Un chino.
Eran las once y media, Truth debia predicar á medio dia; apresuré el
paso para llegar á buena hora á la asamblea congregacionalista, pero no
pude resistir al deseo de visitar el templo chino. Tenia curiosidad de
ver como habian acomodado el cristianismo los hijos de Confucio en un
pais donde reina la anarquia relijiosa, madre de todas las demas. Una
voz secreta me decia que un viejo pueblo gastado tendria mas tino y mas
sabiduria que la jeneralidad de los protestantes.
Al entrar, lanzé un grito de disgusto. Estaba en una pagoda budista
frente á mi, en lo alto de una plataforma, en un nicho tallado y
torneado estaba un espantoso figuron de madera pintado y dorado, con las
piernas cruzadas. Era Buddha, con su vientre enorme, su cabeza calva, su
chichon en la frente, sus grandes orejas y sus ojos tamaños. Cierto, soy
liberal y me vanaglorio de ello. Hace treinta años que estoy suscrito
al _Constitutionnel_, y no he cambiado desde entonces ni mas ni menos
que mi diario. Como el, y sin saber porque, odio al jesuita, que es el
distintivo de los espíritus fuertes; pero servirse de la libertad para
entronizar la idolatria, eso es demasiado! Acepto el luteranismo, el
calvinismo, el judaismo y hasta el islamismo, con tal que no salga de
Arjelia; pero ir mas lejos ya no es liberalismo, es paganismo. Tanto
valdria volver al culto de Mithra.
En la pagoda no habia sino dos niños, dos horribles chinitos, colocados á
cada lado de la plataforma. A la manera de tostadores de café, cada uno
de ellos daba vueltas á un cilindro horizontal, orlado ó mas bien mechado
de una multitud de papelitos. Era un culto enteramente nuevo para mi.
El ruido de mis pasos hizo salir de una celda vecina á una especie
de monje. Su túnica rojiza y remendada, sus piés desnudos, su cabeza
afeitada, sus ojitos torcidos, su cutis amarillo y arrugado le daban el
aspecto de una vieja disfrazada de capuchino; era un bonzo. Acercóse á
mi, y sin hablar me tendió un plato de madera; puse en él una limosna
para librarme de aquel mendigante.
--Gracias, hermano, me dijo en escelente inglés. Que el divino Fó,[31]
recompense tu caridad. Ojalá, que en la otra vida, no renazcas jamás bajo
las facciones de una mujer ó de un chacal.
Y dejándome suspenso el bonzo con su singular bendicion subió al altar,
sacó de un pequeño armario algunos pedazos de papel plateado ó dorado, y
los quemó bajo la nariz del ídolo.
--¿Qué haceis ahí? le pregunté.
--Hermano, respondió, acabo de cambiar la moneda de diez _centavos_ en
lingotes de oro y plata, y los he ofrecido al señor de la verdad.
--Vuestros lingotes son de papel, y no valen dos ochavos.
--¿Qué importa? dijo el monje, Fó mira la intencion, no el metal.
--Ah! si nuestros ministros de hacienda fuesen Chinos! iba á esclamar;
pero guardé para mi esa refleccion temeraria, y pregunté al bonzo que
hacian aquellos niños, cuyo brazo era infatigable.
--Ruegan por el mundo entero, respondió. En cada uno de esos papeles está
escrita la sílaba sagrada; y diciendo esto, se prosternó gritando: OM!
OM! OM! Cada uno de esos cilindros lleva un millar de esas santas divisas
y hace cincuenta revoluciones por minuto, tres mil por hora, setenta y
dos mil de sol á sol. Son pues, ciento cuarenta y cuatro millones de
oraciones, las que se elevan cada domingo de solo este templo. Durante
la semana hay muchas mas, hago dar vuelta mis cilindros á el vapor; pero
el domingo, en este pais de infidelidad, hasta las máquinas observan el
sábado, y me veo reducido á las manos de estos niños. Me dió horror la
necia credulidad de aquel idólatra.
--¿Cómo os sufren en una tierra cristiana? esclamé. Si existiera
todavia la fé en Israel, haria mucho tiempo que os habrian esterminado,
sacerdotes de Baal.
--Porqué no nos han de soportar, respondió el bonzo con voz tranquila; la
libertad es como el sol, luce para todo el mundo. Los Americanos envian
misioneros á la China ¿porqué los Chinos no han de enviar misioneros
á América? Dicen que la Francia ha hecho la guerra al hijo del Cielo
solo por vengar la muerte de algunos frailes legalmente asesinados por
nuestros mandarines; agregan que ha restablecido en Pekin la iglesia
católica cerrada tanto tiempo há; maldigo la sangre derramada por ambas
partes, mi relijion tiene horror al asesinato y no conoce mas armas que
la paciencia y la dulzura; pero bendigo la libertad conquistada, y pido
que les haga tan buen provecho á los chinos como á los franceses.
--¿Una pagoda en los campos Eliseos?
¿Figurones oficiales?--Buen hombre, estais loco: en Paris, no necesitamos
Chinos. Tenemos bastantes........ de porcelana.
--Me parece, continuó el monje con una calma ridícula, que los derechos
son recíprocos. Si es bello, si es justo abrir una capilla en Pekin
¿porqué ha de ser injusto abrir una pagoda en Paris, y predicar
libremente la libertad?
--Bonzo estúpido, esclamé arrebatado por un celo santo; ¿te atreves
á hablar de verdad? ¿No sientes que tu doctrina es una mentira, y tu
culto una idolatría? Si lo ves, eres un charlatan á quien es necesario
castigar; si no lo ves,--el primer deber del Estado, es cerrarte la boca,
para que con tu ignorancia no le eches á perder sus súbditos. La libertad
del error, es la libertad del veneno, de la tea y del puñal; solo la
verdad tiene el derecho de hablar.
--Yo creia, dijo el Chino, que en Francia y en Inglaterra habia muchas
iglesias cristianas, y hasta sinagogas judias.
--Sin duda, que en Francia mismo el Estado paga todos los cultos
reconocidos; porque la Francia, has de saberlo buen hombre, está á la
cabeza de la civilizacion, ya se trate de libertad relijiosa como de
todas las demas libertades.
--El estado, continuó el bonzo, ¿reconoce entonces tres ó cuatro verdades
relijiosas que se combaten y destruyen mutuamente? Para los cristianos,
por ejemplo, Jesus es un Dios: ¿qué es para los judios?
--Amigo mio, dije á aquel bárbaro, tengo lástima de tu ignorancia. Si tu
pudieras comprender lo que es la verdad oficial, sabrias que ella vive de
contradicciones. Es el sueño de Hegel realizado. La tésis y el antítesis
se mezclan y se confunden en una sintesis admirable.
El bonzo abrió sus pequeños ojos y alzó la cabeza hácia el cielo.
Era visible que las grandes concepciones de la Europa civilizada no
podian entrar en aquel estrecho cérebro. Hubiera creido que habia menos
distancia entre un filósofo aleman y un Chino. Reproduje mi demostracion
bajo otra forma, es decir que cambié las palabras, sin inquietarme de
las cosas: es el verdadero modo de adelantar una discusion.
--La verdad que proteje el Estado, dije al infiel, no tiene nada de
comun con la verdad vulgar. Es una verdad grande, comprehensiva, que
abraza todas las comuniones nacidas de la Biblia, nuestro libro sagrado.
El judaismo, el cristianismo y hasta el islamismo son ramos de aquella
relijion primitiva, tan antigua como el mundo y que tiene de su parte el
número, la moral, la civilizacion. Fuera de esas Iglesias, que se dividen
el universo, no hay sino idolatría y barbárie. Convertiros á cañonazos,
es nuestro derecho y nuestro deber. La verdad jermina en los surcos
sangrientos que abre la guerra; el Dios de los cristianos es el Dios de
los ejércitos, _Dominus Sabaoth!_
--Tú no eres Yankee, esclamó el fanático, cuyo ojos brillaron de repente
con un resplandor estraño. Te observo desde que estás aquí. En la figura
del Sajon hay algo del toro y del lobo; en la tuya hay algo del mono y
del perro. Tienes miedo de la libertad, hablas de lo que no sabes y haces
frases. Tú eres Francés!
Y viéndome mudo de sorpresa:--¿Te atreves, dijo, á hacer del número la
prueba de la verdad?--El número, le tenemos de nuestra parte. ¿Cuántos
sois vosotros los católicos? Ciento treinta millones. ¿Cristianos?
Trescientos millones á lo mas. Nosotros somos quinientos millones de
budhistas; nuestra fé se estiende de Kamschatka hasta el mar Blanco, ella
dulcifica las tribus salvajes, encanta á los Chinos y á los Japoneses,
es decir, á pueblos civilizados ya, en un tiempo en que la Europa era un
bosque y la América un desierto. ¿Hablas de antiguedad? Pero ¿sabes acaso
que en tiempo de Alejandro el budhismo habia tenido ya sus concilios, y
que las inscripciones del rey Azoka, grabadas en las rocas de la India
predicaban al universo la limosna y el sacrificio? ¿No sabes que el
judaismo es una reforma de la relijion alterada por los bracmanes, y que
los Vedas, los libros santos de nuestros antepasados, remontan á los
primeros dias del mundo?--Dejemos á un lado el número y la duracion: son
quizá accidentes felices. ¿Cuál es la relijion que ha predicado primero
la pobreza voluntaria, la abnegacion y la caridad? ¿Ignoras tú que Fó
ha tenido quinientas cincuenta existencias, y que en cada una de esas
encarnaciones se ha sacrificado? El se ha convertido en cordero para el
tigre, en paloma para el halcon, en liebre para el cazador hambriento.
¿No has leido la historia de Vesavantara, dando por caridad sus hijos
y su mujer? ¿No somos nosotros la única comunion que por horror al
asesinato, se abstiene de la carne y de la sangre de los animales? ¿Yo,
no tengo un filtro ahí para beber mi agua, á fin de economizar la vida de
algun arador invisible? De vosotros los cristianos se dice, que vuestra
historia relijiosa no es sino una série de querellas, de guerras y de
carnicerias. Víctimas hoy dia, mañana sois verdugos. Entre nosotros, los
budhistas, no hay sino mártires. En dos mil cuatrocientos años, nuestra
sangre ha sido derramada mas de una vez, se nos ha espulsado de la India;
pero nuestras manos se han conservado puras. No tenemos nada que borrar
de nuestros anales; ¿qué relijion puede decir otro tanto?
--Vuestro Evanjelio anuncia una doctrina admirable; lo sé y no juzgo de
la fé de los cristianos por su conducta. Las palabras y los sufrimientos
de Cristo me han conmovido hasta lo íntimo del corazon. Pero me han
criado en otras ideas: me he consagrado hace veinte años á una vida de
pobreza que me sostiene y me consuela. Como vosotros, los cristianos,
he conservado la fé de mis padres; como vosotros, no puedo acusar á mis
abuelos ni de mentira ni de error. ¿Cuál de nosotros se engaña? ¿Cual
de nosotros tiene la verdad de su parte? Lo ignoro, y no deseo sinó
ilustrarme. Concluyamos con el reinado de la violencia, acabemos con la
ignorancia y el desden; demos pleno curso á todas las creencias; dejemos
á la razon hacer la obra que Dios le ha confiado.--A la luz del dia
desaparecen todas las sombras. Abandonada á si misma, la relijion que
venga de los hombres se deshará como la nieve: la que venga del Cielo se
elevará como una encina y cubrirá la tierra con sus ramas. Abrid el mundo
á la palabra: tengo fé en la libertad; porque tengo fé en la verdad.
--Tú no eres sino un Chino, le dije; y alejándome con un paso majestuoso,
dejé á aquel miserable confundido con mi superioridad.