Cómo un caballero iba con un embaxador napolitano travestidos, y
vieron de léxos á la Lozana, y se la dió á conocer el caballero al
embaxador.
_Caballero._ Monseñor, ¿ve vuestra señoría aquella mujer que llama
allí?
_Embaxador._ Sí.
_Cab._ Corramos y tomémosla en medio, y gozará vuestra señoría la
más excelente mujer que jamas vido, para que tenga vuestra señoría
que contar si la goza por entero, y si toma conosciencia con ella, no
habrá menester otro solacio, ni quien le diga mejor cuantas hermosas
hay, y cada una que es hermosa, que tiene el mejor ver y judicar
que jamas se vido, porque bebió y pasó el rio de Nilo, y conoce sin
espejo, porque ella lo es, y como las tiene en plática, sabe cada
una en qué puede ser loada, y es muy universal en todas las otras
cosas que para esto de amores se requieren, y mírela en tal ojo que
para la condicion de vuestra señoría es una perla, desta se puede muy
bien decir: _Mulier que fuit in urbe habens septem mecanicas artes_.
Pues á las liberales jamas le faltó retórica ni lógica para responder
á quien las estudió, el mirable ingenio que tiene da que hacer á
los que la oyen. Monseñor, vamos desta parte, esperemos á ver si me
conoce.
_Embax._ Al cuerpo de mí esta dona yo la vi en Bancos que parlaba,
muy dulce y con audacia, que parecia un Séneca.
_Cab._ Es parienta del ropero, conterránea de Séneca, Lucano, Marcial
y Avicena, la tierra lo lleva, está in agilibus, no hay su par, y
tiene otra excelencia, que lustravit provincias.
_Embax._ ¿Es posible? como riguarda in qua.
_Loz._ Ya, ya conocido es vuestra merced, por mi vida, que aunque
se cubra, que no aprovecha, que ya sé que es mi señor, por mi vida,
tantico la cara, que ya sé que es de ver y de gozar, ese señor no
lo conozco, más bien veo que debe ser gran señor. A seguridad le
suplico que me perdone, que yo lo quiero forzar, por mi vida, que son
matadores esos ojos, ¿quién es ese señor? que lo sirva yo, por vida
de vuestra merced, y de su tio, y mi señor.
_Cab._ Señora Lozana, este señor os suplica que le metais debaxo
de vuestra caparela, y entrará á ver la señora Angelina porque vea
si tengo razon en decir que es la más acabada dama que hay en esta
tierra.
_Loz._ A vuestra señoría metelle he yo encima, no debaxo, mas yo lo
trabajaré, esperen aquí, que si su merced está sola, yo la haré poner
á la ventana, y si más mandaren, yo verné abaxo, bien estaré media
hora, paséense un poco, porque les tengo de rogar primero que haga un
poco por mí, que estoy en gran necesidad, que me echan de la casa, y
no tengo de qué pagar, que el borracho del patron no quiere ménos de
seis meses pagados ántes.
_Cab._ Pues no os detengais en nada deso, que la casa se pagará;
enviáme vos á vuestro criado á mi posada, que yo le daré con qué
pague la casa, porque su señoría no es persona que debe esperar.
_Loz._ ¿Quién es, por mi vida?
_Cab._ Andá, señora Lozana, que persona es, que no perderéis nada con
su señoría.
_Loz._ Sin eso y con eso sirvo yo á los buenos, esperen.
_Cab._ Monseñor, ¿qué le parece de la señora Lozana? Sus inxertos
siempre toman.
_Embax._ Me parece que es astuta, que cierto ha de la sierpe é de la
paloma. Esta mujer sin lágrimas parará más insidias que todas las
mujeres con lágrimas; por vida del visorey, que mañana coma comigo,
que yo le quiero dar un brial.
_Cab._ Mírela vuestra señoría á la ventana, no hay tal Lozana en el
mundo, ya abre, veamos qué dice, cabecea que entremos, donde ni
fierro ni fuego á la virtud empece.
_Embax._ Qua piu bella la madre que la filla.
_Cab._ Monseñor, ésta es cárcel de amor; aquí idolatró Calixto, aquí
no se estima Melibea, aquí poco vale Celestina.