Cómo vinieron diez cortesanas á se afeitar, y lo que pasaron, y
despues otras dos casadas sus amigas, camiseras.
_Dorotea._ Señora Lozana, más cara sois vos de haber, que la muerte
cuando es deseada, mirá cuántas venimos á serviros, porque vos no os
dexais ver despues que os enriquecistes, y habemos de comer y dormir
todas con vos.
_Loz._ Sea norabuena, que cuando amanece, para todo el mundo amanece,
¿quién diria de no á tales convidadas? por mi vida, que se os parece
que estais pellejadas de mano de otrie que de la Lozana, así lo
quiero yo, que me conozcais, que pagais á otrie bien por mal pelar;
por vida de Rampin, que no tengo de perdonar á hija de madre, sino
que me quiero bien pagar. Mirá qué ceja ésta, no hay pelo con pelo,
y quien gastó tal ceja como ésta, por vida del Rey, que merecia una
cuchillada por la cara, porque otra vuelta mirase lo que hacia, mirá
si hubiera un mes que yo estuviera en la cama, cuando en quince dias
os han puesto del lodo; y vos, señora, ¿qué paño es ese que teneis?
ésa agua fuerte y soliman crudo fué, y vuestra prima ¿qué es aquello
que todos los cabellos se le salen? la Judía anda por aquí, no me
curo, que por eso se dice á rio vuelto ganancia de pescadores; vení
acá vos, ¿qué manos son ésas? entrá allá, y dáme aquel botecillo
de oro, y manos eran éstas para dexar gastar, tomá y teneldo hasta
mañana, y veréis qué manos sacaréis; el domingo, si estuviera aquí
mi criado, enviaré á comprar ciertas cosas para vosotras, mas torná
por aquí, que yo lo enviaré á comprar si me dexais dineros, que á
deciros la verdad, éstos que me habeis dado bien los he ganado, y áun
es poco, que cuando os afeito cada sábado me dais un julio y agora
merecia dos, por haber emendado lo que las otras os gastaron.
_Teresa Narbaez._ Mirá bien y contá mejor, que no hay entre todas
nosotras quien os haya dado ménos de dos.
_Loz._ Bien, mas no contais vosotras lo que yo he puesto de mi casa,
á vos aceite de adormideras y ólio de almendras amargas perfectísimo,
y á ella unto de culebra, y á cada una segund vi que tenía menester;
por mi honra que quiero que las que yo afeito vayan por todo el mundo
sin vergüenza y sean miradas; por el siglo de vuestro padre, señora
Dorotea, ¿qué os parece qué cara llevan todas? y á vos cómo se os ha
pasado el fuego que traiades en la cara con el ólio de calabaza que
yo os puse; id en buen hora, que no quiero para con vosotras estar en
un ducado, que otro dia lo ganaré que vernés mejor apercebidas.
_Narbaez._ ¡Oh qué cara! ¿es éste diablo? ésta y nunca más, si las
jodías me pelan por medio carlin, ¿por qué ésta ha de comer de mi
sudor? pues ántes de un año Teresa Narbaez quiere saber más que no
ella.
_Loz._ ¿Quién son estas que vienen á la romanesca, que ya acá vienen?
_Leonor._ Abrí, puta vieja, que á saco os tenemos de dar, ¿paréceos
bien que há un mes que no visitais á vuestras amigas? en puntos
estamos de daros de masculillo, ¡hay qué gorda está esta putana! bien
parece que come y bebe y triunfa, y tiene quien bien la cabalgue
para el otro mundo.
_Loz._ Tomá una higa, porque no me ahojeis, ¿qué viento fué este que
por acá os echó? mañana queria ir á Pozoblanco á veros.
_Leon._ Mirá, hermana, tenemos de ir á unas bodas de la hija de
Paniagua con el Izquierdo, y no valemos nada sin tí, tú has de poner
aquí toda tu ciencia, y más que no puedo comportar á mi marido los
sobacos, dame cualque menjunge que le ponga, y vézanos á mí y á esta
mi prima como nos rapemos los pendejos, que nuestros maridos lo
quieren ansí, que no quieren que parezcamos á las romanas que jamas
se los rapan, y págate á tu modo, ves aquí cinco julios, y despues te
enviarémos el resto.
_Loz._ Las romanas tienen razon, que no hay en el mundo mujeres tan
castas ni tan honestas; andá, quitá allá vuestros julios, que no
quiero de vosotras nada, enviá á comprar lo que es necesario, y dexá
poner á mí el trabajo.
_Leon._ Pues sea ansí, enviemos á vuestro mozo que lo compre.
_Loz._ Bien será menester otro julio, que no se lo darán ménos de
seis.
_Leon._ Tomá, veis ahí, vaya presto.
_Loz._ ¿Cómo estais por allá? por acá muy ruinmente lo pasamos, por
mí lo digo que no gano nada, mejor fuera que me casára.
_Leon._ ¡Ay, señora, no lo digais, que sois reina ansí como estais!
¿sabeis que decia mi señor padre? en requia sea su alma, que la mujer
que sabía texer era esclava á su marido, y quel marido no la habia
de tener sujeta sino en la cama, y con esto nos queremos ir, que es
tarde, y el Señor os dé salud á vos y á Rampin, y os lo dexe ver
Barrachel de campaña, Amén.
_Loz._ Ansí veais de lo que más quereis, que si no fuera aquella
desgracia quel otro dia le vino, ya fuera él alcalde de la hermandad
de Belitre, y si soy viva el año que viene, yo lo haré porqueron de
Bacano, que no le falta ánimo y manera para ser eso y más; andad
sanas y encomendáme toda la ralea.