EL LINCE.

_Diario de los Demócratas._

CIUDADANOS!

Cuidado con los intrigantes y los necios!!

GREEN--SMITH--HUMBUG.

ó

EL RIDICULO TRIO DESENMASCARADO.

--Dadme _el Lince_, dije á un vendedor de diarios.

--Hélo aquí, señor, respondió el hombre con tono chocarrero; pero si

quereis reir, os ruego que tomeis _el Sol y la Tribuna_, alli es donde

vereis al _trio_ fustigado lindamente.

El _Lince_ me bastaba, abrí aquella hoja execrable. Green era burlado

cruelmente, á Humbug le decian verdades de á puño; pero á mí, gran Dios;

¿cómo me trataban? Qué de mentiras! qué de injurias! qué abominacion!

Estregué ese miserable panfleto, iba á arrojarlo en el lodo, su verdadero

lugar, cuando en el umbral de mi casa encontré la alegre cara é

impertinente sonrisa de Humbug.

--Triunfais, señor periodista, le dije metiéndole _el Lince_ por las

narices. Elecciones, hé ahí vuestras fiestas, vuestras saturnales de la

calumnia.

--La calumnia, dijo el hombron encojiéndose de hombros, es como el

sarampion: cuando sale á la superficie, sana; cuando se resume mata.

--Solo en vuestras democracias se imprimen semejantes infamias!

--Ya lo creo! respondió el sofista, contento de tomar al vuelo una nueva

paradoja. En las monarquias del Viejo Mundo, se guardan de imprimir la

calumnia, la dicen al oido: es un medio mas pérfido y mas seguro. No

atacan á las jentes de frente, se defenderian: se las asesina por la

espalda; es donde reinan sin rivales, la intriga y la mentira, alli es

donde el principe es la primera víctima de ese veneno que él impide se

exhale. _Summa petil livor._ La calumnia, doctor, es el flajelo y el

castigo del despotismo; en un pais libre es una picadura de avispa; no se

piensa en ella al dia siguiente.

--Señor filósofo, dije secamente, leed ese diario; se trata de vos.

--Razon mas para que no lo lea. Siempre es el mismo tema, con ocho ó

diez sustantivos en epitetos pretencioso, para variar el estribillo.

¿Teneis la audacia de no seguir á los dóciles carneros que arrastran los

hábiles guias? ¿os atreveis á tener una opinion propia y una voluntad?

sois un _orgulloso soñador_ y un _ambicioso fanático_. Decis la verdad

á vuestros conciudadanos; ¿quereis ilustrarlos sobre las condiciones

de la libertad, premunirlos contra los peligros de la anarquia? sois

un infame aristócrata, un _servil admirador de la pérfida Albion_. En

otros términos, abrirle los ojos al pueblo es arruinarla industria de

los conductores de ciejos y echar á la calle á jentes honradas que nada

perdonan.

¿Hablais francamente, llamais por su nombre los abusos, y á los que viven

de ellos?--sois un _adulador de la multitud_, y _un cobarde demagogo_.

Elojios irónicos si vuestra candidatura vá mal,--injurias groseras y

comunes si triunfa: hé ahí la eterna cancion de los diarios y de los

periodistas que no se respetan. Nos parecemos mucho á los órganos de

Berberia. Ese es el placer de los envidiosos, de las comadres, y de las

buenas jentes que tienen el oido falso. Es necesario ser induljente con

las pequeñas miserias de la humanidad.

--Leed el artículo, repuse impaciente; veremos hasta dónde llega vuestra

dulzura.

Una vez que hubimos entrado al salon, donde por fortuna estábamos solos,

Humbug se puso á leer la injuriosa diátriba, mientras Enrique corria en

busca de noticias.

Green no tiene de que quejarse, dijo riendo el morrudo periodista. Por

la manera ruda como le tratan, es claro que sus acciones suben en plaza.

Las mias no van mal. Un _Falstaff descarado_, es cosa linda ese _Sileno

avinado, á quien no falta ni su asno cuando el doctor esta ahí_, es de

una mitolojia que hace honor á la erudicion del escritor. Todo esto es la

_telum imbelle, since ictu_ de un partido agonizante.

--¿Porqué no se impide hablar á esos miserables?

--Doctor ¿habriais encontrado la piedra filosofal? Saber de antemano lo

que esas jentes dirán es un secreto que se busca todavia; el único medio

de evitar ese escándalo que os aterroriza es enmordazar á todo el mundo:

remedio heróico que mata á las jentes para impedirles que vivan mal. ¿Es

esa la medicina que poneis en práctica? Esos pillos, direis son pagados

para ejercer un oficio innoble; abusan de la libertad, la prostituyen;

convengo en ello, pero ese abuso nos garantirá el uso de nuestros

derechos. Hay señoritas que abusan del derecho de pasearse por las

calles, ¿encerraremos por eso á nuestras mujeres en un harem? Hay jentes

que se matan por la glotoneria y la borrachera, ¿nos sujetareis por eso

al réjimen de Sancho en la ínsula Barataria? Por miedo á un incendio,

¿prohibireis los avios de encender y los fósforos? Por miedo á un asesino

¿nos quitareis uno de los primeros derechos de los pueblos libres, el

derecho de tener armas? Toda libertad arrastra consigo un abuso posible:

toda fuerza y todo instrumento hace lo mismo. Suprimir la libertad para

evitar el abuso, impedir el bien para impedir el mal, es hacerle el

proceso á Dios mismo, y probarle que no entendia jota de la creacion.

--Si no podeis evitar la calumnia, esclamé, castigadla; inventad

suplicios terribles; herid al que me quita el honor como heris al que me

arranca la vida.

--Teneis abiertos los tribunales, respondió Humbug; pero el desprecio es

una justicia mas pronta y mas segura. Mañana los electores os vengarán

de las injurias de hoy dia. ¿Es cierto por otra parte que nos hayan

calumniado? Por lo que á mí respecta no me siento herido.

--No sé lo que teneis en las venas, le dije, arrancándole el diario de

las manos. Oid como un anónimo cobarde se atreve á tratar á un hombre

de mi posicion y de mi edad, en seguida os mostraré como se castigan

semejantes infamias.

Y con voz trémula de cólera leí lo que sigue:

“El doctor es un triple necio: Es un necio de nacimiento á

quien treinta años de estudio han puesto mas necio todavia; no

le faltaba mas que un ápice de ambicion para perder el poco

sentido comun que el trabajo le ha dejado. Se conoce la locura

de que padece este infeliz que no vé mas allá de sus narices.

Estúpido admirador del pasado, su ideal es la vieja Europa;

no vé nada mas bello que esas sociedades decrepitas, donde la

tradicion romana ó el despotismo de la administracion ahoga

toda independencia y toda vida. El sábio Smith, la gloria de

veinte academias desconocidas, es uno de esos tembladores que

el dia de la creacion, habria gritado: “Deteneos, mi Dios;

vais á descomponer el Caos!” Se parece á esos conductores

de los caminos de hierro que dan la espalda al tren que los

arrastra. No vé, no admira si no lo que huye y desaparece en

la sombra del pasado; no siente que detras de él se levanta un

sol y un mundo nuevo: el reinado del individuo, el triunfo de

la libertad. Que semejante momia se quede en su gabinete de

curiosidades y reciba la adoracion de los papanatas, nosotros

no iremos á molestarlo allí; pero á la gran luz de la vida

pública, ¿qué harán esos ojos estinguidos, esa boca muda,

ese brazo inútil? Lo que necesita nuestra jóven y gloriosa

república, son hombres de nuestra época, banqueros que hagan

avanzar la civilizacion creando dia á dia nuevas empresas y

acciones, oradores que nos guien hácia los destinos magníficos

que el porvenir nos reserva. Dejemos á los muertos sepultar á

los muertos; vengan á nosotros los corazones que se abren á

todas las grandes aspiraciones sociales, las cabezas que se

ajitan con las cuestiones palpitantes de la actualidad. Que

los bobos y los flojos voten por sus viejos ídolos, nuestros

candidatos son los hombres que la Europa nos envidia, el hábil

y jeneroso banquero Little, el elocuente y célebre abogado Fox!”

“Mañana la voz del pueblo, saliendo del escrutinio, como el trueno que

sale de la nube, proclamará por toda la América la victoria de los

elejidos de la Democracia: Viva Little, viva Fox!”

--Bravo! dijo Humbug, estais picado doctor. Hé ahí un bello trozo; nada

que ataque vuestro carácter; bromas un poco fuertes, es cierto; pero con

cierto tacto, verbosidad, finura, sin hablar del estilo á la moda. El

mozo que ha escrito ese trozo no es un imbécil.

--Acompañadme á la oficina del _Lince_, dije á mi vez; y vereis como un

triple nécio cachetea á un mozo de injénio; es una leccion que necesita

ese señor.

--¿Estais loco? esclamó el hombron levantándose de una pieza. Si otro

que yo os escuchára, os harian dar una fianza de diez mil dollars ú os

enviarian á la penitenciaria. ¿Nos tomais por los Pieles-Rojas? ¿Sois

cristiano? En las soledades de Arkansas es donde los furiosos discuten

revolver en mano; en Massachusetts no hay mas venganza que la de la ley.

En un pueblo civilizado se habla mucho y se querella vivamente; pero no

se asesina á un rival, ni tampoco se bate uno con él.

--Salvajes! esclamé, que no conoceis ni el punto de honor siquiera!

--Salvaje vos! repuso Humbug riendo. Verdaderamente, doctor, la picadura

os pone feroz. Matar á las jentes ó hacerse matar por ellas ¿de qué puede

servir eso á la causa de la justicia y de la razon? Un duelo no aprovecha

sino al médico ó al sepulturero.

--¿Qué haceis entonces, señor, cuando sois cobardemente insultado por un

folletinista?

--Mi querido doctor, respondió aquel candidato sin verguenza: repito

en voz baja ó en alta voz un proverbio turco, cuya profunda sabiduría

os recomiendo: _El que se pare á tirar piedras á todos los perros que

ladren tras de él, no llegará nunca al fin de su viaje_. Con lo que, voy

á ocuparme de mi eleccion y de la vuestra; haced otro tanto por vuestra

parte; pronto olvidareis al _Lince_ y su retórica.

_Tu ne cede malis, sed contra audentior ito_[28].

Adios.

Paris en América · 第 42 / 109 题