Una respuesta que hace este Silvano, su conocido de la Lozana.
_Silv._ Por mi vida, señora Lozana, que creo que si fuérades vos la
misma teoría no dixérades más de lo dicho, mas quiero que sepais que
la taberna meritoria para esas señoras ya está hecha archihospital,
y la honra, ayuda y triunfo que ellas dan al Senato es como el
grano que siembran sobre las piedras, que como nace se seca, y si
oistes decir que antiguamente cuando venía un romano ó emperador
con victoria, lo llevaban en un carro triunfante por toda la ciudad
de Roma, y esto era gran honra, y en señal de forteza una corona de
hojas de roble, y él asentado encima, y si alguna señal tenía de las
heridas que en las batallas y combates hobiese rescebido, la mostraba
públicamente, de manera que entónces el carro y la corona y las
heridas eran su gloria, y despues su renombre, fama y gloria. ¿Qué
mejor ni más largo os lo puedo yo dar á entender, señora Lozana, de
lo que vos misma podeis ver? que como se hacen francesas ó grimanas,
es necesario que en muerte ó en vida vayan á Santiago de las
Carretas, y allí el carro y la corona de flores y las heridas serán
su mérito y renombre á las que vernán, las cuales tomarán _audibilia
pro visibilia_; ansí que, señora Lozana, á vos no ha de faltar sin
ellas de comer, que ayer hablando con un mi amigo hablamos de lo que
vos alcanzais á saber, porque me recordé cuando nos rompistes las
agallas á mí y á cuantos estábamos en el banco de ginoveses.
_Loz._ Y si entónces las agallas, agora los agallones, y oidme dos
razones.