Cómo vino el asno de micer Porfirio por corona, y se graduó de
bachiller, y dice entre sí mirando al Robusto, su asnico.
_Porfirio._ No hay en este mundo quien ponga mientes á los dichos
de los viejos, que si yo me recuerdo, siempre oí decir que ni fies
ni porfies, ni prometas lo incierto por lo cierto. Bien sé yo que
á este Robusto le falta lo mejor, que es el leer, y si en esto lo
examinan primero, no verán que sabe cantar, y ansí me lo desecharán
sin grado, y yo perderé mi apuesta. Robusto, canta ut, re, mi, fa,
sol, la, di comigo; más baxo, bellaco, otra vez comienza del la, sol,
fa, híncate de rodillas, abaxa la cabeza, di un texto entre dientes,
y luégo comerás, aza, aza, aza, ro, ro, ro, as, as, as, no, no, no,
ansí comed agora y sed limpio. ¡Oh Dios mio y mi Señor! ¿como Balan
hizo hablar á su asna, no haria Porfirio leer á su Robusto, que
solamente la paciencia que tuve cuando le corté las orejas me hace
tenelle amor? pues vestida la veste talar, y asentado y bello, como
tiene las patas como el asno de oro de Apuleyo, es para que le diesen
beneficios, cuanto más graduallo bacalario.
_Loz._ Señor Porfirio, véngase á cenar, y dígame qué pasion tiene, y
por qué está ansí pensoso.
_Porf._ Señora, no os oso decir mi pena y tormento que tengo, porque
temo que no me lo ternéis secreto.
_Loz._ No haya vuestra merced miedo, que yo jamas lo descubro.
_Porf._ Señora, bien que me veis ansí solo, no só de los ínfimos de
mi tierra, mas la honra me costriñe, que si pudiese querria salir con
una apuesta que con otros hice, y es que si venía á Roma con dinero,
que ordenaba mi Robusto de bacalario, y siendo venido y proveido de
dinero, y vezado á Robusto todas las cosas que han sido posible vezar
á un su par, y agora como veo que no sabe leer, no porque le falte
ingenio, mas porque no lo puede expremir por los mismos impedimentos
que Lucio Apuleyo, cuando siendo asno, retuvo siempre el intelecto de
hombre racional, por ende estoy mal contento, y no querria comer ni
beber, ni hacer cosa en que me fuese solacio.
_Loz._ Micer Porfirio, estad de buena gana, que yo os lo vezaré á
leer, y os daré órden que despachés presto para que os volvais á
vuestra tierra; id mañana, y haced un libro grande de pergamino, y
traédmelo, y lo vezaré á leer, é yo hablaré á uno que si le untais
las manos será notario, y os dará la carta del grado, y hacé vos con
vuestros amigos que os busquen un caballerizo que sea pobre y jóven,
y que tenga el seso en la bragueta, que yo le daré persona que se lo
acabe de sacar, y desta manera vencerémos el pleito, y no dubdeis que
de este modo se hacen sus pares bacalarios. Mirá, no le deis á comer
al Robusto dos dias, y cuando quisiere comer, metelde la cebada entre
las hojas, y ansí lo enseñarémos á buscar los granos y á boltar las
hojas, que bastará, y dirémos que está turbado, y ansí el notario
dará fe de lo que viere y de lo que cantando oyere. Y así _omnia per
pecuniam falsa sunt_, porque creo que basta harto que lleveis la fe,
que no os demandarán si lee en letras escritas con tinta ó con olio
ó iluminadas con oro, y si les pareciere la voz gorda, decí que está
resfriado, que es usanza de músicos, una mala noche los enronquece.
Asimismo, que _Itali ululant, Hispani plangunt, Gali canunt_. Que su
merced no es gallo, sino asno, como veis, que le sobra la sanidad.