MAMOTRETO XXXVII.

Cómo de allí se despidió la Lozana, y se fué en casa de un hidalgo

que la buscaba, y estando solos se lo hizo porque diese fe á otra que

lo sabía hacer.

_Loz._ Señores, no hay más que hacer, la prision es segurísima, la

prisionera piadosa, la libertad no se compra, la sujecion aquí se

estima, porque hay merecimiento para todo, vuestra señoría sea muy

bien venido, y vuestra merced me tenga la promesa, que esta tarde,

irá mi criado á su posada, y si vuestra merced manda que le lleve una

prenda de oro ó una toca tunici, la llevará, porque yo no falte de mi

palabra, que prometí por todo hoy, á este señor yo lo visitaré.

_Cab._ Señora Lozana, no envieis prenda, que entre vos y mí no se

pueden perder sino los barriles; enviá, como os dixe, y no cureis de

más, y mirá que quiere su señoría que mañana vengais á verlo.

_Loz._ Beso sus manos y vuestros piés, mas mañana no podrá ser,

porque tengo mi guarnelo lavado, y no tengo qué me vestir.

_Cab._ No cureis, que su señoría os quiere vestir á su modo y al

vuestro, veni ansí como estais, que os convida á comer, y no haga

esperar, que su señoría come de mañana.

_Loz._ Por la luz de Dios, no estuviese sin besar tal cara como ésa,

aunque supiese enojar á quien lo ve.

_Angelina._ Ansí, Lozana, no cureis, andá, dexaldo, que me enojaré,

aunque su merced no me quiere ver.

_Cab._ Señora, deseoso yo servir, por tanto le suplico que á monseñor

mio le muestre su casa y sus joyas, porque su señoría tiene muchas y

buenas, que puede servir á vuestra merced; señora Lozana, mañana no

se os olvide de venir.

_Loz._ No sé si se me olvidará, que soy desmemoriada despues que

moví, que si tengo de hacer una cosa es menester ponerme una señal en

el dedo.

_Cab._ Pues vení acá, tomá este anillo, y mirá que es un esmeralda,

no se os caiga.

_Loz._ Sus manos beso, que más la estimo que si me la diera la señora

Angelina dada.

_Ang._ Andá, que os la dó, y traelda por mi amor.

_Loz._ No se esperaba ménos desa cara de luna llena; ay, señora

Angelina, míreme, que parezco obispo, por vida de vuestra merced y

mia, que no estoy más aquí, vén á cerrar, Matehuelo, que me esperan

allí aquellos mozos del desposado de Hornachuelos, que no hay quien

lo quiera, y él porfiar y con todas se casa, y ninguna sirve de buena

tinta.

_Matehuelo._ Cerrar y abriros, todo á un tiempo.

_Mozos._ Vení, señora Lozana, caminá, cuerpo de mí, que mi amo se

desmaya y os espera, y vos todavía queda, sin vos no valemos nada,

porque mi amo nunca se rie sino cuando os ve, y por eso mirá por

nosotros y sednos favorable, agora que le son venidos dineros, ántes

que se los huelan las bagasas, que voto á Dios, con putas y rufianas

y tabaqueras no podemos medrar, por eso ayúdenos vuestra merced, y

haga cuenta que tiene dos esclavos.

_Loz._ Callá, dexá hacer á mí, que yo lo porné del lodo á dos manos,

vuestro amo es como el otro que dicen, cantar mal y porfiar, él se

piensa ser Pedro Aguilocho, y no lo pueden ver putas más que al

diablo, unas me dicen que no es para nada, otras que lo tiene tan

luengo que parece anadon, otras que arma y no desarma, otras que es

mísero, y aquí firmaré yo que primero que me dé lo que le demando,

me canso, y al cabo saco de la mitad de lo que le pido, que es trato

cordobés; él quiere que me esté allí con él, y yo no quiero perder

mis ganancias que tengo en otra parte, y mirá qué teson ha tenido

comigo, que no he podido sacar dél, que como me daba un julio por

cada hora que estoy allí, que me dé dos, que más pierdo yo en otras

partes, que no vine yo de entrada, como el que tiene veinte piezas

las mejores de Cataluña, y no sé en qué se las expende, que no

relucen, y siempre me cuenta deudas; pues mándole yo que putas lo han

de comer á él y á ello todo, no curés, que ya le voy cayendo en el

rastro; ¿veis el otro mozo dó viene?

_Marzoco._ ¿Qué es eso? ¿dó is, señora?

_Loz._ A veros.

_Marz._ Hago saber á vuestra merced que tengo tanta penca de cara de

ajo.

_Loz._ Ésa sea la primera alhaja que falte en tu casa, y áun como á

tí llevó la landre; tente allá, bellaco, andando se te caiga.

_Marz._ Señor, ya viene la Lozana.

_Patron._ Bien venga el mal si viene solo, que ella siempre vendrá

con cualque demanda.

_Loz._ ¿Qué se hace, caballeros? ¿Háblase aquí de cosas de amores ó

de mí, ó de cualque señora á quien sirvamos todos? por mi vida, que

se me diga, porque si es cosa á que yo pueda remediar, lo remediaré,

porque mi señor amo no tome pasion, como suele por demas, y por no

decir la verdad á los médicos: ¿qué es eso? ¿no me quiere hablar? ya

me vó, que ansí como ansí aquí no gano nada.

_Moz._ Vení acá, señora Lozana, que su merced os hablará y os pagará.

_Loz._ No, no, que ya no quiero ser boba, si no me promete dos julios

cada hora.

_Marz._ Vení, que es contento, porque más mereceis, máxime si le

socorreis, que está amorado.

_Loz._ ¿Y de quién? catá que me corro si de otra se enamoró, mas como

todo es viento su amor, yo huelgo que ame y no sea amado.

_Marz._ ¿Cómo, señora Lozana, y quién es aquel que ama y no es amado?

_Loz._ ¿Quién? su merced.

_Marz._ ¿Y por qué?

_Loz._ Eso yo me lo sé, no lo diré sino á su merced solo.

_Marz._ Pues ya me voy, vuestras cien monedas agora, Dios lo dixo.

_Loz._ Andá, que ya no es el tiempo de Mari-Castaña.

_Patron._ Dexá decir, señora Lozana, que no tienen respeto á nadie,

entendamos en otro: yo muero por la señora Angelina, y le daré seis

ducados cada mes, y no quiero sino dos noches cada semana, ved vos si

merece más, y por lo que vos dixéredes me regiré.

_Loz._ Señor, digo que no es muncho aunque le diese la metad de

vuestro oficio de penitencería; mas ¿cómo harémos? que si vuestra

merced tiene ciertos defectos que dicen, será vuestra merced perder

los ducados y yo mis pasos.

_Pat._ ¿Cómo, señora Lozana? ¿y suelo yo pagar mal á vuestra merced?

Tomá, veis ahí un par de ducados, y hacé que sea la cosa de sola

signatura.

_Loz._ Soy contenta, mas no me entiende vuestra merced.

_Pat._ ¿Qué cosa?

_Loz._ Digo que si vuestra merced no tiene de hacer sino besar, que

me bese á mí.

_Pat._ ¿Cómo besar? que la quiero cavalgar.

_Loz._ ¿Y dónde quiere ir á caballar?

_Pat._ Andá para puta, zagala, burlais.

_Loz._ No burlo, por vida de la señora honrada á quien vos quereis

cavalgar y armar, y no desarmar.

_Pat._ ¡Oh pese á tal! ¿Y eso decís? por vida de tal que lo habeis de

probar, porque tengais qué contar.

_Loz._ ¡Ay, ay! por el siglo de vuestro padre que no me hagais mal,

que ya basta.

_Pat._ Mal le haga Dios á quien no os lo metiere todo, aunque sepa

ahogaros, y veréis si estoy ligado, y mirá cómo desarmo.

_Loz._ ¿Tal frojolon tenés? esta vez no lo quisiera perder aunque

supiera hallar mi anillo, que perdí agora cuando venía.

_Pat._ Tomá, veis aquí uno que fué de monseñor mio, que ni á mí se me

olvidará, ni á vos se os irá de la memoria de hablar á esa señora, y

decilde lo que sé hacer.

_Loz._ Por mi vida, señor, que como testigo de vista, diré el aprieto

en que me ví; ¡ay, ay! y desos sois, desde aquí voy derecho á contar

á su merced vuestras virtudes.

_Pat._ Sí, mas no está, que tomará celos su porfía.

_Loz._ Muncho hará á vuestro propósito, aunque estais ciego, que

segun yo sé y he visto, esa señora que pensais que es á vuestra vista

hermosa, no se va al lecho sin cena.

_Pat._ ¿Cómo? por vida de la Lozana.

_Loz._ Que su cara está en mudas cada noche, y las mudas tienen esto,

que si se dejan una noche de poner qué no valen nada, por eso se dice

que cada noche daba de cená á la cara.

_Pat._ ¿Y estas mudas qué son?

_Loz._ Cerillas hechas de uvas asadas, mas si la veis debaxo de los

paños, lagartixa parece.

_Pat._ Callá, señora Lozana, que tiene gracia en aquel menear de ojos.

_Loz._ Eso yo me lo tengo, que no soy puta, cuánto más ella que vive

deso.

_Pat._ Quien á otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer,

como agora vos.

Retrato de la Lozana Andaluza En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma. · 第 45 / 86 题