Cómo yendo su camino encuentra con tres mujeres, y despues con dos
hombres que la conocen de luengo tiempo.
_Loz._ ¿Para qué es tanto ataparse? que ya veo que no pudo el baño
hacer más que primero habia, salvo lavar lo limpio, y encender color
donde no fué menester arrebol.
_Griega._ Hi, hi, hi; vuestra casa buscamos, y si no os encontrábamos
perdiamos tiempo, que imos á cená á una viña, y si no pasamos por
vuestra mano, no valemos nada, porque tenemos de ser miradas, y van
otras dos venecianas, y es menester que vos, señora Lozana, pongais
en nosotras todo vuestro saber, y pagaos; ansí mismo vaya vuestro
criado con nosotras, y verná cargado de todo cuanto en el banquete se
diere, y avisaldo que se sepa ayudar, porque cuando venga traiga qué
rozar.
_Loz._ Señoras mias, en fuerte tiempo me tomais, que en toda mi casa
no hay cuatrin ni maravedí, ni cosa aparejada para serviros, mas
por vuestro amor, y por comenzar á aviar la gente á casa, yo iré
y buscaré las cosas necesarias para de presto serviros, mi criado
irá, más por haceros placer que por lo que puede traer, y vosotras
miráme bien por él, y no querria que hiciese quistion con ninguno,
porque tiene la mano pesada, y el remedio es que cuando se enciende
como berraco, quien se halla allí más presto le ponga la mano en el
cerro, y luégo amansa, y torna como un manso; veislo viene. Anade,
anda, ¿qué cosa? ¿qué cosa? ¿en qué están las alcavalas? como se vé
vestido, que parece dominguillo de higueral, no estima el resto;
volveos, andá derecho, ansí relumbre la luna en el rollo como este mi
novio, andá á casa, y tenémela limpia, y guardá no rompais vos esa
librea, colgadla; señoras, id á mi casa, que allí moro junto al rio,
pasada la via Asinaria más abaxo, yo voy aquí á una especiería por
ciertas cosas para vuestro servicio, aunque sepa dexar una prenda.
_Griega._ Señora Lozana, tomá, no dexeis prenda, que despues
contarémos, caminá.
_Loz._ ¡Ay pecadora de mí! ¿quién son éstos? aquí me ternán dos
horas, ya los conozco, ¡oxalá me muriera cuando ellos me conocieron!
¡beata la muerte cuando viene despues de bien vivir! Andar, siempre
oí decir que en las adversidades se conocen las personas fuertes;
¿qué tengo de hacer? haré cara, y mostraré que tengo ánimo para
saberme valer en el tiempo adverso.
_Giraldo._ Señora Lozana, ¿cómo esta vuestra merced? no ménos
poderosa ni hermosa os conocí siempre, y si entónces, mejor agora os
suplicamos nos tengais por hermanos, y muy aparejados para vuestro
servicio.
_Loz._ Señores, ¿cuándo dexé yo de ser presta para servir esas
caras honradas? que agora y en todo tiempo tuvieron merecimiento
para ser de mí muy honrados, y no solamente agora que estoy en mi
libertad, mas siendo sujeta no me faltaba inclinacion para serles muy
aficionada, bien que yo y mi casa seamos pobres, al ménos aparejada
siempre para lo que sus mercedes me quisieren mandar.
_Gir._ Señora, servir.
_Loz._ Señores, beso las manos de vuestras mercedes mill veces, y
suplícoles que se sirvan de mi pobreza, pues saben que soy toda suya.
Por vida del Rey, que no me la vayan penar al otro mundo los puercos,
que les he hecho mill honras cuando estábamos en Damiata y en Túnez
de Berbería, y agora con palabras prestadas me han pagado, Dios les
dé el mal año, quisiera yo, pese al diablo, que metieran la mano á la
bolsa por cualque docena de ducados, como hacia yo en aquel tiempo, y
si no los tenía se los hacia dar á mi señor Diomedes, y á sus criados
los hacia vestir, y agora á mala pena me conocen, porque sembré
en porcuna, bien me decia Diomedes, guárdate, que éstos á quien tú
haces bien te han de hacer mal. Mirá qué canes reñegados, villanos
secretos, capotes de terciopelo, por estos tales se debia decir, si
te ví no me acuerdo, quien sirve á munchos no sirve á ninguno.