Cómo salia el Auctor de casa de la Lozana, y encontró una fantesca
cargada y un villano, con dos asnos cargados uno de cebollas y otro
de castañas, y despues se fué el Auctor con un su amigo, contándole
las cosas de la Lozana.
_Auctor._ ¿Qué cosa es esto que traés, señoreta?
_Jacómina._ Bastimento para la cena, que viene aquí mi señora y un su
amigo notario, y agora verná su mozo, que trae dos cargas de leña;
señor, ¿es vuestra merced de casa? ayúdeme á descargar, que se me cae
el bote de la mostaza.
_Auctor._ Sube, que arriba está la Lozana; ¿qué quieres? ¿tú, vendes
esas cebollas?
_Villano._ Señor, no sé, son para presentar á una señora que se llama
la Fresca, que mora aquí, porque me sanó á mi hijo del ahito.
_Auctor._ Llamá, que ahí está, esas castañas son para que se ahite
ella, y tú con sus pedos.
_Villano._ Micer, sí.
_Auctor._ Pues voto á Dios, que no hay letrado en Valladolid que
tantos cliéntulos tenga, pues aquellas ocultas allá van, que por ella
demandan, y no me partiré de aquí sin ver el trato que esta mujer
tiene, allá entra la una y la otra mujer con dos ánades, aquélla
no es puta, sino mal de madre, yo lo sabré al salir; ya se va el
villano, ya viene la leña para la cena, milagros hace, que la quiere
menuda, ya van por más leña, dice que sea seca, al mozo envia que
traiga especias y azúcar, y que sean hartas y sin moler, que traiga
candelas de sebo de las gordas, y que traiga hartas por su amor,
que será tarde, que han de jugar, yo me maravillaba si no lo sabía
decir á mi fidamani, que ella cene más de tres noches con candelas
de notario y á costa de cualque monitorio; ¿veis dó sale la de los
anadones? quiero saber qué cosa es; decíme, madre, ¿cómo os llamais?
_Vitoria._ Fijo, Vitoria, enferma de la madre, y esta señora española
me ha dado aqueste cerote para poner al ombligo.
_Auctor._ Decidme, señora, ¿qué mete dentro, si vistes?
_Vit._ Yo os lo diré, balbano y armoniaco, que consuma la
ventosidad, y perdonáme, que tengo priesa.
_Auctor._ Andate en buen hora, yo me quiero estar aquí y ver aquel
palafranero á qué entra allá, que no estará muncho, que ya viene el
notario ó novio, que será cardico, y moxama le trae el ladron; bueno,
pues entra, que ahí te quiero yo, que mejor notario es ella que tú,
que ya está matriculada, ya sale el otro, italiano es, más bien
habla español y es mi conocido; á vos, Penacho, ¿qué se dice? ¿sois
servicial á la señora Lozana? ¿qué cosa es eso que llevais?
_Penacho._ ¡Juro á Dios! cosas buenas para el rabo, guarda que tú no
lo dices á otro, questo es para la hemorroide que tiene monseñor mio,
adio.
_Auctor._ Va norabuena, que aquí viene quien yo deseaba; si vuestra
merced viniera más presto viera maravillas, y entre las otras cosas
oyera un remedio que la señora Lozana ha dado para cierta enfermedad.
_Silvano._ Pues deso me quiero reir, que os maravilleis vos de sus
remedios, sabiendo vos que remedia la Lozana á todos de cualquier
mal ó bien; á los que á ella venian no sé agora cómo hace, mas en
aquel tiempo que yo la conocí, embaucaba las gentes con sus palabras,
y por cierto que dos cosas le vi hacer, la una á un señor que habia
comido tósigo, y ella majó presto un rábano sin las hojas, y metiólo
en vinagre fuerte, y púsoselo sobre el corazon y pulsos; y cuando fué
la peste ella en Velitre, hizo esto mismo en vino bueno, y que tomase
siempre placer, y que no se curase de otras píldoras ni purgas.
Cada mes de Mayo come una culebra, por eso está gorda y fresca la
traidora, aunque ella de suyo lo era.
_Auctor._ ¿No veis qué prisa se dan á entrar y salir putas y notarios?
_Silv._ Vámonos que ya son vacaciones, pues que cierran la puerta.