II

Lo que antecede es obra de un amigo

que es poeta sentimental.

Yo, por raro incidente, fuí testigo

de la escena narrada. La vestal

Helena es una daifa de estipendio

muy módico. El fondo fué un burdel

de provincias, esto es, suma y compendio

de la antigua Babel.

Mi amigo, que hace tiempo está en amores

con una virgen de la población

salió del antro lleno de temores,

lleno de confusión.

«¡Malditos» me decía

«estos labios inmundos! ¿Cómo ahora

he de acercarme hasta la amada mía

y su frente besar, que es luz y aurora?»

«¿Por qué no?» le repuse «inoportuno

es tu remordimiento. La prudencia

quiere que de dos seres tenga el uno

la candidez y el otro la experiencia.

¿Por ventura eres tú el primero

que lleve al tálamo nupcial

en los labios el zumo halaguero

de la reciente saturnal?

La casta doncella que al altar llega,

gusta, tenlo por cierto,

que el esposo elegido á quien se entrega

sea en lides de amor ducho y experto.

Y el licor que en el dulce sacrificio

se acostumbra beber

es insípido ó acre, sin que el vicio

mezcle allí sus especias de placer.»

Calladamente caminamos luego.

En el ciclo otoñal y cristalino

veíase palpitar el manso fuego

de estelar vellocino.

Y yo estaba anegado de ternura

y de dolor por mis palabras vanas

dichas en un minuto de locura;

pero ya las sentía tan lejanas...

Contemplando la luz azul de Sirio,

oprimí con la diestra el corazón.

Presa como de súbito delirio

gritó mi amigo: «¡No tienes razón!

¡Somos impuros, torpes, bajos, viles!

¿Cómo osamos hacer contacto, di,

á nuestra piel viscosa de reptiles

con el cordero? ¿Tengo razón?»

«Sí.»

Y luego, viendo en la celeste copa

burbujear el eterno vino de oro.

«De la hostia santa, de la santa boca

somos indignos ya; ¿no ves que lloro?»

Desmesuraba su órbita la luna,

cual ojo de un fatídico ananké.

Un sereno bramó: ¡La una! ¡La una!

Y á poco, bajo, á mí: De juerga, ¿eh?

¿Por qué dividió el autor esta composición en dos partes, y la

dramatizó, desdoblándose en dos personas? Quizá el propio Alberto no se

dió cuenta, obedeciendo al instinto de bifurcación que en tales crisis

escinde el corazón humano en dos porciones; llora la una y ríe la otra

entre tanto.

La pata de la raposa (Novela) · 第 29 / 66 题