Cómo la Lozana encontró, ántes que entrase en su casa, con un
vagamundo, llamado Sagüeso, el cual tenía por oficio jugar y cabalgar
de balde, y dice:
_Sagüeso._ Si como yo tengo á Celidonia la del vulgo de mi mano,
tuviese á esta traidora colmena de putas, yo sería duque del todo,
mas aquel acemilon de su criado es causa que pierda yo y otros tales
el susidio desta alcatara de putas y alcancía de bobas y alambique de
cortesanas. Juro á Dios que la tengo de hacer dar á los leones, que
quiero decir que Celidonia sabe más que no ella, y es más rica y vale
más, aunque no es maestra de enxambres.
_Loz._ ¿Dónde is vos por aquí? ¿hay algo que malsinar ó que baratar?
ya es muerto el duque Valentin, que mantenia los haraganes y
vagamundos.
_Sag._ Señora Lozana, siempre lo tovistes de decir lo que quereis;
es porque demostrais el amor que teneis á los vuestros servidores,
máxime á quien os desea servir hasta la muerte. Vengo, que me
arrastran estas cejas.
_Loz._ Agora te creo ménos, yo deseo ver dos cosas en Roma ántes que
muera, y la una es que los amigos fuesen amigos en la prosperidad
y en la adversidad, y la otra, que la caridad sea exercitada, y no
oficiada, porque, como veis, va en oficio y no en exercicio, y nunca
se ve sino escrita ó pintada, ó por oidas.
_Sag._ En eso y en todo teneis razon; mas ya me parece que la señora
Celidonia os sobrepuja casi en el todo, porque en el vulgo no hay
casa tan frecuentada como la suya, y está rica, que no sabe lo que
tiene, que ayer solamente, porque hizo vender un sueño á uno, le
dieron de corretaje cuatro ducados.
_Loz._ ¿Sabes con que me consuelo? con lo que dixo Rampin, mi criado,
que en dinero y en riquezas me pueden llevar, mas no en linaje ni en
sangre.
_Sag._ Voto á mí, que teneis razon; mas para saber lo cierto, será
menester sangrar á todas dos, para ver cuál es mejor sangre, pero una
cosa veo, que tiene gran fama, que dicen que no es nacida ni nacerá
quien se la pueda comparar á la Celidonia, porque Celestina la sacó
de pila.
_Loz._ Deso me querria yo reir, de la puta cari-acuchillada en la
cuna, que no me fuese á mí tributaria la puta vieja otogenaria; será
menester hacer con ella como hicieron los romanos con el pópulo de
Hierusalem.
_Sag._ ¿Qué, por vuestra vida, señora Lozana?
_Loz._ Cuando los romanos vencieron y señorearon toda la tierra de
Levante, ordenaron que en señal de tributo, les enviasen doce hijos
primogénitos, los cuales, viniendo muy adornados de joyas y vestidos,
traian sus banderas en las manos, y por armas un letrero que decia
en latin: _Quis major unquam Israel_, y ansí lo cantaban los niños
hierosolimitanos, los romanos, como sintieran la cancion, hicieron
salir sus niños vestidos á la antigua, y con las banderas del Senado
en las manos, y como los romanos no tenian sino una † blanca en campo
roxo, que Constantino les dió por armas, hacen poner debaxo de la †
una S. y una P. y una R., de manera que, como ellos decian, ¿quién
fué jamas mayor que el pueblo israelítico? estotros les respondieron
con sus armas, diciendo: _Senatus Populusque Romanus_; ansí que,
como vos decís, que quién se halla mayor que la Celidonia, yo digo:
Lozana y Rampin en Roma.
_Sag._ Por vida del gran maestro de Ródas, que me convideis á comer
sólo por estar debaxo de vuestra bandera.
_Loz._ ¿Por qué no? entrá en vuestra casa y mia, y de todos los
buenos, que más ventura teneis que seso, pero entrá cantando: ¿Quién
mayor que la Celidonia? Lozana y Rampin en Roma.
_Sag._ Soy contento, y áun bailar como oso en colmenar, alojado á
discrecion.
_Loz._ Calla, loco, caxcos de agua, que está arriba madona Divicia, y
alojarás tu caballo.
_Sag._ Beso las manos de sus alfardillas, que, voto á Dios, que os
arrastra la caridad como gramalla de luto.
_Loz._ Y á tí la ventura, que naciste de pié.
_Sag._ Voto á mí que nací con lo mio delante.
_Loz._ Bien se te parece en ese remolino, cierra la puerta y sube
pasico, y ten discrecion.
_Sag._ Así goce yo de vos, que esta mañana me la hallé, que me sobra
y se me cae á pedazos.