MAMOTRETO XLIX.

Cómo vinieron á llamar á la Lozana que fuese á ver un gentil-hombre

nuevamente venido, que estaba malo, y dice ella entre sí, por las que

se partieron:

_Loz._ Yo doy munchas gracias á Dios porque me formó en Córdoba más

que en otra tierra, y me hizo mujer sabida y no bestia, y de nacion

española y no de otra; miraldas cuáles van despues de la Ceca y

la Meca y la Valdandorra, por eso se dice, sea marido aunque sea

de palo, que por ruin que sea es marido; éstas están ricas, y no

tienen sus maridos, salvo el uno una pluma y el otro una aguja, y

trabajar de dia y de noche, porque se den sus mujeres buen tiempo,

y ellos trampear, y de una aguja hacer tres y ellas al reves; yo me

recuerdo haber oido en Levante á los christianos de la cintura, que

contaban cómo los moros reprendian á los christianos en tres cosas:

la primera que sabian escrebir y daban dineros á notarios y á quien

escribiese sus secretos, y la otra que daban á guardar sus dineros

y hacian ricos á los cambiadores, la otra, que hacian fiesta la

tercera parte del año, las cuales son para hacer al hombre siempre en

pobreza, y enriquecer á otrie que se rie de gozar lo ajeno, y no me

curo, porque, como dicen, no hay cosa nueva debaxo del sol; querria

poder lo que quiero, pero como dixo Séneca, gracias hago á este señal

que me dió mi fortuna, que me costriñe á no poder lo que no debo de

querer, porque de otra manera yo haria que me mirasen con ojos de

alinde.

_Ramp._ ¿Qué haceis? mirá que os llama un mozo de un novicio bisoño.

_Loz._ Vení arriba, mi alma, ¿qué buscais?

_Herjeto._ Señora, á vuestra merced, porque su fama vuela.

_Loz._ ¿De qué modo, por vida de quien bien quereis? que vos nunca lo

hecistes sosegadamente, que el aire os lo da, y si no os diese cien

besos en esos ojos negros, mi rey, decíme y ¿quién os dixo mal de mí?

_Herj._ Señora, en España nos dixeron mill bienes de vuestra merced,

y en la nao unas mujeres que tornan acá con unas niñas que quedan en

Civita Vieja, y ellas rezan á las niñas vuestro nombre, porque si se

perdieren, que vengan á vos, porque no tienen otro mamparo y vienen

á ver el año santo, que segun dicen han visto dos, y con éste serán

tres, y creo que esperan el otro por tornar contentas.

_Loz._ Deben de ser mis amigas, y por eso saben que mi casa es

alhóndiga para servirlas, y habrán dicho su bondad.

_Herj._ Señora Lozana, mi amo viene de camino y no está bueno, él os

ruega que le vais á ver, que es hombre que pagará cualquier servicio

que vuestra merced le hiciere.

_Loz._ Vamos, mi amor, á vos, digo, Rampin, no os partais, que habeis

de dar aquellos trapos á la galan portuguesa.

_Ramp._ Sí haré, vení presto.

_Loz._ Mi amor, ¿dó posais?

_Herj._ Señora, hasta agora yo y mi amo habemos posado en la posada

del señor don Diego ó Santiago á dormir solamente, y comer en la

posada de Bartolero, que siempre salimos sospirando de sus manos;

pero tienen esto, que siempre sirven bien, y allí es otro estudio

de Salamanca, y otra Sapiencia de París, y otras Gradas de Sevilla,

y otra Lonja de Valencia, y otro Drageto ó Rialto en Venecia, y

otra barbería de cada tierra, y otro Chorrillo de Nápoles, que más

nuevas se cuentan allí que en ninguna parte destas que he dicho,

por munchas que se digan en Bancos. En fin, hemos tenido una _vita

dulcedo_, y agora mi amo está aquí en casa de una que creo que tiene

bulda firmada de la Cancillería de Valladolid, para decir mentiras y

loarse, y decir que fué y que fué, y voto á Dios que se podia decir

de quince años como Elena.

_Loz._ ¿Y á qué es venido vuestro amo á esta tierra?

_Herj._ Señora, por corona; decíme, señora, ¿quién es aquella galan

portuguesa que vos dexistes?

_Loz._ Fué una mujer que mandaba en la mar y en la tierra, y señoreó

á Nápoles, tiempo del gran Capitan, y tuvo dineros más que no quiso,

y vesla allí asentada demandando limosna á los que pasan.

_Herj._ Aquélla el temor me pone á mí, cuanto más á las que ansí

viven, y mirá, señora Lozana, como dicen en latin: _Non proposuerunt

Deum ante conspectum suum_, que quiere decir que no pusieron á Dios

las tales delante á sus ojos, y nótelo vuestra merced esto.

_Loz._ Sí haré, entremos presto, que tengo que hacer. ¿Aquí posais

casa desa puta vieja, lengua doca?

_Herj._ Doña Ines, zagala como espada del Cornadillo.

_Loz._ Ésta sacó de pila á la doncella Teodor.

Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma. · 第 57 / 86 题