CALÍGULA.

Eres negro y sutil. Tienes un modo

altivo de mirar la creación

como de aquel que lo desdeña todo

porque nada merece su atención.

Hace tiempo te tuvo fascinado

una beldad fosfórica y divina;

pero, ahora que el amor te está vedado

y puedes ser cantor de la Sixtina,

tu porte es displicente y ondulante.

Sólo amas la molicie, la quietud.

Eres un pirronista militante

que nada cree; ni en Dios, ni en la virtud.

Yo te paso la mano por el lomo;

y, de mi mano al caricioso influjo,

enarcándolo vas, airoso, como

arco latino de gentil dibujo.

Mas, no agradeces este gesto mío

que te llena de voluptuosidad.

No soy tu Dios. Dices, como el impío,

que todo se obra de casualidad.

Mírasme con pupila adormecida,

cargada de desdén y de fulgor.

Graciosamente enseñas que en la vida

comer, dormir, soñar es lo mejor.

Las cosas y los seres son lacayos

uncidos á tu propia bienandanza.

¡Si hasta piensas que el sol tiene sus rayos

tan sólo á fin de calentar tu panza!...

¡Oh, gato, aristocrático y divino!

¿Por qué no ha de existir en la razón

de tu sutil encéfalo felino

la clase de este mundo de ilusión?

Mas ¿no será tal vez tu escepticismo

engendro de tu espíritu amargado,

el sentirte, en el fondo de ti mismo,

un pobre tigre sin hacer, frustrado?

La pata de la raposa (Novela) · 第 17 / 66 题