Cómo yendo en casa de otra cortesana vino su criado, y lo hizo vestir
entre sus conocidos.
_Loz._ Mira, Jacómina, no despiertes á la señora, déxala dormir, que
el abad no la dexó dormir esta noche, ya se fué á cancillería por
dineros, allá desollará cualque pobre por estar en gracia de tu ama.
Yo me salí pasico, cierra la puerta y mira si me demanda di que fuí á
mi casa.
_Jacómina._ Sí haré, mas acordaos de mí.
_Loz._ ¿De qué?
_Jacóm._ Que me traigais aquello para quitar el paño de la cara.
_Loz._ Y ¿qué piensas? ¿por dos julios te habian de dar los
porcelletes, y limon, y agraz estilado, y otras cosas que van dentro?
hermana, es menester más dineros si quieres que te traiga buena cosa.
_Jacóm._ Toma veis ahí cinco julios, y no lo sepa mi señora, que mi
vizcaíno me dará más si fueren menester.
_Loz._ ¿Por qué no le dices tú á ese tu vizcaíno que me hable? que
yo te lo haré manso, que te dará más, y no le digas que me has dado
nada, que yo le haré que pague el agua y la fatiga, y á mi mozo
quiero que le dé una espada de dos manos liviana; mañana te lo
trairé, que para una romana lo tengo de hacer, que es muy morena,
y me ha de dar uvas para colgar, y más que sacaré calla callando,
y tú, si quieres ser hermosa, no seas mísera de lo que puedes ser
larga; saca dese tu namorado lo que pudieres, que en mi casa te lo
hallarás, y de tu señora me puedes dar mill cosas que ella lo tome en
placer. Ansí se ayudan las amigas, ¿quién sabe si tú algun tiempo me
habrás menester? que las amas se mueren y las amigas no faltan, que
tu serás aún con el tiempo cortesana, que ese lunar sobre los dientes
dice que serás señora de tus parientes, y todos te ayudarémos, que
ventura no te faltará, sino que tú estás ciega con este vizcaíno, y
yo sé lo que me sé, y lo que más de dos me han dicho, sino que no
quiero que salga de mí, que yo sé dónde serías tú señora, y mandarías
y no serías mandada, y me vó que tengo que hacer, aquí verná mi mozo,
dale tú aquello que sabes que escondimos; veslo, aquí viene, ¿venís?
¿es hora, merdohem? entrá allá con Jacómina, y despues id á casa, y
cerrá bien, y vení que me hallaréis en casa de la señora del solacio.
_Blason._ Señora Lozana, ¿dónde, dónde tan de priesa?
_Loz._ Ya podeis pensar, mujer que es estada cuatro sábados mala, y
sin ayuda de nadie, mirá si tengo de darme priesa á rehacer el tiempo
perdido; ¿qué pensais? ¿que me tengo de mantener del viento, como
camaleon? no tengo quien se duela de mí, que vosotros sois palabras
de presente y no más.
_Blas._ ¡Oh señora Lozana! sabe bien vuestra merced que yo soy
palabras de pretérito y futuro, servidor vuestro, mas mirando la
ingratitud de aquella que vos sabeis, diré yo lo que dixo aquel
lastimado, _patria ingrata, non habebis ossa mea_, que quiere decir,
_puta ingrata, non intrabis in corpore meo_, ¿cómo, señora Lozana, si
yo le doy lo que vos misma mandastes, y más, como se ve que no son
venidos los dineros de mis beneficios cuando se los echo encima, y le
pago todas las deudas, porque aquella mujer no ha de mirar que yo no
soy lazarillo, el que cavalgó á su agüela, que me trata peor, voto á
Dios?
_Loz._ En eso tiene vuestra merced razon, mas mirá que con el grande
amor que os tiene, ella hace lo que hace, y no puede más, que ella
me lo dixo, y si no fuese porque voy agora de priesa á buscar unos
dineros prestados para comprar á mi criado una capa mediana sin
ribete, yo haria estas paces.
_Blas._ Señora Lozana, no quiero que sean paces, porque yo determino
de no vella en toda mi vida; mas por ver que dice, y en qué términos
anda la cosa, os ruego que vais allá, y mireis por mi honra, como
vos, señora, soleis, que yo quiero dar á vuestro criado una capa de
Perpiñan que no me sirvo della, y es nueva, y á vuestra merced le
enviaré una cintura napolitana.
_Loz._ ¿Y cuándo?
_Blas._ Luégo, si luégo viene vuestro criado.
_Loz._ Veislo, viene; caminá, alvanir de putas, que veis ahí vuestro
sueño suelto, este señor os quiere honrar, id con él, y vení donde os
dixe.
_Blas._ Señora, hacé el oficio como soleis.
_Loz._ Andá, perdé cuidado, que ya sé lo que vos quereis; basta,
basta.
_Sustituto._ Señora Lozana, acá, acá; pese al turco si en toda mi
vida os hube menester, agora más que nunca.
_Loz._ Ya sé que me quereis, yo no puedo serviros, porque pienso en
mis necesidades, que no hay quien las piense por mí, que yo y mi
criado no tenemos pelo de calza ni con qué defendernos del frio.
_Sust._ Señora Lozana, eso es poca cosa para vuestra merced, yo daré
una cana de medida de estameña fina, y zapatos y chapines, y dexáme
luégo la medida, que mañana, ántes que vos, señora, os levanteis, os
lo llevarán, y vuestro mozo envíamelo aquí, que yo le daré la devisa
de mi señora y mi vida, aunque ella no me quiere ver.
_Loz._ ¿Y de cuándo acá no os quiere ver? que no dice ella eso, que
si eso fuera, no me rogára ella á mí que fuese con ella disimulada
á dar de chapinazos á la otra con quien os habeis envuelto, mas no
con mi consejo, que para eso no me llama vuestra merced á mí, porque
hay diferencia della á la señora Virgilia, y mirá, señor, ésa es
puta salida, que en toda su casa no hay alhaja que pueda decir por
esta gracia de Dios, que todo está empeñado y se lo come la usura,
que Trigo me lo dixo: quiere vuestra merced poner una alcatraza con
aquélla, que su gracia y su reposo y su casa lleva, y su saber basta
para hacer tornar locos á los sabios, y si vuestra merced dará la
devisa á mi mozo, será menester que yo me empeñe para dalle jubon de
la misma devisa.
_Sust._ Andá, señora Lozana, que no suelo yo dar devisa que no dé
todo; en esto verá que no la tengo olvidada á mi señora Virgilia, que
voto á Dios, que mejor sé lo que tengo en ella, que no lo que tengo
en mi casa. Veis, aquí viene el malogrado de vuestro criado con capa,
parece al superbio de Perusa, que á nadie estima; quédese él aquí, y
vaya vuestra merced buen viaje.
_Loz._ ¡Cuántas maneras hay en vosotros los hombres por sujetar á las
sujetas, y matar á quien muere! allá esperaré al señor mi criado, por
ver cómo le dice la librea de la señora Virgilia.