Cómo la señora Imperia, partido el médico, ordenó de ir á la estufa
ella y la Lozana, y cómo encontraron á uno que decia Oliva, Oliva de
España, el cual iba en máscara, y dice la Imperia al médico:
_Imp._ ¿Qué se dice, maestro Arresto? ¿retozábades á la Lozana, ó
veramente haceis partido con ella que no os lleve los provechos? ya
lo hará si se los pagais, por eso ántes que se parta sed de acordo
con ella.
_Méd._ Señora, entre ella y mí el acuerdo sería que partiésemos
lo ganado y participásemos de lo porvenir, mas Rampin despriva á
munchos buenos que querian ser en su lugar; mas si la señora Lozana
quiere, ya me puede dar una espetativa en forma comun para cuando
Rampin se parta, que éntre yo en su lugar, porque, como ella dice:
no esté lugar vacío, la cual razon conviene con todos los filósofos,
que quieren que no haya lugar vacuo, y despues desto verná bien su
conjuncion con la mia, que, como dicen, segun que es la materia que
el hombre manca, ansí es más excelente el maestro que la opera;
porque cierta cosa es que más excelente es el médico del cuerpo
humano racional que no el albéitar, que medica el cuerpo irracional,
y más excelente el miembro del ojo que no el dedo del pié, y mayor
milagro hizo Dios en la cara del hombre ó de la mujer que no en todo
el hombre, ni en todo el mundo, y por eso no se halla jamas que una
cara sea semejante á otra en todas las partículas, porque si se
parece en la nariz no se parece en la barba, y así de singulis. De
manera que yo al cuerpo, y ella á la cara, como más excelente y mejor
artesana de caras que en nuestros tiempos se vido. Estariamos juntos,
y ganariamos para la vejez poder pasar, yo sin récipe, y ella sin
hic, et hec, et hoc, el alcohol, y amigos como de ántes, y beso las
manos á vuestra merced, y á mi señora Lozana la boca.
_Loz._ Yo la vuestra enzucarada, ¿qué me decis? cuando vos
quisiéredes regar mi manantío, está presto y á vuestro servicio, que
yo sería la dichosa.
_Imp._ Más vale asno que os lleve que no caballo que os derrueque, de
Rampin haceis vos lo que quereis, y sirve de todo, y dexá razones y
vamos á la estufa.
_Loz._ Vamos, señora, mas siempre es bueno saber, que yo tres ó
cuatro cosas no sé que deseo conocer, la una qué via hacen, ó qué
color tienen los cuernos de los hombres, y la otra querria leer lo
que entiendo, y la otra querria que en mi tiempo se perdiese el temor
y la vergüenza para que cada uno pida y haga lo que quisiere.
_Imp._ Eso postrero no entiendo, de temor y vergüenza.
_Loz._ Yo, señora, yo os lo diré; cierto es que si yo no tuviese
vergüenza, que cuantos hombres pasan querria que me besasen, y si no
fuese el temor, cada uno entraria y pediria lo vedado; mas el temor
de ser castigados los que tal hiciesen, no se atreven, porque la
ley es hecha para los transgresores, y así de la vergüenza, la cual
ocupa que no se haga lo que se piensa, y si yo supiese ó viese estas
tres cosas que arriba he dicho, sabria más que Juan Desperaendios.
De manera que cuantas putas me viniesen á las manos, les haria las
cejas á la chancilleresca, y á mi marido se los pornia verdes, que
significan esperanza, porque me metió el anillo de cuerno de búfalo,
y la cuarta que penitus inñoro es: ¿de quién me tengo de empreñar
cuando algo me empreñe? señora, vaya Jusquina delante y lleve los
aderezos. Vamos por aquí que no hay gente, señora, ¿ya comienzan
las máscaras? mire vuestra merced cuál va el bellaco de Hércoles
enmascarado; y Oliva, Oliva de España, aquí vienen y hacen quistion,
y van cantando: agora me vezo sonar de recio. Entre vuestra merced
y salgamos presto, que me vernán á buscar más de cuatro agora que
andan máxcaras, que aquí ganaré yo cualque ducado para dar la parte
á maestro Arresto, él debe trala, que medicó el asno, y mérito el
albarda, pues vaya á la horca, que no me ha de faltar hombre, aunque
lo sepa hurtar.