Creo que V. M. habrá sabido ya las noticias que ha traido la flota, que

hace dos años, el Rey de Portugal mandó á descubrir por la parte de

Guinea. Tal viaje como ese no lo llamo yo descubrir sino andar por lo

descubierto, porque como lo vereis por la figura, su navegacion es de

contínuo á vista de tierra y recorren toda la costa de Africa por la

parte Austral, que es andar por una vía de la cual hablan todos los

autores de la Cosmografía. Cierto es que la navegacion ha sido de gran

provecho, lo que vale mucho en estos tiempos de codicia y máxime en este

país donde mas desordenadamente reina. Entiendo ya que han pasado al Mar

Rojo y han llegado al Seno Pérsico, á una ciudad que se llama Calcuta,

que está entre el Seno Pérsico y el rio Indico; nuevamente han vuelto

para el Rey de Portugal doce naves con grandísimas riquezas, habiendo

enviado otras naves á las mismas regiones y por cierto que harán gran

cosa si llegan á salvamento.

Estamos á 18 de Julio de 1500 y no habiendo mas de que hacer mencion,

Nuestro Señor guarde la vida y el magnífico Estado de Vuestra Señoría y

Magnificencia.

De V. M. servidor:

AMÉRICO VESPUCIO.

II.

CARTA DE AMÉRICO VESPUCIO,

Á PEDRO SODERINI.

Magnífico Señor: Despues de la humilde reverencia y debida recomendacion

etc. Tal vez V. M. y notoria sabiduría se admirará de la temeridad con

que oso escribirle tan minuciosamente, teniendo su atencion ocupada

siempre en los consejos y negocios del buen gobierno de esa Excelsa

República, y me tendrá por presuntuoso y vano por ponerme á escribirle

cosas impertinentes á vuestro Estado, que ni tampoco son recreativas y

que fueron ya referidas á Fernando Rey de Castilla; pero la confianza

que tengo en vuestra indulgencia y en la novedad de mis noticias, que no

se encuentran escritas ni por los antiguos ni por los modernos: me

deciden á hacerlo. La causa principal que me mueve á escribiros ha sido

el habermelo rogado el portador de la presente, Benvenuto Benvenuti,

nuestro compatriota, muy servidor de V. M. y muy amigo mio, que

encontrándose en esta ciudad de Lisboa me rogó que diese parte á V. M.

de las cosas vistas por mí en diversas playas del mundo, en cuatro

viajes que he hecho para descubrir nuevas tierras, dos por mandato del

Rey de Castilla por el Gran Océano, hácia el Occidente y los otros dos

por órden del poderoso Don Manuel, Rey de Portugal, hácia el Sur,

diciéndome que V. M. encontraria placer en ello y además me he decidido

á hacerlo porque creo que V. M. ha de contarme en el número de sus

servidores, recordando como en el tiempo de nuestra juventud, era

vuestro amigo, aprendiendo juntos los principios de la gramática bajo la

buena direccion y doctrina del Venerable religioso de San Márcos, Fray

Jorge Antonio Vespucio, tio mio, cuyos consejos y doctrinas pluguiese á

Dios hubiera seguido, que como dice el Petrarca, seria otro hombre de lo

que soy. De cualquier modo que sea algo he aprovechado porque he

practicado siempre la virtud y aunque estas mis frivolidades no

convengan á vuestra seriedad, diré como decia Plinio[8] á Mecenas: _en

algun tiempo soliais recrearos con mis chanzas_. Aunque V. M. esté

ocupado en los públicos negocios, alguna hora tendreis de descanso para

gastar algun tiempo con las cosas ridículas ó recreativas, y asi como el

hinojo[9] se dá despues de las deliciosas bebidas para disponerlas á

mejor digestion, asi podreis por descanso de tantas ocupaciones, mandar

leer esta mi carta, para que os aparte algo del asíduo pensamiento en

las cosas públicas.

V. M. sabrá como el motivo de mi venida al Reyno de España fué por causa

de comercio y como seguí en esta ocupacion por cerca de cuatro años, en

los cuales conocí las variaciones de la fortuna y los cambios de sus

bienes transitorios, teniendo de repente al hombre en la cima de la

felicidad y ya los priva de esos bienes que pueden decirse prestados, de

modo que conocido el contínuo trabajo que se pone en conquistarlos

sometiéndose á tantos disgustos y peligros, resolví dejar el comercio y

dedicarme á cosa mas laudable como ir á ver el Mundo y sus maravillas,

para lo cual se me ofreció tiempo y oportunidad habiendo el Rey Don

Fernando de Castilla ordenado que saliesen cuatro buques á descubrir

nuevas tierras hácia el Occidente, habiendo sido electo por Su Alteza

para que fuese en esa flota á ayudar á descubrir. Partimos del puerto de

Cádiz á 10 de Mayo de 1497[10] y tomamos nuestro camino por el Océano;

en cuyo viaje empleamos diez y ocho meses y descubrimos mucha tierra

firme é infinitas islas, casi todas habitadas, de que no hablan los

antiguos por no haber tenido noticias, pues si bien recuerdo, he leido

que este mar era tenido por deshabitado y de esta misma opinion fué

Dante, nuestro poeta, en el Capítulo XXVI del Infierno, en que finje la

muerte de Ulíses; en cuyos viajes vi cosas muy maravillosas, como daré

cuenta á V. M.

VIAJE PRIMERO.

El año del Señor de 1497, á los 10 dias de Mayo como arriba dije,

partimos del puerto de Cádiz cuatro naves de conserva y empezamos

nuestra navegacion derecho á las Islas Afortunadas que hoy se llaman la

Gran Canaria, que están situadas en el mar Océano, al fin del Occidente

habitado, en el tercer clima, que alza el Polo del Setentrion fuera de

su horizonte veinte y siete grados y medio y distan de esta ciudad de

Lisboa, 280 leguas al rumbo entre mediodia y S. E. donde permanecimos

ocho dias proveyéndonos de agua y leña y otras cosas necesarias. Hechas

nuestras oraciones, desplegamos velas empezando nuestra navegacion por

el Poniente, tomando un cuarto al S. E., navegamos hasta que al cabo de

treinta y siete dias fuimos á dar con una tierra que la juzgamos tierra

firme, la cual dista de las Islas Canarias hácia el Occidente cerca de

mil leguas dentro de la Zona Tórrida, porque encontramos que el Polo del

Setentrion alza fuera de su horizonte seis grados[11] y mas Occidental

que la Isla Canaria setenta y cuatro grados, en la cual anclamos á una

legua y media de tierra. Largamos los botes y tripulados de gente

armada, fuimos á tierra y antes que llegaramos á ella vimos mucha

poblacion en la playa, de lo cual nos alegramos y vimos que esa gente

estaba desnuda. Mostraron tenernos miedo y se retiraron á un monte y á

pesar de nuestras señas de paz y de amistad, no quisieron venir á hablar

con nosotros; de modo que viniendo ya la noche y porque las naves

estaban surtas en lugar peligroso, por ser la costa brava y sin abrigo,

acordamos al otro dia movernos de aquí é ir á buscar algun puerto ó

ensenada en que asegurar nuestras naves. Navegamos por el N. O. que en

esa direccion estaba la costa, siempre á vista de tierra y viendo en

ella mucha gente. Habiendo navegado asi dos dias, encontramos un lugar

seguro para las naves, yendo á tierra con cuarenta hombres, consiguiendo

con algun trabajo y por medio de algunos dones que hicimos, que la gente

viniese á hablar con nosotros. Al dia siguiente volvimos á tierra y

hallamos la poblacion muy bien dispuesta y cargada de víveres que

pusieron á nuestra disposicion.[12]

Acordamos partir de este punto y andar mas adelante, costeando siempre

la tierra en la que hicimos muchas escalas y tomamos informes de los

habitantes y al fin de algunos dias, fuímos á dar á un puerto donde

estuvimos en grandísimo peligro, del cual salvamos gracias al Espíritu

Santo. Habia en este puerto una poblacion fundada sobre el agua como

Venecia; componíase de unas cuarenta y cuatro casas grandes, en forma de

cabañas, sostenidas sobre palos gruesísimos y sus puertas en forma de

puentes levadizos, pudiéndose asi desde una casa recorrer todas las

demas; viéndonos sus habitantes, mostraron tener miedo de nosotros y

alzaron al instante todos los puentes. Mientras estábamos viendo esta

maravilla, vinieron por el mar cerca de veintidos canoas (que son las

naves que usan, fabricadas de un solo árbol) las cuales rodearon

nuestros buques, manteniéndose lejos de nosotros. Viendo que á pesar de

nuestras demostraciones de amistad no conseguíamos atraerlos, fuimos

hácia ellos pero huyeron haciéndonos entender con señas que esperasemos

y que ellos volverian. Fueron hácia un bosque inmediato del cual

regresaron pronto trayendo consigo diez y seis doncellas, poniendo

cuatro de ellas en cada uno de nuestros buques como rehenes; pero bien

pronto las mujeres que estaban en la costa dieron grandes gritos y

demostraciones de desesperacion y los hombres cambiaron sus señales de

amistad por señales de guerra, trayéndonos un formidable ataque que nos

puso en la necesidad de defendernos y matar algunos de ellos.

Continuamos la navegacion y al fin de unas ochenta leguas descendimos en

otro punto de la costa, donde vimos que la poblacion preparaba su

alimento asando unos animales que nos parecieron serpientes y haciendo

una especie de pan ó masa con unos pequeños peces y muchas otras clases

de alimentos y frutas. Propiciada la amistad de estas gentes, hicimos

una excursion como unas diez y ocho leguas al interior. Volvimos á las

naves, siguiéndonos muchos de los habitantes y cuando estuvieron en

ellas, resolvimos hacer algunos disparos de artillería á cuyo ruido

nuestros huéspedes se lanzaron al mar con la misma ligereza que las

ranas saltan al pantano.

Esta tierra es muy poblada y muy regada de rios, rica en animales que

poco se asemejan á los nuestros. No tienen caballos, ni mulos, ni asnos,

ni perros, ni ninguna clase de ganados. Las aves son innumerables de

varias clases y colores. La tierra es muy amena y fructífera, llena de

grandísimas selvas y bosques y siempre está verde pues los árboles no

pierden las hojas. Muchas son las frutas y todas diferentes de las

nuestras. _Esta tierra está dentro de la Zona Tórrida, bajo el paralelo

que describe el Trópico de Cáncer, donde alza el Polo sobre el horizonte

veintitres grados. Partimos de este puerto cuya provincia se llama_

_LARIAB y navegamos á lo largo de la costa siempre á la vista de tierra,

haciendo unas ochocientas setenta leguas aún hácia el N. O._[13]

Habíamos estado ya trece meses en el viaje y los buques y sus aparejos

estaban muy deteriorados y para repararlos ganamos un puerto, el mejor

del mundo, en el cual estuvimos treinta y siete dias, al cabo de los

cuales resolvimos volvernos á España, llevando doscientos veintidos

prisioneros tomados en un combate que tuvimos últimamente y llegamos al

puerto de Cádiz el 15 de Octubre de 1498.[14]

VIAJE SEGUNDO.

En cuanto al segundo viaje y á lo que en él ví mas digno de memoria voy

á exponerlo del modo siguiente: Partimos del puerto de Cádiz con tres

naves de conserva el dia 16 de Mayo de 1499 y empezamos nuestro camino

derecho á las Islas del Cabo Verde, pasando á vista de la Isla de la

Gran Canaria, hasta llegar á una isla que se dice _Del Fuego_[15] donde

hicimos nuestra provision y partimos de ella tomando rumbo por el S. E.

y en cuarenta y cuatro dias fuimos á dar con una tierra nueva, que la

juzgamos tierra firme y contigua con la arriba mencionada, la que está

situada dentro de la Zona Tórrida y mas allá de la Línea Equinoccial por

la parte del Sur, sobre la cual alza el polo del Meridiano ocho grados y

dista de dicha isla por el S. E. ochocientas leguas. Encontramos que

eran iguales los dias con las noches, cuya tierra la reconocimos toda

anegada y llena de grandísimos rios, al extremo de no poder acercarnos á

ella con nuestros botes. Vimos por las orillas señales de ser la tierra

poblada; levamos anclas y fuimos á descubrir un punto mas practicable.

Encontramos en esta costa que las corrientes del mar eran de tanta

fuerza que no nos dejaban navegar y todas venian del Sur, resolviendo

por esta razon, dirigirnos á la parte del N. O. por donde navegamos

hasta encontrar un bellísimo puerto, que estaba formado por una gran

isla que protejia la entrada.[16]

Partimos de aquí y entramos en la ensenada donde encontramos tanta gente

que era una maravilla é hicimos amistad con ella, obteniendo ciento

cincuenta perlas en cambio de algunas bagatelas. Aquí vimos que los

habitantes bebian un líquido hecho con frutas y semillas como la cerveza

y entre esas frutas pudimos gustar los _mirabolanos_ que es una fruta

muy gustosa y saludable.

La tierra es muy abundante de alimentos y la poblacion muy pacífica.

Estuvimos en este puerto veinte y siete dias viendo mucha poblacion que

venia del interior á vernos, maravillándose de nuestra figura, de

nuestras armas y vestidos y de la forma y grandeza de nuestras naves.

Por esta gente supimos como existia hácia el Poniente otra poblacion

que eran sus enemigos y que poseian infinitas perlas diciéndonos como

los pescaban y de qué modo nacian.

Partimos de este puerto y navegamos por la costa viendo de contínuo

gente en la playa; al cabo de muchos dias fuimos á dar con un puerto

porque necesitabamos reparar unas de nuestras naves que hacia mucha

agua, pero la poblacion aqui era tan esquiva que no pudimos tratar con

ella y fuimos á una isla que distaba de tierra unas diez y ocho leguas,

que encontramos estar habitada por una gente de feo aspecto, pero con la

cual pudimos entrar en relacion;[17] despues de haber desembarcado en la

Isla de los Gigantes que asi la llamo por la alta estatura de sus

moradores, resolvimos volver á Castilla porque habiamos estado en el mar

ya cerca de un año, carecíamos de víveres y los pocos que quedaban

estaban perdidos á causa de los grandes calores, porque siempre habiamos

navegado por la Zona Tórrida y _atravesado dos veces la Línea

Equinoccial_, pues como dije arriba, fuimos hasta el grado ocho de

latitud Sur y aqui estamos en diez y ocho grados latitud Norte. Con esta

resolucion tuvimos la suerte de llegar á un punto donde hallamos una

poblacion que nos recibió muy amistosamente y obtuvimos de ella gran

cantidad de perlas. Detuvímosnos aqui cuarenta y siete dias, habiendo

sabido cómo y dónde pescaban estas perlas, habiéndonos dado muchas

ostras en las cuales estaban aun incrustadas las perlas; llegando á

saber que si no están en sazon y no se desprenden por sí mismas, no

sirven, ni tienen lucimiento alguno. Partimos de aqui y fuimos á dar á

la Isla Antilla que es la que descubrió Cristóbal Colon algunos años

antes, donde hicimos provision y estuvimos dos meses y diez y siete

dias, pasando muchos peligros y trabajos con los mismos cristianos que

nos hostilizaban, creo que por envidia. Partimos de dicha isla el 22 de

Julio y navegamos un mes y medio al cabo de los cuales entramos al

puerto de Cádiz, el 8 de Setiembre.

VIAJE TERCERO.

Estando en Sevilla reposando de tantos trabajos que habia pasado en

estos dos viajes, y deseoso de volver á la tierra de las Perlas,

ocurriósele al Rey Don Manuel de Portugal querer servirse de mí; y vino

un mensajero con letras de S. M. en las que me rogaba que fuese á

Lisboa, prometiéndome favorecerme. Fuí aconsejado para no ir y despedí

al mensajero disculpándome. Pero en seguida envióme otro mensajero que

lo era Bartolomeo del Giocondo, con instrucciones para llevarme de

cualquier modo, y por fin me decidí á venir, lo que fué mal visto por

los que me conocian, pues en Castilla estaba muy considerado y en buena

posicion y lo peor fué que me partí _insalutato hospite_; pero en fin,

así lo hice y presentándome ante este Rey, mostró tener placer de mi

llegada y me rogó que fuese con tres naves que estaban prontas para

descubrir nuevas tierras, y como un ruego de un Rey es mando, tuve que

acceder y partimos de este puerto de Lisboa el 10 de Mayo de 1501 y

tomamos nuestra derrota por la Isla de la Gran Canaria, pasando á vista

de ella y de ahi fuimos por la costa de Africa hácia el Occidente en un

puerto que se dice Bisenegue en Etiopía, que está dentro de la Zona

Tórrida á los catorce grados y medio de latitud, donde estuvimos once

dias haciendo nuestras provisiones. Partimos de este puerto y navegamos

por el S. O. tomando un cuarto al Sur y á los sesenta y siete dias

llegamos á una tierra que distaba de dicho puerto cien leguas al S. O. y

en esos sesenta y siete dias esperimentamos el peor tiempo posible á

causa de aguaceros, turbonadas y tormentas; porque estábamos en tiempo

contrario, pues casi toda nuestra navegacion fué por el paralelo de la

Línea Equinoccial. Plugo á Dios mostrarnos tierra nueva lo que fué el

dia primero de Agosto; echamos ánclas á media legua de la costa yendo en

nuestros botes á ver la tierra, que era muy amena y poblada. Tomamos

posesion de ella á nombre de este Serenísimo Rey y encontré que estaba

cinco grados mas allá de la Línea Equinoccial hácia el Sur.[18]

Partimos de este lugar y seguimos nuestra navegacion entre el Este y el

Sur, que asi corria la tierra é hicimos muchas escalas. Y asi navegamos

hasta encontrar un Cabo que, le pusimos por nombre Cabo de San Agustin,

distante cincuenta leguas del otro punto en que llegamos, cuyo cabo está

á los ocho grados latitud Sur y de aqui corrimos hácia el Sur hasta el

grado treinta y dos, donde no veiamos ya la Osa Menor y la Mayor quedaba

muy baja y casi se mostraba al fin del horizonte y nos regiamos por las

estrellas del otro Polo que son muchas, mucho mayores y mas lucientes.

De la mayor parte de ellas dibujé sus figuras con la declaracion de los

círculos que describian al rededor del Polo Austral, con sus diámetros y

semidiámetros, como podrá verse en mis _Quattro Giornate_.[19]

Recorrimos esta costa por cerca de setecientos cincuenta leguas; ciento

cincuenta del Cabo dicho de San Agustin hácia el Poniente y seiscientas

hácia el Sur. Y si quisiera referir las cosas que en esta costa vi no me

bastarian otras tantas hojas; basta decir que hay infinita cantidad de

árboles de campeche y de otros muy apreciados. Y habiendo estado ya en

el viaje cerca de diez meses, resolvimos ir á navegar por otra parte,

confiándoseme la direccion de las naves; ordené se hiciera provision

para seis meses y despues empezamos nuestra navegacion por el S. O. y

esto fué el 15 de Febrero, cuando ya el sol se acercaba al Equinoccio y

tanto navegamos que nos encontramos en un punto en que el Polo alzaba

sobre nuestro horizonte treinta y dos grados.[20] Ya no veiamos las

estrellas de la Osa Menor ni de la Mayor, hallándonos distantes del

puerto de donde partimos, unas quinientas leguas por el Sur y esto fué

el dia 3 de Abril en que estalló una tormenta tan furiosa que nos hizo

arriar nuestras velas y correr al palo seco, con mucho viento que venia

del S. O.[21] Las noches eran muy largas, que algunas teniamos de quince

horas pues en esta region se apróxima el invierno por este tiempo.

Corriendo esta tormenta, avistamos nuevas tierras por las cuales

navegamos cerca de veinte leguas; siendo las costas muy bravas y no

viendo en ellas puerto alguno, resolvimos volvernos al camino de

Portugal, y fué muy buen consejo, pues de cierto, si tardamos mas

tiempo, nos hubiéramos perdido, y asi teniamos el viento de popa.

Seguimos cinco dias hallándonos ya cerca de la Línea Equinoccial en

mares mas templados y quiso Dios escapáramos de tanto peligro. Nuestra

navegacion fué por el viento Norte N. E. porque nuestra intencion era ir

á reconocer la costa de Etiopía de la cual distábamos mil trescientas

leguas, á la cual llegamos el dia 10 de Mayo, en el punto que se llama

la Sierra Leona, donde estuvimos quince dias al fin de los cuales

partimos hácia la Isla de los Azores, que distan de aquel lugar cerca de

setecientas setenta leguas, en cuyas islas estuvimos otros quince dias

tomando algun descanso y por último partimos para Lisboa de la cual

estábamos mas al Occidente trescientas leguas, entrando por fin á dicho

puerto el 7 de Setiembre de 1502: habiendo empleado en este viaje cerca

de diez y ocho meses y once dias.

VIAJE CUARTO.

Réstame decir las cosas que ví en el cuarto viaje y por estar ya cansado

y además porque este viaje no se realizó segun me lo habia propuesto á

causa de una desgracia que nos sucedió en el Atlántico, como tendré

ocasion de referirlo, trataré de ser muy breve y conciso. Partimos de

este puerto de Lisboa seis naves de conserva con propósito de ir á

descubrir una isla hácia el Oriente que se llama Malaca, de la cual se

tiene noticia de ser muy rica, y que es como el emporio de todas las

naves que vienen del Mar Gangético y del Mar Indico, como Cádiz lo es de

todas las naves que pasan de Oriente á Poniente y vice-versa, por la vía

de Calcuta y esta Malaca está mas al Occidente que Calcuta y á mayor

altura hácia el Mediodia pues sabemos que está á treinta y tres grados

del Polo Antártico. Partimos el 10 de Mayo de 1503 y fuimos derecho á

las Islas del Cabo Verde, donde hicimos nuestras reparaciones, empleando

en ellas trece dias y al fin partimos para nuestro viaje hácia el S. E.

Como nuestro Capitan Mayor fuese hombre presuntuoso y terco, quiso ir á

reconocer la Sierra Leona, tierra de la Etiopia Austral, contra la

voluntad de todos nosotros. Navegando asi, cuando avistamos dicha

tierra, fueron tantas las turbonadas y el mal tiempo, que á pesar de

haber estado por cuatro dias á vista de ellas, no pudimos atracar,

viéndonos obligados á volver á nuestra verdadera navegacion, tomando

rumbo S. O. Despues de haber hecho unas trescientas leguas, descubrimos

una tierra que vimos ser una isla en medio del mar, de costa alta y solo

de dos leguas de largo por una de ancho que no está habitada. En esta

isla perdió nuestro Capitan Mayor su nave, dando con ella en un escollo

no salvándose sinó la tripulacion. Por órden suya fuí á buscar un

surtidero en esta isla, hallándolo bastante bueno é hicimos provision de

agua y leña; partimos despues hácia el S. O. porque teniamos una órden

del Rey por la cual, cualquiera nave que se perdiese de la flota, fuese

á las tierras descubiertas en el viaje pasado. Descubrimos alli un

puerto que le pusimos por nombre Bahia de Todos Santos, donde merced al

buen tiempo llegamos en diez y siete dias pues dicha isla distaba como

unas trescientas leguas.[22] Esperamos dos meses á nuestro Capitan y

viendo que no venia, acordamos correr la costa navegando adelante como

unas doscientas sesenta leguas, hasta encontrar un puerto donde

resolvimos hacer una fortaleza; la hicimos dejando en ella veinticuatro

cristianos que habia recogido de la nave Capitana que se perdió. En este

puerto estuvimos cinco meses ocupados en construir la fortaleza y en

cargar nuestras naves de campeche, no pudiendo continuar la navegacion,

porque no teniamos gente y faltaban muchos aparejos, por lo cual

resolvimos volvernos á Portugal. Esta tierra está fuera de la Línea

Equinoccial diez y ocho grados[23] hácia la parte del Sur y treinta y

siete grados de longitud de Lisboa á cuya ciudad llegamos en setenta y

siete dias el 18 de Junio de 1504.

Dada en Lisboa á 4 de Setiembre de 1504.

Servidor:

AMÉRICO VESPUCIO.

III.

EXTRACTO DE DOS CARTAS

DIRIGIDAS POR AMÉRICO VESPUCIO

A LORENZO DE MEDICI,

RESPECTO A SU TERCER VIAJE,

CON OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE ELLAS.

A mas de estas dos cartas, parece que Vespucio escribió:--1^o La

relacion de sus dos primeros viajes, dirigidas al Rey de España, segun

dice en el exordio de la carta á Soderini--2^o Un folleto titulado "Le

Quatro Giornnate" en que minuciosamente relataba sus viajes y sus

observaciones astronómicas, de cuyo folleto habla con frecuencia en sus

cartas--3^o Un cuaderno ó diario de sus dos últimos viajes que dice

retenia el Rey de Portugal--4^o Una carta dirigida tambien á Lorenzo

desde la costa de Guinea, cuando iba para su tercer viaje.--Ninguno de

estos cuatro escritos han aparecido hasta la fecha á pesar de los

esfuerzos hechos por encontrarlos.

De las dos cartas dirigidas á Lorenzo de Medici, juzgo que fuese la

primera la dirigida de la costa de Guinea, por las siguientes palabras

de la carta publicada por Francisco Bartolazzi por primera vez en 1789

y cuyo exordio, dice:

"La última escrita á V. M. fué de la costa de Guinea, de un lugar que se

dice Cabo Verde, en la cual os instruí del principio de mi viaje y por

la presente lo haré de la continuacion y fin de ese mismo viaje."

Nótese que Vespucio dice:--_la última escrita á V. M._ etc., lo que

quiere decir que ya habia escrito su carta referente al primer viaje que

publicamos al principio de este Apéndice, y tal vez otra referente al

segundo viaje, pero esta no se ha hallado, ni hay datos para creer que

existiese, sino la conjetura racional que escribiendo sobre su tercer

viaje, debia haber escrito tambien sobre su segundo,--tanto mas, cuanto

que este exordio lo concluye can las siguientes palabras:--_por lo cual

determiné dar á V. M. noticia de esta tierra como lo he hecho siempre

respecto de mis anteriores viajes_.

Debemos pues deplorar tambien la pérdida de la narracion de su segundo

viaje dirigida á Lorenzo de Medici.

Esta carta de que nos ocupamos, principalmente habla de la Zoología,

Botánica y Antropología.--Respecto á la Cosmografía no contiene sino lo

siguiente:

Américo Vespucio · 第 7 / 8 段