CAPITULO PRIMERO.

Un espiritista americano.

“Mr. Jonatás Dream, espiritista y _medium_ trascendental

de Salem (Mass.) invita á vd. á la velada _psíquica y

medianímica_, que dará el martes 1.ᵒ de Abril próximo, en su

hotel, calle de la Luna número 33.”

“Sonambulismo, éxtasis, vision, prevision, profesía, segunda

vista, doble vista, adivinacion, penetracion, sustraccion del

pensamiento, evocaciones, conversacion, poesía, y escritura

sobre-naturales; pensamientos de ultra-tumba y arcanos de la

vida futura descubiertos, &a. &a.”

_Las puertas se cerrarán á las ocho de la noche en punto._

¡Pardiez! decia yo para mi coleto, leyendo y volviendo á leer esta

carta,--deveras que no me disgustaria hacer relacion con un _medium_

americano, cofrade en _pneumatolojia_ positiva y esperimental, porque

habeis de saber que yo tambien soy _espiritista_. ¡Que diantre! Bien

puede uno no ser sino un simple vecino de Paris, y, sin embargo, haber

ovocado yá lo mismo que cualquier otro á César, Napoleon, Voltaire,

Madama de Pompadour, Ninon, Robespierre etc. Algo mas, y lo diré,

aunque repugne á mi modestia: estos ilustres personajes no me han

eclipsado con su jénio: todos me han respondido como si yo mismo les

hubiera soplado la respuesta. Veamos si el Señor Jonatás Dream, con sus

pretenciones de ultramar, tiene mas espíritu, ó mas espíritus que vuestro

servidor, Daniel Lefebvre, médico de la facultad de Paris, discípulo en

espiritismo de Mr. Hornung de Berlin, de Mr. de Keichembach y del baron

de Guldenstuble.--A espiritista, espiritista y medio.

En una hermosa habitacion, al estremo de un salon herméticamente cerrado,

aunque resplandeciente de luces (lo que no sucede jeneralmente en

nuestras reuniones espiritistas) encontré á Mr. Jonatás Dream sentado

delante de una mesa redonda. Tenia la mirada melancólica y el rostro

inspirado de las sibilas. Frente á él estaban sentados media docena

de sus adeptos, con aire recojido. Siempre el mismo público: jentes

nerviosas, mugeres que no han sido comprendidas, sarjentos-mayores ó

viudas retiradas; cada uno escribia en un papel el nombre de los muertos

que queria interrogar; yo hice lo mismo que todos.

Mezclados los nombres en un sombrero, el primero que se sacó fué el de

José de Maistre. Jonatás se recojió por un instante, aplicó la mano

á su oido, para escuchar la voz que le hablaba muy bajo, y escribió

rápidamente lo que sigue:

“--No hay conocimiento estéril; todo conocimiento se parece á aquel de

que habla la Biblia: Adan conoció á Eva, y Eva concibió.”

“--Sin _Credo_ no hay crédito.”

--Eh! eh! me dije, hé ahí unas paradojas que tienen buen aspecto; están

dotadas de toda la ridiculez del padre, me parece solamente, haberlas

visto yá en alguna parte: en lo de Baader, si no me engaño. Despues

de todo, allá arriba no hay propiedad literaria y es muy posible que

por distraccion, se entretengan en robarse las ideas. Hipócrates, vino

en seguida,--tuvo la cortesanía de hablar en francés; he aquí lo que

escribió su intérprete.

--El hombre que piensa mas, es el que dijiere menos. En circunstancias

iguales, el que piensa menos es el que dijiere mejor.

--Ay de mi!--esclamó una mujercita, cuyo rostro descarnado, desaparecia

bajo las ondas de sus cabellos encanecidos--esa es una repuesta de

médico, una repuesta brutal, hecha por los hombres y para los hombres. No

es ese el pensamiento que consume el corazon, es.... Y suspiró.

Se llamó á Nostradamus,--se le pidió su opinion sobre el porvenir de

Polonia, de Francia, y de Italia. La siguiente es la repuesta del gran

adivino, jénio sublime que deja siempre á los otros el cuidado de

entender lo que dice.

En France, Italie et Pologne,

Beaucoup d’esprit, peu de vergogne

En Pologne, France, Italie

On est sage aprés la folie;

En Italie, Pologne et France

Moins de bonheur que d’esperance[4]

Tuvimos que contentarnos con este oráculo, demasiado profundo para

que fuera claro. Despues del hechicero provenzal, le tocó el turno á

Kosciusko. Esa noche el Washington polaco estaba de mal humor, no se le

pudo arrancar nada mas que esta divisa latina; _In servitute dolor, in

libertate labor_; en la esclavitud dolor, en la libertad labor, tres

veces se le interrogó, tres veces dió esta repuesta seca, arrojándónosla

al rostro como un reproche, que ni siquiera comprendiéramos.

El último billete pedia que se interrogasen á Don Quijote, á Tom Jones,

á Robinson ó á Werther, lo que hizo reir al cenáculo, aunque á decir

verdad, no tenia bastante gana. El autor de esta impertinencia, tengo

verguenza de confesarlo,--era yo.--Los muertos y los vivos me fastidian

hace tanto tiempo, que me habria gustado mucho saber lo que pasa en las

cabezas de jentes que jamás existieron.

Jonatás Dream arrojó el aciago billete á la canasta, y anunció que la

sesion habia concluido, despidiéndonos á fuerza de cortesias.--En el

momento en que yo salia, me puso la mano en el hombro, y me rogó que me

quedase.

Una ves solos:--Sois vos cófrade, me dijo riendo de un modo singular,

sois vos quien me ha dirijido una pregunta que esos profanos juzgan

indiscreta?--quizá sois de su parecer. ¡Ciego, que nunca habeis sondado

los arcanos de la eterna verdad!--¿Os imaginais que don Quijote y

Sancho, que Robinson y Domingo, que Werther y Carlota, que Tom Jones

y Sofia, no han existido?--¡Qué!--el hombre no puede crear un átomo

de materia, ¡y suponeis que pueda crear pieza por pieza almas que no

perecerán jamás!--¿No creis tanto en D. Quijote como en todos los

Artajerjes?--¿Acaso Robinson no ha vivido, á vuestro juicio, lo mismo que

los Drake y los Magallanes.

--¡Cómo!--¿el injenioso D. Quijote ha vivido?--¿Y podria yo conversar con

el sabio prefecto de la Insula Barataria?

--Sin duda.--Comprended pues, lo que es un poeta. Es un vidente, un

profeta, que se eleva hasta el mundo invisible. Allí, entre los millones

de seres que han pasado sobre la tierra, y cuyo recuerdo se ha perdido

aqui abajo, él escoje aquellos que quiere hacer revivir en la memoria

de los hombres.--Los evoca, les habla, les escucha, y escribe segun su

dictado. Lo que la necia humanidad, toma por una invencion del artista,

no es mas que la confesion de un muerto desconocido; pero vos que sois

espiritista, ó que teneis pretenciones de tal, ¿cómo es que no reconoceis

una voz extra-natural?--¿Porqué os dejais engañar como la multitud?--¿Tan

poco adelantado estais en las vias de la medianimidad? Al hablar asi,

Jonatás Dream, echó la cabeza hácia atrás, y agitando los brazos,

abriendo y cerrando las manos, avanzó sobre mi, como para ahogarme en su

fluido.

--Cofrade, le dije, veo que sois un hombre de talento, aunque

espiritísta; y no dudo que podais escribirnos un discurcito á la D.

Quijote, ó improvisar algunos nuevos refranes dignos de Sancho.--Pero

estamos solos, y ambos somos agoreros; tenemos el derecho de mirarnos y

hasta el de reirnos mirándonos. No pasemos adelante, os deseo un feliz

éxito. En Francia es cosa sabida; el pueblo que se crée el mas espiritual

de la tierra es naturalmente el que con mas facilidad se deja conducir de

la punta de la nariz. Preguntádselo á las mujeres de París.

--Alto ahí,--esclamó el májico con tono furioso. ¿Me hé engañado

acaso?--¿Sois un falso hermano?--¿Me tomais por un charlatan, por un

mistificador, por un saltimbanqui?--Sabed que Jonatás Dream no ha

dicho jamás una palabra que no fuera verdad. ¡Ah! dudais de mi poder,

caballerito. ¿Qué prueba quereis que os dé?--¿Es necesario que os quite

todas vuestras ideas, lo que no será dificil; es necesario haceros

dormir, que paseis por el frio, el calor, el viento, ó la lluvia, es

necesario....?

--Nada de magnetismo, le dije; sé que en eso hay un fenómeno natural mal

conocido hasta ahora, y del cual abusais.--Si quereis convencerme, no

principieis por hacer dormir.--No estamos en la Academia.

--Y bien, dijo él, fijando en mí sus ojos relucientes, ¿qué diriais si os

transportára á América?

--¿A mí?--Necesito verlo para creerlo.

--Sí, á vos, esclamó, y no solamente á vos, sino á vuestra mujer,

vuestros hijos, vuestros vecinos, vuestra casa, vuestra calle, y si

pronunciais una palabra, á París entero.--Sí, agregó, poseido de una

ajitacion febril, sí, si quiero, mañana por la mañana París estará en

Massachusetts; y en los bordes del Sena no habrá mas que una llanura

desierta.

--Mi querido hechicero, hubiera convenido vender vuestro secreto al

señor Prefecto del Sena; eso nos habria economizado algunos millones

quizá. Durante la ausencia de los parisienses, se les habria hecho un

París nuevecito, recto y monótono como Nueva York; un París sin pasado,

sin monumentos, sin recuerdos; nuestros arquitectos todos, y todos los

maestros administradores se hubiesen enloquecido de puro gozo.

--Os chanceais; dijo Jonatás, teneis miedo....os lo repito: mañana, si

quiero, París estará en Massachusetts, junto con Versalles--¿Aceptais el

desafio?

Sí, ciertamente, lo acepto, respondíle riendo. Y sin embargo, la

seguridad de este demonio de hombre me turbaba. Soy entendido en materia

de fanfarronadas; leo veinte diarios todos los dias, y he oido á mas de

un ministro en la tribuna; pero esa voz de iluminado me imponia, apesar

mio.

--Tomad esta caja, dijo el májico con tono imperioso; abridla, hé ahí dos

píldoras, una para vos, otra para mí, escojed, y no me interrogueis.

--Habia ido demasiado lejos para retroceder--Tragué uno de los glóbulos,

Jonatás tomó el otro y me saludó, diciéndome con voz cavernosa: Hasta

mañana, del otro lado del océano.

Una vez en la calle, me encontré en un estado singular. Corrí de un

aliento á los Campos Eliseos, sin apercibirme de la distancia. Me sentia

mas vivo, mas lijero, mas elástico que nunca lo estuvo creatura humana;

me parecia que saltando tocaria los cuernos de la luna, que se elevaba en

el horizonte. Todos mis sentidos tenian una sutileza increible--Desde la

plaza de la Concordia veia los carruajes que daban vuelta al rededor del

arco de la Estrella, escuchaba el tic-tac de la gran aguja que marca la

hora en el reloj de las Tullerias. La vida corria por mis venas con una

velocidad y un calor desconocidos; me preguntaba si una mano invisible

no me conducia yá al otro lado del Atlántico. Para tranquilizarme, miré

á la apagada media luna que ascendia lentamente en el cielo. Seguro de

no haber cambiado de meridiano, entré en mi casa, avergonzado de mi

credulidad, y me dormí riendome de Mr. Dream y de sus locas amenazas.

Paris en América · 第 9 / 109 题