Lo que antecede es obra de un amigo
que es poeta sentimental.
Yo, por raro incidente, fuí testigo
de la escena narrada. La vestal
Helena es una daifa de estipendio
muy módico. El fondo fué un burdel
de provincias, esto es, suma y compendio
de la antigua Babel.
Mi amigo, que hace tiempo está en amores
con una virgen de la población
salió del antro lleno de temores,
lleno de confusión.
«¡Malditos» me decía
«estos labios inmundos! ¿Cómo ahora
he de acercarme hasta la amada mía
y su frente besar, que es luz y aurora?»
«¿Por qué no?» le repuse «inoportuno
es tu remordimiento. La prudencia
quiere que de dos seres tenga el uno
la candidez y el otro la experiencia.
¿Por ventura eres tú el primero
que lleve al tálamo nupcial
en los labios el zumo halaguero
de la reciente saturnal?
La casta doncella que al altar llega,
gusta, tenlo por cierto,
que el esposo elegido á quien se entrega
sea en lides de amor ducho y experto.
Y el licor que en el dulce sacrificio
se acostumbra beber
es insípido ó acre, sin que el vicio
mezcle allí sus especias de placer.»
Calladamente caminamos luego.
En el ciclo otoñal y cristalino
veíase palpitar el manso fuego
de estelar vellocino.
Y yo estaba anegado de ternura
y de dolor por mis palabras vanas
dichas en un minuto de locura;
pero ya las sentía tan lejanas...
Contemplando la luz azul de Sirio,
oprimí con la diestra el corazón.
Presa como de súbito delirio
gritó mi amigo: «¡No tienes razón!
¡Somos impuros, torpes, bajos, viles!
¿Cómo osamos hacer contacto, di,
á nuestra piel viscosa de reptiles
con el cordero? ¿Tengo razón?»
«Sí.»
Y luego, viendo en la celeste copa
burbujear el eterno vino de oro.
«De la hostia santa, de la santa boca
somos indignos ya; ¿no ves que lloro?»
Desmesuraba su órbita la luna,
cual ojo de un fatídico ananké.
Un sereno bramó: ¡La una! ¡La una!
Y á poco, bajo, á mí: De juerga, ¿eh?
¿Por qué dividió el autor esta composición en dos partes, y la
dramatizó, desdoblándose en dos personas? Quizá el propio Alberto no se
dió cuenta, obedeciendo al instinto de bifurcación que en tales crisis
escinde el corazón humano en dos porciones; llora la una y ríe la otra
entre tanto.