CAPITULO XX.

Un luncheon[38] de ministros.

El nuevo apóstol fué conducido á su casa por mí, en medio de la multitud

que le felicitaba. Truth, tenia gran necesidad de reposo. Le incité á

echarse un rato en su cama. Pero desgraciadamente tuvo que pagar su

tributo personal permaneciendo de pié. La señora Truth habia preparado un

formidable _luncheon_ para los amigos de su marido, dignándose darme un

puesto entre los invitados.

Jenny y Susana estaban allí, encantadas del sermon que acababan de oir,

sin comprenderlo quizá. Es increible el imperio que la palabra ejerce en

las mujeres. Mas de una vez estando solo en mi cuarto, me he preguntado

á mí mismo, cerrando las puertas con dobles cerrojos, si la mujer no era

naturalmente superior al hombre. Ella tiene pasiones menos violentas y

mayor facilidad de educacion. Cuando Adan se adormecía en su inocencia,

Eva tenia ya curiosidad de saber. Paréceme que si de entonces acá,

nosotros hemos heredado la _bonhomia_ de nuestro primer padre, las hijas

de Eva no han dejenerado de su abuelo. Yo creo, con Moliére, que es

prudente no instruir á este sexo malicioso é inquieto. Manteniendo á las

mujeres en una honesta ignorancia dámosles todos los vicios; pero á la

vez todas las debilidades de la esclava; nuestro reinado está asegurado.

Pero si educamos esas almas ardientes é injénuas, si las inflamamos con

el amor de la verdad, quien sabe si no se avergonzarian muy pronto de la

necedad y brutalidad de sus amos? Guardemos el saber para nosotros solos;

él es quien nos divinisa:

“_Notre_ empire est détruit si l’homme est reconnu.”

Sentáronse á la mesa, y lo confieso, parecióme una feliz determinacion.

En mi ardor relijioso habia olvidado de almorzar, de suerte que mi

_bestia_ comenzaba á sufrir. La dueña de casa hízome el honor de

sentarme á su izquierda y junto con el té sirvióme dos ó tres tajadas

de jamon de Cincinnati, que me costó gran trabajo devorar decentemente.

Susana hacíame señas con sus grandes ojos, como reprochándome mi

voracidad. En esto reconocí á mi hija; por que en los Estados-Unidos, lo

mismo que en Francia, son los niños los que en toda casa decente le dan

la leccion á su padre.

Asi que mi terrible hambre se hubo aplacado un poco, entablé conversacion

con mi vecina; era esta una excelente y amable persona que adoraba á su

marido, lo cual es costumbre en América. La salud de Truth me inquietaba;

yo tenia para mí que el púlpito le agotaria mas pronto que el diario,

y hé ahí lo que traté de insinuarle diestramente á su mujer. Por no

alarmarla, la dije en términos jenerales que la palabra era un oficio

duro, y que ciertos temperamentos nerviosos y delicados tenian á veces

necesidad de un reposo absoluto. Tarea inútil! La señora Truth no habló

sino de la grandeza de su nuevo estado. El orgullo la embriagaba.

--Ser esposa de un pastor, hé ahí el sueño de todas las jóvenes, me

decia. Si supiérais que pena tuve cuando mi querido Joel renunció á su

primer vocacion para hacerse diarista! Solo el ministerio puede colmar

todos los votos de una mujer; solo así es que ella puede ser la compañera

de su marido, su verdadera mitad, en toda la estension de la palabra.

Tener las mismas penas, los mismos placeres, los mismos deberes.

--Predicais acaso vos tambien, la dije.

--En la Iglesia no, repuso; el apóstol Pablo, nos lo prohibe. Pero

qué! es por ventura solo en el templo donde se ejerce el ministerio y

se anuncia la palabra de Dios? Instruir á las niñas, aconsejar á las

jóvenes, visitar las recien paridas, llorar con las viudas, velar los

enfermos, leerles el Evanjelio, y ayudarles á bien morir, si necesario

fuese; hé ahí diversas obras en que puedo ayudar, y algunas veces, hasta

suplir á mi marido. Joel, añadió, alzando la voz, ¿no es verdad que yo

soy vuestro vicario, y que vos teneis confianza en mi?

A este singular discurso, que, cosa estraña, no sorprendió á nadie

sino á mí, Truth contestó haciendo una seña con la mano y sonriéndose

dulcemente. La mujer de un pastor, convertida en pastor á su vez y en

sub-ministro! Semejante absurdidad no habia nunca crusado mi mente.

Verdad es que siempre he vivido en un pais razonable. El baile y la olla,

hé ahí para una francesa los dos polos de la existencia. Salir de ellos

es un desórden, y lo que es peor, ridículo.

--Sin embargo, continuó la señora Truth, hay todavia algo mas bello que

el ministerio, es la mision.

--Teneis mujeres misioneras? esclamé espantado.

--No, contestó ella; solo los católicos tienen ese privilejio que yo les

envidio. Nosotros no tenemos hermanas de caridad; tenemos simplemente

mujeres de misioneros. Es un papel que siento no poder desempeñar.

Compartir uno las tareas de su marido; participar de sus peligros, eso es

grande á los ojos de Dios. No os asombreis de mi ambicion; soy hija de

ministro; mis dos hermanas se han casado con misioneros. El uno está en

el Cabo, el otro en la China, y las dos bendicen al Señor que les ha dado

una suerte gloriosa.

--Vuestros misioneros casados, contesté yo, no tienen una vida muy ruda,

que digamos. Llevar consigo su mujer, sus hijos, su hogar, es cambiar

apenas de patria. Unid á esto una instalacion cómoda y fija, acompañada

de un buen sueldo, y convenid conmigo en que bajo tales condiciones, no

se necesita una gran virtud para predicar el Evanjelio.

--Deveras? repuso mi vecina, asombrada de mi ironia, añadiendo en

seguida: Ignoro si vale mas atravesar el mundo, sembrar de paso la

palabra de Cristo, y confiar su jérmen á la gracia de Dios, que

encerrarse en un campo limitado para plantar en él, regar y cultivar

hasta la mies de ese precioso grano; pero lo que yo sé es, que la

felicidad de tener uno á su lado lo que se ama, lejos de quitarle nada á

la caridad del misionero, le añade quizá un mérito mas á su abnegacion.

Pedro era casado; dejó por esto de ser escojido para servir de príncipe

á los apóstoles? En el cabo, mi hermana ha establecido una escuela y un

obraje para las negras jóvenes, y sirviéndose así de la civilizacion,

prepara los corazones á recibir el Evanjelio; los Boers han quemado

tres veces la mision, y mi cuñado que es médico, como la mayor parte

de los misioneros, ha perdido la mano sacándole á un pobre cafre una

flecha envenenada. En China los Taí Pings han espulsado á mi hermana de

provincia en provincia. Encuéntrase ahora cerca de Shang-Hai, arruinada,

enferma; pero siempre llena de fé. Su casa es el hospicio de los heridos,

el asilo de las viudas y de los huérfanos; ella es la que en medio de

la fiebre y de una inquietud perpétua, ayuda á su marido á predicar el

Evanjelio. Mas probada que Abraham, Dios le ha exijido ya dos veces la

vida de sus hijos. Feliz de ella, no obstante, que ha sido elejida para

tal sacrificio y que ha podido servir al Señor, aun á costa de lo mas

puro de su sangre!

Yo no contesté nada. En la historia de Abraham hay cosas que me conmueven

mas que el episodio de Isaac. Sea virtud ó fanatismo, esa obediencia es

superior á mis fuerzas; no la comprendo.

Para alejar reflexiones que me perturbaban, díme vuelta del lado de mi

vecino de la izquierda; era el verdadero tipo del Sajon; anchos hombros,

pecho saltado, cuello adornado de una cabeza cuadrada, rasgos abruptos,

frente calva y enormes cejas bajo las cuales brillaban unos ojos

flamantes, la fuerza y la voluntad á la vez. Noé Brown, así se llamaba mi

nuevo amigo, era el pastor á quien Truth sucedia. Aproveché esta ocasion

de instruirme, y le pregunté que era esa iglesia _Congregacionalista_,

cuyo nombre me intrigaba.

--Cómo! dijo Brown; sorprendido de mi ignorancia, no sabeis que es

nuestra vieja iglesia puritana, la que nuestros padres los peregrinos,

espulsados por la intolerancia, trajeran consigo en su primer buque,

la _Flor de Mayo_? Quebrando con las abominaciones é idolatrias de la

Babilonia anglicana, nuestros abuelos quisieron cortar de raiz la herejia

de la jerarquia. A ejemplo de los primeros cristianos, de cada reunion

de fieles hicieron una Iglesia, ó congregacion independiente, república

perfecta, gobernada por los viejos y administrada por el pastor. De ese

centro de independencia y de igualdad nació nuestra comunidad. Allí es

donde está el secreto de nuestra vida y de nuestra grandeza política. La

América no es sino una Confederacion de Iglesias y de comunes soberanos;

es decir, la florescencia del puritanismo. Aquí, lo mismo que en todas

partes, la relijion ha hecho al hombre y al ciudadano á su imájen; una

Iglesia libre, ha enjendrado un pueblo libre.

Esta paradoja, proferida con toda la gravedad puritana me chocó. Si se

creyese en estos fanáticos, su catecismo gobernaria el mundo. Que echen

su vista á la Francia, esa patria de las luces y de la filosofia, y no

tardarán mucho en saber á lo que se reduce la influencia de la relijion

sobre el estado y la sociedad. Uno es allí muy católico en la iglesia,

y, todavia mas, fuera de ella. Tal era lo que yo procuraba demostrarle

á mi predicante; pero el hombre era porfiado como un Sajon forrado

en un Yankee, y cuantas mas eran las pruebas que yo amontonaba para

confundirlo, tanto mayor era su obstinacion.

--Ved sino á los Ingleses, esclamó él. Quien conoce su Iglesia, conoce

su historia. Lores espirituales, asambleas, señoras de la fé, una carta

inmutable en treinta y nueve artículos, un libro de oraciones establecido

por la autoridad de los obispos y del soberano, universidades y escuelas

privilegiadas, enormes propiedades y un patronato considerable; qué

otra cosa han podido producir sino una sociedad aristocrática? Sin

los disidentes, que son la sal de la tierra, mucho tiempo ha que la

Inglaterra estaria momificada lo mismo que el viejo Ejipto.

--Y los franceses? le pregunté yo, con el intento de confundirlo.

--Los franceses, me respondió él, son católicos, monárquicos y soldados,

al paso que los Americanos son protestantes, republicanos y ciudadanos;

cosas que están en su lugar como los dedos de la mano, de suerte que tan

dificil seria hacer de la Francia una República, como de los Estados

Unidos una monarquia. La diferencia entre las Iglesias hace la diferencia

entre las sociedades.

--Podria saber á cuál de las susodichas sociedades le concedeis la

superioridad?

--Juzgad vos mismo, me contestó él; la una es una sociedad de niños, la

otra una sociedad de hombres.

--Veo con gusto que somos del mismo parecer.

--Estoy encantado de ello, repuso él; bebiendo tranquilamente su tasa de

té.

--Es cierto, añadí yo, inclinándome hácia él: mas bien que un pueblo los

americanos son un enjambre de inmigrantes diseminados en el desierto, y

por esto, la libertad tiene quizá pocos inconvenientes. Pero la América

sentirá á medida que envejezca la necesidad de formar una verdadera

sociedad y se plegará á la bandera de la autoridad.

--Caballero, dijo él, poniendo bruscamente su taza sobre la mesa, vos no

me entendeis; yo pienso justamente lo contrario de lo que me decis.

--Cómo así, esclamé yo, tomais por ventura á los franceses por un pueblo

de niños.

--En política, contestóme, no hay que dudarlo. De qué época datan su

libertad, y qué libertad! de 1789; la nuestra data de 1620; nosotros

somos ciento setenta años mayores que ellos; tenemos tres veces mas

esperiencia que ellos, y por consiguiente veinte veces mas sabiduria.

--Luego, es á la América, repuse yo con voz conmovida, á quien discernis

la palma de la civilizacion?

--Evitemos las confusiones de palabras, contestóme con piedad.

Civilizacion, es una palabra complexa, ¿comprende tantos elementos

diversos, que cada pueblo á su turno podria reclamar la prioridad. Qué

es lo que constituye la civilizacion? La relijion, la política, las

costumbres, la industria, la ciencia, la literatura, el arte? Es alguna

de estas cosas? O son todas ellas juntas?

Ved que complicado es el problema. El arte, por ejemplo, que los Jentiles

llamaban la flor de la civilizacion, no brota muchas veces sino un

bástago podrido, asi, entre nosotros los modernos, que vivimos de la

imitacion de los antiguos, yo creo que el pueblo mas viejo es el mas

artista. En Francia se tiene un gusto mas refinado que en Inglaterra;

pero un Italiano tiene naturalmente mas habilidad que un Francés. En

industria, todas las naciones libres valen lo mismo. La ciencia no

tiene patria. En cuanto á la literatura, cada pueblo halla en la suya

la espresion de su pensamiento; dejo á los críticos el placer pueril de

asignarles sus respectivos puestos á Dant, Moliére ó Shakspeare; pero la

relijion, la política y las costumbres forman un pabellon inseparable.

Ahí está la sávia de un pais, su porvenir. En este punto yo le doy

sin vacilar el primer lugar á mi Iglesia y á mi pueblo; yo creo en la

libertad, soy Americano, puritano.

--Mohicano, dije yo para mi coleto, te veo venir: tu no sabes ni siquiera

mentir para pasar por político.

Iba á confundir á tan insoportable predicante, cuando por fortuna suya,

nos levantamos de la mesa. Y dejando ahí á ese espíritu estrecho y

adusto, acerquéme á un jóven pastor, cuyo aire agradable disponía en su

favor. Antes de almorzar, Truth habíame presentado al Sr. Naaman Walford,

como una de las columnas de la nueva Sion. Deseoso de ver ese fénix que

se llama un teólogo razonable; y queriendo ser acojido benévolamente por

el Sr. Naaman,--comencé felicitándole por la exelente adquisicion que su

Iglesia hacia con la persona de mi amigo Truth.

--Perdon, me dijo,--yo soy presbiteriano.

--Presbiteriano, esclamé á mi turno, y venis á complimentar á un rival?

Deveras que vuestra accion revela una bella alma; porque, entre, nosotros

ese ministro á quien le tomais la mano, es un hereje á quien vos mismo

condenais.

--Yo, repuso él muy sorprendido; yo no condeno á nadie,--eso no es

cristiano.

--Me esplico mal, querido Sr. Naaman; queria simplemente decir, que á

ejemplo del divino pastor, que buscaba las ovejas descarriadas de Israel,

vos no temeis el vivir familiarmente con jentes cuyo error detestais.

--El Sr. Truth, me ha edificado esta mañana, contestóme, y no le creo en

error.

Asombrado á mi vez, y creyendo haber oido mal le dije:

--Decidme, señor, ¿creeis que vuestra Iglesia enseña la verdad?

--Sin duda,--de otra manera no permaneceria en ella.

--Entonces, repuse yo, quiere decir que asi como hay dos verdades

hay tambien dos Iglesias; una verdad presbiteriana y una verdad

congregacionalista. Probablemente hay tambien una verdad baptista,

metodista, luterana y hasta una verdad católica. Yo suponia, perdonad mi

ignorancia, que la verdad era una, y que la señal del error consistia en

dividirse al infinito.

--Doctor, dijo Naaman un poco conmovido de mi vivacidad francesa, cuando

estais en el mar, qué es lo que haceis si quereis saber la hora que es?

--Le pregunto la hora al sol, y el sol me la dá. Qué! pretendeis

contestarme con un apólogo? A mi edad, querido señor, se tiene poco gusto

por los ejemplos, y, no se aceptan sino razones.

--Que quereis, doctor, soy jóven y me permito contar con vuestra

induljencia, contestó Naaman, sonriendo amablemente. El sol os dá la

hora. Cuando es medio dia en Paris, podriais decirme que hora es en

Berlín?

--No; todo lo que yo sé,--es que un telégrama espedido de Berlín á

las once se recibe en Paris hácia las diez y media; es decir que

aparentemente llega treinta minutos antes de haber partido. Por lo demas,

importa poco, os lo concedo,--que cuando es medio dia en Paris, sean la

una en Berlin, las dos en San Petersburgo, y, si quereis, las nueve de la

mañana en las Azores y las siete en Quebec. Todo depende del meridiano.

--Asi, dijo Naaman, el sol es el mismo en todas partes y en ninguna marca

la misma hora: qué significa esto?

--Decididamente, repuse yo, vos sois astrólogo, y quereis hacer de mi un

adepto. Os contesto, pues, señor profesor, que es el mismo sol visto de

diferentes puntos.

--Una interpelacion mas, doctor, y os pediré despues gracia por mi

indiscrecion. Entre todas esas horas, cual es la cierta?

--Singular pregunta! la hora es cierta para cada cual, desde que el

sol sale ó parece salir de un punto distinto. Está satisfecho el señor

profesor de su discípulo de barba gris?

--Sí, doctor, veo que estamos conformes asi en teolojia como en

astronomia.

--Señor Naaman, le dije yo,--comienzo á comprenderos. Para vos, la verdad

es el sol, que cada uno de nosotros vé segun el horizonte que nos rodea.

Por consecuencia, cuando para la Iglesia presbiteriana es medio dia,

la hora se ha pasado para los baptistas y no ha llegado aun para los

metodistas. Quién sabe si á los católicos se les coloca en las antípodas?

Y, hé ahí un medio injenioso de armonizar su orgullo con su caridad.

--Señor, dijo Naaman ruborizándose,--vos me ofendeis. Habeis comprendido

mi pensamiento, y sin embargo desconfiais de mis sentimientos. Sí, yo

creo que hay un horizonte distinto para cada iglesia, y, me atreveré á

decirlo, para cada cristiano. El nacimiento y la educacion nos dan el

punto de partida; ahora, toca á nosotros mismos caminar hácia esa verdad

que nos llama,--acercándonos á ella sin cesar á fuerza de estudio y de

virtud. No digo que no haya iglesias mas iluminadas las unas que las

otras por la luz divina; pero al mismo tiempo creo que el mejor cristiano

puede muy bien encontrarse en el seno de la iglesia mas oscura. No hay

la menor duda que es una gran ventaja estar colocado cerca del sol, sin

embargo, esto no es siempre una razon para verlo mejor. Hé ahi, señor,

porque amo á mi Iglesia presbiteriana, y por qué, no obstante amarla

tanto,--no condeno á nadie.

Todo esto era dicho con una ingenuidad encantadora. ¡Qué bella cosa es la

virtud en un alma jóven; es como la sonrisa de la aurora en los primeros

dias de Mayo!

--Mi jóven amigo, le dije yo, vuestras ilusiones tienen algo de seductor;

el sentimiento que las hace nacer es respetable, pero el primer soplo de

la razon las disipará. Si cada cristiano vé la verdad á su modo,--no hay

verdad. Y, hénos aquí de nuevo en el escepticismo de Montaigne. En vano

buscareis un dogma que sea atacado,--una creencia que no se conmueva.

Vuestra teoria tan cristiana en apariencia, nos condena á una duda

invencible, y conduce á la incredulidad universal.

--Doctor, contestóme el jóven con un tono de modestia que me chocó,--me

parece que estais haciendo el proceso al espíritu humano, es decir, á

la obra de Dios. De la diversidad y debilidad de nuestros ojos, podria

tambien concluirse que no vemos nada. Sería la misma lógica y el mismo

sofisma. En los estudios naturales, cada uno de nosotros no toma sino

la parte que puede apropiarse; se ha observado que esta diversidad de

opiniones arruine la ciencia? En la física, por ejemplo, hay una sola

teoria siquiera que escape á la discusion? Negarias por esto que existe

una verdad física?

--La comparacion es mala, mi querido Naaman. Qué queda de la física de ha

treinta años? La verdad de ayer,--es el error de hoy dia.

--No, doctor, el error de ayer ha caido como caen las hojas secas; la

verdad no ha cambiado, por que dándole otro nombre, ella no es otra cosa

sino el conocimiento de la naturaleza, y la naturaleza no cambia.

--Os concedo eso, jóven; pero la verdad relijiosa es de otro órden que la

verdad natural.

--Doctor, repuso Naaman, aunque os concediese esa hipótesis discutible,

no por eso nos entenderiamos. Cualquiera que sea el número y la variedad

de los cuerpos que poblan el mundo, nosotros no tenemos para verlos sino

nuestros ojos; lo que no vemos no existe para nosotros. Cualquiera que

sea el carácter de una verdad, nosotros no tenemos sino nuestro espíritu

para comprenderla. Nuestra alma, es por ventura doble? Para descubrir las

verdades naturales, Dios le ha dado á cada uno de nosotros una facultad

investigadora, inquieta, laboriosa que se llama, la razon. Habrá acaso

en nosotros otra potencia, destinada á recibir sin esfuerzo individual

la verdad relijiosa, á la manera del espejo que refleja el objeto que

se le presenta? Si esa facultad no existe, la diversidad de opiniones

relijiosas es forzosa; depende de la edad, de la educacion, del pais, de

la enerjia natural de nuestro espíritu ó de su actividad.

Si, al contrario, esa facultad existe, todos debemos pensar de la misma

manera, así como todos respiramos del mismo modo, por una ley de la

naturaleza. Pero tal no es el caso, y por ello bendigo á Dios. El le ha

_dejado_ á cada uno de nosotros la libertad de desconocerlo, para darnos

el derecho de amarlo. Esa libertad que os espanta es nuestra mas hermosa

herencia; ella es la que hace de la relijion, un amor, y de la fé una

virtud.

--Naaman, esclamé yo, vos sois el profeta de la anarquia. Vos disipais

el mas bello sueño de la humanidad. _Una fé, una ley, un rey_, tal era

la divisa de la Edad Media, divisa que cada hombre lleva en el fondo de

su corazon. Qué es lo que vos nos ofrecéis en cambio? La confusion. Qué

significa una Iglesia, en la que cada cual habla una lengua distinta, sin

comprender la de su vecino?

--Señor, repuso el jóven ministro, yo amo tanto como vos la unidad.

Cristo nos lo ha dicho: llegará un dia en que no habrá sino _un solo

rebaño_ y _un solo pastor_; yo creo en la palabra de Cristo. Pero la

unidad no es la uniformidad. Contemplad la naturaleza; qué conjunto

admirable! Y, sin embargo, no hay un árbol, una planta, una flor, qué

digo! una hoja, siquiera que se parezca á otra. Dios saca de la variedad

infinita, la unidad viviente y perfecta. Por qué, la ley de la naturaleza

no ha de ser la de la humanidad? Por qué, no ha de tener su puesto, la

voz de cada criatura, en ese concierto de alabanzas que la tierra canta

al Señor? Qué es la esteril monotonia de una nota única, al lado de esa

armonia fecunda? La unidad mia, es la Iglesia universal, esa Iglesia

que abraza todas las almas fieles. Quien ama á Cristo es mi hermano:

lo que yo miro es su amor, no su símbolo. Agustin Crisóstomo, Gerson,

Melachthon, Jeremias, Taylor, Bunyan, Fenelon, Law, Channing, hé ahí los

soldados de ese ejército divino. Qué me importa su rejimiento? Su bandera

es la mia, la bandera de la verdad.

--Bravo! Naaman, dijo Truth, apoyando su mano en el hombro del jóven

ministro; convertidme á ese pagano.

--Vos, sereis el pagano, esclamé yo. Pienso que aqui no hay mas cristiano

que yo, ó si os parece mejor, mas católico, en la verdadera acepcion de

la palabra. Al paso que vosotros destrozais la relijion, abandonándola

á todos los caprichos, solo yo, fiel á los viejos y sólidos principios,

quiero un símbolo único que sea la ley de los espíritus; y para mantener

esa ley de verdad llamo en mi socorro el brazo secular.

--No os lo decia, carísimo Naaman, repuso Truth riéndose. Es un pagano de

la decadencia, uno de esos adoradores de la fuerza que se imajinan que la

verdad se decreta, ni mas ni menos que como se borronean leyes.

--No soy tan ridículo, contesté yo á mi vez, un poco alterado. Yo

tambien amo la verdad, pero no soy ciego como los utopistas. Para ellos

la libertad es una panacea universal que en todas partes cura el mal y

el error; la esperiencia me ha hecho menos confiado. El mundo no es una

academia de filósofos, discutiendo tranquilamente las mas temerarias

tésis; el pueblo, esa hidra de infinitas cabezas, es un conjunto de

criaturas débiles, ignorantes, locas, perversas, criminales; para

contenerlo y dirijirlo se necesita un freno. Ese freno es la relijion,

sostenida, impuesta por una autoridad exterior. Si el poder no se encarga

de la causa de la Iglesia, se acabó el cristianismo; la sociedad queda

entregada al ateismo, á la anarquia, á la revolucion. Hé ahí señores, por

qué razon creo en la necesidad, qué digo! en la santidad de la fuerza,

puesta al servicio de la verdad. Soy pues un pagano, á la manera de San

Agustin, de Bossuet, y de tantos otros cristianos exelentes, sin hablar

de vuestro Calvino; pido que la sociedad le empreste su espada á la

Iglesia; ó en otros términos,que el Estado tenga una relijion.

--Una relijion de Estado, dijo de repente Brown, estirando su cabeza

de perro dogo; quién es ese mónstruo? Y qué! por ventura tiene alma el

Estado para tener una relijion?

--Señor, le contesté secamente, vos teneis sin duda necesidad de un

Estado impío, y de leyes ateas.

--Señor, repuso mi áspero interlocutor, yo no me pago de palabras. Qué

es el Estado? En una monarquía, el príncipe. Así, pues, treinta millones

de cristianos tendrán la relijion de Achab, cuando por casualidad Achab

llegue á tener relijion. Entre nosotros, donde el poder alterna, se

cambiará de fé cada cuatro años. Hé ahí lo que yo llamo, ateismo puro;

creer por órden, es no creer en nada.

--Cuando yo hablo de Estado, le interrumpí, entiendo la sociedad política.

--Bien, repuso él: será la mayoria la que decida del símbolo y de la fé,

despues de discutir y enmendar. Tendremos una relijion parlamentaria.

Se pondrá en discusion la Encarnacion ó la Trinidad y se votará. Qué

comedia! Cosa estraña! desde que el mundo existe, no hay una sola verdad

natural que haya sido descubierta por un solo hombre; son necesarias

muchas pruebas, á veces, hasta el martirio del inventor para que esa

verdad reuna algunos fieles; un siglo no es mucho para conquistarle la

mayoria. Pero en relijion es otra cosa, la mayoria no se equivoca nunca.

Vaya una infalibilidad! Que nos devuelvan el papa, acepto el milagro, y

rechazo el absurdo.

--Señor Brown, le dije, alzando la voz, vos no respondeis á mi objecion.

Si el Estado no tiene relijion,--la ley será atea.

--Siempre palabras, señor, repuso el intratable predicante. El Estado es

una abstraccion; un modo de designar el conjunto de los poderes públicos.

Pero la sociedad es una cosa viva,--es la reunion de todos los ciudadanos

que habitan una misma patria. Y, si esos hombres son cristianos,--si su

moral es cristiana,--como ha de ser atea la sancion que esos hombres le

den á la moral pública,--ó en otros términos, la ley dictada por ellos?

_El buen árbol no puede producir malos frutos_[39].

--Imprudente! esclamé,--cómo podeis imajinaros que si el Estado permite

toda especie de creencias, no ha de sufrir el Evanjelio?

--Vos teneis poca fé, señor, dijo Brown dirijiéndome una mirada terrible,

y olvidais que Pablo ha dicho: _las armas de nuestra milicia no son

carnales_. El cristianismo,--nunca ha sido mas bello, ni mas fuerte

que cuando ha tenido en contra suya al mundo entero. Mirad á vuestra

alrededor, señor, y vereis que en ninguna parte como los Estados Unidos

se mezcla la relijion con la vida; y sin embargo el Estado no la conoce.

No aprisioneis las almas, no las tengais en la noche que las corrompe;

dejadlas en libertad, é iran á Dios.

--Pero, señor Brown, es imposible que el Estado pague todas las

comuniones, y que se haga el tesorero del primer fanático á quien se le

antoje abrir una iglesia.

--Concedo que no pague á nadie, esclamó el adusto puritano. Y, con qué

derecho intervendria? Tiene acaso otro dinero que el nuestro. Cómo! el

judio ha de pagarles á los cristianos para que estos le llamen deicida?

Y yo he de pagarles á los unitarios que me disputan la divinidad de

Cristo? Qué injusticia! qué ultraje á mi fé! Ved ademas qué papel le

dais al Estado. Cuando el lejislador declara que la relijion no es de su

competencia,--proclama el respeto de la conciencia, y, es cristiano por

su misma abstencion. Suponed ahora que proteja diez comuniones distintas,

diez creencias enemigas, qué significará esa tutela insolente sino que

el Estado vé en la relijion un instrumento político, y que no tiene

por todas ellas sino la misma indiferencia y el mismo desprecio? Ese

hermoso sistema, señor, que vos no habeis inventado,--es la política del

paganismo.

--Muy bien, repuse yo, dejad á cada fiel el entretenimiento de su culto,

veremos cuantas iglesias tendreis. Todo el mundo se hará ateo por

economia.

--Os equivocais, mi querido doctor, dijo Truth con amistoso tono. La

prueba está hecha y arguye en contra vuestra. Tenemos cuarenta y ocho

mil iglesias, edificadas todas por los particulares, y cuyo valor se

estima en cien millones de pesos[40]. Cada año erijimos mil doscientos

templos nuevos y el término medio del salario de nuestros pastores es

próximamente de quinientos pesos,[41]--lo que equivale á un presupuesto

de veinte y ocho millones de pesos[42]. Buscad un pais donde el Estado

pague los cultos, estoy seguro que no hallareis uno solo que gaste la

mitad de lo que nosotros gastamos[43]. La razon es sencilla: el Estado

debe ser avaro del dinero que le toma á la comunidad, al paso que el

individuo se complace en enriquecer su iglesia, y no retrocede ante

ningun sacrificio. Nada hay tan pródigo como la fé y la libertad.

--Muy bien, dije yo; pero la cuestion de dinero no es todo: falta la

cuestion política. Darle al primero que se presente el derecho de

establecer una iglesia,--es reconocer todas las asociaciones, es abrirle

ancha arena á la ambicion relijiosa y al fanatismo,--es decir, á lo mas

ardiente y pérfido que hay en el mundo. Suponed que una de esas iglesias

aventaja á las demas,--que se apodera de las almas, y hé aquí un Estado

en el Estado. Entonces sentireis, aun que demasiado tarde,--la falta en

que habeis incurrido al abdicar una proteccion mas necesaria al gobierno

que á la iglesia, una proteccion que no es en el fondo sino la defensa de

la soberania.

--Ahí es donde os esperaba! gritó el puritano entrando en el entrevero

á la manera de un jabalí. Os conozco, señores políticos; ha tiempo que

Spinosa, el príncipe de los ateos y Hobbes el materialista, y Hume

el escéptico me descubrieron vuestro secreto. Necesitais una iglesia

oficial para deshaceros de la relijion. No es la influencia política

lo que os incomoda; ella es nula en un pais de libertad; lo que temeis

es la influencia moral. El cristianismo es por naturaleza,--inquieto,

agresivo, conquistador. Quiere poseer al hombre por entero; sociedad y

gobierno,--todo quiere invadirlo y penetrarlo con su espíritu. Hé ahí

lo que á nosotros nos anima y á vosotros os espanta. Obispos que se

duermen en su púrpura señorial,--pobres vicarios, cuyo celo se modera y

se dirije; una relijion, especie de moral frívola y estéril, que predica

la obediencia al pueblo, hablándole siempre de sus deberes y nunca de

sus derechos,--tal es el ideal que á vosotros os encanta y á nosotros

nos horroriza. Vosotros rechazais la libertad por la misma razon que

á nosotros nos hace detestarla. Nosotros creemos en el Evangelio, y

vosotros le temeis.

--Yo tengo miedo de las asociaciones, le dije,--no del Evanjelio.

--Sí, por que la asociacion es la única forma posible de la libertad.

Necesitais un Estado, cuya omnipotencia nada inquiete,--que no tenga

frente de sí sino individuos aislados y conciencias mudas. El despotismo

romano en toda su fealdad. Nosotros los cristianos--entre el Estado y

el individuo, entre la fuerza y el egoismo,--echamos la asociacion, es

decir, el amor, la caridad, verdadero vínculo de los corazones, verdadero

cimiento de las sociedades. Para difundir la Biblia, para propagar la

palabra divina, para iluminar las almas, para socorrer á los miserables,

para consolar á los que sufren, para levantar á los caidos,--necesitamos

centenares de asociaciones, millares de reuniones. Nosotros queremos

que un pueblo cristiano haga el bien por el concurso libre de todos

sus miembros,--que no encargue á nadie de un deber que solo él puede

desempeñar. Pero todas esas compañias no pueden existir sino bajo una

condicion,--que la iglesia, que es la primera y la mas considerable de

todas, sea señora absoluta en su esfera. La iglesia es, la que con su

libertad cubre y garantiza todas las asociaciones; y, hé ahí como es que

la relijion, lejos de ser un peligro para el Estado,--es la vida misma

de la sociedad. Ved, pues, señor, por qué razon es que nosotros tenemos

necesidad de la libertad relijiosa; la necesitamos por que Cristo nos la

ha dado: y porque ella es la madre de todas las libertades. El que esto

no sabe no es cristiano,--ni ciudadano.

Iba á estrangular á aquel fanático por toda contestacion, cuando sentí

que una manecita tomó la mia. Reconocí á Susana y me sonreí.

--Mi buen padre, dijo despacito; van á ser las dos, es necesario partir.

--Sí,--la hora de ir al bosque. ¿Está el carruaje ahí?

--Papá, es dia del Señor y no se anda en carruaje. Voy á llevaros á la

escuela del Domingo.

--Tienes razon, pensé para mi. Un Parisiense estraviado en este hermoso

pais de libertad, siente gran necesidad de ir á la escuela. Siempre tiene

algo que aprender y mucho que olvidar.

Cuando me ví en la calle, lejos de aquella atmósfera teolójica, recien

respiré.

Uf! dije, bostesando, y que pesados son! Parecen bueyes atados al arado,

trillando siempre el mismo surco. Una hora de relijion y de política, es

demasiado para un francés; hay con que disgustarlo del Evanjelio y de la

libertad. Quién me hablará de algo razonable y divertido,--de pintura,

de ópera, de música ó de guerra? Paris, Paris,--yo tengo necesidad de

lavarme la cara con tu ambrosía.

No sé que locura iba á decirle á Susana, cuando apercibí al hermoso

Naaman, caminando junto á nosotros lo mismo que el pastor que sigue su

oveja. Habia olvidado que estaba en América, y que la señorita mi hija

era por el momento presbiteriana.

Paris en América · 第 50 / 109 题