MOSTACHÓN. _Hecho veinte jigotes_ te ha dejado.»]

[Nota 114: En la edición príncipe, por yerro, _mulatas_.]

[Nota 115: Díjose _mayores de marca_, o _de más de la marca_, por

traslación de lo que se decía de las espadas, de los cuellos y de otras

cosas que, como éstas, no debían exceder de la longitud o anchura que se

les fijaba en pragmáticas u ordenanzas.]

[Nota 116: _Barbado en Hircania_, es decir, con los pelos de las

barbas tan recios como tienen los tigres los de sus bigotes. Sabidísimo

es que, especialmente en verso, pocas veces se nombra al tigre sin

llamarle _hircano_.]

[Nota 117: También por este pasaje se echa de ver que Francisco

Santos, aun habiendo formado tan desfavorable juicio de la novelita de

Vélez de Guevara, como recordé en el prólogo, tuvo presente en sus

_Postrimerías del hombre y Tribunal espantoso_ la pintura que del Diablo

Cojuelo hizo el escritor ecijano. Dice: «Este es Renfas, llamado por

otro nombre el Cojuelo.... Aquí noté la figura del espíritu: era

_pequeño_, y corcobado, _mala barba_, y _calvo_; descansando el cuerpo

sobre dos muletas....»]

[Nota 118: Llamar _legumbre_ a los espárragos es evidente

impropiedad. Ya había dicho Covarrubias en 1611, que «_legumbre_ es toda

mata cuyo fruto o semilla nace en baynas, como son los garbanços,

lentejas, hauas, frisoles, y otras semejantes». Aunque yo, siendo

estudiante, tuve en Sevilla unos camaradas extremeños que al pescado y a

cuanto no era carne llamaban despectivamente _legumbres_.]

[Nota 119: Como dice el _Diccionario_ de la Academia, _salvo el

guante_ es «expresión familiar de que se usa para excusarse de no

haberse quitado el guante al dar la mano a uno». Tirso de Molina, en el

acto II de _Por el sótano y el torno_:

«DON DUARTE. ...Quiso el cielo,

cuando el planeta mayor

de púrpura entapizaba

su real peregrinación,

que tropezase mi dama

en un hoyo, a intercesión

de mis ruegos; que en Madrid

todo sirve a la ocasión.

Llegué diligente a darla

la mano, que recibió

_salvo el guante_, aunque por él

rayo o nieve me abrasó....»

Otras veces se rogaba que _se perdonara el guante_. Lope de Vega, en el

acto I de _El Acero de Madrid_, hace decir a Lisardo al dar la mano a

Belisa, que ha tropezado y caídose en la calle:

_«Perdone vuesa merced

el guante_.»

El Diablo Cojuelo · 第 31 / 54 题