Vanitas, Vanitatum.
Cuando la multitud se hubo escurrido, llevando á lo lejos la gloria y
el nombre del futuro Webster, abracé á mis anchas al orador, y tomé de
nuevo con él el camino de casa. Avergonzado del papel mudo á que me
habia condenado mi ridícula timidez, no pude menos de zaherir un poco al
Ciceron en ciernes.
--Hola! bribonzuelo, le dije, ¿dónde has adquirido esa facilidad de
charlar y esa seguridad que nada perturba? Improvisar, declamar, unir el
ademan á la palabra, ese arte perdido desde la antiguedad--¿dónde te lo
han enseñado?
--En la escuela, dijo mi hijo. Tú lo sabes papá, tú que tantas veces me
has hecho recitar mi _Enfield_.[27] ¿He tenido aplomo? ¿He alzado el
brazo mas arriba de la cabeza? ¿Estás contento?
--¿Y todos tus camaradas charlan como tú?
--Sin duda papá. Lindos ciudadanos serian los de un pueblo mudo! Hablar y
jesticular nos es tan necesario como leer y escribir. No hay ninguno de
nosotros que no esté destinado á ser algo en la sociedad, en el comun,
en el Estado. Miembros de un _meeting_ ó de una asociacion, electores,
candidatos, majistrados, senadores, todos tendremos necesidad de
dirijirnos al público: se nos habitúa, pues, desde la escuela. Improvisar
no es dificil y es muy entretenido. En nuestras recreaciones, nuestro
placer es discutir; he hecho ya cien discursos á mis futuros electores.
Pero mi fuerte es el jesto. “La accion, dice Demóstenes, en mi _Enfield_,
la accion! la accion!” Miradme, papá.
Y héteme ahí á mi muchacho que se pasea declamando no sé que discurso de
lord Chatham contra la guerra de América. Camina, se detiene, alza los
ojos al cielo, junta las manos, adelanta con puño cerrado, apoya un brazo
sobre el corazon, y concluye por saltarme al cuello riendo á carcajadas;
mientras que yo, su padre, incapaz de decir una palabra y de mover un
dedo, permanecia confundido ante aquella perversidad precoz, fruto de una
educacion mal sana. Mi hijo no era un prodijio, no era sino un Yankee
criado demasiado hábilmente.
--¡Desgraciado niño! le dije, puesto que te vas á la India, ¿para qué te
servirá ese arte de histrion? Pase todavía si fueras abogado.
--Lo seré algun dia, papá, respondió Enrique. Dejadme ganar diez mil
dollars allá; á mi vuelta estudiaré derecho, y me asociaré con un maestro
esperto.
--¿Y en seguida? pregunté admirado de esa jóven ambicion.
--En seguida, papá, me haré nombrar representante en el Estado de
Massachusetts, y seré senador.
--¿Y en seguida?
--En seguida, papá, seré diputado al congreso, y mas tarde senador de la
Union.
--¿Y en seguida?
--En seguida, papá, seré ministro como M. Seward, si no puedo
conseguirlo, seré presidente como M. Lincoln.
--¿Y en seguida? esclamé, ocuparás sin duda el puesto de Lucifer; porque
tienes la ambicion y el orgullo de un demonio!
--Papá, repuso el niño, inquieto de mi vivacidad, todos mis camaradas
piensan como yo. Nuestros maestros nos han dicho siempre que éramos la
esperanza de la patria y que la república tenia necesidad de nosotros.
Entrar en la carrera política, no es ambicion, es un deber. El ciudadano
que vá mas lejos es el que sirve mejor á su pais.
--Oh! los paganos, los paganos! esclamé: hénos aquí que volvemos á los
escándalos de Atenas y de Roma. El primer deber de un cristiano, señor,
es permanecer en su humildad, es huir de la política, es no mesclarse
jamás en los asuntos de su pais, á menos que la autoridad no os obligue á
ello.
--Papá, no es eso lo que nos han enseñado en el púlpito. El domingo
último, nos han citado á un papa, Pio VII, segun creo, que decia, cuando
no era sino obispo, es cierto: _Sed buenos cristianos, y sereis buenos
republicanos_. Todas nuestras libertades vienen del Evanjelio: Se nos ha
repetido constantemente que la moral de Cristo conduce á la democracia,
es decir á la igualdad fraternal y al respeto del mas ínfimo individuo.
_Amaos los unos á los otros_, ¿qué quiere decir esto, sino que el mas
fuerte debe ayudar al mas débil con su fortuna, con sus consejos y con su
abnegacion?
Me tomé del brazo de Enrique.
--Pobre niño enceguecido por la locura de tus maestros, le dije, mira á
donde va la democracia.
Delante de nosotros caminaba á pocos pasos de distancia, un hombre
encajonado en unas planchas de madera. Sobre aquel cartelon ambulante se
leia, escrito en grandes caracteres: