Cómo la Lozana fué á su casa, y envió por un sastre, y se vistió del
paño que le dieron en casa del coronel, y lo que pasó con una boba, y
dice la Lozana:
_Loz._ ¿Dónde meteis esa leña? ¿y el carbon está abaxo? ¿mirastes
si era bueno? ¿sobistes arriba los barriles, los presutos y quesos?
¿contaste cuántas piezas de tela vinieron? ¿vistes si el olio está
seguro que no se derrame? pues andá, llamá á maestro Gil, no sea para
esotra semana, y mirá que ya comienzan las máxcaras á andar en torno,
estas carrastollendas tenemos de ganar; torná presto, porque presteis
esos vestidos á quien os lo pagáre. Veis, viene madona Pelegrina, la
simple, á se afeitar, aunque es boba siempre me da un julio, y otro
que le venderé de soliman serán dos. Entrá, ánima mia cara, ¿y con
este tiempo venís? ánima mia, dulce, saporida; mirá qué ojos y qué
dientes, bien parece que sois de buena parte. Bene mio, asentaos, que
venis cansada, que vos sois española por la vida, y podria ser, que
los españoles por do van siembran, que veinte años há que nos los
tenés allá por esa Lombardía, ¿estais gravida, mi señora?
_Pelegrina._ Señora, no, mas si vos, señora Lozana, me supiésedes
decir con qué me engravidase, yo os lo satisfaria muy bien, que no
deseo en este mundo otro.
_Loz._ ¡Ay ánima mia enzucarada! récipe lo que sé que es bueno, si
vos lo podeis hacer, tomá sábana de fraile que no sea quebrado, y
halda de camisa de clérigo macho, y rechincháoslas á las caderas con
uñas de sacristan marzolino, y veréis qué hijo haréis.
_Pel._ Señora Lozana, vos que sabeis en qué caen estas cosas, decíme,
¿qué quiere decir que cuando los hombres hacen aquella cosa se dan
tanta prisa?
_Loz._ Habeis de saber que me place, porque el discípulo que no
dubda ni pregunta, no sabrá jamas nada, y esta tierra hace los
ingenios sotiles y vivos, máxime vos, que sois de la Marca, muncho
más sabréis interrogando que no adevinando.
Habeis de saber que fué un emperador que, como viese que las mujeres
tenian antiguamente cobertera en el ojo de cucharica de plata, y los
hombres fuesen eunucos, mandó que de la cobertera hiciesen compañones
á los hombres, y como hay una profecía que dice Merlin que ha de
tornar cada cosa á su lugar, como aquellos al cufro de la mujer, por
eso se dan tanta priesa por no quedar sin ellos, y beata la mujer á
quien se le pegaren los primeros; por tanto, si vos me creeis, hacé
desta manera: alzá las nalgas y tomaldo á él por las ancas y apretá
con vos, y quedaréis con cobertera y preñada, y esto haced hasta que
acerteis.
_Pel._ Decíme, señora Lozana, ¿qué quiere decir que los hombres
tienen los compañones gordos como huevos de gallina, de paloma y de
golondrina, y otros que no tienen sino uno?
_Loz._ Si bien los mirastes, en ellos vistes las señales; habeis de
saber que los que no tienen sino uno perdieron el otro desvirgando
mujeres ancianas; y los que los tienen como golondrinas, se los han
disminuido malas mujeres, cuando sueltan su artillería y los que los
tienen como paloma, ésos te saquen la carcoma, y los que los tienen
como gallina es buena su manida.
_Pel._ Decíme, señora Lozana, ¿qué quiere decir que los mozos tienen
más fuerza y mejor que sus amos, por más hombres de bien que sean?
_Loz._ Porque somos las mujeres bobas, cierta cosa es que para dormir
de noche y para sudar no os haceis camisa sotil, que luégo destexe.
El hombre, si está bien vestido, contenta al ver, mas no satisface la
voluntad, y por esto valen más los mozos que sus amos en este caso; y
la camisa sotil es buena para las fiestas, y la gorda á la contínua;
que la mujer sin hombre es como fuego sin leña, y el hombre machucho
que la encienda y que coma torreznos, porque le haga los mamotretos
á sus tiempos, y su amo que pague el alquilé de la casa y que dé la
saya; y ansí pelallos, y popallos, y cansarlos, y despues de pelados,
dexallos enxugar.