Cómo platicaron la Lozana y Divicia de munchas cosas.
_Loz._ ¡Oh Divicia! ¿oiste nunca decir entre col y col lechuga?
¿sabes qué quiere decir afanar y guardar para la vejez? que más vale
dexar en la muerte á los enemigos, que no demandar en la vida á los
amigos.
_Div._ ¿Qué quieres decir?
_Loz._ Quiero decir que un hortelano ponia en una haza coles, y las
coles ocuparon todo el campo, y vino su mujer y dixo: marido, entre
col y col lechuga, y ansí este campo nos frutará lo que dos campos
nos habian de frutar; quiero decir que vos no deis lo que teneis, que
si uno no os paga, que os hagais pagar de otro doblado, para que el
uno frute lo que el otro goza; ¿qué pensais vos que ha de hacer aquel
nacido de aquellos cuchillos? jugallos ha, y así los perderéis.
_Div._ No perderé, que en los mismos cuchillos van dichas tales
palabras, que él tornará.
_Loz._ Ándate ahí, puta de Tesalia, con tus palabras y hechizos,
que más sé yo que no tú ni cuantas nacieron, porque he visto moras,
judías, zíngaras, griegas y cecilianas, que éstas son las que más se
perdieron en estas cosas, y vi yo hacer munchas cosas de palabras y
hechizos, y nunca vi cosa ninguna salir verdad, sino todas mentiras
fingidas, y yo he querido saber y ver y probar como Apuleyo, y en fin
hallé que todo era vanidad, y cogí poco fruto, y ansí hacen todas las
que se pierden en semejantes fantasías; decíme, ¿por qué pensais que
las palabras vuestras tienen efecto y llévaselas el viento? decíme,
¿para qué son las plumas de las aves, sino para volar? quitaldas y
ponéoslas vos, veamos si volaréis, y ansí las palabras dichas de la
boca de una ostinada vieja antigualla como vos; decíme, ¿no decis
que os aconteció ganar en una noche ciento y diez y ocho cuartos
abrochados? ¿por qué no les dexistes esas palabras, para que tornasen
á vos sin ganallos otra vez?
_Div._ Y vos los pelos de las cejas, y decis las palabras en
algarabía y el plomo con el cerco en tierra, y el orinal y la clara
de huevo, y dais el corazon de la gallina con agujas y otras cosas
semejantes.
_Loz._ A las bobas se dan á entender esas cosas, por comerme yo la
gallina, mas por eso vos no habeis visto que saliese nada cierto,
sino todo mentira, que si fuera verdad, más ganára que gallina, mas
si pega, pega.
_Div._ Quítame este pegote ó xáquima, que el barboquejo de la barba
yo me lo quitaré.
_Loz._ Pareces borrica enfrenada.
_Div._ Acaba presto, puta, que me muero de sed.
_Loz._ No bebas desa, que es del pozo.
_Div._ ¿Qué se me da?
_Loz._ Porque todos los pozos de Roma están entredichos, á efeto que
no se beba el agua dellos.
_Div._ ¿Por qué?
_Loz._ Era muy dulce de beber, y como venian los peregrinos y no
podian beber del rio, que siempre venía turbia ó sucia, demandaban
por las casas agua, y por no sacalla, no se la querian dar, los
pobres rogaron á Dios que el agua de los pozos no la pudiesen beber,
y ansí se gastaron, y es menester que se compre el agua tiberina de
los pobres, como veis, y tiene esta excelencia, que ni tiene color,
ni olor, ni sabor, y cuanto más estantiva ó reposada está el agua de
este rio Tíber, tanto es mejor.
_Div._ ¿Como yo?
_Loz._ No tanto, que hedería ó mufaría como el trigo y el vino
romanesco, que no es bueno sino un año, que no se puede beber el
vino como pasa de Setiembre, y el pan como pasa Agosto, porque no lo
guarden de los pobres, y si lo guardan, ni ellos ni sus bestias lo
pueden comer, porque si lo comen las gallinas mueren.
_Div._ Por tu vida y mia, que yo lo vi ogaño echar en el rio, y no
sabía por qué.
_Loz._ Porque lo guardaron para el diluvio, que habia de ser este año
en que estamos, de mill y quinientos y veinte y cuatro, y no fué.
_Div._ Hermana, ¿qué quieres que meta en estas apretaduras que
hierven en seco?
_Loz._ Mete un poco de agua, que la retama, y la xara, y los
marruvios y la piña, si no nadan en el agua no valen nada. No metas
de ésa, que es de rio y alarga, mete de pozo, que aprieta, y sacá un
poco y probá si os aprieta á vos, aunque teneis seis texaredecas, que
ya no os habia de servir ese vuestro sino de mear.
_Div._ Calla, puta de _quis vel qui_.
_Loz._ Y tú puta de tres cuadragenas ménos una.
_Div._ Calla, puta de candoque, que no vales nada para venderme ni
para ser rufiana.
_Loz._ A tal puta tal rufiana; ves, viene Aparicio tu padrino.
_Div._ ¿Cuál? ¿Valderas el malsin? Es de nuestra cofradía.
_Loz._ ¿Cofradía tenés las putas?
_Div._ ¿Y agora sabes tú que la cofradía de las putas es la más noble
cofradía que sea, porque hay de todos los linajes buenos que hay en
el mundo?
_Loz._ Y tú eres la priosta, va que te llama, y dexa subir aquella
otra puta vieja rufiana sarracina con su batirrabo, que por
apretaduras verná.
_Div._ Subí, madre, que arriba está la señora Lozana.
_Loz._ Vení acá, madona Doméstica, ¿qué buscais?
_Doméstica._ Hija mia, habés de saber que cerca de mi casa está
una pobre mochacha, y está vírgen, la cual si pudieses ó supiésedes
cualque español hombre de bien que la quisiese, que es hermosa,
porque le diese algun socorro para casalla.
_Loz._ Vieja mala escanfarda, ¿qué español ha de querer tan gran
cargo de corromper una vírgen?
_Dom._ Esperá, que no es muncho vírgen, que ya ha visto de los otros
hombres, mas es tanto estrecha que parece del todo vírgen.
_Loz._ A tal persona podrias engañar con tus palabras ante pensadas,
que te chinfarase á tí y á ella, ¡oh, hi de puta! ¿y á mí te vienes,
que so matrera? Mirá qué zalagarda me traia pensada, va con Dios, que
tengo que hacer.
_Div._ ¿Qué queria aquella mala sabandija?
_Loz._ Tres bayoques de apretaduras, ansí la azoten, conmigo quiere
ganar, que la venderé yo por más vieja astuta que sea.
_Div._ A casa de la Celidonia va.
_Loz._ ¿Qué más Celidonia ó Celestina que ella? Si todas las
Celidonias ó Celestinas que hay en Roma me diesen dos carlines al
mes, como los médicos de Ferrara al Gonela, yo sería más rica que
cuantas mujeres hay en esta tierra.
_Div._ Decíme eso de Gonela.
_Loz._ Demandó Gonela al Duque que los médicos de su tierra le diesen
dos carlines al año, el Duque, como vido que no habia en toda la
tierra arriba de diez, fué contento, el Gonela, ¿qué hizo? atóse
un paño al pié y otro al brazo, y fuése por la tierra, cada uno le
decia, ¿qué tienes? y él le respondia, tengo hinchado esto, é luégo
le decian, va, toma la tal hierba y tal cosa, y póntela y sanarás,
despues escrebia el nombre de cuantos le decian el remedio, y fuése
al Duque, y mostróle cuantos médicos habia hallado en su tierra,
y el Duque decia: ¿Has tú dicho la tal medicina á Gonela? el otro
respondia, señor, sí; pues pagá dos carlines, porque sois médico
nuevo en Ferrara: así querría yo hacer por saber cuántas Celidonias
hay en esta tierra.
_Div._ Yo os diré cuantas conozco yo, son treinta mill putanas y
nueve mill rufianas sin vos, contaldas. ¿Sabeis, Lozana, cuánto me
han apretado aquellas apretaduras? hanme hecho lo mio como bolsico
con cerraderos.
_Loz._ ¿Pues qué, si metieras de aquellas sorbas secas dentro? no
hubiera hombre que te lo abriera por más fuerza que tuviera, aunque
fuera micer puntiagudo, y en medio arcudo, y al cabo como el muslo.
_Div._ Yo querria, Lozana, que me rapases este pantano, que quiero
salir á ver mis amigos.
_Loz._ Espera que venga Rampin, que él te lo raerá como frente de
calvo. No viene ninguna puta, que deben xabonar el bien de Francia;
dime, Divicia, ¿dónde comenzó ó fué el principio del mal frances?
_Div._ En Rapolo, una villa de Génova, y es puerto de mar, porque
allí mataron los pobres de San Lázaro, y dieron á saco los soldados
del rey Carlo Cristianísimo de Francia aquella tierra y las casas de
San Lázaro, y uno que vendió un colchon por un ducado, como se lo
pusieron en la mano, le salió una buba ansí redonda como el ducado,
que por eso son redondas, despues aquél lo pegó á cuantos tocó con
aquella mano, y luégo incontinenti se sentian los dolores acerbísimos
y lunáticos, que yo me hallé allí y lo vi, que por eso se dice el
Señor te guarde de su ira, que es esta plaga que el sexto ángel
derramó sobre casi la metad de la tierra.
_Loz._ ¿Y las plagas?
_Div._ En Nápoles comenzaron, porque tambien me hallé allí cuando
dicien que habian enfecionado los vinos y las aguas, los que las
bebian luégo se aplagaban, porque habian echado la sangre de los
perros y de los leprosos en las cisternas y en las cubas, y fueron
tan comunes y tan invisibles, que nadie pudo pensar de donde
procedian. Munchos murieron, y como allí se declaró y se pegó, la
gente que despues vino de España llamábanlo mal de Nápoles, y éste
fué su principio, y este año de veinte y cuatro son treinta é seis
años que comenzó. Ya comienza á aplacarse con el legño de las Indias
Occidentales, cuando sean sesenta años que comenzó, al hora cesará.