Del uso y abuso de los _dones_ traté largamente en mi estudio sobre _El
retrato de Cervantes_ (Madrid, 1917), págs. 30-53.]
[Nota 214: Por _el tusón de las damas_ (que también se llamaba
_damas_, a secas, a las _damas cortesanas_) ha de entenderse la
categoría de las que entre ellas eran de mayor calidad, a las cuales
llamaban _tusonas_.]
[Nota 215: _Quererse volver al paño_, frase que no registra el
_Diccionario_, pero que oí muchas veces en Andalucía, se dice de las
alhajas muy limpias y brillantes, legítimas o falsas, por alusión al
paño en que las tenía envueltas el platero o quincallero cuando las
vendió.]
[Nota 216: _Don extravagante_, como _clérigo extravagante_, que se
dice de aquel que vive sin incorporarse a la clerecía de ninguna
diócesis.]
[Nota 217: La _ginebra_ está bien definida en el _Diccionario_
académico. Es el mismo grosero instrumento que los andaluces llamamos
_carrasquiña._]
[Nota 218: El _castrapuercos,_ instrumentillo compuesto de algunos
cañutos, es ni más ni menos que la zampoña con que suelen representar al
Dios Pan. En el _Diccionario_ de la Academia, como en el de autoridades
y en el Tesoro de Covarrubias, _castrapuercas:_ pero en el _Trésor_ de
Oudin, _«Castra puercos, vn sifflet de chastreur_». También se llamaba
_castrador_, y debe tomarlo en cuenta la Academia Española, bajo la fe
de Quevedo y Salas Barbadillo. El primero dijo en un romance referente a
los bailes del vulgo:
«Suéltales las seguidillas
y a ejecutor de la vara,
y a la capona, que en llaves
hecha _castradores_ anda.»
Y el segundo, en el _Entremés del Prado de Madrid, y Baile de la
Capona_:
«Para el baile previnieron
las cuerdas de una guitarra,
sin ver que a un baile capón
vn _castrador_ le bastaba.»]
[Nota 219: Iba narrando Vélez de Guevara, y súbitamente y sin
preparación deja la palabra a don Cleofás. Estos cambios bruscos de la
persona que habla, y aun de la persona a quien se habla, no escasean en
nuestros escritores del buen tiempo, como de Cervantes hice notar en
diversos lugares del _Quijote_ (I, 10, 17; II, 136, 8; IV, 259, 21; VI,
70, 3, etc.)]
[Nota 220: «Entre los muchos--dije en otra ocasión--que han escrito
acerca de los arbitristas, plaga que infestó a España en los siglos XVI
y XVII, merece mención señalada don Antonio Cánovas del Castillo, que
trató de ellos en sus _Problemas contemporáneos_ (Madrid, 1884), tomo I,
págs. 305-328.... Mi querido amigo don Agustín G. de Amezúa, en su
edición crítica de _El Casamiento engañoso y el Coloquio de los Perros_,
páginas 147-151 y notas 349-351, cita algunos arbitrios notables por su
extravagancia....»]
[Nota 221: Así en la edición original. A escribir hoy, de seguro
habría dicho Vélez: «... que tiene en la mano el retrato de su
dama....»]
[Nota 222: El gramático pedante y engreído, para quien no hay en el
mundo cosa que valga dos maravedís sino sus gramatiquerías, fué siempre
odiado por los escritores. El señor Bonilla recuerda lo que contra ellos
dijo el doctor Suárez de Figueroa en su _Plaza universal de todas
ciencias y artes_ (1615). Y antes que Suárez, Barahona de Soto, en su
_Angélica,_ maltrató á los finchados gramaticones al incluírlos en la
relación de aquellas gentes que Zenagrio, en la morada de Gleoricia, no
se digna de mirar:
«Tanto del soez _gramático_ arrogante
que, porque punta y coma sus diciones
y ordena lo de atrás para adelante,
no estima los gravísimos varones....»
Yo dije a un consumado gramático, veinte años ha: «¿Qué hará usted con
toda su gramática, si no tiene nada que decir que interese al público?
Usted posee un admirable libro de cocina, cierto; pero, vacía la
despensa, ¿de qué pueden servirle sus excelentes fórmulas culinarias?»]
[Nota 223: Como _ropa_, según una de las acepciones que registra
Covarrubias, es «la vestidura suelta que traemos sobre la que está
ceñida y junta al cuerpo», llamóse _ropa_, especialmente, a la talar, y
_plazas de ropa_ a los oficios o puestos en que se vestía toga o
garnacha. Quevedo, en una de sus jácaras (Musa V), jugando de los verbos
_bogar_ y _abogar_.
«Por buen supuesto te tienen,
pues te envían a _bogar;
ropa_ y _plaza_ tienes cierta,
y a subir empezarás.»
Y _ropas_, a secas, se llamó también a los oidores, como se echa de ver
por otra jácara de Quevedo, en que dice un jaque encarcelado:
«Porque no pueda salir,
me engarzaron en las cormas,
y siempre mandan que siga:
¿Quién entenderá las _ropas_?»]
[Nota 224: El señor Bonilla, después de recordar con Covarrubias que
_pastel_ se dijo de _pasta_, y «es como una empanadilla hojaldrada, que
tiene dentro carne picada o pistada», añade: «Los había de a real, de a
cuatro, de a ocho, de a medio real, etcétera.» Y don Américo Castro,
anotando en la _Vida del Buscón,_ de Quevedo (pág. 89 de la edición de
_Clásicos Castellanos_), aquel pasaje en que dice: «pero yo entiendo que
los pasteleros desta tierra nos consolarán, acomodándole a [un ahorcado]
en los de a cuatro», comentó: _«los de a cuatro_: pastel de a cuatro
reales.» El señor Bonilla, antes de revisar en las pruebas su nota, pudo
hacerse estas preguntas: «¿Cómo un avariento, por ahorrar, había de
gastar cuatro reales en un pastel para su comida?» Pues ¿no era el
pastel, según el invocado Covarrubias, «refugio de los que no pueden
hazer olla?» Y el costo de la olla aun para dos personas, que no para
una, ¿llegaba, ni con mucho, a _cuatro reales_? La Gerarda de _La
Dorotea_ de Lope (acto V, escena II), teniendo convidada, gastaba en su
olla: «una libra de carnero, catorze marauedis; media de baca, seis, son
veinte; de tozino, vn quarto, otro de carbón, de peregil y cebollas dos
marauedis, y quatro de aceitunas, es vn real cabal»: ¿había, pues, de
gastar el avariento cuatro reales en un pastel para sí solo, cuando,
aunque se considere que _La Dorotea_ se refiere a tiempo muy anterior al
en que se alteraron los valores de la moneda de vellón, al escribir
Zabaleta _El día de fiesta por la tarde_; publicado en 1659, «una libra
de carnero valía once cuartos, y un pan cinco, y media azumbre de vino
siete, veintitrés cuartos en junto, o sea once menos que el pastel de
Vélez de Guevara?» Y esto preguntado, o parte de ello, la bien
acreditada diligencia del señor Bonilla le habría abierto camino para
averiguar cuánto costaba un _pastel de a cuatro_ en el tiempo en que el
escritor ecijano escribió su novela.
Pues otro tanto digo del señor Castro, y aun digo más: que pudo
preguntarme sobre ese punto, como me preguntó sobre muchos otros. Esto,
amén de que buena respuesta tenía en el capítulo XI del mismo libro I de
_El Buscón,_ donde un verdugo, un animero, un mulato y otros sujetos de
esta laya comen, entre todos, después de algunas cosas de bodegón,
«cinco _pasteles de a cuatro_. ¿Habían de gastar _veinte reales_ en el
postrecillo...?»
No, ciertamente no eran _de a cuatro reales_ los _pasteles de a cuatro_,
sino de la trigésimacuarta parte de ese valor: eran pasteles _de a
cuatro maravedis._ Con dar un vistazo a los tan socorridos Libros de
gobierno de la Sala de Alcaldes, que se conservan en el Archivo
Histórico Nacional, habrían echado de ver los mencionados comentadores
que en 1596 se mandó que no se hicieran pasteles y cubiletes _de a doce
maravedís_, y sí _de a ocho y de a cuatro_; que en 1642 se trató de que
no se hicieran pasteles _de a ochavo_, y que en 1644 mandaron los
Alcaldes que no se impidiese la venta de cubiletes _de a cuatro
cuartos_. A los que hacían pasteles de _a cuatro maravedis_, por la
misma exigüidad de su precio, no se les podía exigir ninguna gollería,
ni aun siquiera una mediana pulcritud; por eso dijo Quevedo en una de
sus jácaras: (Musa V).
«Con las manos en la masa
está Domingo Tiznado,
_haciendo tumbas a moscas
en los pasteles de a cuatro_.»
Y en un romance de la Musa VI hizo decir a un manto plebeyo:
«Con poco temor de Dios,
pecaba en _pastel de a cuatro,
pues vendí, en traje de carne,
huesos, moscas, vaca y caldo_.»]
[Nota 225: Es uno de los modos de decir que quiso desterrar Quevedo
en la _Premática que este año de 1600 se ordenó_...: «... _no tiene a
nadie en lo que pisa_.»]
[Nota 226: Elíptico: _no sea que nos embarguen_, quiere decir.]
[Nota 227: _Los unos de los otros_, como también lo dice Correas en
su _Vocabulario de refranes_..., pág. 421 b, y _no los unos y los
otros,_ como malamente se suele enmendar ahora. Lope de Vega, en el acto
II de _El Caballero del Sacramento_, explica bien el sentido del refrán:
«DORISTA. Leerla quiero, por ver
en mi desdicha un proverbio.
_(Lee:) «Todos somos locos,
los unos de los otros.»_
¡Qué discretamente dice!
Unos por otros hacemos
disparates y locuras;
todos andamos sin seso,
ya los padres por los hijos,
ya los deudos por los deudos,
ya las damas por sus cuyos,
ya por las damas sus dueños.»]
[Nota 228: _Sobrepelliezes_, dice la edición original, sin duda por
errata.]
[Nota 229: Este _donde_, equivalente a _de manera que_, quizás no se
entenderá bien por quien ignore que está dicho a la andaluza, tal como
alguna vez lo usó Cervantes: «Venida la noche, cenará con el Rey, Reina
e Infanta, _donde_ nunca quitará los ojos della, mirándola a furto de
los circunstantes....» (_Quijote_, I, 21).]
[Nota 230: _Actos positivos_ son, como dice el _Diccionario_
académico, los «hechos que califican la virtud, limpieza o nobleza de
alguna persona o familia». Para las pruebas, por ejemplo, de limpieza y
nobleza en lo escolar, tres _actos positivos_ hacían cosa juzgada, según
la _Nueva Recopilación,_ leyes XXXV-XXXVII, tít. VII, libro I.]
[Nota 231: Según Covarrubias (art. _torçuelo_), «los que saben de
cetrería dizen que comunmente la cria de los açores es de tres pollos:
los dos primeros se llaman primas y son hembras, y grandes de cuerpo; y
el _torçuelo_ es menor que ellas y es macho. Dixose _torçuelo_, quasi
terçuelo, por ser tercero en orden....» Vélez de Guevara dice
figuradamente _caballero torzuelo_, indicando su baja condición.]
[Nota 232: Páginas atrás quedó nota acerca de una frase parecida a
_con los míos me haga Dios bien_.]
[Nota 233: Este verso está impreso a renglón corrido, como prosa, en
la edición original.]
[Nota 234: Refiérese don Cleofás a su tocayo el Leandro amador de
Hero y al soneto de Garcilaso que comienza:
«Pasando el mar _Leandro el animoso,
en amoroso juego todo ardiendo_....».
soneto que, en efecto, figura en las diversas ediciones de _Las Obras de
Boscan y algvnas de Garcilaso de la Vega, repartidas en qvatro libros_,
fol. 121 de la de Anvers, Martín Nucio, 1556, que es la que poseo.]
[Nota 235: Elíptico: _merced de un hábito,_ quiere decir.]
[Nota 236: _Salicio y Nemoroso_, como es sabidísimo, son los
interlocutores de la más famosa de las églogas de Garcilaso.]
[Nota 237: Por aquí se averigua que don Cleofás, como de él se dijo
en el tranco I (15, 2)[63], era _hidalgo a cuatro vientos_, sin otro solar
que el muy conocido de los versos de Salicio y Nemoroso.]
[Nota 238: _Pedir las pajaritas del aire_ es una frase de
encarecimiento equivalente a _pedir gollerías._ Espinel, en su _Sátira
contra las damas de Sevilla_, tratando de las doncellitas de su tiempo:
«Luego les duele el hígado y el bazo;
luego _piden las paxaras del ayre_....»
Esta frase llegó a hacerse tan enfadosa, por lo repetida, que don
Francisco de Quevedo la proscribió en su _Premática_ de 1600: «Quítanse
por nuestra premática los modos de decir siguientes: _... las pajaritas
que vuelan_....»]
[Nota 239: También solían pedir _el fénix empanado_, o cosas poco
menos imposibles, bien que por broma y regodeo, los que comían en ventas
y mesones. A los ejemplos que transcribe el señor Bonilla podrían
añadirse otros, éste, verbigracia del _Entremés de los invencibles
hechos de Don Quijote de la Mancha_, compuesta por Francisco de Ávila,
publicado en 1617, y reimpreso en 1905 con prólogo y notas de don Felipe
Pérez y González:
«MUJER. Estánme echando todos bernardinas,
pidiéndome imposibles por momentos.
VENTERO. ¿Qué os piden, por mi vida?
MUJER. Disparates:
los átomos del sol, _el ave fénix,_
y la leche de todas las cabrillas
VENTERO. ¿No veis, mujer, que aqueso es regodeo,
y siempre se acostumbra por las ventas
echar pullas a todos?»]
[Nota 240: _Regoldano_ se dice del fruto del castaño silvestre, a
diferencia del que da el injerto, que es mejor. Vélez aplica estos
adjetivos al hechicero en sus respectivas cualidades de astrólogo y
nigromante.]
[Nota 241: Alude Vélez a algunos pasajes bíblicos, tales como éstos:
_«Adprehendens autem David vestimenta sua scidit, omnesque viri qui erant
cum eo_ (II _Reyes_, I, 11).--_Quæ cum audisset Ezechias rex, scidit
vestimenta sua_....» (II _Reyes_, XIX, 1).]
[Nota 242: El _besar las manos_ era obligado principio en todo
mensaje verbal. Así comienza el suyo a don Quijote, en la cueva de
Montesino (II, 23), la compañera y emisaria de Dulcinea: «Mi señora
Dulcinea del Toboso _besa a vuesa merced las manos_, y suplica a vuesa
merced se la haga de hacerla saber cómo está....»]
[Nota 243: El señor Bonilla corrige _comission_ donde la edición
príncipe dijo _comisson_, y no corrige, cuatro palabras después,
_comissionario_ donde la propia edición dice _comissonario_.]
[Nota 244: _Demonios a las veinte_, como _correos a las veinte_, que
eran los que habían de andar veinte leguas cada veinticuatro horas. En
el pleito entre Salvador de Toro y Pedro de Isunza, proveedores de las
galeras reales, hay una certificación de Diego de Ruy Saenz (Puerto de
Santa María, 8 de marzo de 1593) referente a haber despachado «tres
correos, los dos a la ciudad de malaga y el otro a la villa de madrid,
_a las veynte leguas»._ (Archivo General de Simancas, Expedientes de
Hacienda, leg. 516.)]
[Nota 245: Que _la mula de Liñán_ es el aire, no ofrece duda; pero
¿cuándo y por quién se dijo esta frase? Esto es lo que había que
averiguar, y ni Durán, ni Pérez y González, ni Bonilla, ni yo, hemos
tenido la fortuna de ponerlo en claro.]
[Nota 246: _Vara alta_, esto es, _derecha, vertical_, quiere decir
_autoridad, poder, jurisdicción._ Allí donde los investidos de autoridad
dejaban de tenerla, soltaban o _bajaban las varas_. Esto ocurrió al
entrar Felipe II en Portugal, según refiere Isidro Velázquez en _La
entrada qve en el reino de Portvgal hizo la S.C.R.M. de don Philippe,
invictíssimo Rey de las Españas, segundo deste nombre_.... (Lisboa,
Manuel de Lyra, M.D.LXXXIII), fol. 70: «Prosiguiose el camino, y a la
llegada de vn río, mojonera o diuision de los terminos de los Reynos,
salio orden que los ministros de justicia Castellana _baxassen las
varas_, o no las traxessen....»]
[Nota 247: En los siglos XVI y XVII se solía llamar _figones_ a los
que después se llamó _figoneros_, dejando aquel nombre para sus
bodegones o fondines. Por un acuerdo de la Sala de Alcaldes pregonado a
18 de mayo de 1595, se mandó que se notifique «a los que guisan de
comer, que llaman _figones_» que no diesen de comer a las personas que
fuesen a sus casas, ni manjar blanco, ni tostadas, ni pastelillos, ni
otras cosas dulces. (Archivo Histórico Nacional. Libros de gobierno de
la Sala de Alcaldes, tomo II, fol. 47.)]
[Nota 248: Como advierte el señor Bonilla, «el Infante don Pedro de
Portugal recorrió, no las _siete_, sino las _cuatro_ partidas del mundo.
Así lo dice el mismo título de la obra famosa donde se relatan sus
andanzas: _Libro del infante don Pedro de Portugal, que anduvo las
quatro partidas del Mundo_ (Çaragoça, Juan Millán, 1570).» ¿Por qué,
pues, dijo el vulgo ser _siete,_ y no _cuatro_, las tales _partidas?_
Probablemente, según observé en otro lugar, por contaminación de esa
frase con el nombre de nuestro célebre código _de las Siete Partidas_.]
[Nota 249: Estas palabras patentizan que aún en el segundo tercio
del siglo XVII perduraba con su renombre, si bien llamándose _de la
Sevillana_, aquel célebre _mesón del Sevillano_ que inmortalizó
Cervantes haciéndole lugar de la acción de _La Ilustre fregona_. Véanse
las noticias que acerca de esta posada di ha poco en el prólogo de mi
edición crítica de la mencionada novela cervantina. (Madrid, 1917.)]
[Nota 250: _Por miedo que conspiren_, diríamos hoy, omitiendo ese
_no_ que en realidad redunda, pero que antaño se usaba con los verbos
que significan temor, como noté en diversos lugares del _Quijote_ (II,
80, 15; III. 59, 24; 144, 12; 217, 8; IV, 50, 1; 126, 15, etc.).]
[Nota 251: El señor Bonilla puntuó así este pasaje: «... a otras
diligencias, deste modo por sobornar....» En la edición príncipe no hay
coma alguna después de la que sigue a la voz _esguízaros_, hasta otra
que sigue a las palabras _contra mí_. Creo que el verdadero sentido
requiere esa coma donde la he puesto: dice el Cojuelo que regresará por
Suiza _a otras diligencias deste modo,_ o sea, parecidas a la ya
indicada de hacer degollar a los hermanos del Gran Turco.]
[Nota 252: _«Mearle la pajuela_--dice Covarrubias--; género de
desafío que usan los niños vnos contra otros.» Correas, en su
_Vocabulario de refranes y frases proverbiales_, publicado por la
Academia Española en 1905, explica la frase de esta manera (pág. 618
_b_): «Vsaban los muchachos luchar, y a las tres caídas, el vencedor
_cogía una pajuela_ del suelo _y la meaba_, y con ella daba por la boca
al vencido sin que lo viese, y de este modo le afrentaba, y así en otras
cosas.» Pero tal frase tiene, además del significado natural, otro
figurado, más usual, que definió así el _Diccionario_ de autoridades:
«Aventajarse, sobresalir y exceder a otro en la ejecución de alguna
cosa», y éste, como nota el señor Bonilla, «es el sentido de la frase en
el pasaje del _Cojuelo»._ E igualmente en los siguientes versos de Lope
(_Los novios de Hornachuelos_, acto III):
«EL REY. ¿Sois los novios mal contentos
que celebra este lugar?
Llegad. No, no tengáis miedo.
BERRUECO. Somos, señor; pero sepa
que hay otros dos en el pueblo
que _nos mean la pajuela_,
pues somos los dos con ellos
paloma y palomo....»]
[Nota 253: Con esto de _la jerigonza crítica_ alude Vélez al
culteranismo; a la _culta latiniparla_, como llamó Quevedo al
vocabulario que usaron Góngora y sus secuaces.]
[Nota 254: Aristóteles decía que la belleza es _una carta de favor_,
y doña Isabel la Católica, que «el hombre de buena cara lleva consigo
_carta de recomendación_ para cualquier cosa que emprendiere».]
[Nota 255: Claro que estos brindis eran _por las damas y los amigos_
de los que brindaban y no por los del Rey.]
[Nota 256: Dije en mi conferencia acerca de _El yantar de Alonso
Quijano el Bueno_ (Madrid, 1916), pág. 32: «...Pero lo más usado era
acabar de comer con aceitunas», de donde se dijo: _llegué_, o _llegó a
las aceitunas_, para significar que se llegó tarde a algún convite o
reunión. El acabar de comer con este postre se menciona con frecuencia
en nuestros libros del buen tiempo: Don Antonio Hurtado de Mendoza, en
el _Entremés del Examinador micer Palomo_:
«VALIENTE. Yo he tenido quinientos desafíos;
he hecho sobre el duelo dos comentos;
seiscientos antuviones he pegado
y he reñido cien veces en ayunas.