873, dió California mil

millones de pesos; siempre este está bonita, y Montañas, Arizona, Nuevo

México, trescientos millones.

—Era de verse, continuó el ingeniero, llegar aventureros de todas

partes del mundo, lo mismo los que doblaban el Cabo de Hornos que los

que atravesaban el Istmo de Panamá; lo mismo los que saltaban sobre las

Montañas Rocallosas que los que se aventuraban en los inmensos llanos

del _farwest_, donde muchas veces perecian de hambre las caravanas.

Instalábanse los buscadores á la orilla de un arroyo, sin más útiles

que una barreta, una criba, y la batea mexicana para lavar el oro.

Cuando eran muy pequeñas las partículas de oro, se empleaba el mercurio.

Se tomaban el agua y las arenas, y el oro quedaba en el fondo.

Despues de esto se introdujo la cuna, es decir, un tamiz de esa figura

en que se depositaba la arena, y meciéndose, se hacia el cernido: este

sistema producia tres tantos más que el anterior.

Por último, se adoptó el sistema de tubos, que exige gran número de

trabajadores.

Los chilenos tambien plantearon su método, que consiste en poner la

arena en un patio enlosado. Allí se deposita al arena, se echa agua, y

al descender la arena por un plano inclinado, queda el oro.

Hubo tambien un método que se llamó hidráulico, que produjo los mejores

resultados.

—Eso fué, dijo M. Wood, de un hombre del Conneticut; el método

consistia en dirigir un chorro de bomba contra las rocas en que se

esconde el oro, y así sale el gato amarillo á toda prisa.

Algunas veces los lechos de la arena se tenian que profundizar;

abriéronse hondísimos pozos en que los buscadores se hundian.

—Y bien que se hundian; uno se hundió tanto, que dejó allí el cráneo,

dijo el de la navaja; y vea vd. las cosas: yendo dias y viniendo dias,

un sabio, M. Wetney, halló el tal cráneo, y dió y tomó que era un

cráneo fósil. Las sociedades científicas hicieron grande escándalo, se

escribieron libros, se nombraron comisiones y no se habló de otra cosa

que del hombre _prehistórico_, que era en resumidas cuentas un pobre

diablo desbarrancado en un pozo.

—Despues de esto fué el beneficio del cuarzo, ¿no es así? le pregunté

al ingeniero.

—Sí, señor; y aunque hoy las minas de cuarzo están muy en boga, al

principio se decia que no costeaban. En el centro de la Nevada tiene

vd. hoy á _Allision Banck_, que debió haber hecho millonarios á tres

irlandeses ignorantes que lo descubrieron y le abandonaron el año de

1851, que fué el mismo año del descubrimiento.

—Los tiempos heróicos del oro, replicó el de la navaja, son de 1848 á

1859.

Un mormon Marshal, soldado licenciado que habia estado en la guerra

de Mexico, y de paso para Utah, se empleó momentáneamente en la

máquina de aserrar madera que tenia el capitan Sutter á las orillas

del Sacramento, y éstos, por verdadera casualidad, descubrieron los

placeres de oro.

—Al decaer la bonanza del oro, notó el ingeniero, muchas familias

estaban aquí establecidas, y los naturales del país, en once años,

habian dado gran desarrollo á sus industrias.

La viña, las cereales, las maderas, constituian ramos de riqueza tan

valiosos como los placeres.

—Y más que todo, dijo alegremente M. Wood, la Nevada, el Colorado, los

montes de Wahsath, son vacas que dan plata y oro.

—No, dijo el ingeniero entusiasmado, con una mímica grotesca y

especial al yankee. Ahora es el tiempo heróico de las minas, se han

hecho inventos maravillosos, se ve á la ciencia armada con la clava de

Hércules, arrancando á la tierra sus tesoros, guardados por la sombra y

el abismo.

Apénas se sospecha una veta, se le ponen diques, se le circunscribe, se

sorprende con grandes túneles debajo de la tierra, se descuelga dentro

de ellos el dia por la lámpara del gas, se abren espacios en figura

de cruz, se rellenan de barriles de pólvora ó dinamita, se escurre

entre ellos el hilo metálico conductor del rayo, y se envía la chispa

eléctrica; la explosion es espantosa, vuelan como polvo y como hojas

secas las piedras y los inmensos peñascos, se derrumban masas enormes

de granito, se desgarran y riegan las entrañas del abismo; entre ese

humo, esa llama, esa granizada de fragmentos de montaña, se precipitan

los monitores, bombas de agua estupendas, del empuje del ariete y del

proyectil del cañon; la respiracion de esas bombas llama con terrible

pujanza 3.800,000 litros de agua.

Vencida, pulverizada la roca, deja al descubierto heridas

profundísimas, se abren extensos arcos, surgen pirámides y pilares

de la superficie plana de la roca; al terminarse este cataclismo....

alumbra el gas y la reverberacion de rayos de sol de oro, anuncia la

bonanza y corona una lucha en que el peligro ha sido contínuo, y la

muerte ha estado vacilando entre la eleccion de sus presas.

Ahora, para que vdes. se formen idea de una de estas negociaciones, les

citaré la de _Noorth Bloomfiel_, que es de la que hay mejores noticias.

La Compañía posee 635 hectaras de terreno aurífero.

En un angosto valle ha construido un gran dique para formar un

receptáculo que en 21 metros de altura deposite el agua.

El volúmen de agua encerrado en el cañon que describimos, es de 15

millones de metros cúbicos.

El canal que va del dique al terreno aurífero tuvo de costo 500,000

pesos.

Desemboca el acueducto á trescientos metros sobre las minas, y allí se

encuentra un segundo receptáculo.

—Gigantesco! estupendo! exclamé sin poderme contener.

—Pues no ha oido vd. todo: la Compañía tiene en obra otro canal que

reunido á este, le dará posibilidad de trabajar todo el año; habrá

entónces muchos puntos de ataque, se verán dos infiernos, uno de

piedras y otro de agua, y tendrá la Compañía en caja, como quien dice,

380 millones de litros de agua. La Compañía es dueña de 150 kilómetros

de agua empacada, que puede dejar caer desde lo de alto las montañas,

bañar los picos de nieve de la Sierra y convertir en lagos los valles

que se extienden á sus piés.

En los bancos hay varios pozos de trecho en trecho y sus túneles: hay

cerca de 300 millones de metros cúbicos de tierra aurífera, que se cree

contienen, mejor dicho, que contiene cientos de millones de pesos. El

ingeniero de esas obras titánicas se llama M. Hamilton Smith.

—Usted que es compadre de las musas, me decia M. Wood, habia de ver

esos inmensos canales que llegan en todos los terrenos metalíferos á

10,000 kilómetros, con lo que se podria hacer una faja á la cuarta

parte del globo, y las ruinas de esos antros son una maravilla:

montañas desbaratadas, moles gigantescas en tierra, laberintos de

granito y de cuarzo, el desórden, la desarticulacion, el caos de la

piedra, los despojos, la osamenta de los montes gigantescos, vecinos de

las nubes.

La Nevada, Calaveras, Amador, Joulumne, presentan espectáculos nuevos,

terribles, de desquiciamiento y muerte. ¡Cuando se abandonan esos

trabajos y la soledad impera en aquellos sitios, se ve algo semejante á

lo que será el cadáver del mundo en el seno de la Eternidad!

—Bien, muy bien, M. Wood, dijimos todos: un hombre del Kentuky, poeta,

eso es más raro que los canales de que se nos habla.

Yo seguia con interes sumo la conversacion de los amigos de Francisco,

y ellos me alentaban en mis apuntaciones, haciendo que éste me

tradujese lo que yo no podia entender; pero léjos de molestar á

aquellos caballeros, mi curiosidad les complacia, se esperaban á que

yo escribiese, me repetian lo que habian dicho, con suma deferencia y

finura.

—Hoy, me dijo el ingeniero, la atencion se concentra en la explotacion

de los placeres subterráneos. El oro no aparece ya en deslumbradoras

_pepitas_ como en otros tiempos felices. Es muy raro aquel que

amaneciendo pobre anochece rico, como sucedia cuando Eldorado.

Los rendimientos son ménos fecundos, y ya no se prestan al romance: en

cambio, están permanentemente organizados; esto hace que la poblacion

del Estado sea de cerca de un millon de habitantes.

La tierra, como celosa de las minas, abre su seno vírgen y convierte en

cuento mezquino la fábula preciosa del Cuerno de Amaltea. Las cereales

y la vid producen cosechas abundantísimas: el año de 1874 dieron los

campos 150,000 hectólitros de vino.

Las maderas se exportan para los más remotos pueblos; 18 millones de

kilógramos de lana han producido nuestros carneros, que se crian lo

mismo que en Australia, y ya vd. ve, en cuanto á los negocios, algo

dirá á vd, Mr. Keen, que se ha estado callado como un muerto.

Mr. Keen dió un tajo al palito que tenia entre sus manos, pronunció un

_old rigt_ estrepitoso, y habló en estos términos:

“En varios puntos de los Estados-Unidos se produce la plata, aun cuando

no todos tengan la nombradía de la Nevada, Utah, el Nuevo México y la

parte del Arizona que se relaciona con el Estada de Sonora.

Utah fué ménos explotado que aquellos distritos; mejor dicho, no

fué explotado sino hasta 1870, porque el Papa de los Santos, así es

llamado el Jefe de los Mormones, odia el contacto de los gentiles, así

llamados á todos los que no pertenecen á su comunion.

Las minas juntas de México, Chile, Perú y Bolivia, no producen lo que

una sola mina de la Nevada. Los rendimientos de aquel solo distrito

fueron en 1875 sesenta millones de pesos.

La vena más rica descubierta hasta ahora está en Virginia-City, y se

llama Comstok.

El descubrimiento y las peripecias de esas minas, aunque no tan

estrepitosas como los placeres de oro, pusieron á prueba el carácter

del aventurero; muchos de éstos tuvieron que andar entre la alta nieve

de las montañas, emprendiendo increibles trabajos, y muchos murieron

con la palabra _Go ahead_ (Adelante!) entre los labios. Socavones de

1,200 piés, pozos insondables, todo se intentó y la tierra arrojó

tesoros de su seno sobre los atrevidos trabajadores. La cantidad de

metal desprendido de solo la mina de Ophir, se calcula en 150,000

toneladas.

El juego de alza y baja de las minas para valorizar sus productos, se

hizo objeto de las especulaciones de los banqueros, quienes no solo

hacen adelantos al minero sobre los futuros productos, sino que creen

esto más fructuoso que las operaciones de descuento, y en este juego,

si bien algunos improvisan fortunas colosales, otros, y son los más, se

arruinan espantosamente.

No obstante, esa excitacion, ese juego de azar empeña á hombres

emprendedores de los Estados-Unidos y de Europa.

Se propala el descubrimiento de una mina ó de una veta, se encarecen

sus frutos, se publican opiniones de peritos, y la prensa echa á vuelo

todas las campanas de la publicidad. Ha habido vez que la prometida

bonanza se realice: entónces son los grandes paseos, el juego y las

orgías, al punto que unos negociantes de Chile tuvieron una bonanza de

cerca de un millon de pesos, y al mes no lograron reunir dinero para

comprar dos burros en que volverse al puerto.

La charla, la codicia, la prevision, los _anzuelos_ para atraer á

los incautos, se ponen en juego en aquella lotería peligrosa de que

resultan verdaderos desastres.

Los banqueros de San Francisco, más prudentes que otros, hacen

generalmente sus préstamos á las Compañías, con un tanto de premio, lo

que es ménos expuesto.

Se forma la Compañía, se emiten _Stokes_ ó acciones, y la alza ó baja

de los _Stokes_ constituye el juego.

El Banco de California, que quebró hace poco estrepitosamente, hacia,

como ninguno, la alza y la baja de los _Stokes_. Se hallaba á su cabeza

el célebre Ralston, que puede citarse como el tipo del negociante

americano.

Marinero subalterno, llamó la atencion por su porte y audacia. El

banquero Garrison le dispensó su proteccion y le encargó en Panamá

de sus sucursales del Banco de San Francisco: en 1855, cuando tenia

veinticinco años, Garrison le llamó á su lado y le interesó en todas

sus empresas.

En 1864, ya Ralston volaba con sus propias alas, y fundó con esplendor

el Banco de California.

Ninguna empresa minera, ni industrial, ni de mejora importante para la

costa del Pacífico, dejó de contar con la cooperacion de M. Ralston.

Se valuaba su fortuna en cien millones de pesos.

Su casa es sin duda alguna la más espléndida de California: tenia

constantemente sobre cien convidados á su mesa, y habia departamentos

lujosísimos para huéspedes.

Abria para sus amigos las puertas de las elecciones públicas. En las

minas, sus indicaciones eran órdenes. Fué padrino y se hizo cargo de la

mitad de los costos del Palace Hotel, uno de los primeros del mundo.

Ralston tenia un rival, Mackay, poseedor de una fortuna de setenta

y cinco millones de pesos. Es uno de los directores de la mina

_Consolidatet Virginia, California y Ophir_.

Dos de los asociados de Mackay son de orígen tan humilde como el

O’Brien y Flood, que empezaron su carrera como dependientes de taberna.

Ralston murió ahogado: cuenta la maledicencia que habiendo determinado

suicidarse y verificarlo descaradamente, quitaba á su familia el

_derecho de seguros_: entónces fingió una excursion en el mar, y allí

borró la huella de su atentado. Juzgo que no sea cierta esta version;

pero el cálculo pinta al yankee. San Francisco le hizo funerales como á

un monarca. Muchas personas vistieron luto y se pronunciaron notables

discursos fúnebres en su honor.

El Banco de California cerró sus puertas, y se consideró tal

acontecimiento como una calamidad pública.

El 3 de Octubre de 1875, un telégrama anunció al _Times_ de Lóndres que

el Banco de California abria de nuevo sus puertas al público.

Hubo hurras, bravos, y contento como en un dia de fiesta nacional: la

gente bebia y brindaba en las calles; la multitud rodeaba al Banco como

se rodea con entusiasmo un monumento de gloria.

Lo singular en todo esto es que los ingenieros, los mineros, en una

palabra, todos los hombres de trabajo de las minas, permanecen como

indiferentes á cuanto ocurre al rededor de ellos y sobre sus cabezas,

dedicándose con perseverancia extrema á sus ocupaciones.

La dinámica, la química, las ciencias todas, hacen progresos para la

más fructuosa extraccion de los metales, y cuando todo parece agotado,

se envía la tierra metalífera á Swance, en el país de Gales, y á

Friburgo, en donde los más económicos procedimientos sacan partido de

los desechos de las minas.

El año pasado y parte del presente han producido las minas todas de la

Nevada, entre plata y oro, cien millones de pesos. La Australia, la

Siberia y las Américas reunidas, no llegan á esa suma.”

Aunque dilatada y no muy amena la relacion de M. Keen, la escuchamos

todos con vivo interes, esencialmente en lo relativo á los _Stokes_,

que tanto influjo tienen en la sociedad de California.

Quedaron charlando y fumando mis nuevos amigos en compañía de

Francisco, y yo me dirigí á mi cuarto, donde me esperaban mis viejos

compañeros.

* * * * *

—Comes con nosotros, me dijo Pablo; estarán en nuestra compañía el

bravo capitan Heigs y D. Lino Patiño, aquel viejecito español que tanto

blasfema contra los yankees.

A la una de la tarde estábamos en el gran _Restaurant_ de la calle de

Sutter, en el salon inmenso que da á la calle, desde donde se ve el

mostrador de los marmitones, y donde la servidumbre tiene todos los

matices y está en posesion de todos los idiomas del globo.

La mesa albeando, jarrones con flores, jarras con gigantescas ramas

de apio, unos panes sacados de trozos de masa cuadrada, como grandes

zoquetes de madera.

Comimos alegremente: D. Lino me veia de reojo, porque me habia oido

elogiar lo que me parece digno de elogio en los americanos. D. Lino es

un carlista recalcitrante, bilioso, de ojos verdes, patilla gris, y un

fruncimiento de labios que recrudece su palabra y hace incisivas sus

malas razones.

—Instruccion pública, instruccion pública, decia D. Lino, que el sol

así, que la luna asado, que esa yerba es lanzácea, y no conocen la _O.

Ginacio_, hombre, retozo y manoteo, y unos angelitos como unos chivos,

y unas niñas como gañanes.... y no es eso lo más, sino liebres corridas

desde chiquitinas. ¿Union de los sexos? Como el diablo, hombre; cada

escuela es una cena de negros.... Hombre, por la Santísima Vírgen esto

es una condenacion!

Yo reia, y D. Lino queria comerme con los ojos; mis amigos le azuzaban

llevándole la contra.

—El señor habla como adolorido: que le cuente á vd. su aventura con

Lulú.

—Hombre, ese no es cuento de broma, replicó D. Lino; no creo que vdes.

quieran que me dé cabezadas contra las paredes.

—Cuente vd.

—Cuente vd., repetimos á una voz.

—Pues, señor, yo soy viudo y con tres hijas, cristianas y educadas á

mi modo, gracias á Dios! Vine á esta California ó Calinfierno á recoger

unos cuartos de un tio minero.

Don Lino, ¿un paseito por _Cliff-House_?—D. Lino viene á su negocio y

no pasea.—D. Lino, ¿una visitadita al Teatro de las Circasianas?—D.

Lino no visita, y que esas doncellas se la pasen como puedan.

Un dia fuimos á Oklan; esos _ferris_ son como demonios, se embaula

gente hasta el tope y todo el mundo está de bromilla; yo no soy

enamorado, pero tampoco un pedazo de atun: ví á unos amigos con unas

señoritas; ¡qué graves y qué circunspectas! una de esas señoritas

cargaba un envoltorio enorme: al salir del ferro tomó el tercio aquel

en brazos ¡pobrecita! y luego era tan linda.... por negada que sea

una persona, se comide en tales lances.... cargué el envoltorio, ella

no sabia palabra de español.... tomó un ómnibus, y yo fuí, cargando,

hasta depositar el bulto en el coche.... como no tenia rumbo, allí

me quedé.... y llevábamos el estorbo aquel entre los dos.... _thank

you_, muchas gracias, decia ella.... y yo contento.... llevaba un

anillo en mi dedo.... ella me tomó el dedo.... y á mí se me fué la

mano.... veia y examinaba el anillo.... y decia: _very fine_, _very

nice_, _esplendide_.—A la órden, señorita, y ¿lo creerán? me lo fué

safando del dedo, y ahí te quiero ver.... por recobrar el tal anillo,

me perdí.... á los tres dias éramos amigos. Pero yo dije: “Lino, aquí

paras”.... me informé; aquella no era una mujer pública, era una

preceptora de idiomas... Vamos, con mil diantres, sea vd. maestra de

mis hijas!

Va á la casa, les enseña este _gury gury_, y á mí ¡pícaro! á decir: “Mi

querida señorita, mi esposa,” y.... ¡quién sabe cuántas tonterías!

Pícales el celo á mis hijas y despiden á la preceptora....

Lo perdido, perdido, dije con mi conciencia limpia, y quedamos en paz.

Pero amigos, ¿cuál fué mi asombro, cuál mi espanto, cuál mi

estupefaccion, cuando me van notificando que me case con Lulú? ¿Yo con

Lulú? hombre, si no estoy dejado de la mano de Dios; si poco me falta

para tomar una calavera y una disciplina!

—Que se case vd., que no hay remedio, ó cien mil pesos por

indemnizacion.

—¿Indemnizacion de qué? ¿qué pedazo de territorio le he quitado á esa

furia?

Me llevan á una conciliacion, muestra mi anillo, ríe el auditorio, le

digo al asno del abogado que yo no habia tenido dares ni tomares....

grito, charlo, nadie me entiende. A los tres dias de esta escena, voy

viendo un periódico ilustrado, y allí estaba yo en estampa, sin que

me faltara pelo ni señal, debajo de un árbol, dando un anillo á Lulú.

Pues, señor, aquello _era causa célebre_: mis hijas empezaron á saber

no sé cuántas cosas. Lulú tenia tios, primos, apoderados, abogados, y

todos con las uñas clavadas en M. Lain Pastaino (eso quiere decir Lino

Patiño, ese soy yo), que bufaba por estas calles. ¿Pero una prueba? La

ley quiere que se esté al simple dicho de la mujer.

—¿Pero si yo no tengo aliento ni para verme?—Que afiance Mr. Pastaino.

—Hombres, pero si yo nada he afianzado ni quiero afianzar.

Entre tanto mis retratos volaban por el orbe: ya viene un _reporter_

con quien me doy de puñetazos por venirse á meter en lo que no le

importa; ya quiere un fotógrafo sacar ejemplares de mi individuo, en no

sé cuántas actitudes; ya un frenólogo me quita el sombrero en la calle

para reconocerme _la amativité_, y yo por aquí riño, por allá bufo, y

por todas partes reniego, muriéndome de vergüenza al entrar en mi casa

y encontrar á mis hijas con mi retrato y el de Lulú, como dos tórtolas,

en el periódico!

Para no cansar á vd., la mitad de la herencia del pariente, se fué en

pitos y flautas de jueces y escribanos, y en pagar á Lulú su inocencia,

que llevaba tres _gachupines_ desplumados!!

Descuídense vdes., descuídense; hagan lo que en México, diciendo

palabritas, dando anillos y haciendo protestas á la primera que pasa, y

les dan una secuestrada que el alma les arda.

Aplaudimos á D. Lino, y apuramos por su salud nuestra última copa.

[Illustration: _LIT. DE H. IRIARTE MEXICO._

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 38 / 106 题