Cómo fué otro dia á visitarla este su conocido Silvano, y las cosas
que allí contaron.
_Silv._ Señora Lozana, no se maraville, que quien viene no viene
tarde, y el deseo grande vuestro me ha traido, y tambien por ver si
hay páxaros en los nidos de antaño.
_Loz._ Señor, nunca faltan palomas al palomar, y á quien bien os
quiere no le faltarán palominos que os dar.
_Silv._ No sean de camisa, que todo cuanto vos me decis os creo, Dios
os bendiga, que gorda estais.
_Loz._ Hermano, como á mis expesas y sábeme bien, y no tengo envidia
al Papa, y gánolo, y osténtolo, y quiéromelo gozar y triunfar, y
mal año para putas, que ya las he dado de mano, que por la luz de
Dios, que si me han menester, que vienen cayendo, que ya no soy la
que solia; mirá qué casa, y en qué lugar, y qué paramentos, y qué
lecho que tengo, salvo que ese bellaco me lo gasta cada noche que no
duerme seguro, y yo que nunca estoy queda, y vos que me entendeis
que somos tres; hi, hi, acordaisos de aquellos tiempos pasados
cómo triunfábamos, y habia otros modos de vivir, y eran las putas
más francas, y los galanes de aquel tiempo no compraban oficios ni
escuderatos como agora, que todo lo expendian con putas y en placeres
y convites, agora no hay sino maullantes overo, como dicen en esta
tierra, totivento, que todo el año hacen hebrero, y ansí se pasan, no
como cuando yo me recuerdo que venía yo cada sábado con una docena
de ducados ganados en ménos tiempo que no há que venistes, y agora
cuando traigo doce julios es muncho, pues Sábado Santo me recuerdo
venir tan cansada, que estaba toda la Pascua sin ir á estaciones,
ni á ver parientas ni amigas, y agora este Sábado Santo con negros
ocho ducadillos me encerré, que me maravillo cómo no me ahorqué,
pues las navidades de aquel tiempo, los aguinaldos y las manchas
que me daban como agora cierto, nunca tan gran estrechura se vido
en Cataluña ni en Florencia como agora hay en Roma; y si mirais en
ello, entónces traian unas mangas bobas, y agora todos las traen á la
perdalesca, no sé, por mí lo digo, que me maravillo cómo pueden vivir
munchas pobres mujeres que han servido esta córte con sus haciendas
y honras, y puesto su vida al tablero por honrar la córte y pelear y
batallar, que no las bastaban puertas de hierro, y ponian sus copos
por broquel y sus oidos por capacetes, combatiendo á sus expesas
y á sus acostamientos de noche y de dia, y agora ¿qué mérito les
dan? salvo que unas rotos sus brazos, otras gastadas sus personas y
bienes, otras señaladas y con dolores, otras paridas y desmamparadas,
otras que siendo señoras son agora siervas, otras estacioneras,
otras lavanderas, otras estableras, otras cabestro de símiles, otras
alcahuetas, otras parteras, otras cámara locanda, otras que hilan
y no son pagadas, otras que piden á quien pidió y sirven á quien
sirvió, otras que ayunan por no tener, otras por no poder, ansí que
todas esperan que el Senado las provea á cada una segun el tiempo que
sirvió y los méritos que debe haber, que sean satisfechas, y segun
piensan y creen que harán una taberna meritoria como antiguamente
solian tener los romanos y agora la tienen venecianos, en la cual
todos aquellos que habian servido ó combatido por el Senado romano
si venian á ser viejos ó quedaban lisiados de sus miembros por las
armas, ó por la defension del pueblo, les daban la dicha taberna
meritoria, en la cual les proveian del vito é vestito, esto al hora
era bueno que el Senado cobraba fama y los combatientes tenian esta
esperanza, la cual causaba en ellos ánimo y lealtad, y no solamente
entónces, mas agora se espera que se dará á las combatientas en las
cuales ha quedado el arte militario, y máxime á las que con buen
ánimo han servido y sirven en esta alma cibdad, las cuales, como
dixe, pusieron sus personas y fatigas al carro del triunfo pasado
por mantener la tierra y tenella abastada y honrada con sus personas
viniendo de léxos, y luengas partidas y de diversas naciones y
lenguajes, que si bien se mira en ello, no hay tantos lenguajes en
Babilonia, adonde yo soy estada en mi juventud; ansí que si esto se
hiciese, munchas más vernian, y sería como en las batallas cuando
echan delante la gente armada, y á la postre cuando van faltando
éstos, los peones y hombres darmas, y esles fuerza pelear á ellos y á
los otros que esperaban seguir victoria, que si bien vencen el campo,
no hay quien lo regocije como en la de Ravena, ni quien favorezca
el placer que consiguen por ser pocos y solos, que no tienen quien
los ayude á levantar, y así esperan la luna de Boloña, que es como
el socorro de Escalona; ansí que tornando al propósito, quiero
decir que cuando á las perdidas y lisiadas y pobres y en senetud
constitutas no les dan el premio ó mérito que merecen, serán causa
que no vengan munchas que vinieran á relevar á las naturales las
fatigas y cansancios y combates, y esto causará la ingratitud que con
las pasadas usaron, y de aquí redundará que los galanes requieran
á las casadas y á las vírgenes desta tierra, y ellas darán de sus
casas, joyas, dinero y cuanto ternán á quien las encubra y á quien
las quiera, de modo que quedarán los naturales ligeros como siervos
asentados á la sombra del alcornoque, y ellas contentas y pobres,
porque se quiere dexar hacer el tal oficio á quien lo sabe menear.