Cautivóse Colon de las lisongeras demostraciones de Toscanel

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AMÉRICO VESPUCIO

por

GREGORIO PÉREZ GOMAR.

Buenos Aires.

Imprenta de LA ONDINA DEL PLATA,

Santiago del Estero 176.

1880.

ADVERTENCIA.

El trabajo que ahora ofrecemos al público lo emprendimos como un estudio

de mera curiosidad, ya que nos hallabamos en Florencia, patria de

Américo Vespucio y donde suponiamos debian hallarse los datos

suficientes para determinar la mision que este habia desempeñado en el

descubrimiento de América, punto tan someramente tratado por los

escritores modernos.

Al principio hallabamos gran dificultad para conciliar las

contradicciones que resultaban de la comparacion de los distintos

documentos, hasta que el estudio de la carta del mismo Vespucio,

dirigida á Lorenzo de Medici, comparada con las referencias del

historiador Herrera, nos dió la clave para resolver tan complicadas

cuestiones.

No estabamos aun satisfechos, porque sabiamos que el Sr. F. A. de

Varnhagen, habia escrito algo sobre esta materia, mereciendo su obra tal

aprecio que por ella fué ennoblecido con el título de Baron de Porto

Seguro.

Al fin pudimos ver su obra en la Biblioteca Provincial de esta Ciudad y

hallamos que no ha tenido á su disposicion mas datos de los que nosotros

hemos consultado.

Como ha apreciado él esos datos y como los hemos apreciado nosotros,

tendrá ocasion el público de conocerlo y como llegamos á resultados

opuestos, el público tambien fallará de parte de quien está la razon.

Para el autor brasilero el documento auténtico de Vespucio es la carta

dirigida á Pedro Soderini, Gonfaloniero vitalicio de la República

Florentina, carta que comprende la relacion de los cuatro viajes ó

jornadas emprendidas por el explorador florentino. Para nosotros el

documento digno de fé, es al contrario la carta dirigida á Lorenzo de

Medici, de la cual se encuentra un códice en la Biblioteca Ricardiana de

Florencia.

En el Apéndice publicamos ambas cartas, para que á mas de las razones

que exponemos pueda el lector en vista de esos documentos, apreciar

mejor la verdad de éste punto histórico.

Parecerá extraño que despues de una vida tan contrariada y de

decepciones tan amargas, tengamos valor de hacer un paréntesis á la

labor cotidiana para importunar al público pidiendo su atencion sobre un

trabajo literario; pero queremos dar una prueba práctica de que la

inteligencia no debe abatirse jamás y que es en las épocas que le son

mas adversas, que debe dar señales de existencia.

Así, si nuestro trabajo no tiene importancia, al menos habremos dado un

buen ejemplo á la juventud estudiosa que viene tras de nosotros con

mayores brios y con mas brillantes luces, pero á la cual detiene en su

marcha de progreso el fanatismo político y el mercantilismo de

sociedades que se hallan recien en estado de incubacion.

_Buenos Aires, Octubre de 1879._

AMÉRICO VESPUCIO.

INTRODUCCION.

Los mares unen y no separan los Continentes--La navegacion es tan

antigua como la humanidad misma--Europa, tierra de promision de los

antiguos--América, tierra de promision de los modernos--Exploracion

terrestre del Asia--Marco Polo--Camino marítimo--Gran problema

económico--Grandes descubrimientos.

Los Océanos que parecen separar los continentes, han tenido y tienen al

contrario el grandioso destino de facilitar su comunicacion recíproca;

esa gran masa de agua que apenas deja sin inundar las elevaciones de la

tierra, apareciendo los grupos de la humanidad refugiados en ellas como

náufragos de una universal catástrofe, la ha derramado el Creador para

nivelar las profundidades del abismo y ofrecer el camino mas practicable

en todas las latitudes.

Es sobre la superficie variable, hermosa ó imponente de esos mares, que

la no menos variable atmósfera de la tierra se renueva cotidianamente y

el Dios de las energías del mundo la distribuye en todas direcciones, ya

con la violencia de los huracanes, ya con la suavidad de las brisas.

Tres cuartas partes del Globo son necesarias para esa asombrosa

elaboracion, sin la cual no seria habitable y ese puñado de seres

esparcidos sobre las cumbres superiores al nivel de las aguas, puede

decir con orgullo que respira el álito de la mas gigantesca Creacion del

mundo.

Nada es mas seductor que el mar; nadie permanece impasible en sus

orillas; nadie escucha su murmullo, nadie admira su azulada superficie,

nadie gira la mirada en el círculo de sus horizontes sin sentirse

conmovido y atraido con el transporte de una pasion mas sublime que

todas las pasiones y cuando el cielo se oscurece, cuando el huracan se

desencadena y terribles ondas se levantan bramando, hirviendo y formando

en sus cúspides blanca y vaporosa espuma, como otros tantos mónstruos

que escupen con furor al firmamento, el alma mejor templada reconoce su

miseria y su impotencia, y en el momento de encarar el abismo, piadosa

se eleva á las alturas.

Asi, aun en el estado mas primitivo, los grupos humanos, no han

permanecido en las orillas de los mares sin lanzar á ellos bajeles mas ó

menos poderosos que les trasportasen á desconocidas regiones.

La civilizacion, que empieza donde quiera que el hombre reposa de su

lucha con la naturaleza por haberla ya dominado; cuando la inteligencia

se aclara como un líquido se transparenta si no se agita; cuando el

pensamiento se produce y la razon se eleva; la civilizacion, que busca

siempre espacio donde extenderse como la luz, si surgió en los mas

risueños climas del Asia, preparada por una raza poética y vigorosa, no

pudo quedar estacionaria, y buscó donde esparcirse.

La Europa debió ser como á su vez lo fué la América, la tierra de

promision, y el Mediterráneo el fácil camino por donde se llevasen

colonias, mercancías y riquezas. Despues, cuando por esa ley de la

continuidad del progreso, la Europa superó á todo el mundo en

civilizacion, retornó al Oriente su poderosa influencia.

Las Naciones privilegiadas que se acrecentaban con ese movimiento, con

ese flujo y reflujo del esfuerzo humano, eran las que tenian un puerto

sobre el Mediterráneo, la España, la Italia, la Francia. Ellas recogian

las riquezas del tráfico y hacian tributarias á las otras naciones

alejadas del gran camino surcado por las naves del comercio.

Esa marcha retrospectiva, ese reflujo de corriente civilizadora hizo

fijar mas tarde la atencion en las riquezas del centro del Asia. Ellas

eran un miraje encantador, un delirio, un sueño, una adivinacion del

Paraiso y entre otros exploradores menos felices, esa fantasía llevó en

1253 al veneciano Marco Polo á grandes exploraciones y venciendo

obstáculos al parecer insuperables, penetró en las regiones misteriosas

y codiciadas. Muchos años despues, en 1295 regresó con los honores de un

gran explorador, pero sin poder ofrecer los medios prácticos para

establecer un comercio fructífero y contínuo. Sus relaciones eran como

cuentos de Hadas; excitaban á la vez la imaginacion y la codicia, pero

no habia mar; el agua no nivelaba el abismo para lanzar los bajeles; no

habia sinó llanuras y montañas que exigian mayores riquezas para

atravesarlas, que las riquezas que pudiese producir el cambio.

No eran aquellos tiempos como los presentes en que el amor á la ciencia

es bastante estímulo para armar y dirigir expediciones aunque sea al

Polo, donde no existen sinó desiertos y montañas de hielo. Grandes

perspectivas de riqueza se necesitaba entonces para arrostrar los

peligros de los mares.

Pero el explorador veneciano habia dado el primer paso de los grandes

descubrimientos.

El objetivo era hallar ricos mercados para el comercio; eso estaba ya

descubierto; faltaba solamente el camino que á ellos condujese.

Los antiguos habian navegado alguna extension de la costa de Africa y se

sabia que esa costa se prolongaba al Sur; pero era todo lo que se sabia

aun dos siglos despues de la exploracion de Marco Polo.

Las Islas Afortunadas, llamadas despues Canarias, habian sido

descubiertas por algunos viajeros, antes que Betancourt las conquistase

en 1339 y aunque circulaban noticias de otras tierras, nada mas se

conocia de un modo positivo.

Divulgáronse por toda la Europa las relaciones de Marco Polo; prisionero

de los genoveses y puesto por estos en libertad, habia referido, primero

de palabra y despues por escrito, todas las peripecias de su viaje. Eran

conocidas con el nombre de _El Millon de Marco Polo_, por las grandezas

que mencionaban. Desde entonces era el gran problema económico hallar un

paso marítimo á las regiones del Oriente.

El Nuevo Reyno de Portugal con una poblacion marítima considerable y en

una época de entusiasmo y audacia, en que se creía, capáz de todas las

grandes empresas resolvió buscar el paso á lo largo de la costa de

Africa.

En sus expediciones sucesivas descubriéronse las Azores, las Islas del

Cabo Verde y varios puntos de la mencionada costa, hasta que Bartolomé

Diaz llegó hasta el Cabo de las Tormentas, que el Monarca, por una feliz

inspiracion, quiso fuese llamado Cabo de Buena Esperanza.

Tenian lugar estos sucesos en 1487 quedando reconocida toda la costa

Africana hácia el Sur, suspendiendo los portugueses sus exploraciones,

que diez años despues debia continuar Vasco de Gama, doblando ese Cabo y

realizando esa esperanza.

Pero entretanto un movimiento Geográfico menos empírico habia tenido

lugar y es de ese movimiento que vamos á ocuparnos en los Capítulos

siguientes.

CAPITULO PRIMERO.

Teoría del descubrimiento--Pablo Toscanelli--El descubrimiento de

América como revolucion geográfica y económica--Teoría de

Toscanelli--Viaje de circunvalacion--Itinerario--Cálculo de las

distancias.

En tanto que las imaginaciones se exaltaban con los relatos de Marco

Polo que suplian entonces la falta de amenísimos romances; en tanto que

los eruditos discutian platónicamente sobre las comarcas descubiertas

que ensanchaban el horizonte geográfico de la tierra; en tanto que los

mercaderes sufrian el suplicio de Tántalo conociendo riquezas que fueron

ignoradas sin poderlas alcanzar, un sabio florentino, inspirado en las

ideas de Toloméo, propuso levantar á mas sérias consideraciones los

descubrimientos del intrépido veneciano y fundar sobre ellas sistema

cosmográfico que llevase al descubrimiento de todo el mundo marítimo y

terrestre.

Muy significativo es este hecho en el descubrimiento de América y debe

fijarse en él la atencion con el detenimiento que merece. En toda

revolucion es necesario buscar primero las ideas que la produjeron y no

concretarse al hombre ú hombres que fueron sus órganos; asi, la historia

de la Reforma no es la historia de Calvino y de Lutero sinó la historia

de las ideas que precedieron á esos hombres y asi la historia de la

revolucion francesa es la historia de todo el siglo XVIII en que ella se

elaboró.

El descubrimiento de América fué la revolucion mas universal y mas

grandiosa de la época histórica. Para ella fué necesario demoler

sistemas, destruir errores teológicos, levantar teorías nuevas hasta que

llevada á cabo, resolviese el gran destino de la humanidad.

Pablo Toscanelli era ese sabio florentino que se afanaba por llevar á

una asombrosa práctica las teorías de la ciencia; pero todo parecia

oponerse á su designio; la navegacion era entónces imperfecta y medrosa

y apesar de las recientes invenciones de la brújula y del astrolabio

nadie creía posible aventurarse en el mar, perdiendo la vista de las

costas, porque el problema de las longitudes fluctuaba en perpétuas

alternativas, sin salir de la infancia de tantos siglos.

Pero estos inconvenientes de la práctica no arredraban al teórico, al

pensador profundo y como si tuviese el Globo en su mano y la verdad á su

alcance, entró con la valentia del genio, en sus cálculos y deducciones.

Había Tolomeo extendido su carta del mundo á los ciento ochenta grados y

en el vacio que esa extension dejaba, colocó una _Tierra Incógnita_.

Pero una tierra incógnita no dá idea alguna de su situacion, es apenas

una X del problema de su descubrimiento.

Esa incógnita había permanecido inabordable; no faltaban quienes la

considerasen ménos aun que una incógnita, como un sueño, como una

quimera ó sinó como un problema para cuya resolucion faltaban los datos

necesarios.

Y sin embargo, la tierra incógnita de Tolomeo que ante la razon aparecía

tan poco probable fué para Toscanelli, en cuya mente estaba ya encendida

la inspiracion y el ansia de lo maravilloso, riquísima mina de

conjeturas y de luces.

Pensó que aquella tierra que él creía el _Catai_ se extendiese hasta el

hemisferio opuesto y que tomándose la vía de Occidente llegariase pronto

á los felices Países que descrito había Polo y de los cuales tan

distantes estaban aun las flotas de Portugal, errantes por las

Occidentales playas del Africa y detenidas por accidentes continuos.

Reduciase ya la cuestion á definir la longitud del ideado viaje,

cuestion imprescindible no solo para la seguridad de los aventureros que

arrostrasen esos peligros, sinó tambien para garantía del buen éxito.

Recogió el sabio florentino datos é informaciones de embajadores,

mercaderes y doctos sobre las tierras del Oriente; halló todo

concordante con la relacion de Polo y estos resultados prácticos

avivaron sus especulaciones y sirviéronle de guia para apreciar las

longitudes.

Sobre la certeza del viaje de circunvalacion ninguna duda podía

levantarse, ya que el mismo Toscanelli ignoraba como todos, la

existencia del Continente Americano que oponer debía un insuperable

obstáculo al recto y marítimo curso desde la Europa á la China y

aparecerse con no ménos asombro que fortuna. Pero la brevedad del

trayecto ó sea la longitud, era punto demasiado interesante para que

descuidase demostrarlo.

Dibujó con su propia mano una carta naútica donde marcó, segun él mismo

lo dice en la primera de sus cartas, _todo el confin del poniente

partiendo de Islandia al Austro hasta Guinea con todas las Islas que

encuéntranse en ese camino, en cuyo frente al poniente hallase dibujado

el principio de la India_.

Esta carta importantísima por ser el primer monumento del descubrimiento

de América no la conocemos sinó por las referencias del mismo

Toscanelli y de contemporáneos que la vieron y juzgaron. Aseguran estos

que tenía una graduacion y dos escalas, cosa de que carecían entónces

las cartas geográficas supliéndose en ellas su falta, para conocer el

derrotero y longitud de los viajes, con líneas rectas entre los puntos

de partida y de llegada, indicándose con un número sobre ellas las

millas longitudinales.

Esto se vé en la Biblioteca de Santa María Novella en Florencia, en una

carta del mundo, manuscrita por el geógrafo Dati contemporáneo de

Toscanelli. Pero sea de esto lo que sea, afortunadamente hizo la

descripcion minuciosa de los espacios, de las millas de Lisboa al Catai

ó tierra incógnita y merced á esta descripcion conocemos su sistema.

Además de la situacion de la famosísima Isla Antilla, de la no ménos

célebre de Cipango, de la Provincia de Mangui, del Catai y de muchos

otros lugares de la India, veíase en la carta de Toscanelli una línea

que dirigiéndose hácia poniente de Lisboa á la gran ciudad de Quinzai la

moderna Hong-Cheu, comprendía veintiseis espacios de doscientas

cincuenta millas cada uno, estableciendo por tanto un intérvalo total de

seis mil quinientas millas entre aquellas dos ciudades, una á la

extremidad Occidental de la Europa, otra al conocido confin Oriental del

Asia, abrazando segun la expresion del mismo Geógrafo, casi la tercera

parte de la Esfera, ó una longitud de cerca ciento veinte grados; de

manera, que sin contar el enorme giro de los portugueses al rededor del

Africa, su vía oriental de Lisboa á China, era doble de la via

occidental por él imaginada.

Suponiendo que las millas de que hablaba Toscanelli fuesen millas

Italianas de las que cuatro forman la legua portuguesa ó española, he

aquí el cálculo de las distancias segun lo que respecto á la Antilla,

escribía al Canónigo Martinez de Lisboa:

"De esta ciudad, derecho hácia el poniente, hay en dicha carta

veintiseis espacios conteniendo cada uno doscientas cincuenta millas

hasta la nobilísima Ciudad de Quinzai. Y desde la Isla Antilla, que

llamais vosotros de las siete Ciudades, de que teneis noticia, hasta la

nobilísima Isla de Cipango, hay diez espacios que hacen dos mil

quinientas millas."

Con estos datos el cálculo es muy simple.

Por testimonio de Marco, solo se contaban:

De Quinzai al Océano 25 millas

Del Océano á Cipango 1500 "

Toscanelli pone de Cipango á la Antilla 2500 "

Luego de Quinzai á la Antilla 4025 "

Ahora bien, de Lisboa á Quinzai

segun Toscanelli 6500 "

De Antilla á Quinzai 4025 "

Luego de Lisboa á Antilla 2475 "

Tal era el prodigioso itinerario que Toscanelli trazaba sobre el Globo y

la apreciacion errónea de su longitud, que no podía ser rectificada,

desde que solo podía apreciarse la longitud de las tierras que se

extendían al Oriente, por los inciertos datos de Polo, que hicieron

creer que entre Lisboa y la costa Oriental del Asia, debía existir una

extension casi de dos terceras partes de la esfera y solo una tercera

parte de mar, debiéndose aun encontrar en ese mar la célebre Atlántida ó

Antilla de que tanto hablaron los antiguos.

La situacion y aun la existencia de esa Isla era tan incierta como aquel

Cabo ó puerto de Catigara que tanto nombró Tolomeo en su Geografía, que

tantos descubridores creyeron quimérico y que mucho despues creyó

hallarse con el nombre de Caitagora, en el pais de Sin.

En cuanto al mar que baña esas costas orientales del Asia que hoy

conocemos con el nombre de Océano Pacífico, era designado por Tolomeo

con el nombre de Seno Magno y aun asi se llamó por Ortilio en 1587 en su

_Tesoro Geográfico_ y hasta en 1618, en la edicion de Tolomeo hecho por

Pedro Best, y como el Cabo de Catigara se situaba al Oriente del Seno

Magno el cosmógrafo Munstero, lo situó al Oriente del Pacífico.

Había en todo esto una adivinacion que asombra por mas que se creyese en

una extension espantosa del continente Asiático y se desconociese por lo

mismo la grandeza del Océano Pacífico.

En cuanto á la época de estos trabajos de Toscanelli puede fijarse por

la data de la carta que dirigió al Canónigo Martinez de Lisboa, sobre

las _Tierras Incógnitas_ en 1474.

Para el estado de la ciencia en aquellos tiempos el sistema de

Toscanelli era muy adelantado y puede decirse que en la apreciacion

longitudinal de la misteriosa Antilla había hecho ya el descubrimiento

teórico de la América y como para este descubrimiento poco importaba la

extension del Océano Pacífico y la distancia de Lisboa á la costa

Oriental del Asia, los errores tremendos en esos cálculos no debían

tener fatales consecuencias.

CAPITULO II.

Cristóbal Colon--Su residencia en Lisboa--Correspondencia con

Toscanelli sobre las tierras incógnitas--Epoca en que resolvió

llevar á la práctica esas teorías--Viaje á los mares

septentrionales--Proposicion al rey de Portugal--Rechazo--Partida á

España.

Debe aparecer ahora el mas poético de los personajes de la gran

revolucion del descubrimiento de América, aquel que llevaba el nombre

simbólico de su colosal empresa, Cristóbal Colon, _Cristo ferens_,

portador de la fé de Cristo y mensajero de la civilizacion; personaje

legendario que, por su constancia, por su heroismo, por las visiones de

su imaginacion, por su esplendorosa fortuna y por sus grandes

infortunios, por lo brillante de su estrella y por lo tormentoso de su

ocaso, debía atraer la atencion de todos hasta olvidar los demas actores

del drama.

Podemos fijar la época del nacimiento de Colon en 1447. En una carta que

escribió á Don Fernando de Aragon fechada en 1504, decia:--"Y hoy pasa

de cuarenta años que ando navegando"--En la historia escrita por su hijo

Fernando, con la autoridad de otra carta suya, se vé que empezó á

navegar de catorce años de edad; luego nació en la época que hemos

designado y no en la que suponen otros historiadores.

En cuanto al lugar de su nacimiento es hoy fuera de duda que fué

Génova--_la soberbia_--por mas que se hayan disputado su cuna varias

ciudades y principalmente Placencia y Cuccaro del Monferrato; pero el

mismo héroe de la disputa habia fallado la causa de antemano llamándose

hijo de Génova[1].

Era Colon de esbelta estatura, de bien formado cuerpo, de rostro

encendido, de azulados ojos, de rubios cabellos, que por las inquietudes

del alma bien pronto encanecieron, y de expresion altiva y modesta al

mismo tiempo.

El orígen de Colon, que ha querido llevarse á la mas alta aristocracía,

no aparece sinó en la mas humilde clase del pueblo; pero poco importa

saber si el padre de Colon tejia paños ó escardaba lanas, basta saber

que siendo pobre no podia haber dado al hijo esa educacion brillante que

algunos historiadores le atribuyen. Es inverosímil tambien que hubiese

estado en la Universidad de Pavía y que allí hubiese aprendido letras,

cosmografía y náutica, pues habiendo empezado á navegar de catorce años,

no podia haber tenido el tiempo necesario para adquirir tales

conocimientos.

Es indudable que Colon empezó á navegar sin conocimientos cosmográficos

y que solo por sus propios esfuerzos llegó á instruirse y á desarrollar

su inteligencia, en los primeros veinte y tres años que navegó

consecutivamente recorriendo todo el levante y el poniente, como dice él

mismo en una de sus cartas.

En 1470[2] fijó Colon su domicilio en Lisboa, llevado sin duda por los

atractivos que á los marinos debia ofrecer un País donde tantas empresas

marítimas se proyectaban. Allí relacionóse con los principales hombres

de su profesion y completó sus veinte y tres años de navegacion en

excursiones sucesivas, haciendo en 1477 su célebre viaje por el Océano

septentrional mas allá de la latitud conocida, segun cuenta su hijo

Fernando. Sin perjuicio de estas excursiones, Colon tenia su domicilio

fijo en Lisboa y meditaba en los descubrimientos de Polo y en los viajes

de los portugueses á lo largo de la costa de Africa.

Dentro del periodo de catorce años que se comprende entre su llegada á

Lisboa y su partida de esa ciudad, contrajo matrimonio con Da. Felipa

Muniz de Pellestrello, y aunque la época de este matrimonio no aparezca

con precision, es verosímil que fuese al poco tiempo de llegar á Lisboa,

pues refiere su hijo D. Fernando que en 1484 habia ya enviudado,

quedándole un hijo llamado Diego, con quien se partió de esa ciudad como

en seguida veremos, y para poder llevarse consigo al hijo, no podia este

ser de tierna edad.

La mujer de Colon era hija de uno de los descubridores de las islas

Azores y gobernador de Porto Santo, y si á esa época este ya no existia,

existian sus parientes que eran todos navegantes portugueses.

Es pues probable que Colon aunque ya se hubiera preocupado antes de

llegar á Lisboa con la cuestion de hallar el camino marítimo para la

India, pensase en ello mas seriamente con las relaciones de los marinos

portugueses con quienes tan íntimamente se hallaba relacionado. Tambien

debia hallarse en relacion con el padre Ximenez, autor del _Gnomone

florentino_ y con el canónigo Martinez, hombres doctos en cosmografía y

que se hallaban en correspondencia con Toscanelli por los años 1473 y

74.

Este geógrafo dirigió tambien dos cartas á Colon y copia de otra

dirigida á Martinez, de modo que es indudable que existia comunicacion

entre todas estas personas y que discutian sobre las _tierras

incógnitas_, como se llamaban entonces á las islas y costas con las que

debia tropezarse en el viaje de circunnavegacion.

Cautivóse Colon de las lisongeras demostraciones de Toscanelli, apoyadas

por los dos sabios expresados, y reconociendo en esas teorías la fuente

de donde emanaban que era las relaciones del explorador Marco Polo,

entregóse del todo á la lectura de sus viajes, al extremo que muchos

considerasen que estas lecturas fuesen la única causa impulsiva de sus

proyectos. Pero sin las adelantadas combinaciones del geógrafo

florentino, no hubiese el explorador veneciano despertado en el ánimo de

Colon sinó aspiraciones indefinidas, y su hijo Fernando, mas justo

apreciador de los hechos, se refirió á las cartas de Toscanelli para

rectificar precisamente la decisiva influencia que tuvieron en la

empresa del padre. Cuando sigamos la marcha del gran descubridor,

haremos notar que siguió siempre, como una guia segura, el itinerario

que le habia sido trazado y que, palpando ya la realidad de las cosas,

seguia aun con los mismos errores de Toscanelli.

Otra data imposible de fijar con certeza es cuando Colon dejó de meditar

en estas teorías para entrar en la resolucion firme de emprender sus

viajes. Hasta 1474, época de la correspondencia con Toscanelli, es

decir, cuatro años despues de su llegada á Lisboa, _las tierras

incógnitas_ eran aun materia de consultas y discusiones. En 1477

emprendió Colon su viaje á los mares septentrionales, apremiado sin duda

por necesidades de la vida, pero el hecho de lanzarse algo mas allá de

lo conocido por esos mares, deja sospechar que al mismo tiempo quisiera

hacer una tentativa de descubrimiento, un exámen de esas costas, por si

existia en esa altura el camino que se buscaba. El resultado negativo de

esta exploracion debió afirmar sus convicciones y no es aventurado decir

que en 1478, es decir, á los treinta y un años de edad, Colon resolvió

definitivamente emprender su viaje y con esa actividad que le era

característica, se presentase sin mas demora á implorar la proteccion

del rey D. Juan II de Portugal--Desacuerdan los autores sobre si Colon

imploró la proteccion de la empresa primero al monarca portugues, á la

Señoria de Génova ó al rey de Inglaterra, pero á mas de lo ocioso que es

esta cuestion, la circunstancia de tener su domicilio en Lisboa, con el

objeto de tomar parte en las empresas marítimas, pone fuera de duda lo

que hemos asegurado.

El historiador portugues Barros, despues de hablar de las teorías de

Colon, dice:--"Tanto importunó al rey que este ordenó fuese examinado su

proyecto por Monseñor Diego Ortiz asociado con algunos pilotos, todos

los que hallaron quimérica la empresa".

Como las instancias á la Corte van despacio y como algun tiempo debiera

ser necesario para que Colon _importunase_ al rey, es verosímil que

recien en 1480 tuviese este sublime importuno su desengaño y no teniendo

ya ningun vínculo que le ligase á Portugal, habiendo perdido ya su

esposa, resolviese partir para Castilla, llevando consigo á su hijo.

De Lisboa[3] siguió Colon directamente á España, pues carecía de medios

para hacer mas largos viajes, valiéndose de su hermano Bartolomé para

que fuese á implorar la proteccion del rey de Inglaterra y sin duda se

serviría de algun otro intermediario ó de misivas epistolares para

entenderse al mismo tiempo con la Señoria de Génova.

Temeroso Colon de que se reprodugese en otras partes el rechazo del Rey

de Portugal, quiso asegurarse el éxito tentando simultáneamente en

varias partes su negociacion reservándose aceptar la mas ventajosa

oferta, si mas de un gobierno la hiciese.

CAPITULO III.

Situacion de la España--Reinado de Don Fernando y Doña

Isabel--Anarquía--Guerra cívil--Fanatismo--Restablecimiento de la

Inquisicion--Influencia del Clero--Expulsion de los judios y

moros--Odios entre España y Portugal.

Nos es necesario echar una ojeada sobre el País á que se dirigía Colon y

sobre los sucesos de la época en que debía llegar.

El reinado de Enrique IV, llamado _el impotente_, había sido funesto

para Castilla; él mismo había abierto las puertas de la mas escandalosa

anarquía rebelándose contra su padre. No eran mejores los ejemplos de su

vida privada; había agotado las fuerzas de su juventud en la mas

desenfrenada crápula. Sin mas sucesion que su hija Juana y aun su

legitimidad desconocida al extremo de llamarla el pueblo y los nobles la

_Beltraneja_, á causa de las intimidades ostensibles de Don Beltran de

la Cueva con la Reyna, fué este desgraciado vástago en vez de solucion

de las cuestiones de sucesion, causa de trastornos y de guerras.

De ánimo débil, pasó por sucesivas humillaciones que despretijiaron su

autoridad y hacían que tomase colosales proporciones la anarquía. Hizo

primero reconocer á su hermano Don Alfonso como sucesor al trono,

cediendo á las imposiciones de la nobleza y desconociendo los derechos

de su hija.

Muerto Don Alfonso á los quince años de edad, se hizo por las mismas

imposiciones, el pacto llamado de los _Toros de Guisando_, en que fué

reconocida su hermana Doña Isabel con derecho á la sucesion del trono

pretendiendo salvar su autoridad, con una claúsula por la cual esta no

se casaría sin asentimiento del monarca. Todos estos resultados venian

precedidos de intrigas, asonadas y crímenes.

Llegó el descontento al extremo de quererse destronar al monarca para

levantar á Doña Isabel, como ya una faccion había proclamado á Don

Alfonso, pero la futura soberana de España tuvo la discrecion de no

prestarse al movimiento.

El matrimonio de la simpática princesa con su primo el infante de

Aragon, Don Fernando, Rey de Sicilia, es un idilio que pocas veces

ocurre en la crónica de los reinos. Don Enrique pretendió que la

princesa se casase primero con el principe de Francia, despues con Pedro

Giron, altivo y rebelde noble que puso esa condicion á su sometimiento y

por último con el Rey de Portugal. La princesa resistió con energía

todas estas imposiciones porque amaba á Don Fernando de Aragon y solo

con él consentiría en un enlace.

Para evitar las persecuciones é intrigas de la Corte hizose venir al

Infante secretamente, corriendo serios peligros y con la proteccion de

los nobles que le eran adictos en Castilla, celebraronse las nupcias que

unian por lo pronto dos ardientes corazones y que mas tarde debian unir

dos reinos, formando uno tan grande que en él jamas el sol tendria

ocaso.

Muerto Don Enrique IV en Diciembre de 1474 fué, en la ciudad de Segovia,

proclamada Reyna de Castilla Doña Isabel, no sin que al mismo tiempo

ambiciosos viniesen á disputarle el trono, so pretesto de sostener la

causa de Doña Juana. La actividad que en esta lucha demostró la nueva

Reyna, probó que ambicionaba ardientemente el poder y que tenia grandes

aptitudes para sobrellevarlo.

Doña Juana habíase esposado con Don Alfonso V Rey de Portugal y este

invadió á Castilla, sostenido por los nobles adictos á ella y trabóse

una guerra de sucesion que probó la impericia militar de unos y otros.

Por último, vencido el Portugues, retiróse á su Corte y la infeliz Doña

Juana, despues de haber sido heredera de un trono, novia de tantos

ambiciosos y desposada de un Rey, concluyó por buscar la paz del alma en

un Monasterio.

Fallecido en Enero de 1479 el Rey de Aragon Don Juan II, fué elevado al

trono Don Fernando y produjose así la unidad Española.

En todo este movimiento vése por único actor á la casualidad. A Don

Enrique sucederle debia su hija Juana y en defecto de ella, su hermano

Don Alonso, jóven sensato, que apesar de su corta edad tuvo bastante

carácter para rechazar mas de una infamia; hubiese sido un buen Rey y no

llegó á ser sinó una esperanza frustrada sin que falten historiadores

que atribuyan al veneno su prematura muerte. En tal caso Doña Isabel

hubiese sido otra monja como Doña Juana ó hubiese optado por ser Reyna

de Portugal, casandose con el viejo monarca que la pretendia. Entónces

la union de los Reinos de Aragon y Castilla efectuado _ipsofacto_ por su

matrimonio con el Príncipe, no se hubiese realizado, sin que hubiesen

tenido lugar muchos de los sucesos que vamos á referir.

Prescott en la historia de los Reyes Católicos, dá al reinado de Doña

Isabel un orígen electoral, cosa que en verdad no es asi, pues toda la

autoridad de Doña Isabel se derivó del célebre pacto de los _Toros de

Guisando_, infringido no obstante por la misma agraciada en la cláusula

que exigía la intervencion de Don Enrique en su matrimonio. Si

casualidad fué todo, pocas veces ha dado orígen á tanto bien y á tanto

mal.

A situacion tan espantosa, como la dejada por el reinado que caducaba,

requeriase un gobierno enérgico y justo, que salvase el principio de

autoridad, desconocido por la terrible anarquía que destrozaba la

Península Ibera y los Reyes Católicos, que muchos y muy grandes errores

debian cometer, eran no obstante justos y enérgicos.

Todos los historiadores están contestes en el tétrico cuadro que ofrecía

la España al morir Don Enrique. La seguridad de las personas y de las

cosas era mayor entre las hordas salvajes que en sus campos y aun en sus

ciudades; los mismos nobles mandaban desde sus castillos robar y

asesinar á los viajeros; el feudalismo estaba en su apojeo; los

tribunales por prevaricaciones escandalosas ó por miedo no servian sinó

para alentar la injusticia y el crímen; la industria decaida, el

comercio abatido; una crísis espantosa á causa de que cada noble acuñaba

la moneda á su antojo, depreciándose esta al extremo de que las

transaciones se hacian, como en los tiempos primitivos, por trueque ó

cambio.

El Clero era un poder, el único poder, la única autoridad, al extremo de

que criminales vestian el hábito sin profesar para escudarse y quedar

impunes. Los maestrazgos de las órdenes religioso-militares, recibian

del Papa su autoridad; no se sometian al Gobierno y acumulaban grandes

riquezas. En fin, si se quiere una imágen del cáos, busquese en esa

época de la historia de España, sobre todo en Castilla y Andalucia.

Los Reyes Católicos acometieron la tarea de domar esa anarquía y ya con

rigor, ya con blandura; ya confirmando fueros y derechos á las ciudades,

ya despojando á los nobles de sus derechos feudales, ya reconciliando

los magnates enemistados, ya sometiendo á los que gobernaban por su

cuenta incluso al altivo conde de Cádiz, ya prestigiando los tribunales

de justicia, ya reformando los procedimientos y leyes civiles; en pocos

años, la misma admiracion que nos ha causado el desquicio del gobierno

de Don Enrique, nos asalta al ver las reformas obtenidas por los Reyes

Católicos. Apesar de su energía, Doña Isabel nada hubiese conseguido sin

la union del Reyno de Aragon; habiase allí refugiado lo mas sensato y

patriota de la nacion Española; su constitucion liberal, su riqueza de

que era emporio el puerto de Barcelona, todo eso reflejaba prestigio

sobre ella y era un contrapeso poderoso; los nobles y el pueblo mismo de

Castilla, sabían que en un caso dado, un ejército Aragonés vendría á

apoyar á la Soberana y véase en esto una demostracion de como la

anarquía, hija siempre de la desmembracion social, cesa cuando la unidad

se restablece.

Dos episodios citaremos para demostrar que estos Soberanos si bien

dotados de grandes cualidades, no eran aptos para mejorar la situacion

del Pais.

Los obispados de España se proveian sin anuencia del Soberano, y si los

Reyes Católicos reivindicaron ese derecho, no se descubre en ello sinó

la influencia del Clero Español, interesado en esa reivindicacion porque

era pospuesto por prelados de Roma. Los Reyes estaban sometidos á esa

influencia al extremo de que el confesor de Doña Isabel, nuevamente

nombrado, Fray Fernando de Talavera, cuando por primera vez fué á

ejercer su ministerio, permaneció sentado para escuchar la

confesion:--La costumbre es--dijo Doña Isabel--que ambos permanezcamos

arrodillados.--Nó--exclamó el confesor--yo soy ministro de Dios y este

su tribunal y V. A. debe permanecer de rodillas y yo sentado. La Reyna

se arrodilló.

Doña Isabel tenia, no hay duda grandes condiciones pero no era superior

á su época, estaba muy á su nivel. La España debía permanecer siempre

con los gérmenes de la anarquía, contenidos pero no extirpados; el

fanatismo debia acrecentarse tanto mas cuanto mas quisiese hacerse de la

religion elemento social.

Es asi que el restablecimiento de la Inquisicion hizo á este poder mas

irresistible que en las épocas anteriores. Algunos historiadores para

disculpar á Doña Isabel dicen que fué á requisicion del Papa que se hizo

este restablecimiento; no hay tal, existen aun los documentos que

prueban que fué á peticion de la misma Doña Isabel que se dió la bula

que debia levantar en Torquemada, el déspota, el tirano mas cruel de los

tiempos pasados y futuros.

Estos dos episodios prueban que, ó los Reyes Católicos no eran tales

como los representa la historia, sinó crueles y sanguinarios ó que

estaban tan dominados por el Clero como Don Enrique lo estaba por los

nobles rebeldes. Destruido un feudalismo, levantaban otro cien veces

peor; quitada á los nobles la _horca y cuchillo_, ponian en manos de los

Inquisidores la tea para encender las hogueras del martirio.

No faltan historiadores que fascinados por el prestigio de los grandes

acontecimientos que la casualidad hizo producir en el reynado de Doña

Isabel, quieran atenuar esta mancha, echando la culpa á la época. Nó, la

moral y la justicia son eternas y no tenemos otra regla para juzgar los

hechos de cualquier tiempo. No fueron menos graves otros errores

cometidos por los Reyes Católicos; la expulsion de España de los Judios

y de los Moros, las persecuciones inhumanas contra esos desgraciados, el

saqueo de sus propiedades, son hechos que bastan para borrar la poca

gloria que se les atribuye en la unidad de España y en el descubrimiento

de América.

La misma guerra contra los Moros refugiados en Granada, no se llevaba

con tanto celo al principio; fué necesario que algunos nobles por si y

ante si la iniciasen con la toma de Alhama, para decidir al Monarca á

ponerse en campaña y en toda esa guerra cuesta discernir el fanatismo

del amor patrio.

Ni faltaron tampoco los estragos de la guerra cívil en este Reynado,

bastando para comprobarlo que citemos el movimiento separatista que

inició en Galicia el mariscal Pardo de Cela, siendo necesario que se

enviase allí un ejército que sufrió un reves y que no pudo triunfar sinó

á merced de una traicion por la cual, aprisionado el separatista, fué

ahorcado sin piedad.

Tal era la situacion en que Cristóbal Colon debia hallar á la España,

agregando que los antiguos odios entre esa Nacion y Portugal habian

recrudecido con la guerra de sucesion de Doña Juana, á causa de la

invasion á Castilla por el Rey Don Alfonso, en proteccion de esas

pretensiones.

CAPITULO IV.

Los Conventos--Llegada de Colon á el de la Rávila--Opinion de

algunos autores--Colon en la Corte--Exámen de su proyecto--Su

rechazo--Nuevas tentativas--Proyecto de marcha--Carta del Rey de

Francia--Aceptacion de su proyecto en principio--Inconvenientes en

la práctica--Aceptacion definitiva del proyecto.

En aquellos tiempos de miseria y de barbarie, tropezábase frecuentemente

en España y en Italia con altos muros entre los cuales se incrustaba

iglesia gótica y en el interior de ese recinto hallabase almacenada la

abundancia y refugiada la ilustracion, por lo general teológica,

casuítica, fanática, pero á veces en una celda apartada, como un punto

luminoso, se escondia bajo el hábito del fraile, un sabio ó un artista,

único principio vital del porvenir, única chispa que algun dia

restituyese al mundo los resplandores de la luz.

Allí se absorbia el sudor de los labradores y de los artesanos

distribuyéndose en cambio á los vagamundos, algunos bocados de sopa,

ostentacion de caridad calculada para que se redoblasen las limosnas.

A la puerta de uno de estos edificios del Monasterio de la Rávila, á

corta distancia del puerto de Palos, un dia canicular en 1484 detúvose

un peregrino que conducia un niño de la mano. Ni el polvo que cubria su

pobre ropaje, ni la fatiga retratada en su semblante, ni el dolor que se

reflejaba en sus ojos, disminuian la nobleza de su porte,--¿Que buscaba

ese hombre?--¿Era acaso un mendigo?--No pedia sinó un poco de sombra

para reposar y un mendrugo de pan para el niño.

Habia en ese Convento una luz y con ella se descubrió lo que buscaba ese

viajero en su afanosa peregrinacion; Fray Juan Perez de Marchena era uno

de esos seres refugiados en el Convento, que vestia el hábito del fraile

pero que conservaba el corazon y la inteligencia libres del fanatismo.

Ver al forastero y adivinar en él todo un drama interesante, fué la

concepcion feliz de un momento; sin duda pensó que tambien el Dante,

algun tiempo hacia, habia buscado igual refugio en Italia.

El peregrino y el fraile se miraron, se explicaron, se comprendieron.

Ese humilde viajero que hallaba asi hospitalidad y apoyo, era Cristóbal

Colon y el niño, su hijo Diego.

Algunos historiadores modernos han querido desconocer este poético

episodio, pretendiendo que Colon desembarcó en el puerto de Santa María

y que fué hospedado en el Palacio del Duque de Medina-Celi, refiriéndose

á un documento que no citan ni describen. Tal documento no puede ser

otro que el que se refiere á las relaciones que tuvo con dicho Duque

mucho despues de su llegada á España, como mas adelante lo veremos. Por

otra parte no es verosímil que habiendo salido Colon de Lisboa

furtivamente, despreciado por la Corte, sin influencia ni valimiento

alguno, desembarcase en España con el prestigio necesario para hacerse

abrir las puertas del Palacio del orgulloso Duque y encontrarlo

dispuesto á servirlo.

Todo en el reinado de Doña Isabel debia ser obra de la casualidad;

Cristóbal Colon rechazado por el Monarca de Portugal por importuno,

venia á España como vagabundo y como vagabundo llama á las puertas del

monasterio de la Rávila donde halla un hombre que lo socorre y lo

comprende, se encarga de la educacion del hijo, lo mune de

recomendaciones y lo dirige á la Corte.

Entre las recomendaciones que llevaba Colon habia una para aquel Fray

Fernando de Talavera, confesor de la Reyna, de que hemos hablado ya y no

podia ser mejor dirigido el pretendiente que á un hombre que hacia

arrodillar á sus plantas á Isabel para oir su confesion y darle sus

consejos.

Hallábase la Corte en Córdoba y toda la atencion era absorvida por los

cuidados de la guerra contra los Moros de Granada.

El confesor de la Reyna apenas respondió con seca urbanidad á la

recomendacion que se le hacia del marino; ignorante y tan fanático como

de cortos alcances, no le sirvió como pudo haberle servido.

Pero Colon estaba ya en camino y supo captarse la amistad de otras

personas influyentes, entre ellas á Gheraldoni nuncio del Papa, y á su

hermano Alejandro, preceptor de los hijos de los Monarcas y por

intermedio de estos obtuvo una audiencia del Cardenal Mendoza que tanto

valimiento tenia en la Corte que era llamado la _tercer potencia_.

Mendoza debia ser hombre instruido, al menos de elevado espíritu, pues

escuchó á Colon con atencion, lo exortó á perseverar en sus planes y

obtuvo éste por su intermedio una audiencia de los Reyes.

Colon era elocuente; conocia que para convencer y persuadir es menester

hacer vibrar las fibras mas sensibles del corazon de su auditorio y

halagar sus creencias y aun sus preocupaciones. Así pues, á los

soberanos de Castilla les habló de la gloria de extender sus dominios;

excitóles la avaricia con el acrecentamiento de un comercio riquísimo;

pero en lo que insistió mas y con acento profético, fué en el triunfo de

la fé cristiana, en la conversion de millares de idólatras y aun en el

rescate del Santo Sepulcro. Es probable que Colon creyese en mucho de lo

que decia, pero no hay duda que exageraba su fé y su ortodoxismo para

persuadir. Su larga permanencia en Portugal le habia hecho adquirir una

pronunciacion y un acento mas semejante al castellano y su trato con

españoles, aun ántes de llegar á España, le permitia expresarse en ese

idioma con bastante claridad y elegancia. La impresion causada en el

ánimo de los Reyes fué favorable, sobre todo en Doña Isabel que era mas

ambiciosa y mas accesible al entusiasmo.

Pero el proyecto de Colon rozaba con puntos de la fé y dado el fanatismo

de los Reyes, no podia ser aceptado sin someterlo al exámen de

peritos.--Pero--¿Que peritos podrian ser en esta materia teólogos y

frailes? Compuesto este tribunal de esta manera y presidido por el

confesor de la Reyna fácil es comprender que el proyecto de Colon era de

antemano condenado.

Admitido á exponer y defender su idea ante el areópago ortodóxo

presentósele otra ocasion de lucir su elocuencia. Esta vez expuso todas

las teorías de Tolomeo y Toscanelli, para demostrar la practicabilidad

del viaje y no poco le sirvió su erudicion en la Biblia para ayudarse á

conciliar sus errores con los nuevos errores que profesaba. Había esta

diferencia grandísima entre unos y otros errores; que los teológicos

cerraban la puerta á todo descubrimiento; inmovilizaban, aletargaban,

envenenaban la vida como las emanaciones de un lago sin corriente,

miéntras que los errores de la ciencia impulsaban al progreso, admitian

nuevas hipótesis, se encadenaban con las verdades del porvenir. Era una

lucha titánica y sosteniéndola Colon era ya tan grande y tan digno de la

posteridad, como si hubiese realizado ya su descubrimiento.

Pasaban los meses y los años y el Consejo no expedía su dictámen. Entre

tanto Colon abria su alma á dulces sentimientos y consuelos. Había

trabado relacion con una noble y hermosa dama llamada Beatriz como

aquella que inspiró al Dante y fruto de estos amores fué Don Fernando,

que mas tarde hizose estimar por sus méritos y fué el primer historiador

de las hazañas de su padre. Al fin en 1491, redoblando Colon sus

instancias, obtuvo que el Consejo se expidiese, pero éste fallo le fué

completamente adverso.

Al recibir esta noticia, experimentó tanta amargura que, á no ser los

vínculos que lo unian ya á España, la hubiera abandonado como abandonó á

Lisboa.

Tentativas infructuosas con algunos grandes personajes, entre ellos el

Duque de Medina-Celi, lo detuvieron todavía, pero al recibir una carta

del Rey de Francia que lo llamaba, resolvió partirse. Como recordará el

lector, su hermano Bartolomé gestionaba en Inglaterra la admision de sus

proyectos y regresando con éxito ó sin éxito, había instruido de ellos

tambien al Monarca Francés que los aceptó con entusiasmo.

Partióse pues Colon desandando aquel camino de Córdoba á la Rávila que

había ántes emprendido tan lleno de esperanzas. Aquellos para quienes la

vida no ha sido una contínua lucha, que no saben lo que es una esperanza

salvadora que se desvanece, que no han contado con un recurso único que

se pierde, aquellos que no han ido á la ilusion y vuelto al descanto por

el mismo trayecto, no podrán hacerse una idea de los tristes

pensamientos que asaltarían la mente de Colon.

Por segunda vez llamó á las puertas del convento de la Rávila y por

segunda vez Fray Juan Perez reanimó las esperanzas del marino. Consiguió

que detuviese su viaje á Francia, envió á pedir una audiencia á la

Reyna, de quien habia sido confesor, y una vez obtenida, marchóse á la

Corte sin detenerse y aun sin esperar el dia para ponerse en marcha.

Como en todos estos sucesos había algo de providencial, la carta del

Monarca Francés, vino oportunamente y fué sin duda el gran argumento que

empleó el de la Rávila para convencer á la Reyna.

El Portugal era odiado por los Reyes y Pueblo Español, pero la Francia

era mirada con recelo y emulacion, sin duda desde las guerras de Aragon

y de Italia en que Franceses y Españoles se disputaban el mas rico giron

de aquellos paises. Así fué que pensar en que la Francia acogería á

Colon y podría gozar la gloria de su empresa, despertó los celos de Doña

Isabel. Se ordenó que Colon regresase dándosele seguridad de que sería

atendido y adelantándosele veinte mil maravedies para sus gastos.

Américo Vespucio · 第 1 / 8 段