Cómo un médico familiar de la señora Imperia estuvo con la Lozana
hasta que salió de reposar la Imperia.
_Médico._ Decí, señora Lozana, ¿cómo os va?
_Loz._ Señor, ya veis, fatigar y no ganar nada; estóme en mi casa, la
soledad y la pobreza están mal juntas, y no se halla lino á comprar,
aunque el hombre quiera hilar, por no estar ociosa, que querria
hordir unos manteles, por no andar á pedir prestados cada dia.
_Méd._ Pues vos, señora Lozana, que haceis y dais mil remedios á
villanos, ¿por qué no les encargais que os traigan lino?
_Loz._ Señor, porque no tomo yo nada por cuanto hago, salvo presentes.
_Méd._ Pues yo querria más vuestros presentes que mi ganancia, que es
tan poca, que valen más las candelas que gasté estudiando que cuanto
he ganado despues endevinando pulsos; mas vos, ¿qué estudiastes?
_Loz._ Mirá que me aconteció ayer: vinieron á mi casa una mujer
piamontesa con su marido romañolo, y pensé que otra cosa era;
traxeron una llave de cañuto, la cual era llena de cera y no podian
abrir, y pensaron que estaban hechizados; rogáronme que lo viese yo,
yo hice lo que sabía, y diéronme dos julios, y prometiéronme una
gallina, que me truxeron hoy, y huevos con ella, y ansí pasaré esta
semana con este presente.
_Méd._ Pues decíme, señora Lozana, ¿qué hecistes á la llave, cualque
silogismo ó qué?
_Loz._ Yo os diré: como sacaron ellos la cera, no pudo ser que no
se pegase cualque poca á las paredes de la llave; fuí yo presto al
fuego, y escallentéla hasta que se consumió la cera, y vine abaxo, y
dísela, y dixe que todo era nada; fuéronse, y abrieron, y cabalgaron,
y ganéme yo aquel presente sofísticamente; decíme por qué no tengo
yo de hacer lo que sé, sin perjuicio de Dios y de las gentes; mirá,
vuestro saber no vale si no lo mostrais que lo sepa otrie; mirá,
señor, por saber bien hablar gané agora esta copica de plata dorada,
que me la dió su merced del coronel.
_Méd._ Ese bien hablar, adular, incóñito le llamo yo.
_Loz._ Señor Salomon, sabé que cuatro cosas no valen nada si no
son participadas ó comunicadas á menudo: el placer, y el saber,
y el dinero, y el coño de la mujer, el cual no debe estar vacuo,
segun la filosofía natural. Decíme, ¿qué le valdria á la Xerezana
su galanería si no la participase? ¿Ni á la Montesina su hermosura,
aunque la guardase otros sesenta años, que jamas muriese, si tuviese
su coño puesto en la guardaropa, ni á Madona Clarina sus riquezas,
si no supiese guardar lo que tiene? y á la señora Aviñonesa, ¿qué le
valdrian sus tratos si no los participase y comunicase con vuestra
merced y comigo, como con personas que ántes la podemos aprovechar?
¿qué otra cosa veis aquí? yo pierdo tiempo, que sé que en mi casa me
están esperando, y porque la señora sé que me ha de vestir á mí y á
mi criado, callo.
_Méd._ No puedo pensar qué remedio tener para cabalgar una mi vecina
lombarda; porque es casada y está preñada.
_Loz._ Dexá hacer á mí.
_Méd._ Si hacés como á la otra, mejor os pagaré.
_Loz._ Esto será más fácil cosa de hacer, porque diré que á la
criatura le faltan los dedos, que vuestra merced los hará.
_Méd._ Yo lo doy por hecho, que no es ésta la primera que vos sabés
hacer.
_Loz._ Yo os diré: son lombardas de buena pasta; fuíme esta semana
á una, y díxele, ¿cuándo viene vuestro marido, mi compadre? dice,
mañana; digo yo, ¿por qué no os is al baño y acompañaros he yo? fué,
y como era novicia, apañéle los anillos, y díle á entender que le
eran entrados en el cuerpo; fuíme á un mi compadre, que no deseaba
otra cosa, y díle los anillos, y dí órden que se los sacase uno á
uno; cuando fué al último ella le rogaba que le sacase tambien un
caldero que le habia caido en el pozo; en esto, el marido llamó,
dixo ella al marido: en toda vuestra vida me sacastes una cosa que
perdiese, como ha hecho vuestro compadre, que si no viniérades, me
sacára el caldero y la cadena que se cayó el otro dia en el pozo: él,
que consideró que yo habria tramado la cosa, amenazóme si no le hacia
cabalgar la mujer del otro; fuíme allá diciendo que era su parienta
muy cercana, á la cual demandé, diciendo que cuánto tiempo habia que
era preñada, y si su marido estaba fuera; dixo que de seis meses;
yo, astutamente, como quien ha gana de no verse en vergüenza, le dí
á entender la criatura no tener orejas ni dedos. Ella, que estimaba
el honor, rogóme que si lo sabía ó podia, que le ayudase, que sería
della pagada; aquí está, digo yo, el marido de la tal, que por mi
amor os servirá, y tiene excelencia en estas cosas; finalmente, que
hizo dedos y orejas, cosa por cosa; y venido su marido, ella lo
reprehende haber tan poca advertencia, ántes que se partiera, y no
dexar acabada la criatura. Desta manera podemos serviros, máxime, que
diciendo que sois físico eximio, pegará mejor vuestro engrudo.
_Méd._ No querria ir por lana, y que hiciésedes á mi mujer hallar una
saya que esotro dia perdió.
_Loz._ Por el sacrosanto saco de F, que quiero otro que saya de
vuestra merced.