dirigidas al nombramiento de los individuos que habían de componer la
cámara electiva, reservando circular las de los privilegiados para más
adelante. Motivó tal diferencia el que en el primer caso se necesitaba
de algún tiempo para realizar las elecciones, no sucediendo lo mismo en
el segundo, en que el llamamiento había de ser personal. Mas de esta
tardanza resultó después, según veremos, no concurrir a las cortes sino
los miembros elegidos por el pueblo, quedando sin efecto la formación
de una segunda cámara.
[Sidenote: Mudanza de individuos en la comisión ejecutiva.]
El mismo día que partieron las convocatorias, se mudaron también los
tres individuos más antiguos de la comisión ejecutiva conforme a lo
prevenido en el reglamento. Eran aquellos el marqués de la Romana, Don
Rodrigo Riquelme y Don Francisco Caro, entrando en su lugar el conde de
Ayamans, el marqués del Villar y Don Félix Ovalle. Su imperio no fue
de larga duración.
[Sidenote: Decreto de la central para trasladarse a la Isla de León.]
Todo presagiaba su caída y la de la junta central, y todo una próxima
invasión de los franceses en las Andalucías. Para no ser cogida tan de
improviso como en Aranjuez, dio la junta un decreto en 13 de enero,
por el que anunció que debía hallarse reunida el 1.º del mes inmediato
en la Isla de León, a fin de arreglar la apertura de las cortes,
señalada para el 1.º de marzo, sin perjuicio de que permaneciese en
Sevilla algunos días más un cierto número de vocales que atendiese al
despacho de los negocios urgentes. Este decreto, en tiempos lejanos de
todo peligro, hubiera parecido prudente y aun necesario, pero ahora,
cuando tan de cerca amagaba el enemigo, considerose hijo solo del
miedo, impeliendo a despertar la atención pública, y a traer hacia los
centrales los contratiempos y sinsabores que, como referiremos luego,
precedieron y acompañaron al hundimiento de aquel gobierno.
RESUMEN
DEL
LIBRO UNDÉCIMO.
_Amenazas de Napoleón acerca de la guerra de España. — Su divorcio
con Josefina. — Su casamiento con la archiduquesa de Austria. —
Refuerzos que envía a España. — Resolución de invadir las Andalucías.
— Sus preparativos. — Los de los españoles. — Los franceses atacan y
cruzan la Sierra Morena. — Entran en Jaén y en Córdoba. — Ejército del
duque de Alburquerque. — Viene sobre Andalucía. — Retírase de Sevilla
la junta central. — Contratiempos en el viaje de sus individuos. —
Sospechas de insurrección en Sevilla — Verifícase. — Junta de Sevilla.
— Providencias que toma. — Continúan los franceses sus movimientos.
— Encuentran en Alcalá la Real la caballería española. — Piérdese
en Iznalloz un parque de artillería. — Toma Blake el mando de las
reliquias del ejército del centro. — Entran los franceses en Granada.
— Avanzan sobre Sevilla. — Se retira Alburquerque camino de Cádiz. —
Ganan los franceses a Sevilla. — Preséntase el mariscal Victor delante
de Cádiz. — Mortier va a Extremadura. — Baja también allí el 2.º
cuerpo. — Va sobre Málaga Sebastiani. — Abello alborota la ciudad.
— Éntranla los franceses. — Junta central en la Isla de León. Su
disolución. — Decide nombrar una regencia. — Reglamento que le da. —
Su último decreto sobre cortes. — Regentes que nombra. — Eligen una
junta en Cádiz. — Ojeada rápida sobre la central y su administración.
— Padecimientos y persecución de sus individuos. — Idea de la regencia
y de sus individuos. — Felicitación del consejo reunido. — Idea de la
junta de Cádiz. — Providencias para la defensa y buena administración
de la regencia y la junta. — Breve descripción de la Isla gaditana. —
Fuerzas que la guarnecen. — Españolas. — Inglesas. — Fuerza marítima.
— Recio temporal en Cádiz. — Intiman los franceses la rendición. — La
junta de Cádiz encargada del ramo de hacienda. — Sus altercados con
Alburquerque. — Deja este el mando del ejército y pasa a Londres. —
Impone la junta nuevas contribuciones. — José en Andalucía. — Modo
con que le reciben. — Sus providencias. — Vuelve a Madrid. — Nueva
invasión de Asturias. — Llano Ponte. — Porlier. — Entra Bonnet en
Oviedo. — Evacúa la ciudad. — Ocúpala de nuevo. — Castellar y defensa
del puente de Peñaflor. — Bárcena. Retíranse los españoles al Narcea.
— Don Juan Moscoso. — El general Arce. — Conducta escandalosa de Arce
y del consejero Leiva. — Nueva instalación de la junta general del
principado. — Auxilio de Galicia. — Desampara Bonnet a Oviedo. — Se
enseñorea por tercera vez de la ciudad. — Estado de Galicia. — Alboroto
del Ferrol. Muerte de Vargas. — Mahy, general de las tropas de aquel
reino. — Sitio de Astorga. — Capitula. — Licenciado Costilla. — Aragón.
— Mina el mozo. — Expedición de Suchet sobre Valencia. — Estado de
este reino y de la ciudad. — Malógrasele a Suchet su expedición. —
Pozoblanco. — Ventajas de los españoles en Aragón. — Cae prisionero
Mina el mozo. — Sucédele su tío Espoz y Mina. — Estado de Cataluña. —
Varias acciones. — Bloqueo de Hostalrich. — Va Augereau al socorro de
Barcelona. — Descalabro de Duhesme en Santa Perpetua y en Mollet. —
Entra Augereau en Barcelona. — O’Donnell nombrado general de Cataluña.
— Ejército que junta. — Acción de Vic el 19 de febrero. — Pertinaz
defensa de Hostalrich. — Socorre de nuevo Augereau a Barcelona. —
Retírase O’Donnell a Tarragona. — Feliz ataque de Don Juan Caro. —
Evacúan los españoles a Hostalrich. — El mariscal Macdonald sucede a
Augereau en Cataluña. — Parte Suchet a Lérida. — Entran sus tropas
en Balaguer. — Sitio de Lérida. — Desgraciada tentativa de O’Donnell
para socorrer la plaza. — Entran los franceses en Lérida y ríndese
su castillo. — También el fuerte de las Medas. — Sucesos de Aragón.
— Sitio de Mequinenza. — La toman los franceses. — Toman también el
castillo de Morella. — Cádiz. — Toman los franceses a Matagorda. —
Manda Blake el ejército de la isla. — Trasládase a Cádiz la regencia.
— Varan en la costa dos pontones de prisioneros. — Trato de estos. —
Pasan a las Baleares. Su trato allí. — Resistencia en las Andalucías.
— Condado de Niebla. — Serranía de Ronda. — Don José Romero. Acción
notable. — Tarifa. — Ejército del centro en Murcia. — Correría de
Sebastiani en aquel reino. — Su conducta. — Evacúale. — Partidas de
Cazorla y de las Alpujarras. — Extremadura. Ejército de la izquierda.
— Romana. — Ballesteros. — Don Carlos O’Donnell. — Decreto de Soult
de 9 de mayo. — Otro en respuesta de la regencia de España. — Decreto
de Napoleón sobre gobiernos militares. — Une a su imperio los Estados
Pontificios y la Holanda. — Inútil embajada de Azanza a París. —
Tentativa para libertar al rey Fernando. — Barón de Kolly. — Vida de
los príncipes en Valençay. — Préndese a Kolly. — Insidiosa conducta de
la policía francesa. — Cartas de Fernando._
HISTORIA
DEL
LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
de España.
LIBRO UNDÉCIMO.
[Sidenote: Amenazas de Napoleón acerca de la guerra de España.]
Nuevos desastres amagaban a España al comenzar el año de 1810. Napoleón,
de vuelta de la guerra de Austria, que para él tuvo tan feliz remate,
anunció al senado francés «que se presentaría a la otra parte de los
Pirineos, y que el leopardo aterrado huiría hacia el mar, procurando
evitar su afrenta y su aniquilamiento.» No se cumplió este pronóstico
contra los ingleses, ni tampoco se verificó el indicado viaje,
persuadido quizá Napoleón de que la guerra peninsular, como guerra de
nación, no se terminaría con una ni dos batallas: único caso en que
hubiera podido empeñar con esperanza de gloria su militar nombradía.
[Sidenote: Su divorcio con Josefina.]
Ocupábanle también por entonces asuntos domésticos que quería acomodar
a la razón de estado, y la afición que tenía a su esposa, la emperatriz
Josefina, y las buenas prendas que a esta adornaban cedieron al deseo
de tener heredero directo, y al concepto tal vez de que enlazándose
con alguna de las antiguas estirpes de Europa, afianzaría la de los
Napoleones, a cuyo trono faltaba la sólida base del tiempo. Resolvió,
pues, separarse de aquella su primera esposa, y a mediados de diciembre
de 1809 publicó solemnemente su divorcio, dejando a Josefina el título
y los honores de emperatriz coronada.
[Sidenote: Su casamiento con la archiduquesa de Austria.]
Pensó después en escoger otra consorte, inclinándose al principio a
la familia de los zares, mas al fin trató con la corte de Austria y
se casó en marzo siguiente con la archiduquesa María Luisa, hija del
emperador José II: unión que si bien por de pronto pudo lisonjear a
Napoleón, sirviole de poco a la hora del infortunio.
[Sidenote: Refuerzos que envía a España.]
Antes y en el tiempo en que mostró al senado su propósito de cruzar los
Pirineos, dio cuenta el ministro de la guerra de Francia del estado
de fuerza que había en España, manifestando que para continuar las
operaciones militares bastaba completar los cuerpos allí existentes con
30.000 hombres reunidos en Bayona. Pasaron en efecto estos la frontera,
y con ellos y otros refuerzos que posteriormente llegaron, ascendió
dentro de la península el número de franceses, en el año de 1810 en que
vamos, a unos 300.000 hombres de todas armas.
[Sidenote: Resolución de invadir las Andalucías.]
Llamaba singularmente la atención del gabinete de las Tullerías el
destruir el ejército inglés, situado ya en Portugal a la derecha del
Tajo. Pero el gobierno de José prefería a todo invadir las Andalucías,
esperando así disolver la junta central, principal foco de la
insurrección española. Por tanto puso su mayor ahínco en llevar a cabo
esta su predilecta empresa.
Destináronse para ella los tres cuerpos de ejército 1.º, 4.º y 5.º,
con la reserva y algunos cuerpos españoles de nueva formación, en que
tenían los enemigos poca fe, constando el total de la fuerza de unos
55.000 hombres. Mandábalos José en persona, teniendo por su mayor
general al mariscal Soult, que era el verdadero caudillo.
[Sidenote: Sus preparativos.]
Sentaron los franceses sus reales el 19 de enero en Santa Cruz de
Mudela. A su derecha y en Almadén del Azogue se colocó antes el
mariscal Victor con el primer cuerpo, debiendo penetrar en Andalucía
por el camino llamado de la Plata. A la izquierda apostose en
Villanueva de los Infantes el general Sebastiani, que regía el 4.º y que
se preparaba a tomar la ruta de Montizón. Debía atravesar la sierra,
partiendo del cuartel general de Santa Cruz, y dirigiendo su marcha por
el centro de la línea, cuya extensión era de unas 20 leguas, el 5.º
cuerpo del mando del mariscal Mortier, al que acompañaba la reserva
guiada por el general Dessolles.
Los franceses así distribuidos y tomadas también otras precauciones,
se movieron hacia las Andalucías. No habían de aquel suelo pisado
anteriormente sino hasta Córdoba, y la memoria de la suerte de Dupont
traíalos todavía desasosegados. Sepáranse aquellas provincias de las
demás de España por los montes Marianos, o sea la Sierra Morena, cuyos
ramales se prolongan al levante y ocaso, y se internan por el mediodía,
cortando en varios valles con otros montes, que se desgajan de Ronda y
Sierra Nevada, las mismas Andalucías en donde ya los moros formaron los
cuatro reinos en que ahora se dividen: tierra toda ella, por decirlo
así, de promisión, y en la que por la suavidad de su temple [Sidenote:
(* Ap. n. 11-1.)] y la fecundidad de sus campos, pusieron los antiguos,
según la narración de Estrabón [*] con referencia a Homero, la morada
de los bienaventurados, los Campos Elisios.
[Sidenote: Los de los españoles.]
Pocos tropiezos tenían los enemigos que encontrar en su marcha. No eran
extraordinarios los que ofrecía la naturaleza, y fueron tan escasos
los trabajos ejecutados por los hombres, que se limitaban a varias
cortaduras y minas en los pasos más peligrosos y al establecimiento de
algunas baterías. Se pensó al principio en fortificar toda la línea
adoptando un sistema completo de defensa, dividido en provisional y
permanente, el primero con objeto de embarazar al enemigo a su tránsito
por la sierra, y el segundo con el de detenerle del todo, levantando
detrás de las montañas y del lado de Andalucía unas cuantas plazas
fuertes que sirviesen de apoyo a las operaciones de la guerra, y a
la insurrección general del país. Una comisión de ingenieros visitó
la cordillera y aun dio su informe, pero como tantas otras cosas
de la junta central, quedose esta en proyecto. También se trató de
abandonar la sierra y de formar en Jaén un campo atrincherado, de lo
que igualmente se desistió, temerosos todos de la opinión del vulgo que
miraba como antemural invencible el de los montes Marianos.
Dio ocasión a tal pensamiento el considerar las escasas fuerzas que
había para cubrir convenientemente toda la línea. Después de la
dispersión de Ocaña, solo se habían podido juntar unos 25.000 hombres,
que estaban repartidos en los puntos más principales de la sierra.
Una división, al mando de Don Tomás de Zeráin, ocupaba a Almadén, de
donde ya el 15 se replegó acometida por el mariscal Victor. Otra,
a las órdenes de Don Francisco Copons, permaneció hasta el 20 en
Mestanza y San Lorenzo. Colocáronse tres con la vanguardia en el
centro de la línea. De ellas, la 3.ª, del cargo de Don Pedro Agustín
Girón, en el puerto del Rey, y la vanguardia, junto con la 1.ª y 4.ª,
gobernadas respectivamente por los generales Don José Zayas, Lacy y
González Castejón, en la venta de Cárdenas, Despeñaperros, Collado
de los Jardines y Santa Elena. Situose a una legua de Montizón, en
Venta Nueva, la 2.ª, a las órdenes de Don Gaspar Vigodet, a la que se
agregaron los restos de la 6.ª que antes mandaba Don Peregrino Jácome.
El 20 de enero se pusieron los franceses en movimiento por toda la
línea. Su reserva y su 5.º cuerpo dirigiéronse a atacar el puerto
del Rey, y el de Despeñaperros, ambos de difícil paso a ser bien
defendidos. Por el último va la nueva calzada, ancha y bien construida,
abierta en los mismos escarpados de la montaña de Valdazores, y a
grande altura del río Almudiel, que, bañándola por su izquierda, corre
engargantado entre cerrados montes que forman una honda y estrechísima
quebrada. La angostura del terreno comienza a unos 300 pasos de la
venta de Cárdenas, yendo de la Mancha a Andalucía, y termina no lejos de
las Correderas, casería distante una legua de la misma venta. En este
trecho habían los españoles excavado tres minas, levantando detrás, en
el collado de los Jardines, una especie de campo atrincherado. Por la
derecha de Despeñaperros lleva al puerto del Rey un camino que parte
de la venta de Melocotones, antes de llegar a la de Cárdenas; este era
el antiguo, mal carretero y en parajes solo de herradura, juntándose
después, y más allá de Santa Elena, con el nuevo. Entre ambos hay una
vereda que guía al puerto del Muradal, existiendo otras estrechas que
atraviesan la cordillera por aquellas partes.
[Sidenote: Los franceses atacan y cruzan Sierra Morena.]
En la mañana del indicado 20 salió del Viso el general Dessolles con
la reserva de su mando y además un regimiento de caballería. Dirigiose
al puerto del Rey que defendía el general Girón. La resistencia no
fue prolongada: los españoles se retiraron con bastante precipitación
y del todo se dispersaron en las Navas de Tolosa. Al mismo tiempo
la división del general Gazan acometió el puerto del Muradal con
una de sus brigadas, y con la otra se encaramó por entre este paso
y Despeñaperros, viniendo a dar ambas a las Correderas, esto es, a
espalda de los atrincheramientos y puestos españoles. El mariscal
Mortier, al frente de la división Girard, con caballería, artillería
ligera y los nuevos cuerpos creados por José, pensó en embestir por la
calzada de Despeñaperros, y lo ejecutó cuando supo que a su derecha el
general Gazan, habiendo arrollado a los españoles, estaba para envolver
las posiciones principales de estos. Las minas que en la calzada había
reventaron, mas hicieron poco estrago; los enemigos avanzaron con
rapidez, y los nuestros, temiendo ser cortados, todo lo abandonaron,
como también el atrincheramiento del collado de los Jardines. Perdieron
los españoles 15 cañones y bastantes prisioneros, salvándose por
las montañas algunos soldados, y tirando otros, con Castejón, hacia
Arquillos, en donde luego veremos no tuvieron mayor ventura. Aréizaga,
que todavía conservaba el mando en jefe, acompañado de algunos
oficiales y cortas reliquias, precipitadamente corrió a ponerse en
salvo al otro lado del Guadalquivir. Los franceses llegaron la noche
del mismo 20 a La Carolina, y al día siguiente pasaron a Andújar
después de haber atravesado por Bailén, cuyas glorias se empañaban
algún tanto con las lástimas que ahora ocurrían. El mariscal Soult y
el rey José no tardaron en adelantarse hasta la citada villa en donde
pusieron su cuartel general.
Llegó también luego a Andújar el mariscal Victor, que desde Almadén
no había encontrado grandes tropiezos en cruzar la sierra. La junta
de Córdoba pensó ya tarde en fortificar el paso de Mano de Hierro y
el camino de la Plata, y en juntar los escopeteros de las montañas.
La división de Zeráin y la de Copons tuvieron que abandonar sus
respectivas posiciones, y el mariscal Victor, después de hacer algunos
reconocimientos hacia Santa Eufemia y Belalcázar, se dirigió sin
artillería ni bagajes por Torrecampo, Villanueva de la Jara y Montoro
a Andújar, en donde se unió con las fuerzas de su nación que habían
desembocado del puerto del Rey y de Despeñaperros. De estas, el mariscal
Soult envió la reserva de Dessolles con una brigada de caballería
por Linares sobre Baeza, para que se diese la mano con el general
Sebastiani, a cuyo cargo había quedado pasar la sierra por Montizón.
Dicho general, aunque no fue en su movimiento menos afortunado que
sus compañeros, halló, sin embargo, mayor resistencia. Guarnecía por
aquella parte Don Gaspar Vigodet las posiciones de Venta Nueva y Venta
Quemada, y las sostuvo vigorosamente durante dos horas con fuerza poco
aguerrida e inferior en número, hasta que el enemigo habiendo tomado
la altura llamada de Matamulas, y otra que defendió con gran brío
el comandante Don Antonio Brax, obligó a los nuestros a retirarse.
Vigodet mandó, en su consecuencia, a todos los cuerpos que bajasen de
las eminencias y se reuniesen en Montizón, de donde, replegándose con
orden y en escalones, empezó luego a desbandársele un escuadrón de
caballería que con su ejemplo descompuso también a los otros, y juntos
atropellaron y desconcertaron la infantería, disolviéndose así toda la
división. Con escasos restos entró Vigodet el 20 de enero, después de
anochecido, en el pueblo de Santisteban, y al amanecer, viéndose casi
solo, partió para Jaén, a cuya ciudad habían ya llegado el general en
jefe Aréizaga y los de división Girón y Lacy, todos desamparados y en
situación congojosa.
Sebastiani continuó su marcha, y cerca de Arquillos tropezó el 29
con el general Castejón que se replegaba de la sierra con algunas
reliquias. La pelea no fue reñida; caído el ánimo de los nuestros y
rota la línea española, quedaron prisioneros bastantes soldados y
oficiales, entre ellos el mismo Castejón. El general Sebastiani se puso
entonces por la derecha en comunicación con el general Dessolles, y
destacando fuerzas por su izquierda hasta Úbeda y Baeza, ocupó hacia
aquel lado la margen derecha del Guadalquivir. Lo mismo hicieron por el
suyo hasta Córdoba los otros generales, con lo que se completó el paso
de la sierra, habiendo los franceses maniobrado sabiamente, si bien es
verdad tuvieron entonces que habérselas con tropas mal ordenadas y con
un general tan desprevenido como lo era Don Juan Carlos de Aréizaga.
[Sidenote: Entran en Jaén y en Córdoba.]
Prosiguiendo su movimiento pasó el general Sebastiani el Guadalquivir
y entró el 23 en Jaén, en donde cogió muchos cañones y otros aprestos
que se habían reunido con el intento de formar un campo atrincherado.
El mariscal Victor entró el mismo día en Córdoba, y poco después
llegó allí José. Salieron diputaciones de la ciudad a recibirle y
felicitarle, cantose un Te Deum y hubo fiestas públicas en celebración
del triunfo. Esmerose el clero en los agasajos, y se admiró José de
ser mejor tratado que en las demás partes de España. Detuviéronse
los franceses en Córdoba y sus alrededores algunos días, temerosos
de la resistencia que pudiera presentar Sevilla, e inciertos de las
operaciones del ejército del duque de Alburquerque.
[Sidenote: Ejército del duque de Alburquerque.]
Ocupaba este general las riberas del Guadiana después que se retiró
de hacia Talavera, en consecuencia de la rota de Ocaña; tenía en Don
Benito su cuartel general. En enero constaba su fuerza en aquel punto
de 8000 infantes y 600 caballos, y además se hallaban apostados entre
Trujillo y Mérida unos 3100 hombres a las órdenes de los brigadieres
Don Juan Senén de Contreras y Don Rafael Menacho; tropa esta que se
destinaba, caso que avanzasen los franceses, para guarnecer la plaza de
Badajoz, muy desprovista de gente.
[Sidenote: Viene sobre Andalucía.]
La junta central, luego que temió la invasión de las Andalucías, empezó
a expedir órdenes al de Alburquerque las más veces contradictorias, y
en general dirigidas a sostener por la izquierda la división de Don
Tomás de Zeráin, avanzada en Almadén. Las disposiciones de la junta,
fundándose en voces vagas, más bien que en un plan meditado de campaña,
eran por lo común desacertadas. El duque de Alburquerque, sin embargo,
deseando cumplir por su parte con lo que se le prevenía, trataba de
adelantarse hacia Agudo y Puertollano cuando, sabedor de la retirada
de Zeráin, y después de la entrada de los franceses en La Carolina,
mudó por sí de parecer y se encaminó la vuelta de la Andalucía, con
propósito de cubrir el asiento del gobierno. Este, al fin, y ya
apretado, ordenó a aquel hiciese lo mismo que ya había puesto en
obra, mas con instrucciones de que acertadamente se separó el general
español, disponiendo, contra lo que se le mandaba, que las tropas de
Senén de Contreras y Menacho partiesen a guarnecer la plaza de Badajoz.
Con lo demás de la fuerza, esto es, con 8000 infantes y 600 caballos,
encaminándose Alburquerque el 22 de enero por Guadalcanal a Andalucía,
cruzó el Guadalquivir en las barcas de Cantillana haciendo avanzar
a Carmona su vanguardia y a Écija sus guerrillas, que luego se
encontraron con las enemigas. La junta central había mandado que se
uniesen a Alburquerque las divisiones de D. Tomás Zeráin y de D.
Francisco Copons, únicas de las que defendían la sierra que quedaron
por este lado. Mas no se verificó, retirándose ambas separadamente al
condado de Niebla. La última, más completa, se embarcó después para
Cádiz en el puerto de Lepe. Lo mismo lucieron en otros puntos las
reliquias de la primera.
Siendo las tropas que regía el duque de Alburquerque las solas que
podían detener a los franceses en su marcha, déjase discurrir cuán
débil reparo se oponía al progreso de estos, y cuán necesario era que
la junta central se alejase de Sevilla si no quería caer en manos del
enemigo.
[Sidenote: Retírase de Sevilla la junta central.]
Ya conforme al decreto, en su lugar mencionado, del 13 de enero,
habían empezado a salir de aquella ciudad, pasado el 20, varios
vocales, enderezándose a la Isla de León, punto del llamamiento. Mas,
estrechando las circunstancias, casi todos partieron en la noche
del 23 y madrugada del 24, unos por el río abajo y otros por tierra.
[Sidenote: Contratiempos en el viaje de sus individuos.] Los primeros
viajaron sin obstáculo, no así los otros a quienes rodearon muchos
riesgos, alborotados los pueblos del tránsito, que se creían, con la
retirada del gobierno, abandonados y expuestos a la ira e invasión
enemigas. Corrieron, sobre todo, inminente peligro el presidente,
que lo era a la sazón el arzobispo de Laodicea, y el digno conde
de Altamira, marqués de Astorga, salvándose en Jerez ellos y otros
compañeros suyos como por milagro de los puñales de la turba amotinada.
[Sidenote: Sospechas de insurrección en Sevilla.]