Así fue que el mariscal Massena, próximo a entrar en Portugal, dio

en Ciudad Rodrigo una proclama a los habitadores de aquel reino,

expresando que se hallaba a la cabeza de 110.000 hombres. Aserción no

jactanciosa si se cuentan todos los cuerpos y divisiones que estaban

bajo su obediencia, y que se extendían por España desde la frontera

lusitana hasta la de Francia.

[Sidenote: Escaramuzas. Fuerte de la Concepción.]

Hubo ya escaramuzas en los primeros días de julio entre ingleses y

franceses. Aquellos volaron y acabaron de arruinar el 21 del mismo mes

el fuerte de la Concepción, en la raya perteneciente a España, y bien

fortificado antes de 1808, pero que, al principiarse en dicho año la

insurrección, se vio abandonado por los españoles, y destruido en parte

por los franceses.

[Sidenote: Combate del Coa.]

Craufurd, general de la vanguardia inglesa, se colocó entonces a la

margen derecha del Coa, y sin tener la aprobación de Lord Wellington,

decidiose el 24 a trabar pelea con los franceses, llevado quizá del

deseo de cubrir a Almeida, bajo cuyos cañones apoyaba su izquierda.

Consistía la fuerza de Craufurd en 4000 infantes y 1100 caballos,

situados en una línea que se extendía por espacio de media legua,

formación algo semejable a las desadvertidas del general Cuesta.

Vino sobre los ingleses el mariscal Ney, acompañado de su cuerpo

de ejército, y por consiguiente muy superior a aquellos en número.

Y si bien los batallones de la vanguardia aliada y los individuos

combatieron por separado valerosamente, maniobrose mal en la totalidad,

y los movimientos no fueron más atinados que lo había sido la

colocación de las tropas. Los franceses rompieron las filas inglesas,

obligando a sus soldados a pasar el Coa. Sirvió a estos para no ser

del todo deshechos y atropellados por los jinetes enemigos lo desigual

del terreno y los viñedos, y también el haberse negado a evolucionar

oportunamente con la caballería el general Montbrun, disculpándose con

no tener orden del general en jefe mariscal Massena. Hallaron así los

ingleses hueco para cruzar el puente, cuyo paso defendido con grande

aliento, detuvo al francés en su marcha. Perdió Craufurd cerca de 400

hombres; bastantes Ney por el empeño que puso, aunque inútil, en ganar

el puente.

Tal contratiempo, en vez de coadyuvar a la defensa de Almeida, no podía

menos de perjudicarla. Los franceses, en efecto, intimaron luego la

rendición; mas no por eso obraron con su acostumbrada presteza, pues

hasta el 15 de agosto en la noche no abrieron trinchera.

[Sidenote: Sitio de Almeida.]

Parecía natural que Almeida, plaza bajo todos respectos preeminente

a Ciudad Rodrigo, imitase tan glorioso ejemplo, prolongando aun por

tiempo más largo la resistencia. Los antiguos muros se hallaban, mucho

antes de la actual guerra, mejorados, conforme al sistema moderno

de fortificación, con foso, camino cubierto, seis baluartes, seis

revellines y un caballero que dominaba la campiña. Había también

almacenes a prueba de bomba. Estaba ahora la plaza municionada muy

bien, y sus obras más perfeccionadas. Guarnecíanla 4000 hombres, y

mandaba en ella el coronel inglés Cox.

[Sidenote: Vuélase.]

Rompieron los franceses el 26 horroroso fuego, y a poco ardieron muchas

casas. Al anochecer del mismo día, tres almacenes, los más principales,

encerrados en un castillo antiguo situado en medio de la ciudad, se

volaron con pasmoso estrépito y causaron deplorable ruina. Por unas

partes resquebrajáronse los muros, por otras se aportillaron; los

cañones casi todos fueron o desmontados o arrojados al foso; perecieron

500 personas; hubo heridas muchas otras, y apenas quedaron seis casas

en pie. Tal espectáculo ofreció Almeida en la mañana del 27. No faltó

quien atribuyese a traición semejante desdicha; los bien informados, a

casualidad o descuido.

[Sidenote: Capitula.]

Sin tardanza repitieron los franceses la intimación de rendirse. El

gobernador Cox, aunque ya miraba imposible la defensa, quería alargarla

dos o tres días, esperando que el ejército aliado acudiese en socorro

de la plaza; pero obligole a capitular un alboroto, agavillado por el

teniente de rey Bernardo de Costa. Presúmese que en él influyeron los

portugueses adictos al francés, y que estaban en su campo. El teniente

de rey fue en adelante arcabuceado, si bien no resultó claramente que

llevase tratos con el enemigo.

[Sidenote: Proscripciones y prisiones en Lisboa.]

De resultas, la regencia de Portugal también declaró traidores a

varios individuos que seguían el bando francés. Entre ellos sonaban

los nombres de los marqueses de Alorna y de Loulé, del conde de Ega,

de Gómez Freire de Andrade y otros de cuenta. Se prendió asimismo en

Lisboa a muchas personas so pretexto de conspiración, sin pruebas ni

acusación fundada. Enviáronlas después unas a Inglaterra, otras a las

Azores. Dieron ocasión a tan vituperable demasía livianos motivos y

privadas venganzas. Extrañose que Lord Wellington, y particularmente

el embajador Stuart, miembro de la regencia y de poderoso influjo, no

estorbasen procedimientos en que por lo menos pudiera achacárseles

cierta connivencia, como sucedió. Pero la regencia de Lisboa, tomando

la defensa de ambos, manifestó no haber tomado parte ninguno de ellos

en aquella ocurrencia.

[Sidenote: Temores de los ingleses.]

Mientras tanto, la caída de Almeida, el contratiempo de Craufurd y la

idea agigantada que entonces tenían los ingleses del ejército francés,

causaban en el británico grande descaecimiento. Las cartas de los

oficiales a sus amigos en Inglaterra no estaban más animosas, y su

mismo gobierno se mostraba casi desesperanzado del buen éxito de la

lucha peninsular. Así fue que, no obstante haber accedido a los planes

de Lord Wellington, indicábase a este, en particulares instrucciones,

que S. M. B. vería con gusto la retirada de su ejército, más bien que

el que corriese el menor peligro por cualquiera dilación en su embarco.

Otro general de menos temple que Lord Wellington y menos confiado en

los medios que le asistían, hubiera quizá vacilado acerca del rumbo que

convenía tomar, y dado un nuevo ejemplo de escandalosa retirada. Mas

Wellington mantúvose firme, a pesar de que la repentina e inesperada

pérdida de Almeida aceleraba las operaciones del enemigo.

[Sidenote: Repliégase Wellington.]

Acaecida tamaña desgracia se replegó el general inglés a la izquierda

del Mondego, estableció en Gouvea sus reales, colocó detrás de Celórico

los infantes, y en este mismo pueblo la caballería. [Sidenote:

Dificultades que tiene Massena.] Massena, teniendo dificultades en

acopiar víveres a causa de las partidas españolas y de la mala

voluntad de los pueblos, retardó la invasión, y aun dudaba poderla

realizar tan pronto. Dos meses eran corridos después de la toma de

Ciudad Rodrigo. Almeida apenas había ofrecido resistencia, y el

ejército francés aún permanecía a la derecha del Coa. Tanto ayudaba a

los aliados la constante enemistad que conservaban los habitantes a los

invasores.

[Sidenote: Aguíjale Napoleón.]

Napoleón, que no palpaba de cerca como sus generales los obstáculos

del país, maravillábase de la dilación, mayormente siendo superior

en número al anglo-portugués el ejército de los franceses. Así se lo

manifestaba a Massena en instrucciones que le expidió en septiembre;

pero antes de recibir estas, ya aquel mariscal se había puesto en

marcha.

[Sidenote: Empieza Massena la invasión.]

Fue su primer plan, aseguradas las plazas de Ciudad Rodrigo y Almeida,

moverse por ambas orillas del Tajo. Pero después, contando con que

las tropas francesas de Extremadura y Andalucía amenazarían por el

Alentejo, y no creyéndose con bastante fuerza para dividir esta, limitó

sus miras a su solo frente, y determinó obrar por uno de los tres

principales caminos que por allí se le ofrecían, de Belmonte, Celórico

y Viseo.

[Sidenote: Posición de Wellington y medidas que toma.]

Wellington, conservando en Gouvea sus cuarteles, extendía los puestos

avanzados de su ejército, comprendiendo las fuerzas de Hill y otras

sobre la derecha, desde el lado de Almeida, por la sierra de Estrella,

a Guarda y Castelo Branco; en caso de ataque del enemigo debían

todas las divisiones replegarse concéntricamente hacia las líneas.

El inconveniente de esta posición consistía en lo dilatado de ella,

pudiendo el enemigo, al paso que amagase a Celórico, interponerse por

Belmonte entre Lord Wellington y el general Hill, a quienes separaba

gran distancia. El último, siguiendo paralelamente, conforme indicamos,

los movimientos del francés Reynier, había llegado a Castelo Branco el

21 de julio. Dejó aquí una guardia avanzada, y obedeciendo las órdenes

de Lord Wellington, que le había reforzado con caballería, se acampó

con 16.000 hombres y 18 cañones en Sarcedas. Para prevenir el que los

franceses se interpusiesen, se rompió de Covilhã arriba el camino,

ejecutáronse otros trabajos de defensa, se apostó en Fundão una brigada

portuguesa, y colocose entre dos posiciones que se atrincheraron detrás

del Cécere, río tributario del Tajo, y junto al Alva, que lo es del

Mondego, una reserva formada en Tomar, y compuesta de 8000 portugueses

y 2000 ingleses, bajo el mando del general Leith.

[Sidenote: Descripción del valle de Mondego.]

El cuerpo principal del ejército de Wellington podía, desde Celórico,

tomar para su retirada o el camino que va a la sierra de Murcela, o el

de Viseo. El primero corre por espacio de quince leguas lo largo de

un desfiladero entre el río Mondego y la sierra de Estrella, teniendo

al extremo la de Murcela, que circunda el Alva. De allí un camino que

lleva a Espinhal facilitaba las comunicaciones con Hill y Leith, y un

ramal suyo las de Coimbra. La otra ruta insinuada, la de Viseo, es de

las peores de Portugal, interrumpida por el Criz y otras corrientes, y

también estrechada entre el Mondego y la sierra de Caramula, que se une

por medio de un país montuoso a la de Buçaco, límite, por decirlo así,

del valle, y que hace frente a la de Murcela, pasando entre las faldas

de ambas sierras el mencionado Mondego. La decisión de Wellington

pendía del partido que tomasen los franceses.

[Sidenote: Distribución de los cuerpos de Massena.]

Massena no conocía a fondo el terreno, y tomando consejo de los

portugueses que había en su campo, a quienes suponía enterados,

resolvió dirigirse a Viseo y de allí a Coimbra, habiéndosele pintado

aquella ruta como fácil y sin particulares obstáculos. En consecuencia,

reconcentró el 16 de septiembre los tres cuerpos de ejército que

mandaba: el de Ney y la caballería pesada en Maçal do Chão, el de

Junot en Pinhel, y el de Reynier en Guarda. Hizo distribuir a los

soldados pan para trece días, pensando caminar aceleradamente, y

deseando anticiparse a Wellington en su marcha. Massena, colocando así

su ejército, amenazaba los tres caminos indicados de Celórico, Belmonte

y Viseo, y dejaba en duda el verdadero punto de su acometida. Reynier

había hecho desde su retirada de Extremadura varios movimientos, ya

dando indicios de dirigirse a Castelo Branco, ya adelantándose hasta

Sabugal, ya retrocediendo a Zarza la Mayor. Por fin se incorporó, según

acabamos de ver, a los otros cuerpos de Massena.

[Sidenote: Muévese sobre Celórico y Viseo.]

De estos, el 2.º y 6.º, unidos con la caballería de Montbrun, cayeron

en breve sobre Celórico, replegándose los puestos de los aliados a

Cortiça. Wellington entonces comenzó su retirada por la izquierda del

Mondego sobre el Alva, y el 17 notó que los dos mencionados cuerpos

franceses se dirigían a Viseo por Fornos; quedaba el 8.º de Junot hacia

Trancoso, en observación de 10.000 hombres de milicia, al mando del

coronel Trant y de los jefes Miller y Juan Wilson, recogidos del norte

de Portugal, y que se pusieron a las órdenes del general Bacellar para

molestar el flanco derecho y la retaguardia del enemigo.

[Sidenote: Entran sus avanzadas en Viseo.]

Entraron en Viseo las avanzadas francesas el 18. La ciudad estaba

desierta. Wellington sin demora hizo cruzar de la margen izquierda

del Mondego a la opuesta la brigada portuguesa que mandaba Pack, y

la apostó más allá del Criz, rotos sus puentes. [Sidenote: Continúa

Wellington su retirada.] En seguida empezó también el ejército aliado

a pasar el Mondego por Penacova, Olivares y otras partes: colocose la

división ligera de Craufurd en Mortagua para sostener a Pack; la 3.ª

y 4.ª, del mando de Picton y Cole, entre la sierra de Buçaco y aquel

pueblo, situándose al frente del mismo en un llano la caballería. Pasó

al otro lado de la citada sierra la 1.ª división, regida por el general

Spencer, y se dirigió a Meallada con la mira de observar el camino de

Oporto a Coimbra, pues todavía se dudaba si Massena procuraría desde

Viseo salir hacia aquella ruta, o continuar lo largo de la derecha del

Mondego. Por igual motivo el coronel Trant, con parte de la milicia,

debía marchar por San Pedro de Sul a Sardão, y juntarse al general

Spencer. En tanto, el general Leith llegaba al Alva, y siguiole de

cerca Hill, quien, sabiendo que Reynier se había juntado a Massena, se

anticipó afortunadamente sin que hubiese todavía recibido órdenes de

Wellington, y vino a incorporarse al ejército aliado.

[Sidenote: Ataca Trant la artillería y equipajes franceses.]

El grueso del de los franceses llegó a Viseo el 20; pero su artillería

y equipajes se detuvieron por los tropiezos del camino, y por una

embestida del coronel Trant. Atacolos este caudillo el mismo 20 en

Tojal, viniendo de Moimenta da Beira, con algunos caballos y 2000

hombres de milicia. Cogioles 100 prisioneros, algún bagaje, y su

triunfo hubiera sido más completo si la gente que mandaba hubiera sido

menos novicia. Sin embargo, tan inesperado movimiento desasosegó a los

franceses, cuya artillería, equipajes y gran parte de la caballería no

llegó a Viseo hasta el 22, lo cual hizo perder a Massena dos días, y

no desaprovechó a Wellington, a quien hubiera podido andar el tiempo

escaso.

Parecía ahora que este general, prosiguiendo en su propósito de

no aventurar batallas, no se detendría en donde estaba, sino que,

cerciorado de que los franceses iban adelante, se replegaría para

aproximarse a las líneas. Suposición esta tanto más fundada cuanto,

no habiendo querido empeñar acción para salvar dos plazas, no era

regular lo hiciese en la actual ocasión, en que no concurría motivo tan

poderoso. Mas no sucedió así. Presúmese que varió de parecer a causa de

los clamores que contra los ingleses se levantaron en Portugal, viendo

que dejaban el país a merced del enemigo.

[Sidenote: Detiénese Wellington en Buçaco.]

Wellington determinó, pues, hacer alto en la sierra de Buçaco, y disponer

su gente en nuevas y acomodadas posiciones. Corren aquellos montes por

espacio de dos leguas, cayendo por un lado rápidamente, según hemos

apuntado, sobre la derecha del Mondego, y enlazándose por el opuesto

con la sierra de Caramula. Tres caminos llevan a Coimbra: uno cruza

lo más alto, y allí se levanta un convento célebre en Portugal de

carmelitas descalzos, en donde Lord Wellington estableció el cuartel

general, y aquella morada antes silenciosa y pacífica convirtiose

ahora en estrepitoso alojamiento de gente de guerra. De los otros

dos caminos, uno venía de San Antonio de Cantaro, y el otro seguía el

Mondego a Penacova. A través del último se colocó el cuerpo de Hill,

que llegó el 26; a su izquierda Leith. Seguía la 3.ª división, y entre

esta y el convento formaba la 1.ª La 4.ª se puso en el extremo opuesto

para cubrir un paso que conduce a Meallada, en cuyo llano se apostó la

caballería, quedando solo en las cumbres un regimiento de esta arma.

La brigada de Pack se alojaba delante de la 1.ª división, a la mitad

de la bajada del lado de los franceses; también se situó descendiendo

y enfrente del convento la vanguardia de Craufurd con algunos jinetes.

Había en ciertos parajes, a retaguardia de la línea, portugueses que

sostenían el cuerpo de batalla. Hallose Wellington con toda su fuerza

principal reunida, en número de unos 50.000 hombres.

[Sidenote: Acción de Buçaco.]

Túvose a dicha que los franceses se hubiesen parado hasta el día

27, pues a haber acelerado su marcha y acometido treinta y seis

horas antes, conforme se asegura quería Ney, la suerte del ejército

aliado hubiera podido ser muy otra, reinando alguna confusión en sus

movimientos. Leith pasaba el Mondego, Hill todavía no había llegado, y

apenas estaban en línea 25.000 hombres.

El mariscal Massena, después de algunas dudas, se resolvió a embestir

la Sierra el 27 al amanecer. Tenían sus soldados, para llegar a la

cima, que trepar por una subida empinada y escabrosa, cuya desigualdad

sin embargo los favorecía, escudando hasta cierto punto sus personas.

El mariscal Ney se enderezó al convento, y Reynier del otro lado, por

San Antonio de Cantaro. Junot se quedó en el centro y de respeto con la

caballería y artillería.

Las tropas de Reynier acometieron con tal ímpetu que se encaramaron en

la cima, y por un rato se enseñorearon de un punto de la línea de los

aliados, arrollando parte de la 3.ª división, que mandaba Picton. Pero

acudiendo el resto de ella, y también el general Leith por el flanco

con una brigada, fueron los enemigos desalojados, y cayeron con gran

matanza la montaña abajo.

Ni aun tan afortunado logró ser por el otro punto el mariscal Ney.

Dueño desde el principio de la acción de una aldea que amparaba sus

movimientos, comenzó a subir la sierra por la derecha encubierto con lo

agrio y desigual del terreno. El general Craufurd, que se hallaba allí,

tomó en esta ocasión atinadas disposiciones. Dejó acercarse al enemigo,

y a poca distancia rompió contra sus filas vivísimo fuego, cargándole

después a la bayoneta por el frente y los costados. Precipitáronse

los franceses por aquellas hondonadas, perdieron mucha gente, y quedó

prisionero el general Simon. Ganaron después los ingleses a viva

fuerza el pueblecillo que habían al principio ocupado sus contrarios.

Lo recio de la pelea duró poco, el enemigo no insistió en su ataque,

y se pasó lo que restaba del día en escaramuzas y tiroteos. Perdieron

los franceses unos 4000 hombres, murió el general Graindorge, y fueron

heridos Foy y Merle. De los aliados perecieron 1300, menos que de los

otros a causa de su diversa y respectiva posición.

[Sidenote: Cruza Massena la sierra de Caramula.]

Convencido el mariscal Massena de las dificultades con que se tropezaba

para apoderarse de la sierra por el frente, trató de salvarla

poniéndose en franquía por la derecha, y obligando de este modo a los

ingleses a abandonar aquellas cumbres, ya que no pudiese sorprenderlos

por el flanco y escarmentarlos. Lo difícil era encontrar un paso, mas

al fin consiguió averiguar de un paisano que desde Mortagua partía

un camino al través de la sierra de Caramula, el cual se juntaba con

el que de Oporto va a Coimbra. Contento el mariscal francés con tal

descubrimiento, decidió tomar prontamente aquella vía, y disfrazó su

resolución manteniendo el 28 falsos ataques y escaramuzas. Mientras

tanto fue marchando a la desfilada lo más de su ejército, y hasta en la

tarde no advirtieron los ingleses el movimiento de sus contrarios.

No les era ya dado el estorbarlo, por lo que desampararon a Buçaco

antes del alborear del 29. Hill repasó el Mondego, y por Espinhal se

retiró sobre Tomar; hacia Coimbra y la vuelta de Meallada, Wellington,

con el centro y la izquierda. Cubría la retaguardia la división ligera

de Craufurd, a la que se unió la caballería.

Los franceses, después de cruzar la sierra de Caramula, llegaron el

mismo día 28 a Boyalvo sin encontrar ni un solo hombre. El coronel

Trant se hallaba a una legua, en Sardão, adonde había venido desde San

Pedro de Sul, pero con poca gente. Las partidas enemigas le arrojaron

fácilmente más allá del Vouga.

Por la relación que hemos hecho de la acción de Buçaco aparece claro

que con ella no se alcanzó otra cosa que el que brillase de nuevo

el valor británico y se adquiriese mayor confianza en las tropas

portuguesas, las cuales pelearon con brío y buena disciplina. Pero

no se recogió ninguno de aquellos importantes frutos, por los que un

general aventura de grado una batalla. Ni siquiera había los motivos

que para ello asistían durante los sitios de Ciudad Rodrigo y de

Almeida. Y hasta la prudencia de Lord Wellington falló en esta ocasión,

dejando un portillo por donde no solo se metieron los franceses, sino

que también por él pudieron envolver al ejército aliado o a lo menos

flanquearle con gran menoscabo. En vano se alega en disculpa haber

mandado Wellington que avanzase el coronel Trant con la milicia: la

escasa fuerza y la índole bisoña de esta tropa no hubiera podido

detener, cuanto menos rechazar, las numerosas huestes de Massena. Tan

cierto es que de un hilo cuelga la suerte de las armas, aun gobernadas

por generales los más advertidos.

Puesto el mariscal francés en Boyalvo, marchó sobre Coimbra. En aquel

tránsito no estaba el país tan destruido y talado como hasta Buçaco.

No se cumplieron allí rigurosamente las disposiciones de Wellington,

parte por creerse lejano el peligro, parte también porque a la regencia

portuguesa, gobierno nacional, no le era lícito llevar a efecto órdenes

tan duras con la misma impasibilidad y fortaleza que al brazo de hierro

de un general que, aunque aliado, era extranjero.

[Sidenote: Los franceses en Coimbra.]

Hubo, por tanto, en Coimbra desbarato y confusión, y si bien los vecinos

desampararon la ciudad, con la precipitación se dejaron víveres y otros

recursos al arbitrio del enemigo. No le aprovecharon sin embargo a

este: Junot, a pesar de órdenes contrarias del general en jefe, permitió

o no pudo impedir el pillaje.

[Sidenote: Condeixa.]

De aquí nació que agolpándose muchedumbre de población fugitiva de

aquella ciudad y otras partes a los desfiladeros que van a Condeixa,

hubo de comprometerse la división de Craufurd, que cubría la retirada

del ejército aliado, porque, detenida en su marcha, se dio lugar a

que se aproximaran los jinetes enemigos. A su vista suscitose gran

desorden, y si hubieran venido asistidos de infantería, quizá hubieran

destrozado a Craufurd. Este consiguió, aunque a duras penas, poner en

salvo su división.

[Sidenote: Desórdenes en el ejército inglés.]

Lo apacible del tiempo había favorecido en su retirada a los ingleses,

abundaban en provisiones, y no obstante cometieron excesos, a punto de

robar sus propios almacenes. El cuartel general se estableció en Leiría

el 2 de octubre, y creciendo la perturbación y las demasías, hubiéranse

quizá repetido en compendio las escenas deplorables del ejército de

Moore, a no haber Lord Wellington reprimido el desenfreno con castigos

ejemplares y con vedar que los regimientos más díscolos entrasen en

poblado.

El saqueo de Coimbra y sus desórdenes impidieron también, por su parte,

al mariscal Massena moverse de aquella ciudad antes del 4, respiro

que aprovechó a los ingleses. No obstante, acometiendo de repente los

enemigos a Leiría, se vieron aquellos al pronto sobrecogidos. Atajados

al fin los ímpetus del francés, prosiguieron la retirada los aliados,

yendo su derecha por Tomar y Santarén, la izquierda por Alcobaza y

Óbidos, el centro por Batalha y Rio Maior: enviose fuerza portuguesa a

guarnecer a Peniche, pequeña plaza orillas de la mar.

[Sidenote: Sorprende Trant a los franceses de Coimbra.]

No bien hubo el mariscal Massena salido de Coimbra, cuando el coronel

Trant, viniendo desde el Vouga con milicia portuguesa, pudo el 7

sorprender en aquella ciudad a los franceses que la custodiaban,

coger a los que se habían fortificado en el convento de Santa Clara,

apoderarse, en una palabra, de 5000 hombres, contados heridos y

enfermos, y asimismo de los depósitos y hospitales. Al siguiente día

llegaron también, con sus milicianos, los jefes Miller y Juan Wilson, y

tomaron, extendiéndose por la línea de comunicación, 300 hombres más.

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de 5) · 第 19 / 35 段