CAPITULO II.

¿Es esto un sueño?

Durante la noche tuve un sueño--¿Fué en efecto un sueño? Jonatás sentado

á mi cabecera me miraba con aire burlon.

--¡Qué tal! decia, señor incrédulo--cómo os encontrais despues de la

travesia?--¿El viaje os ha fatigado demasiado?

--El viaje, murmuré; si no me he movido de la cama.

--No; pero estais en América--No os tireis de la cama como un

loco,--esperad á que os dé algunas instrucciones para que la sorpresa no

os mate. En primer lugar, he trastornado vuestra casa. En un pais libre

no se vive como en una caserna, revuelto, sin reposo y sin dignidad. De

cada uno de esos cajoncitos, que llamais pisos, he hecho una habitacion

á la americana, la he dispuesto y amueblado á mi modo, y le he agregado

un jardincito. Para arreglar asi las cuarenta mil casas de París, he

empleado cerca de dos horas; no lo siento; vedos señor de vuestra casa,

es la primera de las libertades. De hoy en adelante no tendreis que

sufrir á vuestros vecinos, ni que hacerles sufrir á su vez. Olores de

cocina y de caballeriza, gritos de niños, de mujeres y de amas, ahullidos

de perros, maullidos de gatos y de pianos: todo se acabó, no sereis en

adelante un número de presidio ú hospital, un harenque aprensado, sois un

hombre; teneis una familia y un hogar.

--¡Mi casa trastornada!--Estoy arruinado; ¿qué habeis hecho de mis

inquilinos?

--Estad tranquilo: estan ahí, cada uno de ellos en una cómoda casita.

Al presente son enfiteutas que os pagarán su renta durante medio siglo,

sin que cada tres años tengais que sorprenderos los unos á los otros, y

engañaros á quien mejor. He colocado á vuestra derecha á M. Leverd, el

especiero, hoy dia. Mr. Green. M. Petit, el banquero del primer piso,

sé ha hecho Mr. Little, y no es un personaje menos notable con sus

millones. M. Reynard[5], el abogado del piso segundo, se llama el señor

Procurador Fox[6], y no perderá por esto una sola de sus picardias. A

vuestra derecha encontrareis al vecino del cuarto piso, el bravo coronel

Saint-Jean, convertido en _the gallant colonel Saint-Jean_, con todos

sus reumatismos, y en fin á Mr. Rose, el farmacéutico, que no es ni

menos importante, ni menos majestuoso desde que se llama, M. Rose, el

boticario. En cuanto á vos, mi querido Lefebvre, vedos convertido, por

derecho de inmigracion, en el señor doctor Smith, miembro de la familia

mas numerosa que haya salido del tronco anglo-sajon. Haced fortuna

matando ó curando á vuestros clientes del nuevo mundo, que no serán

mosquitos, lo que os falta.

Queria llamar; pero los ojos del terrible visitante me clavaban en el

lecho.

--Apropósito, dijo riendo, os sorprendereis un poco, cuando oigais á

vuestra mujer, á vuestros hijos, á vuestros vecinos hablar ingles y

ganguear. Han dejado la memoria en el viejo mundo y ahora son Yankees

_pur sang_. Efecto admirable del clima; notado ya por el príncipe de los

espiritístas, el grande Hipócrates. Los perros dejan de ladrar cuando

se aproximan al polo; el trigo, bajo el ecuador, es una grama estéril;

un Yankee en París cree haber nacido gentil-hombre: un francés en los

Estados-Unidos pierde el horror á la libertad. En cuanto á vos, señor

incrédulo, os he dejado con vuestras preocupaciones y vuestros recuerdos.

Trato de que juzgueis de mi poder, con conocimiento de causa. Sabreis asi

Jonatás Dream es ó no un espiritísta; vedos metido en una piel Américana,

de donde no saldreis mientras no me dé á mí, la regalada gana.

--_But I cannot speak English_[7], esclamé; y me detuve bruscamente,

temeroso de silvar como un pájaro.

--No tan mal, dijo el insoportable burlon; antes de dos dias confundireis

_Shall_ y _will_, _these_ y _those_[8], con toda la facilidad y la gracia

de un Escoces. Adios, añadió levantándose; adios, me esperan á media

noche en casa de la sultana favorita, en el harem de Constantinopla; á

las dos de la mañana debo estar en Lóndres, y veré salir el sol en Pekin.

Una advertencia mas; no olvideis que el sabio no se sorprende de nada.

Si veis á vuestro alrededor alguna figura estraña, no griteis al diablo:

os encerrarian con nuestros _lunáticos_. Seria un obstáculo á vuestras

observaciones.

Me levanté sobresaltado. Tres puñados de fluido, recibidos en pleno

rostro, me dejaron inmóvil y mudo. Con esto, mi traidor me saludó riendo

sardónicamente; en seguida, tomando un rayo de luna, que se arrastraba

por la habitacion, se envolvió en él, atravesó la ventana, y se evaporó

en los aires.--Espanto, magnetismo, ó sueño; no lo sé,--me sentí postrado:

Y’ venni men cosi com’ io morisse

E caddi, come corpo morto cade[9].

Paris en América · 第 10 / 109 题