Cómo la señora Terencia vido pasar á la Lozana y la manda llamar.
_Terencia._ Ves allí la Lozana que va de priesa, Migallejo, va,
asómate y llámala.
_Migallejo._ ¿Señora Lozana? ¿ah, señora Lozana? mi señora le ruega
que se llegue aquí.
_Loz._ ¿Quién es la señora?
_Migall._ La del capitan.
_Loz._ ¿Aquí se ha pasado su merced? yo huelgo con tal vecina; las
manos, señora Terencia.
_Ter._ Las vuestras vea yo en la picota, y á vos encorozada sin
proceso, que ya sin pecado lo merece, mas para su vejez se le guarda;
miralda cuál viene, que parece corralario de putas y xarahoz de
necios, díle que suba.
_Migall._ Sobí, señora.
_Loz._ Ay qué cansada que vengo, y sin provecho, señora, ¿cómo está
vuestra merced?
_Ter._ A la fe, señora Lozana, enojada, que no me salen mis cosas
como yo querria, dí á hilar, y hame costado los ojos de la cara
porque el capitan no lo sienta, y agora no tengo trama.
_Loz._ Señora, no os maravilleis, que cada tela quiere trama, el otro
dia no quisistes oir lo que yo os decia, que de allí sacárades trama.
_Ter._ Callá, que sale el capitan.
_Capitan._ ¿Qué es, señora?
_Loz._ Señor, servir á vuestra merced.
_Cap._ ¿Qué mundo corre?
_Loz._ Señor, bueno, sino que todo vale caro, que compran los pobres
y venden los ricos, duelos tienen las repúblicas cuando son los
señores mercadantes y los ricos revenden. Este poco de culantro seco
me cuesta un bayoque.
_Cap._ Hi, hi, hi, comprándolo vos cada dia se sube, mas decíme qué
mercado hay agora de putas.
_Loz._ Bueno, que no hay hambre dellas, mas todas son míseras, y
cada una quiere avanzar para el cielo, señor, no quiero más putas,
que harta estó dellas, si me quisieren en mi casa estaré, como hacia
Galazo, que á puente Sixto moraba, y allí le iban á buscar las putas,
para que las aconchase, y si él tenía buena mano, yo la tengo mejor,
y él era hombre y mujer, que tenía dos naturas, la de hombre como
muleto, y la de mujer como de vaca, dicen que usaba la una, la otra
no sé, salvo que lo conocí que hacia este oficio de aconchar, al cual
yo le sabré dar la manera mejor, porque tengo más conversacion que no
cuantas han sido en esta tierra.
_Cap._ Dexá eso; decíme cómo os va, que muncha más conversacion
tiene el Zopin que no vos, que cada dia lo veo con vestidos nuevos
y con libreas, y siempre va medrado, no sé lo que hace, que toda su
conversacion es á Torre sanguína.
_Loz._ Señor, maravíllome de vuestra merced, quererme igualar con
el Zopin, que es fiscal de putas, y barrachel de regantío y rufian
magro, y el año pasado le dieron un treinton como á puta, no pensé
que vuestra merced me tenía en esta posesion, yo puedo ir con mi
cara descubierta por todo, que no hice jamas vileza, ni alcagüetería
ni mensaje á persona vil; á caballeros y á putas de reputacion,
con mi honra procuré de interponer palabras, y amansar iras, y
reconciliar las partes, y hacer paces y quitar rencores, examinando
partes, quitar martelos viejos, haciendo mi persona albardon por
comer pan, y esto se dirá de mí, si alguno me querrá poner en fábula:
muncho supo la Lozana, más que no demostraba.
_Cap._ Señora Lozana, ¿cuántos años puede ser una mujer puta?
_Loz._ Dende doce años hasta cuarenta.
_Cap._ ¿Veinte y ocho años?
_Loz._ Señor, sí, hartarse hasta reventar, y perdonadme, señora
Terencia.