II

Las calles de dia.—De noche.—Los carruajes, wagones y carros.

COMO al desembarcar en California aturdido con la grandeza de la

bahía se encuentra uno sin transicion en las principales calles,

es decir, donde está establecido el tráfico y donde se palpan, por

decirlo así, las formas de la niña gigante, la inmensa aglomeracion de

gente, los tropeles de coches, ómnibus y carruajes de todas hechuras,

la amplitud de las calles, que es de veinticinco á treinta varas,

la de las banquetas que es de cinco ó seis, la elevacion inmensa de

los edificios con sus ventanas, formando hileras superpuestas, sus

pórticos y sus aparadores de cristales de siete y ocho varas de largo

en no interrumpido muro, y la extrañeza y el lujo de las damas y

caballeros, hacen creer que se encuentra uno en una ciudad encantada.

El acrecimiento ha sido tan rápido y tan estupendos los trabajos, que

en los lugares en que todavía en 1846 podian anclar grandes navíos, hoy

se pisan calles opulentas perfectamente adoquinadas.

Las calles de Kearny, la de Montgomery, la del Mercado (Market),

California y Sacramento, son características por su magnificencia y

riqueza.

La primera tendrá dos millas de extension. El primer piso le forman

esos vidrios gigantescos, detenidos entre columnas airosas de fierro,

de suerte que parece una portalería espaciosa de cristales, sobre

la que descansan las masas de los edificios, que están como en el

aire. Estos constan de seis pisos: en las paredes se abren, con

uniformidad constante, ventanas en hileras, unas sobre otras, del

mismo tamaño y hechura, con sus persianas verdes; ó se destacan como

aparadores y nichos salientes, unos sobre otros como sartas, si se ven

verticalmente; como sogas, si se buscan las líneas paralelas, y esos

nichos tienen cristales, molduras y verdaderas filigranas de madera y

de hierro.

De trecho en trecho se interrumpe la monotonía para dejar sobresalir

atrevidas columnas, elegantes pórticos, aéreas construcciones de

aspiraciones griegas y romanas, jarrones, fuentes y estatuas, que

si no fueran de tan leve material, serian milagros del delirio

arquitectónico, provocado por la fiebre de lo opulento y lo fantástico.

Junto á estos sorprendentes edificios hay casucas siempre puntiagudas

y singulares, de la más pobre apariencia, del aspecto más repugnante,

y son la carrocería ó el establo, casas de lavanderas ó almacenes de

grasas y de pieles pestilentes, de donde brotan endriagos enmarañados

y haraposos, fantasmas de falla y borceguíes, y duendes en camisa con

chorreones que escandalizan la vista y el olfato.

[Illustration:

_LIT. DE H. IRIARTE MEXICO._

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 15 / 106 题