Lo que pasan entre todos tres, y dice la Lozana á Divicia.
_Loz._ Ay cómo vienes fresca puta, haste dado solacio y buen tiempo
por allá, ¿y los dientes de plata? ¿qué son dellos?
_Divicia._ Aquí los traigo en la bolsa que me hicieron éstos de hueso
de ciervo, y son mejores, que como con ellos.
_Loz._ ¡Por la luz de Dios, que se te parece la feria! ¿chamelotes
son ésos y qué?
_Div._ Mira, hermana, más es el deseo que traigo de verte, que
cuanto gané; siéntate y comamos, que por el camino coheché estas dos
liebres; dime, hermana, ¿quién es este que sube?
_Loz._ Un hombre de bien, que comerá con nosotras.
_Sag._ Esté norabuena esta galan compañía.
_Loz._ Mira, Sagüeso, qué pierna de puta y vieja.
_Div._ Está quéda, puta Lozana, que no lo conozco, y quieres que me
vea.
_Loz._ Mira qué ombligo, por el siglo de tu padre, que se lo beses;
mira qué duro tiene el vientre.
_Sag._ Como hierba de cien hojas.
_Loz._ Mira si son sesenta años éstos.
_Div._ Por cierto que paso, que cuando vino el rey Carlo á Nápoles,
que comenzó el mal incurable el año de mil y cuatrocientos y ochenta
y ocho, vine yo á Italia, y agora estoy consumida del cabalgar, que
jamas tengo ya de salir de Roma sino para mi tierra.
_Loz._ Anda, puta refata; ¿agora quieres ir á tu tierra á que te
digan puta jubilada, y no querrán que traigas mantillo? si no vernia,
gózate, puta, que agora viene lo mejor, y no seas tú como la otra,
que decia despues de cuarenta años que habia estado á la mancebía: si
de aquí salgo con mi honra, nunca más al burdel, que ya estoy harta.
_Sag._ Agora está vuestra merced en el adolescencia, que es cuando
apuntan las barbas, que en vuestra puericia otrie gozó de vos, y
agora vos de nos.
_Div._ ¡Ay, señor, que tres enfermedades que tuve siendo niña me
desmedraron! porque en Medina ni en Búrgos no habia quien se me
comparase, pues en Zaragoza más ganaba yo que puta que fuese en
aquel tiempo, que por excelencia me llevaron al publique de Valencia,
y allí combatieron por mí cuatro rufianes y fuí libre, y desde
entónces tomé reputacion, y si hubiese guardado lo ganado, ternía más
riquezas que Feliciana.
_Sag._ Harta riqueza teneis, señora, en estar sana.
_Loz._ Yo queria saber cuánto há que no comí salmorejo mejor hecho.
_Sag._ De tal mano está hecho, y por Dios, que no me querria morir
hasta que comiese de su mano una capirotada ó una lebrada, aunque en
esta tierra no se toma sabor ni en el comer ni en el hoder, que en mi
tierra es más dulce que el cantar de la serena.
_Div._ Pues yo os convido para mañana.
_Sag._ Mi sueño ensuelto.
_Loz._ ¿Quiéreslo vender?
_Sag._ No, voto á Dios.
_Loz._ Guarda, que tengo buena mano, que el otro dia vino aquí un
escobador de palacio, y dixo que soñó que era muerto un canónigo
de su tierra, y estaba allí un solicitador, y hice yo que se lo
comprase, y que le dixese el nombre del canónigo que soñó, y fué
el solicitador, y demandó este canonigado, y diéronselo, y á cabo
de quince dias vino el aviso al escobador, y teníalo ya el otro y
quedóse con él, y yo con una caparela.
_Sag._ Dexáme beber, y despues hablarémos.
_Loz._ Siéntate para beber, que te temblarán las manos.
_Sag._ ¿Y deso viene el temblar de las manos? no lo sabía; y cuando
tiembla la cabeza ¿de qué viene?
_Loz._ Eso viene de hacer aquella cosa en pié.
_Sag._ ¡Oh, pese á tal! ¿y si no puede habello el hombre de otra
manera?
_Loz._ Dime, Sagüeso, ¿por qué no estás con un amo, que te haria bien?
_Sag._ ¿Qué mejor amo que tenellos á todos por señores, y á vos y á
las putas por amas, que me den leche, y yo á ellas suero? yo, señora
Lozana, soy gallego, y criado en Mogollon, y quiero que me sirvan á
mí, y no servir á quien cuando esté enfermo me envie al hospital, que
yo me sé ir sin que me envien; yo tengo en Roma sesenta canavarios
por amigos, que es revolucion por dos meses.
_Loz._ Mira cómo se te durmió Divicia encima de la pierna.
_Sag._ Mira la mano dó la tiene.
_Loz._ Fuésele ahí, es señal que te quiere bien, tómala tú, y llévala
á esotra cámara y échala sobre el lecho, que su usanza es dormir
sobre el pasto; espera, te ayudaré yo, que pesa.
_Sag._ ¡Oh pese á mí, que no me la llevaré espetada por más pesada
que sea, cuanto más que estoy tan usado, que se me antoja que no pesa
nada! ¿cómo haré, señora Lozana, que me duermo todo? ¿quereis que me
éntre en vuestra cámara?
_Loz._ Échate cabe ella, que no se espantará.
_Sag._ Mirá que me llameis, porque tengo de ir á nadar, que tengo
apostado que paso dos veces el rio sin descansar.
_Loz._ Mira no te ahogues, que este Tíber es carnicero como Tórmes, y
paréceme que tiene éste más razon que no el otro.
_Sag._ ¿Por qué éste más que los otros?
_Loz._ Has de saber que esta agua que viene por aquí era partida
en munchas partes, y el emperador Temperio quiso juntarla y que
viniese toda junta, y por más excelencia quiso hacer que jamas no
se perdiese ni faltase tan excelente agua á tan magnífica cibdad,
y hizo hacer un canal de piedras y plomo debaxo á modo de artesa,
y hizo que de milla á milla pusiesen una piedra, escrito de letras
de oro su nombre, Temperio, y andaban dos mil hombres en la labor
cada dia; y como los arquimaestros fueron á la fin que llegaban á
Ostia Tiberina, ántes que acabasen vinieron que querian ser pagados.
El Emperador mandó que trabajasen sin entrar en la mar, ellos no
querian, porque si acababan, dubitaban lo que les vino, y demandaron
que les diese su hijo primogénito, llamado Tiberio, de edad de diez
y ocho años, porque de otra manera no les parecia estar seguros, el
Emperador se lo dió, y por otra parte mandó soltar las aguas, y ansí
el agua con su ímpetu los ahogó á maestros y laborantes y al hijo, y
por esto dicen que es y tiene razon de ser carnicero Tíber á Tiberio,
por eso guárdate de nadar, no pagues la manifatura.
_Sag._ Eso que está escrito, no creo que lo leyese ningun poeta, sino
vos, que sabeis lo que está en las honduras, y Lebrixa lo que está
en las alturas, excepto lo que estaba escrito en la fuerte peña de
Mártos, y no alcanzo á saber el nombre de la cibdad que fué allí
edificada por Hércules, sacrificando al dios Marte, y de allí le
quedó el nombre Mártos á Marte fortísimo. Es esta peña hecha como un
huevo, que ni tiene principio ni fin, tiene medio como el planeta que
se le atribuye estar en medio del cielo, y señorear la tierra, como
al presente, que no reina otro planeta en la Italia; mas vos, que
sabeis, decidme qué hay debaxo de aquella peña tan fuerte.
_Loz._ En torno della te diré que no hay cosa mala de cuantas Dios
crió sobre la tierra, porque en todas las otras tierras hay en partes
lo que allí hay junto, como podrás ver, si vas allá, que es buena
tierra para forasteros como Roma.
_Sag._ Todo me duermo, perdóname.
_Loz._ Guarda, no retoces esa rapaceja.
_Sag._ ¡Cómo duerme su antigüedad!
_Loz._ Quiero entender en hacer aguas y olios, porque mañana no me
darán hado ni vado, que se casan ocho putas, y Madona Septuaginta
querrá que yo no me parta della para decille lo que tiene de hacer;
ya es tarde, quiero llamar aquel caxca-frenos, porque, como dicen, al
bueno porque te honre, y á este tal porque no me deshonre, que es un
atreguado y se sale con todo cuanto hace, ya me parece que los siento
hablar.
_Div._ ¡Ay Sagüeso! ¿qué me has hecho, que dormia?
_Sag._ De la cintura arriba dormiades, que estábades quieta.
_Div._ La usanza es casi ley, soy usada á mover las partes inferiores
en sintiendo una pulga.
_Sag._ ¡Oh, pese al verdugo! ¿y arcando con las nalgas oxeais las
pulgas?
_Div._ Si lo que me heciste durmiendo me quieres reiterar, yo te daré
un par de cuchillos que en tu vida los viste tan lindos.
_Sag._ Sé que no só dacero, mostrá los cuchillos.
_Div._ Velos aquí, y si tú quieres, en tanto que no tienes amo vén,
que yo te haré triunfar, y mira por mí, y yo por lo que tú has
menester.
_Sag._ ¿Os contento donde os llego? no será hombre que así os dé en
lo vivo como yo; quedá norabuena. Señora Lozana, ¿mandais en qué os
sirva?
_Loz._ Que no nos olvideis.
_Div._ No hará, que yo le haré venir aunque esté en cabo del mundo.
_Loz._ Siéntate, puta hechicera, que más verná por comer que por
todos tus encantes.