Y esto quiere decir de su metáfora Luis Vélez: _que se le perdone_.]

[Nota 120: _Tiro_, significando el cañón, y no, como hoy día, su

carga ni su disparo. Rojas Zorrilla, en la jorn. I de _El Desafío de

Carlos Quinto:_

«D.ª LEONOR. Ea, don Luis, vuelve en ti;

tu brazo la pica empuñe;

el coselete en tu pecho

al Otomano deslumbre;

digiere aquel hierro ardiente

que _el tiro de bronce_ escupe.»]

[Nota 121: La iglesia parroquial de San Salvador, que por hallarse

ruinosa fué derribada en 1842, estaba situada en la calle Mayor, frente

a la plazuela de la Villa, a la cual daba nombre. Era quizá el templo

madrileño más antiguo, pues como recuerda Jerónimo de Quintana en su

_Historia de la antigüedad, nobleza y grandeza de la villa de Madrid_

(Madrid, Imp. del Reyno, M.DC.XXIX), ya se la nombraba en la era de

1257, reinando Don Fernando III. Véase Mesonero Romanos, _Manual de

Madrid: descripción de la Corte y de la Villa_ (Madrid, 1831), pág. 137,

y _El Antiguo Madrid_, edición de 1881, tomo I, página 218. En la obra

últimamente citada dice Mesonero que «la torre de la misma iglesia,

apellidada _la atalaya de la villa_, era bastante elevada»; y en otro

lugar (pág. 288), tratando del templo de Santa Cruz: «La torre ... era

llamada _la atalaya de la corte_, así como la de San Salvador, _la

atalaya de la villa_». O Mesonero tomó tal denominación de la novela de

Vélez de Guevara, o éste la había tomado del habla vulgar.]

[Nota 122: Llamábase _basquiña_ a lo que también se dijo _saya_ y

hoy nombramos _falda_. Se ponía, según Covarrubias, «encima de los

guardapieses y demás ropa».]

[Nota 123: El _verdugado_ era, como dice el _Diccionario_ de

autoridades, «vestidura que las mugeres usaban debajo de las basquiñas,

al modo que hoy los tontillos....»]

[Nota 124: Era el _guardainfante_--dice el _Diccionario_ de

autoridades--«cierto artificio muy hueco, hecho de alambres con cintas,

que se ponían las mujeres en la cintura, y sobre él se ponían la

basquiña.» Muy pintorescamente lo definió Rojas Zorrilla en la jorn. III

de _Los tres blasones de España:_

«REY DE CAST.ª ¿Que es _guardainfante_?

GUARDAINFANTE. Vn enredo

para ajustar a las gordas;

vn molde de engordar cuerpos;

es una plaza redonda

adonde pueden los diestros

entrar a jugar las armas,

por lo grande y por lo extenso;

es un encubre-preñadas,

estorbo de los aprietos,

arillo de las barrigas,

disfraz de los ornamentos;

y es, en fin, el _guardainfante_

vn enjugador perpetuo,

que está secando la ropa

sobre el natural brasero.»

Don Juan de Zabaleta dice del _guardainfante_ en el cap. II de _El Día de

fiesta por la mañana_ (apud _Obras históricas, políticas, filosóficas y

morales, escritas por.... Con el Día de fiesta por Mañana, y Tarde, y

los sucesos que en él passan_ Madrid, Antonio Gonçalez de Reyes, 1692):

«Este es el desatino más torpe en que el ansia de parecer bien ha caido.

Si vna muger tuuiesse aquella redondez de cuerpo desde la cintura abaxo,

¿huuiera quien se atreuiera a mirarla? Ponerse postizo vn defecto,

¿puedelo hazer sino quien esté sin juizio? Ponerse postizo un ojo, vaya,

porque los ojos son hermosura; pero ponerse vna hinchazón contrahecha,

¿quién lo puede hazer que no esté fuera de tino?... Échase sobre el

Guardainfante vna pollera con vnos ríos de oro por guarniciones....

Ponese sobre la pollera vna basquiña con tanto ruedo, que colgada podía

seruir de pavellon. Ahuecasela mucho, porque haga más pompa, o porque

coja mucho ayre con que hazer su vanidad mayor.»]

[Nota 125: _Pollera_ llamaban al brial o guardapiés, por su

semejanza con el cesto en que se crían los pollos.]

[Nota 126: _Engestarse_, verbo no registrado en el léxico de la

Academia, está usado aquí en la acepción de _volver el rostro_ hacia

alguna persona o cosa; _encararse_.]

[Nota 127: Aunque de ordinario se llamó _picota_ al rollo,

propiamente no es _picota_ sino la _punta_ o _pico_ en que suele

terminar. Vélez usa aquella voz en sentido figurado.]

[Nota 128: Así, _malaño,_ en la edición original, como, juntas las

palabras, escribimos _noramala_ y _norabuena_.]

[Nota 129: Llamaban _lo hojaldrado_ a la parte del pastel que cubre

la carne o dulce en él contenido.]

[Nota 130: Nombrábase _pepitoria_ a un guisado que se hacía con los

cuellos, manos y pies de las aves. Era plato propio de sábado, día en

que no se podían comer de los animales terrestres sino los despojos.

Todo esto se indica en los siguientes versos de Anastasio Pantaleón de

Ribera _(Obras de_ ... Madrid, Francisco Martínez, 1634, fol. 55 vto.):

«Del pájaro que en Arabia

cinco edades vive enteras,

y naciendo de su muerte,

cunas le arrullan sabeas,

serán menudo jigote

sus pechugas y caderas,

_y en sábado, pepitoria

sus alones, cuello y piernas_.»]

[Nota 131: _Haya_, diríamos hoy.]

[Nota 132: Era _hacer media noche_, según Covarrubias, «vn abuso

grande de aguardar a que den las doze del Viernes en la noche para comer

vna olla regalada de menudo». Tropológicamente, llamóse _media noche_ a

esa misma cena. Quevedo, dirigiéndose a una niña de quien quería ser

tercera una vieja (Musa VI):

«Cuando quieres persuadirme,

dices que es mujer de porte:

mucho tiene de estafeta;

temo que de ti la cobre.

De docientas leguas huele

almuerzos y _medias noches_;

lo que come, bien lo sé;

mas no sé con lo que come.»]

[Nota 133: _No conocer_ a uno _si no para servirle_ es frase de

comedimento que, por usual, no debiera faltar en el _Diccionario_ de la

Academia. Vélez vuelve a emplearla en los trancos VII y X. Castillo

Solórzano, en _La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas_: «¿Cómo

alguacil?--replicó el mismo alguacil--. ¿Conóceme vuesa merced? Yo le

dije:--_No conozco a vuesa merced si no es para servirle_.»]

[Nota 134: Llamóse _llave capona_ o _capona_ a secas, la que

honoríficamente se concede a ciertos gentilhombres de la cámara real,

sin ejercicio ni servidumbre, porque tal llave no tiene sino apariencia

de tal, pues con ella no se abre ni se cierra puerta alguna. Moreto, en

la jorn. III de _Antíoco y Seleuco_:

«REINA. Y cuando sea mi esposo,

como es cierto, ¿te parece

que a mí ese amor me entristece?

FLORETA. Pues, señora, ¿no es forzoso?

REINA. ¿Por qué?

FLORETA. ¿No es claro el indicio?

Porque hasta aquí tu persona

es, como _llave capona_,

esposa sin ejercicio.»]

[Nota 135: A propósito de esta frase, Pérez y González recordó (pág.

75 de su mencionada obra) que se llamaba _proa_ a la parte delantera del

coche; que los asientos de éste se decían _de proa, de popa_ y _de

estribos_, y que «el _de proa_ era el más humilde, destinado al modesto

acompañante, ya servidor, ya devoto del personaje dueño del vehículo».

Pero si en esto de _la proa_ rectificó el erudito sevillano al señor

Bonilla, que en su edición de Vigo (1902) había sospechado que se

hubiese dicho en contraposición a la frase _jayanes de la popa_, no creo

que estuviese igualmente acertado al presumir «que _culto_ es una

errata, y debe leerse _cultor_». A mi entender, con lo de _culto

vergonzante_ se quiso aludir a que los de escasa calidad que acompañaban

a los magnates ocupando los asientos _de proa_ de sus coches solían

profesar de _cultos_, más o menos declaradamente, poniendo en tortura el

magín para hacer frases adulatorias y de ingenio que agradaran a sus

patronos.]

[Nota 136: Tanto era la barba cosa indispensable para los letrados,

que dijo Quevedo en una de las letrillas de su Musa V:

«Deseado he desde niño,

y antes, si puede ser antes,

ver un médico sin guantes

_y un abogado lampiño.»_

Y que solían llevar la barba en forma de cola de delfín lo había dicho

el mismo autor en un romance de la Musa VI:

«Era Alejandro un mocito

a manera de la hampa,

muy menudo de faiciones

y muy gótico de espaldas.

_Barba de cola de pez_,

_en alcance de garnacha_....»]

[Nota 137: _Doña Fáfula,_ como si dijera _doña Fulana_, o _doña

Fabulana_, nombre este último que aun suele oírse en Andalucía, y con el

cual parece tener estrecho parentesco el que ha originado esta nota.

Véase antepuesto al apellido, como se anteponen estos otros nombres.

Espinel, _Sátira contra las damas de Sevilla (Revista de Archivos,

Bibliotecas y Museos_; mayo-junio de 1904):

«No había entonces doña Berenjena,

_doña Fáfula_ Ortiz ni doña Paula,

sino Francisca, Paula, Minga, Elena.»]

[Nota 138: La _bigotera_ está definida en el _Diccionario_

académico; y que los presumidos solían ponérsela para dormir, para no

descomponer sus bigotes, cuidadosamente peinados y levantados, dícenlo

acá y allá nuestros escritores de antaño. Don Guillén de Castro, _El

Narciso en su opinión_, jorn. I:

«D. GUTIERRE. ¿Bueno está el bigote?

TADEO. Bueno.

Pero sobrado le cuesta

al que, como tú, se acuesta

como braquillo, con freno.»

Y Lope de Vega, en el acto II de _El Cuerdo en su casa_:

«GILOTE. ...Hay mil tontos marquesotes

con cuidados de mujer,

que nacieron para ser

mártires de sus bigotes;

mil que a bestias los condeno,

porque ellas a dormir van

sin freno, y ellos están

toda la noche con freno.»]

[Nota 139: El uso masculino de los _copetes_ y _guedejas_, por

denotador de vil afeminamiento, fué prohibido en 1617; pero de tal

manera continuó y aun se extendió años después, que a 13 de abril de

1639 se dió en Madrid el _Pregon en qve sv Magestad manda qve por qvanto

el abvso de las gvedejas y copetes con que andan algunos hombres, y los

rizos con que componen el cabello, ha llegado a hazer escandalo en estos

Reynos, ningun hombre pueda traer guedejas ni copete_. (Escudo real.)

(En Madrid. En la imprenta de Francisco Martínez. Año M.DC.XXXIX) Se

mandaba: «que ningún hombre pueda traer copete, o jaulilla, ni guedejas

con crespo o otro rizo en el cabello, el qual no pueda passar de la

oreja; y los barberos que hizieren qualquiera de las cosas susodichas,

por la primera vez caygan e incurran en pena de veinte mil maravedis y

diez días de carcel, y por la segunda la dicha pena doblada y quatro

años de destierro desta Corte, o del lugar donde viuiere, y por la

tercera sea lleuado por quatro años a vn presidio para que en ellos

siruan. Y a las personas que traxeren copete o guedejas y rizos en la

forma dicha no se les dé entrada en la Real presencia de su Magestad, ni

en los Consejos, y los porteros se lo prohiban, y los Ministros no les

puedan dar audiencia, ni oygan sobre sus pretensiones, reseruando a los

señores del Consejo poder hazer la demostracion y castigo que

conuenga....»]

[Nota 140: Mujeres y lindos cuidaban mucho de sus manos y de sus

rostros, y para adobar éstos y aquéllas hacían mil extravagancias, y

hasta verdaderas porquerías. En un libro inédito de recetas de afeites

(Biblioteca Nacional, Manuscrito 2019) hallas con epígrafes como éstos:

«Memoria de la manteca que doña María de Mendoza traía en las manos...»

(fol. 13). «Recepta para hazer seuo para las manos, que se ha de traer

nueve días» (fol. 52 vto.). ¡Véase qué «recepta para las manos»! (fol.

16): «Tómese suziedad de perros de la blanca y muelanla y despues

echenla con miel y con hueuo y ponganla en las manos, y no en las

palmas, y tenganlo una noche y un día....» Y ¡véase qué «recepta para el

rostro»! (fol. 66): «Tomareis tocino tanto como vn hueuo, que sea todo

gruesso, e poneldo con vinagre fuerte que esté nueue días; tomareis

sahin de culebra....»]

[Nota 141: _Descabezados_, para poder usar de las yemas de los dedos

y valerse de las manos aun teniéndolas untadas con los sebillos. Porque

es de notar que el hacer sudar las manos, enguantándolas, solía ser

obligado complemento del untarlas. Terminantemente lo declara una receta

para _muda de manos,_ que hay hacia el fin de cierto libro de cocina y

repostería (Biblioteca Nacional, Ms. 6058, fol. 167 vuelto): «Tomarás

media libra de trementina labada nuebe vezes y quatro hiemas de huebos

frescos y el agrio de dos limones redondos y seis dineros de cardenillo,

todo mezclado; vntarás las manos antes de acostarte y _sudaráslas con

guantes, y fiat confetio» (sic)_.]

[Nota 142: De estas _pasas_ hablaba Areusa en el acto IX de _La

Celestina_, levantando, por ruin envidia, mal testimonio a Melibea:

«Todo el año se está encerrada con mudas de mil suciedades, por una vez

que haya de salir donde pueda ser vista; enviste su cara con hiel y

miel, con _uvas tostadas_ y _higos pasados_, y con otras cosas....»]

[Nota 143: La colación de los ayunadores solía consistir en un poco

de pan y dos o tres docenas de pasas.]

[Nota 144: _Una doncella sobre su palabra_, es decir, una que sólo

tenía de doncella el hacerse pasar por tal.]

[Nota 145: Vélez de Guevara juega del vocablo _curso_ en dos de sus

acepciones. También en esto le había precedido Quevedo, al relatar en un

desenfadado romance (Musa IV) el _Ridículo suceso del trueco de dos

medicinas_, haciendo decir a la triste desposada:

«Tu cuerpo, que no me goza,

a lo menos, me gradúa,

si los _cursos_ a las novias

valen como a los que estudian.»]

[Nota 146: _Hacer_, en su frecuente acepción de _representar_.]

[Nota 147: Quizá se refiere a _Il Dvello del Mutio Iustinopolitano_,

libro del cual se hicieron varias ediciones, muy difundidas en España,

por nuestra constante comunicación con Italia.]

[Nota 148: Antes y más propiamente que el _Diccionario_ de

autoridades definió el _patacón_ César Oudin, en su _Tresor des devx

langves_...: «Patacón, _monnoye de cuiure en Portugali, qui vaut enuiron

deux liards, c'est aussi la grande reale d'argent de Castille de huict,

c'est à dire de quarante sols_....»]

[Nota 149: Con sus propias palabras se llama ladrón al que iba a ser

robado. La frase _acá estamos todos_ tuvo origen, según el vulgo, en un

cuentecillo relatado mil veces por las abuelas a sus nietezuelos: «Un

duende hacía tantas diabluras en una casa, escondiendo mil cosillas, y

rompiendo otras mil, que el inquilino, por huir de él, se resolvió a

mudarse a otro barrio. Pero cuando, al llevar la última carrada de

muebles, preguntó a su mujer: «--¿Falta algo?», se oyó la vocecilla del

duende, que, escondido en un palanganero, decía: «_--¡Acá estamos

todos!_» Es frase popular en Andalucía, y suele decirla el que llega a

una reunión donde no se contaba con él: _¡Aquí estamos todos!, dijo el

duende._ Ayala y Guzmán versificó este cuento, con poca fidelidad y

menos gracia, en su comedia intitulada _Las Travesuras de don Luis

Coello, primera parte_.]

[Nota 150: «Alude--dice el señor Bonilla--a los autos o misterios

populares de la Resurrección de Cristo, en que al descender el ángel del

cielo y revolver la piedra del sepulcro, se asombran los guardas y caen

a un lado y a otro como muertos (Cf. _San Mateo_, XXVIII, 1-4.»)]

[Nota 151: Algo que dije de Sevilla en el discurso preliminar de mi

edición crítica de _Rinconete y Cortadillo_ (Sevilla, 1905), página 13,

es aplicable a toda la España de los siglos XVI y XVII: «Al olor, y,

sobre todo, al sabor de estas cuantiosísimas riquezas [las que traían á

la metrópoli las flotas de Indias] vivían en la magnífica ciudad del

Guadalquivir una muchedumbre crecidísima de extranjeros, en especial, de

italianos, flamencos y franceses, cada cual en busca de su avío y en

solicitud de su medra; cada cual discurriendo medios e inventando artes,

artimañas o artificios para apropiarse, industriosa y más o menos

limpiamente, alguna mielecilla de las óptimas colmenas indianas,

consolándose así de no haber sido ellos ni sus naciones los que tuvieron

la dicha de descubrir y conquistar el Nuevo Mundo.»]

[Nota 152: _Abada_, o _bada_, que equivale a _rinoceronte_.]

[Nota 153: _La Bermuda_, como explicó Pérez y González (pág. 80 de

_El Diablo Cojuelo: notas y comentarios_), «era la isla principal del

grupo descubierto en América por el navegante español Juan Bermúdez....

Lugar peligroso para la navegación, por los frecuentes temporales y

terribles accidentes del mar y por los atrevimientos de los piratas

extranjeros, allí corrían gravísimo riesgo los barcos que a España

traían los tesoros americanos....»]

[Nota 154: En el texto original falta la palabra _bebe_, que suplo,

como el señor Bonilla.]

[Nota 155: De la renombrada _cuba de Sahagún_ dijo Covarrubias en su

_Tesoro_, compuesto en los primeros años del siglo XVII, que «cabía

_tantas_ mil cántaras, y dizen que oy sirve de echar trigo en ella,

porque devia ser costosa y peligrosa de reparar y conservar».]

[Nota 156: _A dar_, como si dijera _en dar_, que equivale a _dando_,

porque es sabido que el infinitivo con _en_ antepuesto equivale al

gerundio. Véanse algunos ejemplos análogos al pasaje del texto. Guevara,

_Menosprecio de corte y alabanza de aldea_, capítulo VIII: «... y a las

vezes gana en la corte mejor de comer vn malsin _a malsinar_ que no vn

theologo _a predicar_». Cervantes, _Quijote_, II, 38: «... y sabía hacer

una jaula de pájaros, que solamente _a hacerlas_ pudiera ganar la

vida....»]

[Nota 157: Como nota el señor Bonilla, Vélez de Guevara se refiere

«a los huéspedes que como aves de paso paran en la posada, y reparan

poco, porque no han de consumirlos por mucho tiempo, en los manjares que

les sirven».]

[Nota 158: La _puerta de Guadalajara_, que era una de las más

famosas de Madrid, estaba situada en la calle Mayor, enfrente de la

entrada o embocadura de la calle de los Milaneses y de Santiago. Aunque

se quemó por septiembre de 1582, quedó su antiguo nombre al sitio en que

tal puerta estuvo, como pasa hoy todavía con la llamada _puerta del

Sol_. En aquel lugar tenían sus tiendas ricos mercaderes, a quienes

muchas personas solían entregar sus ahorros para que se los invirtieran

y manejaran.]

[Nota 159: Es reminiscencia del refrán que dice: _Cobra buena fama,

y échate a dormir_.]

[Nota 160: _Hábito,_ en su antigua acepción de insignia con que se

distinguen las órdenes militares. «_Cauallero de abito_--dice

Covarrubias--, el que trae en el pecho la insignia de alguna orden de

Cauallería, que comunmente llaman abitos.»]

[Nota 161: La _ropilla_, como dice el _Diccionario_ de autoridades,

era «vestidura corta con mangas y brahones, de quienes penden

regularmente otras mangas sueltas o perdidas, y se viste ajustadamente

al medio cuerpo, sobre el jubón».]

[Nota 162: _Diluvio en pena_, como _alma en pena_.]

[Nota 163: _Antes de mil años_, es decir, _antes que pase mucho

tiempo_. Es hipérbole andaluza: bien se echa de ver quién habla por boca

del Cojuelo.]

[Nota 164: Como el jugar cañas era propio de caballeros, con estas

palabras indica el Diablillo que pronto había de subir de categoría el

tabernero bautizante, mudanza de que hubo, hay y habrá siempre grande

copia de ejemplos.]

[Nota 165: _Hablar en_ un asunto o negocio, que hoy decimos _hablar

de_. Era régimen usualísimo en los siglos XVI y XVII (_Quijote_, I, 193,

10; III, 17, 4; 311, 22; etc.)]

[Nota 166: También aquí sigue Vélez los pasos de Quevedo, que dijo

en su _Sátira a los coches_ (Musa VII):

«Tras aquéllos llegó al puesto

vn coche verde, que ha sido

el sujeto a quien más debe

cierta mujer y marido.

Desde el alba hasta la noche

les sirve de albergue y nido,

y aunque duermen dentro dél,

ha dicho un contemplativo:

«Aqueste es coche imprestable,

porque ambos han prometido

no desamparar su popa

por cosa de aqueste siglo.»»

A lo que parece, no había grande exageración en estas referencias. De

una tal doña Juana decía otra dama en la jorn. I de _El socorro de los

mantos_, comedia de don Francisco de Leiva y Ramírez de Arellane:

«Yo donde vive os diré:

y es, porque busquéis el fin

de ese fuego que os abrasa,

la calle Mayor su casa

y un coche su camarín.

En él de día y de noche

a sus gustos se dedica,

y aun harto se mortifica

en no dormir en el coche.»

Y Calderón, en la jorn. II de _Nadie fíe su secreto_:

«LÁZARO. Laura vive aquí, que dijo:

«Con lo que la casa cuesta

de alquiler, he de hacer coche.»

Y respondiéndole a ella

dónde había de vivir,

dijo: «Cuando coche tenga,

en el coche todo el día,

y la noche en la cochera.»]

[Nota 167: Para el señor Bonilla, _terceruela_ «puede ser la tercera

menor o semitono». Y yo, que _tampoco_ sé lo que es _terceruela_--digo,

a qué _terceruelas_ se refiere Vélez de Guevara--y, a mayor

abundamiento, no he logrado entender que _tercera menor_ equivalga a

_semitono_, recuerdo lo que un su interlocutor dijo a cierto poeta culto

que intentaba comentar a otro, sin dejarse entender;

«--Comentador, comentaos.»]

[Nota 168: Todos estos son remedios populares para el mal de madre,

muy usados cuando escribía Vélez y cuando, siglo y medio antes, compuso

Rojas _La Celestina_, en cuyo acto VIII, como recuerda Bonilla, enumera

la vieja protagonista las cosas con que se curaba ese mal: «Todo olor

fuerte es bueno, así como de poleo, _ruda_, axienjos, humo de plumas de

perdiz, de romero, de moxquete, de encienso, recebido con mucha

diligencia, aprovecha e afloxa el dolor, e buelve poco a poco la madre a

su lugar.» Especialmente, acudían a _la ruda_. Tirso de Molina en el

acto I de _El Celoso prudente_:

«CAROLA. ...Uno de la vecindad

buscaba (aquesto es sin duda)

de parte de la comadre

_para cierto mal de madre

unos cogollos de ruda_.»]

[Nota 169: _Y trescientas cosas más_ es frase tomada del bordoncillo

de un antiguo disparatorio que empieza:

«Parió Marina en Orgaz,

y tañeron, y cantaron,

y bailaron y danzaron,

_y trescientas cosas más.»_

Cayó en gracia esta frase, y los poetas la llevaron y la trajeron, como

a la _Inés_ de _Yo te lo diré después_, y como un siglo antes habían

llevado y traído a _la bella malmaridada_. Lope de Vega, en el acto III

de _Los Novios de Hornachuelos:_

«BERRUECO. ...Un Barrabás sois vestido,

una fantasma calzada,

una arpía bautizada,

y un camello con marido....

Longinos a pie, Caifás,

capón molde de hacer monas,

India de las Amazonas

_y trescientas cosas_ más.»

Tirso de Molina, _Cautela contra cautela_, acto I:

«ENRIQUE. ¿No es bien nuevo amar a dos?

CHIRIMÍA. No, señor, ni amar a mil;

porque tú tienes criado

que en un mismo tiempo ha amado

un salchichón, un pernil

y una bota de hipocrás,

dos de Candia, cuatro griegas,

treinta fregonas gallegas

_y trescientas cosas más,

que es socorro y estribillo

de poetas de repente_.»

El señor Foulché-Delbose publicó en la _Revue Hispanique_ (tomos IX,

261, y X, 234) un curioso estudio acerca de las _Coplas de Trescientas

cosas más._]

[Nota 170: _Regatones_, que hoy más bien diríamos _regateadores_,

aunque esta palabra falta en el _Diccionario. Regatear_--dice

Covarrubias--, «procurar abaxar el precio de la cosa que compra es muy

del _regatón»_.]

[Nota 171: _Si la podemos dar roma, no la demos aguileña_, dice el

refrán, aludiendo a moza, y no a nariz, contra lo que opina el señor

Bonilla. Es dicho de ruines de alma atravesada, y lo recuerda Cervantes

en el _Quijote_ (II, 48): «... que yo he oído decir muchas veces y a

muchos discretos, que si él [el diablo] puede, _antes os la dará roma

que aguileña.»_]

[Nota 172: Refiérese a una de las muchas pendencias que se promovían

en los _mandrachos_ o casas de juego sobre dar barato a los mirones que

actuaban como jueces de las suertes dudosas.]

[Nota 173: Deslizáronsele aquí a Vélez dos versos endecasílabos:

«..._a una mujer de un sastre que ha jurado

que los ha de coser a puñaladas.»_]

[Nota 174: Juega del vocablo _fuga_ en sus dos acepciones musical y

de _huída_, y alude a la frecuencia con que huían los músicos callejeros

al primer asomo de peligro, por lo cual dijo Lope de Vega en la silva

III de _La Gatomaquia_:

«Los músicos, en viendo

el belicoso duelo comenzado,

huyeron como suelen;

que no hay garzas que vuelen

tan altas por los vientos,

dicen que por guardar los instrumentos....»]

[Nota 175: Lo más corriente era llamar _caballero del milagro_, no a

un sujeto como el que pinta Vélez, sino al que vivía bien, y hasta

aparatosamente, sin que se le conociera renta, oficio ni beneficio. Lope

de Vega, en el acto II de _El Caballero del milagro_:

«TRISTÁN. ¡Cosa es de ver la vida deste mozo!

¡Qué ricamente viste, y cómo gasta!

¿Cómo juega tan pródigo y reparte

lo que tiene entre todos sus amigos,

sin que le conozcan en su tierra

dos florines de renta o patrimonio?

El Diablo Cojuelo · 第 32 / 54 题