que se estudie, por enemigo que sea de Vespucio, no se hallará una razon
que justifique que haya querido atribuirse la gloria de dar su nombre al
Nuevo Mundo descubierto, siendo desautorizada, cualquiera opinion, que
como la de Tiraboschi, se pueda presentar en contra.
La tacha que tambien se le ha hecho de haber antedatado su primer viaje,
aparece desmentida por la carta que él mismo escribió á Lorenzo de
Medici y que permaneció ignorada hasta mediados del siglo XVIII en que
se descubrió uno de sus códices y en la cual aparece la verdadera data
de ese viaje.
En sus relaciones resalta la modestia de su carácter presentándose como
que iba simplemente á _ayudar á descubrir_, mientras que de los hechos
mismos resulta que esos descubrimientos no se hubieran llevado á cabo
sin sus conocimientos astronómicos y cosmográficos.
No es de suponerse que un hombre semejante hubiese concebido el plan de
apropiarse glorias ajenas.
Su mérito fué bien apreciado por los Soberanos de España al extremo de
hacerles olvidar que se hubiese puesto al servicio del rey de Portugal.
Los motivos en que se basaba su carta de naturalizacion eran los
importantes servicios que había hecho á la Corona de España.
Por ese tiempo Cristóbal Colon estaba en desgracia y Américo con una
hidalguía que pocas veces se halla entre los émulos contemporáneos,
tendió una mano amiga al caido y se valió de su influencia en la Corte
para abogar por su causa.
Esta nobleza de sentimiento no es propia del mezquino corazon del
envidioso usurpador de la gloria ajena.
Entre Colon y Vespucio habia esta diferencia: aquel tenia génio, le
devoraba una ambicion inmensa y á las borrascas de su alma respondian
las borrascas de su suerte. Hoy el apoteosis, mañana las cadenas y la
cárcel; hoy la embriaguez del triunfo y del mando, mañana la humillacion
del motin y la profanacion de la canalla; hasta en su vida privada se
alzan y se abaten estas ondas de la fortuna: hoy la fatiga del
peregrinage, la amargura de la viudez, mañana el reposo entre los
jardines de Andalucia y los poéticos amores de una de esas mujeres de
alma ardiente y de seductora belleza. La vida de Colon es el drama de la
alta vida del génio, semejante á las calmas y á las borrascas del alto
Océano.
Vespucio no tenía génio ni ambicion, por eso no nos queda de él sino la
historia desmantelada de sus descubrimientos. Interroga á las
estrellas, sorprende la conjuncion de los astros y cálcula friamente las
distancias, graba sobre el papel el perfil de las costas que descubre y
acepta resignado la mision de señalar á los nuevos descubridores el
itinerario que debian seguir. Por eso Vespucio ni sube á las alturas de
la gloria ni desciende á los abismos de la contrariedad.
Pero nadie puede despojarlo del mérito de ser uno de los que mas
colaboraron al descubrimiento de la América y su nombre aunque no
designase los mas grandes Continentes del Mundo, estaría siempre bien
colocado al lado de los nombres de Toscanelli y de Colon.
* * * * *
FIN.
APÉNDICE
APÉNDICE
CARTAS Y RELACIONES
DE
Américo Vespucio
(Traducidas del texto Italiano.)
I.
CARTA
_á Lorenzo el Magnífico hijo de Pedro Francisco de Medici._
Magnífico Señor: Hace algun tiempo que no he escrito á Vuestra
Magnificencia; esto no ha tenido por causa ninguna otra cosa que no
haber ocurrido nada de importancia y la presente tiene por objeto daros
noticia de como, hace cerca de un mes, llegué de la India por la via del
mar Océano á esta ciudad de Sevilla y de las cosas mas maravillosas que
he observado, por cuanto creo que V. M. tendrá placer en conocerlas. Y
si soy algo difuso, sirvase leerla aunque sea en sus ratos de ocio, como
se toma el postre despues de servida la comida. V. M. sabrá como por
comision de este Rey de España, partí con dos carabelas el dia 18 de
Mayo de 1499 para ir á descubrir hácia la parte del S. O. del mar Océano
y y tomé mi camino á lo largo de la costa de África, navegando hasta
llegar á las Islas Afortunadas que hoy se llaman las Canarias: y
habiéndome provisto allí de todas las cosas necesarias, hechas nuestras
oraciones, hicimonos á la vela de una isla que se llama la Gomera y
pusimos la proa al S. O. (_Libeccio_) y navegamos veinticuatro dias con
viento fresco, sin ver tierra alguna, al cabo de los cuales avistamos
tierra y reconocimos haber navegado cerca de mil trescientas leguas,
contadas desde la ciudad de Cádiz, al rumbo S. O. Vista la tierra dimos
gracias á Dios y largamos los botes y con diez y seis hombres fuimos á
tierra y la encontramos tan poblada de árboles que era una maravilla, no
solo por la grandeza de ellos, sinó tambien por su verde follaje pues
jamas lo pierden y por el aroma que exhalaban recreando mucho el olfato.
Recorrimos lo largo de la costa por ver si encontrabamos lugar donde
saltar en tierra y como era tierra baja, nos afanamos todo el dia hasta
la noche sin poder hallar desembarcadero, pues nos lo impedia no solo lo
bajo de la tierra sino tambien la espesura de los árboles; de modo que
acordamos volvernos á las naves é ir á descubrir la tierra en otra
parte: y vimos una cosa maravillosa en este mar y fué que ántes de
atracar á tierra, á quince leguas, encontramos el agua tan dulce como la
de un rio, tanto que llenamos todos los cascos vacios que teniamos.
Cuando estuvimos en las naves, levamos anclas é hicimos vela poniendo la
proa al medio; porque mi intencion era ver si podia doblar un cabo de
tierra, que llama Tolomeo Cabo de Catigara que da paso al _Seno Magno_
que segun mi opinion no estaba muy distante de este punto, segun los
grados de latitud y longitud como mas abajo referiré. Navegando hácia el
Sud á lo largo de la costa, vimos salir de la tierra dos grandes rios,
uno que venia del Poniente y corria hácia el Levante y tenia de anchura
cuatro leguas, es decir diez y seis millas: y el otro corria del Sud al
Norte y tenia de anchura tres leguas: y creo que estos dos rios hacian
que el mar estuviese dulce por causa de su grandeza. Y viendo que
todavia la tierra era baja, acordamos entrar en uno de estos rios con
las barcas y navegar tanto en él que encontrasemos disposicion de saltar
á tierra ó de hallar alguna poblacion; arregladas nuestras barcas y
llevando mantencion para cuatro dias, con veinte hombres bien armados,
entramos por el rio y á fuerza de remo navegamos por él cerca de dos
dias, en una extension como de diez y ocho leguas, habiendo tentado
desembarcar en muchas partes: y siempre encontramos que era tierra baja
y tan poblada de árboles que apenas un pájaro podía volar por ella; y
navegando asi por el rio vimos señales ciertas de que la tierra era
habitada: y porqué habíamos dejado las carabelas en lugar peligroso si
soplaba el viento de traves, acordamos al fin de los dos dias volvernos
á ellas y lo pusimos en práctica. Vimos una infinidad de pájaros de
distintas formas y colores, y tantos papagallos de tan variadas clases
que era una maravilla, unos colorados como grana, otros verdes y
amarillos; y el canto de los otros pájaros que estaban en los árboles
era tan suave y de tanta melodía que nos deteniamos muchas veces á gozar
de su dulzura. Aquellos árboles eran tan bellos que nos creíamos en el
Paraíso Terrestre y ninguno de aquellos árboles ni sus frutos tenían
semejanza con los nuestros. Vimos á orillas del rio mucha gente de
extraordinaria figura ocupada en recorrerlas ó en pescar. Una vez en los
buques nos movimos teniendo la proa siempre á medio dia y hallándonos
surtos en el mar cerca de cuarenta leguas, nos hallamos en una corriente
de mar de S. E. (Scirocco) al N. O. (Maestrale) que era tan grande y
venía con tal furia que nos puso en cuidado y nos trajo gran peligro. La
corriente era tal que aquella del estrecho de Gibraltar y aquella del
Faro de Mesina son como un estanque en comparacion de esta: de modo que
como ella nos venía por la proa no haciamos camino á pesar de tener
viento; y asi viendo el poco camino que haciamos y el peligro en que
estábamos, resolvimos volvernos al N. O. y navegar hácia el Norte y
puesto que si mal no recuerdo, V. M. entiende algo de Cosmografía pienso
describirle nuestra marcha por via de longitud y latitud; así pues sabrá
V. M. que navegamos tanto hácia la parte de medio dia que entramos á la
Zona Tórrida, dentro del Círculo de Cáncer; y habeis de tener por cierto
que en pocos dias y navegando por esa Zona, hemos visto las cuatro
sombras del sol por cuanto este se hallaba en el zenit á mediodia; esto
es estando el sol en nuestro meridiano, no teníamos sombra alguna y todo
esto me acaeció muchas veces é hícelo ver á toda la compañía, tomándola
por testigo, porque la gente ignorante no sabe como la esfera del Sol
marcha por su círculo del Zodiaco; pues unas veces veía la sombra al Sud
y otras al Norte, ora al Occidente ora al Oriente y algunas veces (una ó
dos horas al dia) no teníamos sombra alguna. Navegamos por la Zona
Tórrida á la parte Austral hasta hallar que nos encontrabamos bajo la
Línea Equinoccial, y que teníamos uno y otro Polo al fin de nuestro
horizonte; pasamos la línea en seis grados sin ver ya la estrella del
Norte y apénas divisábamos las estrellas de la Osa Menor y deseoso de
determinar la estrella del otro Polo, perdí muchas veces el sueño para
contemplar el movimiento de las estrellas de ese Polo para determinar
cual de esas tenía menos movimiento y que fuese mas fija, sin poderlo
conseguir por mas malas noches que pasé y apesar de haber usado del
cuadrante y del astrolabio. No determiné estrella que no tuviese ménos
de diez grados de movimiento al rededor del firmamento: y miéntras me
ocupaba de esto me acordé de un dicho de nuestro poéta Dante en el
primer canto del Purgatorio, cuando finge salir de este hemisferio y
encontrarse en el otro, pues queriendo describir el Polo Antártico,
dice:
Io mi volsi á man destra e posi mente
All'altro Polo, e vide quattro stelle
Non visto mai, fuor che alla prima gente:
Goder pareva il Ciel di lor fiammelle;
O settentrional, vedovo sito!
Poiché privato sei di mirar quelle!
A mi parecer el poéta en estos versos quiere describir por las cuatro
estrellas, el Polo del otro firmamento, y no desconfio hasta aquí de que
aquello que dice sea la verdad, por que noté cuatro estrellas que tenian
poco movimiento; y si Dios me da vida y salud espero volver á aquel
hemisferio y no regresar sin demarcar el Polo. En conclusion digo que
nuestra navegacion se extendió tanto á la parte del medio dia que nos
alejamos del camino de la latitud de Cádiz sesenta y medio grados;
porqué sobre la Ciudad de Cádiz alza el polo treinta y cinco grados y
medio y nosotros habiamos pasado la Línea Equinoccial en seis grados:
Esto baste respecto á la latitud. Habeis de notar que esta navegacion
ocurrió en los meses de Julio, Agosto y Setiembre, que como sabeis el
Sol reina mas de continuo en este nuestro hemisferio y hace mayor el
arco del dia que el de la noche: y mientras que estabamos en la Línea
Equinoccial ó cerca de ella, á cuatro ó seis grados, en el mes de Julio
y Agosto la diferencia del dia á la noche no se sentia y casi el dia con
la noche eran iguales. En cuanto á la longitud, os diré que mucho
trabajo me costó saberla y que tuve grandísima dificultad en conocer
ciertamente el camino que habia hecho; y tanto trabajé que al fin no
encontré cosa mejor, que observar de noche las oposiciones de un planeta
con el otro, sobre todo de la Luna con los otros planetas; por que el
planeta de la Luna tiene marcha mas rápida que ningun otro; y
comparabalo con el Almanaque de Juan Monterregio, que fué compuesto para
el meridiano de la ciudad de Ferrara, concordándolo con los cálculos de
las tablas del Rey Don Alfonso: y despues de muchas noches que hice
esperiencia, una de estas noches, encontrándome á 25 de Agosto de 1499
(que ocurrió la conjuncion de la Luna con Marte, la cual segun el
Almanaque debia tener lugar á las doce de la noche ó media hora despues)
encontré que cuando la Luna se alzó á nuestro horizonte que fué hora y
media despues de ponerse el Sol, habia pasado el planeta á la parte del
Oriente; os digo que la Luna estaba mas al Oriente que Marte cerca de un
grado y algunos minutos mas y á las doce de la noche estaba cinco grados
y medio mas al Oriente poco mas ó menos; de modo que hecha la proporcion
siguiente: Si 24 horas me dán trescientos sesenta grados, que me darán 5
horas y media? Encuentro que me darán ochenta y dos grados y medio; y
tan distante me hallaba en longitud del meridiano de Cádiz que, dando á
cada grado diez y seis leguas y dos tercios, me encontraba mil
trescientas sesenta y seis leguas y dos tercios que son cinco mil
cuatrocientos sesenta y seis millas y dos tercios, mas al Occidente de
la ciudad de Cádiz. La razon porqué calculo diez y seis leguas y dos
tercios por cada grado es, por que segun Tolomeo y Alfagrano, la tierra
mide 24,000 millas, que equivalen á 6,000 leguas las cuales
distribuyéndolas en 360 grados viene á tocar diez y seis leguas y dos
tercios á cada grado; y esta observacion la rectifiqué con los apuntes
de los pilotos y la encontré verdadera y buena. Paréceme, Magnífico
Lorenzo, que las razones de la mayor parte de los filósofos aparecen
desmentidas en este viaje, por cuanto dicen que en la Zona Tórrida no se
puede habitar á causa del excesivo calor; pues yo he tenido ocasion de
recocer en este viaje todo lo contrario puesto que el aire en esa region
es mas fresco y templado que en otras; y que es tanta la gente que en
ella habita que sobrepasa en número á la que habita en otras regiones.
Hasta aquí he referido lo que he navegado hácia el mediodia y el
Occidente; restame deciros ahora cual es la disposicion de la tierra que
encontramos y cual es la naturaleza de los habitantes y sus costumbres,
de los animales que vimos y muchas otras cosas que se me ofrecieron
dignas de recuerdo. Despues de dirigir nuestra navegacion al Norte, la
primer tierra habitada que encontramos fué una isla que distaba diez
grados de la Línea Equinoccial y cuando arribamos á ella apercibimos
gran multitud de gente á la orilla del mar que nos miraban como á cosa
maravillosa, y desembarcamos con veintidos hombres bien armados;
viéndonos en tierra y que eramos gente de distinta naturaleza á la suya
(porqué no tienen barba ninguna, ni visten de manera alguna tanto los
hombres como las mujeres, y andan como vinieron al mundo; y tanto por la
diferencia del color que en ellos es gris ó leonado) de modo que
teniéndonos miedo huyeron al bosque y con gran trabajo por medio de
señas los tranquilizamos y nos pusimos en práctica con ellos; y
encontramos que eran de una generacion que se dice de caníbales que
(casi la mayor parte de esta generacion ó todos) viven de carne humana y
téngalo por cierto V. M. No se comen entre ellos, pero van en ciertas
naves que tienen y que se llaman _canoas_ á buscar presas en las islas ó
tierras comarcanas de una generacion enemiga, de la cual reservan las
hembras, y de esto nos cercioramos en muchas partes donde encontramos
tal gente, hallando las cabezas de algunos que se habian comido, sin que
por otra parte lo nieguen, mucho mas que nos lo refirieron sus enemigos
que siempre estan por eso en alarma. Son gente de gentil disposicion y
de esbelta estatura; andan desnudos; sus armas son flechas que llevan
consigo y escudos; son de gran esfuerzo y de buen ánimo; son grandes
tiradores; en conclusion nos entendimos con ellos y nos llevaron á una
poblacion suya que estaba en el interior cerca de dos leguas y nos
dieron de almorzar; y cualquier cosa que le pediamos nos la daban, creo
que por miedo mas que por generosidad: despues de haber estado un dia
con ellos; nos volvimos á las naves dejándolos como á amigos.
Navegamos á lo largo de la costa de esta isla y vimos á la orilla del
mar otra gran poblacion; fuimos á tierra con las lanchas y encontramos
que nos estaban esperando cargados de viveres; nos dieron de almorzar
muy bien de lo que tenian: viendo que eran tan buenas gentes que nos
trataban tan bien, no osamos apoderarnos de nada y nos hicimos á la
vela llegando á un golfo que se llamó despues golfo de Párias; fuimos á
salir al frente de un grandísimo rio que es causa de ser dulce el agua
de este golfo; vimos una gran poblacion que estaba inmediata al mar y
habia tanta gente que era maravilla hallándose todos sin armas y en
actitud de paz; desembarcamos y nos recibieron con gran cariño y nos
llevaron á sus casas donde tenían preparado muchos víveres. Aquí nos
dieron para beber tres clases de bebidas hechas de frutas como la
cerveza que encontramos muy buena, aquí comimos muchos _mirabalanos_[7]
frescos que es una real fruta, y nos dieron muchas de otras clases,
todas diferentes de las nuestras, de muy buen sabor y muy aromáticas.
Nos dieron algunas perlas pequeñas y y once gruesas; diciéndonos por
señas que si queriamos esperar algunos dias irian á pescarlas y nos
traerian muchas de ellas; no nos preocupamos en recibir muchos papagayos
de varios colores y nos despedimos con mucha amistad.
Por esta gente supimos que aquellos de la isla referida eran caníbales y
que comian carne humana. Salimos de este Golfo y costeamos la tierra
viendo siempre mucha gente, y cuando teniamos ocasion tratábamos con
ellos dándonos de lo que tenian. Todos van desnudos como nacieron sin
tener verguenza de ello; si á este respecto fueramos á referirlo todo,
sería entrar en deshonestidades que es mejor callar. Despues de haber
navegado cerca de cuatrocientas leguas contínuamente por la costa
concluimos que esta era tierra firme, que juzgué el confin del Asia por
la parte de Oriente y el principio por la de Occidente; porqué muchas
veces tuvimos ocasion de ver varios animales como leones, ciervos,
jabalies etc.
Internándonos un dia con veinte hombres, vimos una serpiente de cerca
ocho brazos de largo y gruesa como mi cintura. Muchas veces pude ver
animales feroces y grandes serpientes y navegando por la costa cada dia
descubriamos infinita gente que hablaban diferentes idiomas, al extremo
que, despues de haber navegado las cuatrocientas leguas, empezamos á
encontrar gente que no querian nuestra amistad y nos esperaban con sus
armas que eran arcos y flechas y otras mas: y cuando ibamos con las
lanchas á tierra nos prohibian saltar á ella de modo que nos veiamos
obligados á combatir con ellos, aunque siempre al fin de la batalla,
quedaban mal parados, pues como estaban desnudos haciamos en ellos gran
matanza, así muchas veces nos sucedió que diez y seis de los nuestros
combatiesen con doscientos de ellos desbaratándolos al fin. Una vez
vimos muchisima gente dispuesta á impedirnos que bajasemos á tierra,
armamos veintiseis hombres y fuimos con las barcas cubiertas para
defendernos de las saetas que nos tiraban, pues siempre herian algunos
de los nuestros antes que pudieramos saltar en tierra. Apesar de haber
hecho una defensa obstinada, pisamos la tierra y combatimos con ellos
con grandísimo trabajo, pues no habiendo esperimentado aun nuestras
espadas, estaban envalentonados con su superioridad numérica,
cargándonos con tal ímpetu que nos hicieron retroceder. Pero uno de
nuestros marineros dirigió algunas palabras de aliento á los otros
haciéndolos volver al combate con lo cual pusimos á los indígenas en
fuga, matando ciento cincuenta de ellos y quemándoles sus casas: como
casi todos nos hallábamos heridos, nos volvimos á los buques y nos
refugiamos en un puerto, donde estuvimos veinte dias para que el médico
pudiera curar á los heridos, que salvaron todos menos uno, cuya herida
era en el pecho. Volvimos á nuestra navegacion y dimos con una isla que
estaba separada de la tierra como unas quince leguas; bajamos á ella y
hallamos un camino por donde nos internamos hasta llegar á una poblacion
en la cual no había sinó algunas mujeres de colosal estatura, que nos
recibieron amablemente; tentados estuvimos de llevarnos dos de ellas
para presentar al Rey como cosa sobrenatural, pero desistimos de ello al
ver llegar algunos hombres tambien de colosal estatura y armados como
hasta ahora no habíamos visto, á quienes persuadimos que estabamos en
disposicion de paz y nos volvimos á los buques sin mas consecuencia.
Notamos que la mayor parte de los árboles de esta isla son de campeche y
tan buenos como los de Oriente. De esta isla pasamos á otra cercana en
la cual habia de particular que las chozas estaban construidas sobre el
mar como en Venecia y fuimos á verlas: quisieron sus habitantes
impedirnos la entrada, pero habiendo probado como cortaban las espadas,
nos dejaron entrar. Hallamos en esas casas mucho algodon finísimo;
hicimos provision de esto y de campeche y volvimos á los buques. Sin que
sea exajeracion puedo aseguraros que estas producciones son aquí tan
abundantes que podrian cargarse con ellas todas las naves de Europa.
Continuamos navegando como unas trescientas leguas, en cuya navegacion
notamos que las poblaciones hablaban muchas lenguas distintas;
admirándome de que se haya dicho que en el mundo no hay sinó setenta y
siete lenguas. Hallándonos con los buques muy averiados, la tripulacion
cansada y faltos de provisiones, resolvimos arribar á la Isla Española,
aquella que descubrió Colon seis años hace.
Y como ella está habitada por cristianos esperabamos hallar auxilio para
reparar nuestras naves, dar reposo á las tripulaciones y proveernos de
lo necesario, pues de esta isla á Castilla hay mil trescientas leguas de
mar sin encontrar tierra alguna. Alli estuvimos cerca de dos meses y
antes de partir descubrimos todavía muchísimas islas todas pobladas de
gente pacífica. Se tomaron doscientos prisioneros y tratamos de regresar
á España, habiendo llegado en sesenta y siete dias á las Islas Azores,
de donde pasamos á las Canarias y de ellas á Cádiz. Empleamos en este
viaje trece meses, corriendo muchos peligros y descubriendo mucha tierra
del Asia y gran cantidad de islas, casi todas habitadas, habiendo hecho
la cuenta de haber navegado mas de cinco mil leguas. En conclusion,
pasamos la Línea Equinoccial en seis y medio grados y volvimos á la
parte del norte en que la estrella polar se alza sobre nuestro horizonte
treinta y cinco grados y medio y á la parte de Occidente navegamos
ochenta y cuatro grados contados del meridíano de Cádiz. Recogimos en
este viaje perlas y oro, entre ellas dos piedras una color de esmeralda
y otra de amatista durísima, de un medio palmo de largo y de tres dedos
de grueso. Estos Reyes han hecho gran aprecio de ellas y las han
guardado entre sus joyas; trajimos un pedazo de cristal que algunos
joyeros dicen que es _berilo_ y segun decian los indios habia alli gran
cantidad de ella. Tambien trajimos catorce perlas encarnadas que mucho
contentaron á la Reina y muchas otras piedras; de todas estas cosas no
trajimos gran cantidad por no habernos demorado mucho en ningun paraje.
En Cádiz vendiéronse los esclavos y á pesar de eso muy poco fué lo que á
cada uno tocó de las utilidades del viaje, pero todos se contentaron de
haber salvado de los peligros que corrimos. En cuanto á mí, cogí unas
tercianas de las que espero salvar porque no tengo escalofrios. Están
armándome tres naves para que vaya nuevamente á descubrir y creo que
estarán prontas á mediados de Setiembre próximo. Quiera Dios darme salud
y buen viaje que otra vez espero traer grandes noticias y descubrir la
isla Trapobana que está entre el mar Indico y el mar Gangético, y
despues espero volver á la Pátria y descansar pasando allí mi vejez.
He pensado Magnífico Lorenzo, enviaros dos figuras de la descripcion del
mundo hechas y ordenadas por mi propia mano, las que serán una carta en
figura plana y un Mapa Mundi en cuerpo esférico, las cuales enviaré por
mar á cargo de Francisco Lotti, nuestro fiorentino, que se halla
actualmente aquí y creo que os agradarán, pues poco tiempo há, hice uno
de estos para S. S. A. A. estos Reyes y lo estiman mucho. Era mi ánimo
ser yo mismo el portador, pero me lo impide la resolucion de ir
nuevamente á descubrimientos. No falta en esa ciudad quien comprenda la
figura del Mundo y que tal vez quiera enmendar alguna cosa en esa obra;
pero ruego se espere á mi regreso, que podré defenderme.