Llegó esta vez á la Corte nuestro héroe lujosamente vestido y con aire

de triunfo y hallándose los Reyes entónces frente á los muros de

Granada, allí se dirigió, llegando en el oportuno momento de ser tomada

la ciudad y estarse celebrando alegremente la victoria decisiva contra

los Sarracenos.

Allí tuvo la satisfaccion de ver al fin de tantas peripecias aceptado,

al menos en principio, la proposicion de su descubrimiento.

Delegó la Reyna en varias personas el encargo de tratar las bases y

formalizar el compromiso y otra vez Fray Fernando Talavera debia

presidir el Consejo. Había éste ascendido á arzobispo de la recien

reconquistada Granada, redoblado su influencia pero tambien su terquedad

y su fanatismo. Entre Talavera y Colon existia una antipatia bien

manifiesta y cuando oyó aquél que éste exigia ser nombrado Almirante y

Virrey de las tierras que descubriese, asi como la décima parte de los

productos, no pudo contenerse y exclamó: _que no era mal arreglo el

asegurar dignidades y riquezas sin exponerse á pérdidas_. A esto

contestó Colon que se comprometia á cargar con la octava parte del costo

de la expedicion, obteniendo la octava parte de los beneficios.

La Reyna que en este negocio era siempre de la opinion de su confesor,

no se opuso al dictámen otra vez adverso á Colon, y este, ya en el año

de 1492, partióse de la nueva ciudad de Santa-Fé para dirigirse á

Francia como ya lo habia ántes pensado.

Tenía proposiciones ventajosas del Rey de Francia y por esta razon no

cedia de sus pretensiones; esto estaba previsto por él, como lo hemos

dicho ántes, esto es: si sus ofertas eran acogidas por dos soberanos,

aceptaría la mejor proposicion. No hay duda que prefería servir á la

España porqué en ella tenía ya vínculos y afecciones, pero no eran tan

poderosas que le impidiesen ir á buscar mejores condiciones.

En cuanto á la Reyna había confiado á su Consejo la negociacion y sus

consejeros le hacían creer que Colon cedería al fin y aceptaría ir al

descubrimiento sin pedir honores y cuotas de ganancias. Pero viendo la

Reyna que se marchaba en verdad, envió á detenerlo por segunda vez

porque no quería de manera alguna, que fuese la Francia la que tuviese

la gloria de una empresa que aunque no la reputase tan colosal como

resultó, creia sin embargo fuese de gran importancia. Así pues todo lo

relativo á nobles trasportes de parte de Isabel y á la resolucion de

vender sus alhajas si faltasen fondos para la expedicion, no es sinó

fábula inventada para engrandecer á la Reyna, y hacer mas decoroso este

período de la historia.

Los fondos de la expedicion se sacaron del tesoro público de Aragon y

del particular de Don Fernando.

Aceptado en definitiva lo que exigia Colon, firmóse el convenio en la

ciudad de Santa-Fé, en la Vega de Granada en 17 de Abril de 1492.

Si no fué la Francia la iniciadora del descubrimiento de América es

debido á dos nobles sentimientos que detuvieron á Colon, el amor á Doña

Beatriz y la amistad de Fray Juan Perez de Marchena, sin lo cual no

hubiera regresado á Córdoba á reanudar sus negociaciones. Sin que

desconozcamos la grandeza del Pueblo Español, no hay duda que la Francia

pudo llevar en el descubrimiento y poblacion de la América, elementos

sociales mas constitutivos que los que llevó aquel Pueblo que se hallaba

en esa época, en condiciones nada aparentes para la colonizacion y en el

cual era constitucional la anarquía y arraigado estaba el fanatismo.

Tampoco hubiéranse reproducido en las nuevas colonias de la América del

Sur el odio entre Portugueses y Castellanos y las cuestiones de límites

y de predominio, hubiéranse resuelto con otro espíritu, y otras

consideraciones.

CAPITULO V.

Aprestos para la marcha--¡Á que poco costo adquiría la España un

mundo!--Partida de la

expedicion--Derrotero--Descubrimiento--Asombrosos

errores--Desviacion de la brújula--Verdadero descubrimiento de

Colon.

Señalóse el puerto de Palos para armarse y partir la expedicion que

debía lanzarse al Océano á realizar los ensueños de Colon. Dictáronse

todas las providencias tendentes á facilitar la partida, y

aprovechándose la obligacion en que estaban los habitantes de ese puerto

de facilitar como tributo embarcaciones y gentes de mar al Estado,

ordenóse el secuestro de dos embarcaciones y su correspondiente

tripulacion. Los gastos de la Corona pues, debian ser bien

insignificantes, reduciéndose á la compra de víveres y pago de cuatro

meses adelantados á los tripulantes. ¡Á tan poco costo iba la España á

adquirir un Nuevo Mundo!

El armamento del tercer buque corria por cuenta de Colon y segun afirman

casi todos los historiadores, sin que sepamos la fuente de donde han

sacado esto, Martin Alonso Pinzon, rico armador del mismo puerto de

Palos, facilitó los fondos necesarios para tal objeto, resolviéndose él

y su hermano á acompañarle en el viaje, tomando el mando de los buques

que debian seguir al Almirante, nombre con el cual se designó desde

entónces á Colon. De los tres buques aprestados, solo el que montaba

este: la _Santa Maria_ tenia cubierta; los otros dos: la _Pinta_,

mandada por Martin Alonso Pinzon y la _Niña_ por Vicente Yanez Pinzon

eran carabelas, no ascendiendo todo el personal de la escuadrilla sino á

ciento veinte hombres, reclutados por cierto, con indecible trabajo.

El viérnes 3 de Agosto de 1492, antes de la salida del Sol, zarparon los

buques que debian navegar al rumbo que Colon indicase, con la condicion

de no tocar en las islas Azores, de Cabo Verde, costa de Guinea ó

cualquier otra colonia portuguesa.

Desde el primer dia de la navegacion el Almirante abrió un diario para

llevar cuenta de las ocurrencias de ella, de modo que esta parte de la

historia tiene fuente segura. En la introduccion de ese diario hallamos

de notable que llamase á los Reyes Católicos _Reyes de España y de las

islas del Mar_.--¿De que islas queria hablar?--La Antilla segun la

creencia de la época estaba poblada: Cipango y demas islas imaginadas

eran dependencias de la India y era de suponer que ese gran Kan,

emperador poderoso, no había de estar muy dispuesto á ceder sus dominios

á un puñado de aventureros.

Tal vez Colon adivinaba la existencia de algunas tierras inhabitadas ó

las suponía tan solo para excitar la codicia de los reyes; pero si se

recuerda el empeño con que exigió ser nombrado Gobernador de dichas

tierras, es forzoso admitir la primera de esas hipótesis. Sin embargo

poca importancia acordaba á dichas tierras pues decía que el objeto

principal de su viaje era llevar una embajada á aquel poderoso monarca

de la India y tratar de la conversion de los infieles. En corroboracion

de lo dicho, veremos como, al llegar al término de su viaje buscaba mas

á aquel Monarca que las _tierras incógnitas_.

Dejando á un lado estas dudas sigamos la narracion de su viaje. Llegada

la escuadra á las Canarias, reparadas las averías de uno de los buques,

corregidos los defectos de la arboladura de otro, hecha abundante

provision, zarpó de la Gomera el dia 6 de Septiembre con rumbo al Sud y

no al Poniente como algunos dicen.

Dejemos á un lado las minuciosidades de este viaje y fijemos nuestra

atencion en su derrotero y escalas para convencernos que la conducta,

las disposiciones y los conceptos de Colon se ajustaban á la carta

geográfica que le trasmitió Toscanelli y al sistema de longitudes que

este gran hombre había, bajo la fé de Marco Polo, monstruosamente

alterado. De la Gomera navegó Colon casi derecho al Sud y acercándose al

Trópico de Cancer, dobló de improviso al Occidente, es decir: al rumbo

hácia el cual nadie había navegado y conservó la misma direccion hasta

que no le indujo á cambiarla el indicio de una tierra cercana.

Con esto Colon trataba de alcanzar el paralelo que le había designado

Toscanelli. Allí creía hallar despues de dos meses mas ó ménos de

navegacion como le decía aquel en la segunda de sus cartas, ó la tierra

incógnita de Tolomeo ó algunos de aquellos lugares, en la parte de la

India, donde podría refugiarse en algun contra-tiempo imprevisto y en

verdad resultó que despues de treinta y siete dias de viaje solo le

faltaban cincuenta y cinco grados para completar los ciento veinte

grados determinados en aquella carta. La provision de víveres que hizo,

segun dice Gonzalo de Oviedo, era suficiente solo para ese tiempo.

El nombre de India que Colon dió á la América y la pretension que las

islas eran del mar Indiano, fué consecuencia de la promesa que le hizo

Toscanelli de conducirlo directamente al Asia, _á los lugares

fertilísimos de_ _toda clase de especería y piedras preciosas; por

cuanto todo el que navegase al Poniente siempre encontraría esos lugares

al Poniente_. Así tambien el nombre Cubanacan pronunciado por los

habitantes de Cuba, le hicieron creer que se hallaba en los dominios del

gran Kan y la palabra _Cibao_ repetida por los de la Española le

hicieron tambien creer que había llegado á _Cipango_.

Había dado Colon órden de conservar siempre rumbo al Occidente y de

navegar hasta setecientas leguas, deteteniéndose en esa distancia pues á

tal altura debia hallar tierra. De Europa á la Antilla, como lo hemos

dicho, resultaban del cálculo de Toscanelli, dos mil cuatro cientos

setenta y cinco millas que hacen algo menos de las setecientas leguas

expresadas, luego pues la tierra que creía Colon hallar en esas

inmediaciones era la Antilla de Toscanelli.

El viérnes 12 de Octubre de 1492 descubrióse por la tripulacion de la

escuadra la tierra Americana. Era esta tierra la isla llamada por los

naturales Guanahami y por Colon, San Salvador.

Aquí se nos presenta en toda su grandeza el error de Toscanelli, la

temeridad de Colon y el peligro en que estuvo su flota.

Sin las varias islas de la América que pusieron término á su viaje

precisamente á la altura en que se le prometia la India, su pérdida

hubiese sido segura. En el paralelo que navegó no habría visto tierra

sinó cerca de la China y esta, situada por Toscanelli á ciento veinte

grados de Lisboa, distaba en verdad doscientos treinta grados. Así pues,

aun suponiendo que los vientos y el mar le hubiesen sido propicios en un

trayecto tan largo.--¿Donde hubiera podido proveerse y como subsistir

por mas de dos meses, con falta absoluta de víveres?--Cuando se

considera que Colon se engañó por ciento diez grados asombra tanto

riesgo y que errores tan enormes hayan sido coronados de los mas felices

sucesos.

En vano se ha dicho en disculpa de Toscanelli que sospechaba la

existencia de un continente intermedio, ó al menos de una vasta isla

entre la Europa y el Asia.

Pero de tal sospecha no se observa vestigio alguno en sus cartas,

escluyendo por otra parte esta hipótesis, su única y absoluta longitud

de ciento veinte grados. Ciertamente lo estravió la aparente simetria de

su nuevo sistema; asi se comprende que despues de haber, con el

testimonio de Polo, agregado cerca de ciento diez grados de longitud á

la parte conocida de la tierra, debia llegar necesariamente á disminuir

la misma longitud á la parte desconocida del Océano.

En este viaje habia sido Colon muy feliz; los vientos aliseos llevaron

sus bajeles por un mar bonancible con deliciosa rapidez. Pero un

fenómeno desconocido hasta entonces debía presentarse y dejar perplejo

al Almirante. Como no era conocida la desviacion de la brújula ni se

creia en otro Norte que en el Norte del Mundo, sin pensarse en la

atraccion magnética que debia hacerse sentir al separarse de los

paralelos septentrionales, el fenómeno tenía que ser alarmante é

inesperado.

Los pilotos que iban en la expedicion ocurrieron al Almirante

sobresaltados para que este les explicase la causa de lo que observaban.

Hallábase él tan ignorante á este respecto como ellos, pero por no

desconsolarlos les dió una explicacion sofística, como hizo Galileo la

primer vez que fué consultado respecto á la presion atmosférica sobre la

columna de agua.

No está el mérito de Colon en haber descubierto la América, pues jamas

pensó él ni sus contemporáneos en la existencia de un nuevo continente.

Las _tierras incognitas_ se suponian agregaciones del continente

Asiático y nada nuevo se creía descubrir. Pisando ya la tierra

Americana, hacía esfuerzos por reducirla á las informaciones de Marco

Polo.

El mérito de Colon está en haberse puesto denodadamente al servicio de

la ciencia tal cual se hallaba en aquellos tiempos, en haber aceptado de

los sabios una teoría científica y en haberse lanzado á practicarla sin

arredrarse ante la necesidad de surcar mares desconocidos y de alejarse

de la tierra como nadie se habia alejado. Colon mas que la América ha

descubierto el Océano; reveló el misterio de su camino y los mil

viajeros que tras él se lanzaron y descubrieron mas tierra que él, no

tienen tanto mérito, porque él abrió los horizontes que se creían

impenetrables.

CAPITULO VI.

Divagacion por el archipiélago de las Antillas--Pérdida de la nave

principal--Desercion de la "Pinta"--Viaje de regreso--Escala en

Portugal--Felonía de Pinzon--Coincidencias favorables para la

España--Célebres doctrinas respecto á las tierras de infieles--Bula

de demarcacion--Triunfos de la diplomacía portuguesa.

Hallábase Colon entre el Archipiélago descubierto lleno de admiracion al

ver tan lujosa naturaleza. Los bosques, las praderas, los rios, los

lagos, la infinita variedad de las aves, las faldas de las montañas, la

suave ondulacion de las llanuras, todo brillaba con los rayos de un sol

esplendoroso y la vejetacion exhalaba el perfume mas embriagador.

Pero al mismo tiempo hallábase indeciso; descendia en una Isla y tornaba

á las naves para visitar otra y al mismo tiempo iba designándolas con

los nombres de Isabella, Española, Concepcion etc., lo que prueba que

apesar de no abandonar sus creencias de hallarse en las proximidades del

Asia, reconocia que aquellas islas no eran las señaladas en la carta de

Toscanelli y en la que él mismo dibujó para guia de su viaje.

Entretanto que asi vagaba Colon por el ancho piélago de las Antillas,

dos contratiempos le sobrevinieron; uno fué la desercion de la Pinta á

causa de querer su comandante Pinzon adelantar por su cuenta los

descubrimientos y recoger las codiciadas riquezas. Otro de los

contratiempos y el mas irreparable fué la pérdida de la Santa María,

arrastrada por una corriente y encallada violentamente en un banco.

Fueron inútiles los esfuerzos que se hicieron para salvarla quedando la

escuadrilla privada del mejor buque.

No decayó por esto el ánimo de Colon y aprovechó el tiempo en tomar

informaciones de aquellos pacíficos y nobles habitantes de las islas

para quienes habia llegado la época de la esclavitud y del martirio.

Todos estaban contestes en señalar al Sud la existencia de un vasto y

poderoso Imperio á cuyo Soberano obedecian millones de subditos y que

poseia inmensas riquezas.

Es indudable que estos indios aludian al Imperio Mejicano, pero Colon

entendía que tal Soberano debia ser el Gran Kan y el Imperio, el

Oriente.

Mas veíase en malas condiciones para proseguir el descubrimiento,

reducido á una sola carabela y rodeado de gente rebelde y mal dispuesta.

Resolvióse por tanto regresar á España, dejando en la Española, Isla en

la cual se hallaba el mas simpático de los caciques indios, llamado

Guacanajari, un fuerte construido con los despojos de la Santa María y

una guarnicion de treinta hombres.

Construyóse el fuerte cerca á la ensenada que llamó de la Navidad, así

como el fuerte mismo, primer ensayo de colonizacion que tan desgraciados

frutos debía producir, dándose fé desde entónces de que el pueblo que

descubría y poblaba la América era el que en peores condiciones se

hallaba para hacerlo.

En cuatro de Enero del año siguiente al descubrimiento, esto es de 1493,

diose Colon á la vela sin esperar á la Pinta que creía ya perdida; un

fuerte viento le hizo derribar hácia el promontorio y ensenada que llamó

de Monte-Cristi. A poco de hallarse en este refugio avistó á la Pinta

que venía buscando el mismo puerto.

Pinzon defendió su rebeldia con pueriles excusas y aceptándolas Colon,

tuvo la primera debilidad que había de serle tan funesta á él y á las

colonias. Pensó que castigar al rebelde sería provocar á sus adictos y

hacer tal vez imposible su regreso á España; mas de este modo quedó

quebrada su autoridad y dispuestos al mal los elementos anárquicos con

que contaba para sus futúras expediciones. Así pues, apesar de la

llegada de la Pinta, persistió Colon en su designio de regresar á

España.

El 9 de Enero se dieron los buques á la vela dejando su refugio y

poniendo rumbo al Oriente. Este viaje de regreso fué tan borrascoso como

bonancible había sido el de venida. Colon creia perecer y que las

noticias de su descubrimiento perecerían con él; en prevision de tan

triste suceso, escribió sucinta ralacion de su viaje y con las

precauciones del caso, la colocó en un tonel que abandonó á las olas y

otro ejemplar hizo colocar en el castillo de popa de su buque.

La Pinta se habia separado y otra vez se creyó perdida, no ya por la

rebeldia de su comandante, sinó por el furor de la tempestad.

En fin el 15 de Febrero se avistó tierra. Era la Isla Santa María, la

mas meridional de las Azores pero á causa del temporal, no pudo la Niña

dar fondo hasta el 17.

Los Portugueses recibieron mal á Colon y á sus subalternos, al extremo

de quererse apoderar del buque y aprisionar á estos. Esta hostilidad se

atribuye por algunos á que el Rey de Portugal, en la creencia de que la

expedicion de los Castellanos menoscababa sus descubrimientos, habia

dado órdenes á los gobernadores de sus posesiones, que tratasen de

apoderarse de los viajeros, pero la conducta que posteriormente observó

el mismo Monarca, desmiente esta suposicion.

El 24 de Febrero prosiguió Colon su marcha y no sin nuevos temporales y

peligros consiguió el 3 de Marzo dar fondo en Rastello, cerca de la

desembocadura del Tajo. De este punto escribió á los Reyes de España

anunciándoles su llegada y pidió permiso á el de Portugal para llegar á

Lisboa, por no ser el punto en que se hallaba seguro fondeadero.

Hallábase á la sazon don Juan II con su Corte en Valparaiso á nueve

leguas de Lisboa y aunque los descubrimientos de Colon le debieron

causar sumo despecho por no haberlos él aprovechado, mostróse con altura

y ordenó fuese aquel socorrido de todo cuanto necesitase. El cronista

portugues Rui de Pina refiere que no faltaron consejeros que incitasen

al Rey á ordenar la muerte de Colon para apoderarse de su secreto; no

basta el testimonio del cronista para creerlo, pero fuese de esto lo que

fuese, trató el Rey al Almirante con distinguida consideracion. Cabía en

el ánimo del Monarca una sospecha y era si el descubrimiento afectaba

sus posesiones Africanas, pero Colon explicó claramente que las tierras

visitadas por él estaban fuera de todo lo conocido hasta la fecha y en

rumbo distinto á el de los descubrimientos de los portugueses.

Despues de esto se partió el Almirante para España, llegando al puerto

de Palos el 15 de Marzo á medio dia. No bien habia fondeado la Niña

cuando apareció la Pinta que habia sido arrojada á la costa de Cantábria

y desde allí habia Pinzon escrito á los Reyes que Colon habia naufragado

y que á él se debia el descubrimiento. Habia pues cometido dos

injustificables felonías; su rebelion en el archipiélago de las Antillas

y su impostura al llegar á España, faltas que si no se disculpan se

atenúan por haber auxiliado á Colon al principio de su empresa y porque

su arrepentimiento fué tal, que murió de pesadumbre.

Encontrábanse los Reyes Católicos en Barcelona donde Don Fernando habia

salvado de una tentativa de asesinato; acababa de firmarse el tratado de

paz con la Francia en que esta cedia los condados de Rosellon y Cerdeña.

Coincidia este triunfo diplomático con la conquista definitiva de las

Canarias empezada por Betacourt y concluida ahora por Alfonso Fernandez

de Lugo.

Por último habia fallecido el marques de Cádiz y como no habia dejado

sucesion, quedó la Ciudad y Puerto definitivamente anexados á la Corona.

Á completar tal número de felices coincidencias llegaba pues Colon con

las nuevas de su descubrimiento, cuya grandeza no era aun ni sospechada.

Desde el puerto de Palos hasta Barcelona hay un trayecto regular,

debiendo atravesarse por pueblos y ciudades; ese trayecto fué una marcha

triunfal para Colon, que iba á caballo y precedido de las muestras de

los productos, de los animales y de los indios que habian sido llevados

de las tierras descubiertas. Todas las poblaciones salian á victoriar á

aquel viajero afortunado que no hacia mucho se habia presentado como un

mendigo. Ignoraba Colon, entónces en el apogeo de su gloria, cuantas

amarguras tenia que sufrir y como habia de eclipsarse el brillo de su

estrella.

Los Reyes recibieron cariñosamente á Colon y oyeron de sus labios la

relacion de sus viajes con interes y aun con entusiasmo y agregaron á

sus privilegios otras mercedes, entre ellas que pudiera llevar escudo

con el símbolo del descubrimiento y la inscripcion siguiente:

Para Castilla y Leon

Nuevo mundo halló Colon.

Al mismo tiempo pensaron los Monarcas asegurar para su dominio los

nuevos paises descubiertos. El Derecho de Gentes en aquel tiempo ni

estaba muy adelantado ni se consultaba siempre. Entre los medios de

adquirir las tradiciones romanas no ofrecian sino la conquista; pero el

advenimiento de los Papas y su jurisdiccion espiritual sobre todos los

reyes católicos trajo otra doctrina bien original:--Segun ella los

infieles no tenian derecho á poseer dominios y cualquier principe

cristiano podia desapoderar de sus tierras y sustituir á todo principe

hereje. La propiedad del mundo era para los católicos, quienes podian

reivindicar toda tierra de infieles y en su virtud el Papa podia

distribuir las tierras como árbitro. Asi fué que Martin V y sus

sucesores concedieron á la Corona de Portugal todas las tierras que se

descubriesen por sus subditos desde el cabo Boyador á las Indias y los

Reyes Católicos por un tratado celebrado con el Monarca Portugues en

1479, habíanse comprometido á respetar esos derechos.

Ocupaba entonces el trono de San Pedro el crapuloso Borgia con el nombre

de Alejandro VI. Fácil fué convencer á este de que los descubrimientos

de los Castellanos tenian otro rumbo que los que habian sido asegurados

á los portugueses y al fin, en Marzo de 1493, expidió una bula

concediendo á la Corona de España para sus descubrimientos, las mismas

seguridades que habian sido concedidas á Portugal.

Agregóse á esta bula la célebre demarcacion por la cual se adjudicaba á

la España _omnes insulas et terras firmes, inventas et inveniendas,

detectas et detejendas versum occidentem et meridiem_. Hacíase esta

demarcacion por una línea imaginaria que desde el polo Ártico bajase al

Antártico, cien leguas al Occidente de las Azores y de las islas de Cabo

Verde.

Entretanto preparábase una segunda expedicion á las tierras

descubiertas; pero los portugueses á pesar de la célebre demarcacion,

estaban recelosos de ella. Empezó entónces una lucha de astucia y de

intrigas en que se empleaban el cohecho y los mas viles recursos para

descubrir los secretos de este negocio. La corruptora diplomacía

portuguesa que debia tener digna sucesion en América, salió triunfante

en este caso, con el célebre tratado de Tordesillas, celebrado en 7 de

Junio de 1494, por el cual la línea divisoria se modificó, debiendo

tirarse tres cientas leguas al Occidente.

No se explica esta concesion que debia ser funesta á la América

Española. Con esta modificacion los portugueses mas tarde alegaron

derechos para ocupar el Brasil y enseñorearse de una de las mas

importantes regiones de la América.

CAPITULO VII.

Segundo viaje de Colon--No fué de descubrimiento sinó de

colonizacion--Crueldad de los Españoles--El Padre Las

Casas--Licencia para hacer nuevos descubrimientos--Su

modificacion--Tercer viaje de Colon--Su conjetura de que la tierra

descubierta fuese un continente--Ojeda, y su expedicion en

1499--Pedro Alonso Nuñez--Vicente Yañez Pinzon--Diego Lope--Rodrigo

Bastidas--Pedro Alvarez de Cabral--Cuarto viaje de Colon--Américo

Vespucio.

Américo Vespucio · 第 2 / 8 段