MADAMA COMINO.

Esta es una interviú que celebré con la señora Comino cierta tarde que,

por distraerme hasta la hora del tren para San Ramón, salí á la huerta,

en donde la encontré.

--¿Cómo estás, Madama Comino?

Y perdona que te hable de tú.

Soy romero, que va de camino;

mas, ya que á mi vera te puso el destino,

celebremos una interviú.

Hormiga amiga,

hormiga hermana

(que, sumido en la paz aldeana

presumo que soy otra hormiga),

¿oyes las palabras ligeras,

que son como brisas terrales,

la canción lejana

de la mocina, hacia Riberas,

y entre los maizales,

al lado allá del río?

Yo me voy á casar.

Cásome con el dueño mío,

la más guapa neña de todo el lugar.

Non sabe sallar

nin aguadañar;

sabe se reir y sabe llorar

porque sabe amar.

¡Ay, mi amor!

Si no me das la tu flor

téngome de matar.

¿Has oído? Matar.

¿Quién lo había de presumir?

¡La mociquina del lugar

no sabe que se ha de morir!

¿Qué dices de la muerte, hormiga?

¿Qué dices, Madama Comino?

--. . . . . . . . . . . . . . . .

--¿Antes yo? Á tus antojos me inclino,

pero, ¿qué quieres que te diga?

El sol ha huído hace un instante;

el río corre mansamente

al mar propincuo...

--. . . . . . . . . . . . . . . .

--¿Yo pedante

porque digo propincuo? Evidente.

Quiero decir, al mar cercano,

su natural acabamiento,

á libertarse del cauce tirano,

á ser Océano,

á ser un segundo firmamento.

Apágase el día en su luz postrera,

mas ve que, apagándose, atiza

una grande y purpúrea hoguera,

cuya es la ceniza,

una vez que muera,

tanto y tanto lucero,

tanta constelación.

Pasó el acto primero

de la diurna función.

Ahora viene el segundo

que es mucho más profundo

¡Todo emoción!

--. . . . . . . . . . . . . . . .

--Dices que no me entiendes... Claro.

Cominito ¿qué me has de entender?

El hombre es un bicho muy raro.

Pues, ¿y la mujer?

¿No tienes dudas ni teorías,

hormiga? ¿Temes el sordo abismo

del no ser?

--. . . . . . . . . . . . . . . .

--Sí, trabajas todos los días.

Lo sé. Mas, ¿no profesas el hormigocentrismo?

--. . . . . . . . . . . . . . . .

--Sí; sólo en la faena se agota tu desvelo.

--. . . . . . . . . . . . . . . .

--Ya; cuidas del mañana con mira terrenal.

Eres dichoso porque nunca miras al cielo.

No sabes del bien ni del mal.

No sientes melancolías

ni la horrible desolación

del que ve que se acaban sus días

y en su boca se hiela la canción.

Y esto no obstante...

Madama Comino;

hoy tiembla en el campo un austero

éxtasis. Hay trino

de verderón y de jilguero.

Entre la brisa salitrosa y cauta

la campanilla suena, al paso tardo

del buey. Suena la flauta

del sapo humilde y pardo.

Suena maravillosamente el río.

Y ya se acerca el huracán del tren.

Tú vas á tu hormiguero. Voy yo al mío.

Hermana hormiga, que te vaya bien.

La pata de la raposa (Novela) · 第 18 / 66 题