Entre los nombres que Cristo ha tomado sobre la tierra, no hay
ninguno que aparezca tan amenudo como el de _Verdad_. Delante
de Pilatos, en la hora suprema, Jesus se declara Rey; pero de
un reino que no es de este mundo, el reino de la verdad. La
víspera de su muerte, en su última comida con los discípulos,
les deja en adios esta gran palabra: _Yo soy el camino, la
verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino por mi_[33].
En otros términos, si queremos traducir á nuestras lenguas
modernas aquella forma hebraica: _Yo soy la verdad viva que
conduce á Dios_.
_La verdad viva_ ¿comprendeis el sentido y el alcance de
esas palabras? ¿No hay muchos entre vosotros para quienes la
verdad no es mas que la relacion de las cosas entre ellas,
una ecuacion, una cifra, una abstraccion? No es para algunos,
solo una palabra vacia de sentido, un sinónimo de la opinion
que cambia y se destruye sin cesar? Cuántos son los sábios
que espontáneamente dirian con Pilatos “_¿Qué es la verdad?_
¿La paradoja de ayer, el error de mañana?” Lo único cierto es
el interés de la hora presente. Agradar al César, gozar, y no
preocuparse del dia siguiente, es la suprema filosofia de las
jentes que cuentan morirse enteros. No consintamos esa vuelta
del escepticismo pagano. Seria condenar nuestro espíritu á
la servidumbre, nuestro corazon á todas las corrupciones, á
todas las cobardias. Como en los primeros dias del Evanjelio
_busquemos la verdad, la verdad nos emancipará_[34].
Cuando la locomotora atraviesa nuestras calles arrastrando tras
de ella un largo convoy, ¿por qué os haceis á un lado al oir
la campana que anuncia su paso? Porque os han enseñado que esa
masa que avanza os aplastaria con toda la fuerza de su peso,
multiplicada por su lijereza. Hé ahí una verdad científica
que para vosotros no es mas que una abstraccion. Ella se ha
convertido en una conviccion enérjica que guarda y salva
vuestro cuerpo. Esa conviccion es ahora parte de vosotros; ella
vive como vosotros.
En esta ciudad, que se gloria de su civilizacion, hay millares
de hombres que se embrutecen y se matan por la locura del
alcohol. ¿Por qué hermanos mios, no os abandonais á esa pasion,
mas terrible, pero menos culpable que otros vicios de que os
sonrojais? Es porque sabeis que el alcohol es un veneno que no
perdona. La ciencia os sirve de virtud, Hé ahí una verdad mas,
fisica y moral á la vez, que una vez que ha entrado en vuestra
alma, se identifica con vosotros.
¿Es esto todo? No conoceis nobles corazones para quienes la
lujuria, la ambicion, la avaricia, son mas repelentes aun
que la embriaguez? Preguntádselo al padre á quien han robado
el honor de su hija; preguntádselo á la madre cuyo hijo ha
perecido en alguna rejion lejana, preguntádselo al hombre que
le disputa á la usura, la vida de su mujer y de sus hijos?
Esas pobres víctimas, odian por experiencia el vicio que han
sufrido; otras hay mas felices, deben á la educacion toda su
ciencia. La piedad de una madre; la abnegacion del maestro,
es lo que les ha inspirado el instinto que las salva. Hé
ahí una verdad viva mas, verdad que confesamos por nuestros
remordimientos, en el momento mismo en que rehusamos escucharla.
En nuestra república hay patriotas que resisten á los caprichos
de la multitud. ¿Es esto orgullo, cálculo? No, con tal que
domine, el orgullo se acomoda á todas las bajezas; el interés
encuentra su conveniencia en plegarse bajo el viento. Pero una
alma pura, un espíritu ilustrado vé de mas alto y de mas léjos.
Hombre ó pueblo, quien dice despota, dice un amo cuyas pasiones
se descadenan, y que no puede escapar á los bajos apetitos de
los que lo rodean y lo engañan. Guerras criminales, gastos
locos, corrupcion en lo alto, miseria é ignorancia en lo bajo,
hé ahí los frutos de todo poder sin freno, el flajelo de toda
fuerza que nada modera! El que esto sepa no descenderá jamás al
oficio de adulador. La verdad aisla y consuela en su soledad á
las almas que no pueden envilecerse.
Esas son, direis, vosotros, viejas máximas que andan por
todas partes. Hace mas de veinte siglos que las enseñan en
la escuela; y el mundo no anda mejor. ¿Por qué? Es que en
los libros de donde se la deja, la verdad está muerta; dadle
vuestro corazon, uníos á ella; y vivirá. Se hará vuestra
conciencia, vuestro honor, vuestra salud. El espíritu es como
el cuerpo: no se alimenta con palabras; necesita la sustancia
de las cosas. Arrojar la libertad á un pueblo esclavo, es
confiar á niños una arma que hará esplosion en sus manos. ¿Por
qué? Porque el respeto de sí mismo y el de otro, el sentimiento
del derecho, el amor de la justicia, esas condiciones
esenciales de la libertad, no son artículos de ley; no se
decretan. Son virtudes que el ciudadano adquiere á fuerza de
paciencia y de ejercicio. Mientras que la libertad no viva
en las almas, no será sino _un bronce sonoro y una cimbala
estrepitosa_; cuando haya penetrado en nosotros hasta la médula
de los huesos, ni la perfidia ni toda la furia de los tiranos
podrán arrancarla.
Hay pues verdades vivas que están á la vez en el corazon y
en nosotros. Ellas son las que nos ponen en relacion con la
naturaleza y nuestros semejantes. Al revelarnos las leyes del
mundo físico, nos lo someten; en cada hombre que piensa como
nosotros, ellas nos hacen reconocer á un amigo y á un hermano.
Pero esta luz que basta para guiarnos aquí abajo, no enardece
nuestro corazon. Encanta nuestro espíritu, modera nuestras
pasiones, ilumina y dulcifica nuestro egoismo; no dá la
felicidad. El hombre tiene una sed de infinito, una impaciencia
de la tierra, una necesidad de amar que la ciencia no puede
satisfacer. Para procurarnos el bien por el cual nuestra
alma suspira, necesitamos una nueva verdad, que nos ponga en
relacion con Dios, que esté en nosotros y que esté en él. Esa
verdad, que no puede ser sino Dios mismo, nos es necesario
conocerla y amarla.
Amar á Dios, y en cambio ser amado de él es lo que la sabiduria
antigua no ha podido nunca comprender; la filosofia moderna
perece por la misma impotencia. En vano la conciencia busca
á Dios, en vano le llama con la pasion del náufrago que vá á
zozobrar, la fria razon está allí para repetirnos que entre
Dios y el hombre, entre el infinito y la creatura de un
dia, hay un abismo que nada puede franquear. Una naturaleza
inflexible, un Ser Supremo, esclavo de sus propias leyes: hé
ahí todo cuanto puede ofrecernos el mayor esfuerzo de los mas
grandes espíritus. El amor de Dios es una ilusion, la oracion,
ese grito del alma, es un vano murmullo que muere en un cielo
mudo. Calla mortal; ahoga tu corazon, enciérrate en una
resignacion desesperada; no eres sino un átomo, demolido por la
rueda de la inexorable fatalidad.
Y bien hermanos mios, hace diez y nueve siglos que un hombre
vino á la tierra para anunciar _la buena nueva_, para acercar á
Dios y á la humanidad. Ese profeta se llamó el Hijo de Dios y
el Hijo del hombre, (ó lo que no es quizá sino otro nombre del
mismo misterio) se llamó la luz y la verdad. _Yo soy, ha dicho
él, él camino, la verdad y la vida. Nadie viene al padre sino
por mi._ El mundo lo ha escuchado: el mundo lo ha creido. Desde
el dia en que el verbo se ha hecho carne, en que la verdad
divina ha tomado cuerpo, la fé, la esperanza, y el amor han
aparecido aqui abajo y han entrado en el corazon del hombre.
Ese problema, que la razon declara imposible, donde ella no
vé sino proposiciones contradictorias, Cristo lo ha resuelto.
Una verdad viva, una verdad encarnada, que Dios puede amar
como á un hijo, y que el hombre puede amar como un salvador,
hé ahí el vínculo de union que ha ligado el cielo y la tierra,
que ha dado un padre á la humanidad, é hijos á Dios! Ahí está
el misterio de la revelacion, ahí la prueba de su divinidad.
Nunca el espíritu del hombre por sí solo se habria elevado
hasta esa concepcion que confunde nuestra intelijencia, y que
la ilumina sin embargo con un esplendor infinito. Sí, si Dios
ama á los hombres, no puede ser sino amándose á sí mismo, en
la contemplacion de su eterna verdad; sí, sí el hombre puede
rendir á Dios un culto que no sea una injuria, es cuando adora
un rayo de esa suprema luz, que no desdeña descender hasta él.
Amar á Cristo, es amar la verdad, amar la verdad es amar á
Cristo, Hé ahí el gran secreto del Evanjelio. El que no lo
comprenda, no es cristiano sino en el nombre.
Ahora, hermanos mios, entrad en vosotros mismos, y reflexionad.
¿Cuando amais á Cristo, qué amais? Por ventura, ¿no es
al mártir que ha dado su vida por los suyos? ¿No es al
crucificado, cuyas heridas sangran todavia? Tened cuidado, eso
no es sino un amor humano: todas las relijiones, todos los
partidos tienen sus mártires. Cristo exije mas, Cristo es algo
mas que un cadáver adorado cuyas llagas se besan; Cristo es la
verdad: á ese título es que os pide vuestro amor. ¿Así es como
lo amais?
Vosotros teneis fé, sin duda; creeis en el Evanjelio. ¿Pero
no es esto una preocupacion hereditaria, un símbolo que no os
atreveis á mirar de frente, de miedo de encontraros infieles?
¿Razonais vuestra creencia; le quitais todo amalgama judaico
ó pagano que altere su pureza? ¿Haceis de vuestra fé la regla
de vuestras acciones? ¿Quebrais con el mundo y con vosotros
mismos? ¿Decis con el profeta y el apóstol: _Yo he creido, por
que he hablado_? Si es asi, amais á Cristo como él quiere que
lo amen; amais la verdad.
Pero si la relijion no es para vosotros sino una ceremonia;
sino buscais en ella sino un refujio contra la verdad que
os persigue; si vuestra fé muere en vuestros lábios y no se
traduce en acciones, si entregados del todo á vuestra fortuna ó
á vuestro reposo, temeis menos al error que al escándalo; si en
vuestra cobarde prudencia, dejais á Dios el cuidado de defender
él mismo su palabra; si vuestra caridad no se emplea sino en
aliviar las miserias del cuerpo, y no combate la ignorancia y
el vicio; si no sentis que vuestro primer deber es arrancar las
almas inmortales de la servidumbre del pecado; si no teneis
esa santa locura que desafia y pisotea la sabiduria del siglo;
si vosotros mismos en fin, no haceis las obras que Cristo ha
hecho aquí abajo, no os engañeis, hermanos mios: quiero creer
que sois hábiles, prudentes, discretos, sensibles; pero no sois
cristianos, no amais la verdad.
Tengo dudas, decis; si yo os creyera, amaria á Cristo.
Y yo digo: Amadle, y en seguida creereis. Amadle como á la
verdad viva y que conduce á Dios.
Os desagradan estas ceremonias, dejadlas; estos dogmas os
aterran, hacedlos á un lado; quizá es esta una invencion
humana, quizá lo comprendereis mas tarde; Cristo no ha
establecido ceremonia ni dogma. Simplificad vuestra fé,
y como ha dicho el mas creyente y el mas animoso de los
apóstoles: _No apagueis el espíritu....probadlo todo, guardad
lo que es bueno_.[35] Hay en el Nuevo Testamento pasajes
que os confunden, hacedlos á un lado. ¿Qué importa que los
Evanjelistas difieran entre ellos, si el Evanjelio está siempre
acorde consigo mismo, si en las palabras de Cristo se vé
siempre la llama de la eterna verdad?
¿Cristo es acaso para vosotros un objeto de escándalo? ¿No
habeis comprendido todavia que era necesario que la verdad
se encarnara para que fuese viva y pudiéseis amarla? Y
bien! Cristo mismo tiene piedad de vuestra debilidad y os
devuelve vuestra libertad: _Si alguno habla contra el Hijo
del hombre; le será perdonado; pero si alguno blasfema contra
el Espíritu-Santo_ (ó en otros términos _el espíritu de
verdad_,[36]) _no le será perdonado_.[37] Buscad entonces
la verdad _por ella_ como decis, pero buscadla de buena fé;
despues de un largo rodeo, la verdad os conducirá á Cristo.
La verdad, decis, la busco y no la encuentro. No, hermano mio,
vos no la buscais. El orgullo de vuestro espíritu, las pasiones
de la carne son las que os retienen, la ciencia se os escapa
quizá, pero la verdad moral, la verdad religiosa, vosotros
sabeis donde está.
Ella está ahí, en vuestro hogar, muda, velada como el Alcesto
escapado del reino de los muertos, allí os espera.
Bien lo sabeis, cuando volveis fatigados de la vida y de
vosotros mismos, allí está ella mirándoos bajo su velo; y esa
mirada os juzga. Durante la noche, cuando en la sombra, y solo,
pensais en las ambiciones y quizá en los crímenes del dia
siguiente; ella está allí, siempre allí, su ojo os sigue en las
tinieblas; su silencio os hiela. Despreciais á los hombres, os
jugais de las leyes, pero temblais delante de ese espectro que
no podeis ni corromper ni matar.
Vosotros no huireis jamás de ese centinela que vela al rededor
de vuestra alma. Llegará una hora en que la mano de la muerte
pesará sobre vuestra frente, en que no vereis sino en una nube
todo lo que amais; vuestro dinero, vuestros honores, vuestra
mujer, vuestros hijos. Pero, en medio de la desesperacion y
de las lágrimas, siempre estará allí, esa figura encubierta,
pronto á recibiros y á arrebataros al mundo invisible.
Culpable ó inocente no escapareis á ella; ella será vuestro
remordimiento ó vuestra esperanza.
Seguidla pues aquí abajo; seguidla en medio de vuestras
tribulaciones y de vuestras incertidumbres; seguidla, apesar de
vuestra incredulidad. Uníos á la verdad, ella os salvará. Sí,
cuando hayais franqueado la vida, esa figura arrojará su velo,
y Cristo, visible en fin, en todo el esplendor de su divina
sonrisa, Cristo os dirá: “Hijo mio, reconóceme, soy la verdad.”
Salí de la asamblea, á las últimas palabras de este discurso y corrí á
una sala vecina. Recibí en mis brazos á Truth, jadeante, casi desmayado.
Le tomé la mano, estaba abrazadora.
--Desgraciado le dije, os matais!
--Amigo mio, murmuró reposando su cabeza sobre mi hombro, hagamos nuestro
deber; lo demas es vanidad.