La escasez por tanto tocaba al último punto. Los más de los habitantes

habían ya consumido las provisiones que cada uno en particular había

acopiado, y de ellos y de los forasteros refugiados en la plaza veíanse

muchos caer en las calles muertos de hambre. Apenas quedaba otra

cosa en los almacenes para la guarnición que trigo, y como no había

molinos, suplíase la falta machacando el grano en almireces o cascos

de bomba, y a veces entre dos piedras; y así, y mal cocido, se daba al

soldado. Nacieron de aquí y se propagaron todo género de dolencias,

estando henchidos los hospitales de enfermos, y sin espacio ya para

contenerlos. Solo de la guarnición perecieron en este mes de octubre

793 individuos, comenzando también a faltar hasta los medicamentos más

comunes. [Sidenote: Tercera e inútil tentativa de Blake para socorrer

a Gerona.] Inútilmente Don Joaquín Blake trató por tercera vez de

introducir socorros. De Hostalrich aproximose el 18 de octubre a

Bruñolas, y aguantó el 20 un ataque del enemigo, cuya retaguardia picó

después O’Donnell hasta los llanos de Gerona. Acudiendo el mariscal

Augereau con nuevas fuerzas, retirose Blake camino de Vic dejando

solo a O’Donnell en Santa Coloma, quien a pesar de haber peleado

esforzadamente, cediendo al número tuvo que abandonar el puesto y

todo su bagaje. Quedaban así a merced del vencedor las provisiones

reunidas en Hostalrich que pocos días después fueron por la mayor parte

destruidas, habiendo entrado el enemigo la villa, si bien defendida por

los vecinos con bastante empeño.

[Sidenote: Noviembre.]

Dentro de Gerona no dio noviembre lugar a combates excusados y

peligrosos en concepto de los sitiadores. Renováronse, sí, de parte de

estos las intimaciones, valiéndose de paisanos, de soldados y hasta

de frailes que fueron o mal acogidos o presos por el gobernador.

Pero las lástimas y calamidades se agravaban más y más cada día.[*]

[Sidenote: Hambre horrorosa. Carestía de víveres. (* Ap. n. 10-1.)]

Las carnes de caballo, jumento y mulo de que poco antes se había

empezado a echar mano, íbanse apurando ya por el consumo de ellas,

ya también porque faltos de pasto y alimento, los mismos animales se

morían de hambre comiéndose entre sí las crines. Cuando la codicia de

algún paisano, arrostrando riesgos, introducía comestibles, vendíanse

estos a exorbitantes precios; costaba una gallina diez y seis pesos

fuertes, y una perdiz cuatro. Adquirieron también extraordinario valor

aun los animales más inmundos, habiendo quien diese por un ratón cinco

reales de vellón, y por un gato treinta. Los hospitales, sin medicinas

ni alimentos, y privados de luz y fuego, habíanse convertido en un

cementerio en que solo se divisaban no hombres sino espectros. Las

heridas eran por lo mismo casi todas mortales y se complicaban con las

calenturas contagiosas que a todos afligían, acabando por manifestarse

el terrible escorbuto y la disentería.

[Sidenote: Vacila el ánimo de algunos.]

A la vista de tantos males juntos de guerra, hambre, enfermedades y

dolorosas muertes, flaqueaban hasta los más constantes. Solo Álvarez

se mantenía inflexible. [Sidenote: Inflexibilidad de Álvarez.] Había

algunos, aunque contados, que hablaban de capitular; otros, queriendo

incorporarse al ejército, proponían abrirse paso por medio del enemigo.

De los primeros hubo quien osó pronunciar en presencia del gobernador

la palabra _capitulación_, pero este interrumpiéndole prontamente

díjole: «¿Cómo, solo usted es aquí cobarde? Cuando ya no haya víveres

nos comeremos a usted y a los de su ralea, y después resolveré lo que

más convenga.»

Entre los que con pensamientos más honrados ansiaban salir por

fuerza de la plaza, se celebraron reuniones y aun se hicieron varias

propuestas, mas la junta, recelando desagradables resultas, atajó el

mal, y todos se sometieron a la firme condición del gobernador.

[Sidenote: Bando de Álvarez.]

Este, cuanto más crecía el peligro, más impertérrito se mostraba,

dando por aquellos días un bando así concebido. «Sepan las tropas que

guarnecen los primeros puestos que los que ocupan los segundos tienen

orden de hacer fuego, en caso de ataque, contra cualquiera que sobre

ellos venga, sea español o francés, pues todo el que huye hace con su

ejemplo más daño que el mismo enemigo.»

[Sidenote: Gracias que concede la central a Gerona.]

La larga y empeñada resistencia de Gerona dio ocasión a que la junta

central concediese a sus defensores iguales gracias que a los de

Zaragoza, y provocó en el principado de Cataluña el deseo de un

levantamiento general para ir a socorrer la plaza. Con intento de

llevar a cabo esta última medida, [Sidenote: Congreso catalán.] se

juntó en Manresa antes de concluirse noviembre un congreso compuesto de

individuos de todas clases y de todos los puntos del principado.

[Sidenote: Estado deplorable de la plaza.]

Pero ya era tarde. Tras del triste y angustiado verano en el que ni

las plantas dieron flores, ni cría los brutos, llegó el otoño que

húmedo y lluvioso acreció las penas y desastres. Desplomadas las

casas, desempedradas las calles, y remansadas en sus hoyos las aguas

y las inmundicias, quedaron los vecinos sin abrigo y respirábase en

la ciudad un ambiente infecto, corrompido también con la putrefacción

de cadáveres que yacían insepultos en medio de escombros y ruinas.

Habían perecido en noviembre 1378 soldados y casi todas las familias

desvalidas. No se veían mujeres encintas, falleciendo a veces de

inanición en el regazo de las madres el tierno fruto de sus entrañas.

La naturaleza toda parecía muerta.

[Sidenote: Diciembre.]

Los enemigos, aunque prosiguieron arrojando bombas e incomodando con

sus fuegos, no habían renovado sus asaltos, escarmentados en sus

anteriores tentativas. Mas el mariscal Augereau, viendo que el congreso

catalán excitaba a las armas a todo el principado, recelose que Gerona

con su constancia diese tiempo a ser socorrida, por lo que en la noche

del 2 de diciembre, [Sidenote: Renuevan los franceses sus ataques.]

aniversario de la coronación de Napoleón, emprendió nuevas acometidas.

Ocupó de resultas el arrabal del Carmen, y levantando aún más baterías,

ensanchó las antiguas brechas y abrió otras. El 7 se apoderó del

reducto de la ciudad y de las casas de la Gironella, en donde sus

soldados se atrincheraron y cortaron la comunicación con los fuertes,

a cuyas guarniciones no les quedaba ni aun de su corta ración sino

para dos días. Imperturbable Álvarez, si bien ya muy enfermo, dispuso

socorrer aquellos puntos, y consiguiolo enviando trigo para otros tres

días, que fue cuanto pudo recogerse en su extrema penuria.

[Sidenote: Ataque del 7 de diciembre.]

En la tarde del 7, después de haber inútilmente procurado los enemigos

intimar la rendición a la plaza, rompieron el fuego por todas partes

desde la batería formada al pie de Montelibi hasta los apostaderos del

arrabal del Carmen, imposibilitando de este modo el tránsito del puente

de piedra.

[Sidenote: Se agolpan contra Gerona todo género de males.]

Gerona, en fin, se hallaba el 8 sin verdadera defensa. Perdidos casi

todos sus fuertes exteriores, veíase interrumpida la comunicación con

tres que aún no lo estaban. Siete brechas abiertas, 1100 hombres era la

fuerza efectiva, y estos convalecientes o batallando, como los demás,

contra el hambre, el contagio y la continua y penosa fatiga. De sus

cuerpos no quedaba sino una sombra, y el espíritu aunque sublime no

bastaba para resistir a la fuerza física del enemigo. Hasta Álvarez,

de cuya boca, como de la de Calvo, gobernador de Maestricht, no salían

otras palabras que las de «no quiero rendirme», doliente durante el

sitio de tercianas, [Sidenote: Enfermedad de Álvarez.] rindiose al fin

a una fiebre nerviosa que el 4 de diciembre ya le puso en peligro.

Continuó no obstante dando sus órdenes hasta el 8, en que, entrándole

delirio, hizo el 9, en un intervalo de sano juicio, dejación del mando

en el teniente de rey Don Julián Bolívar. [Sidenote: Sustitúyele

D. Julián Bolívar.] Su enfermedad fue tan grave que recibió la

extremaunción, y se le llegó a considerar como muerto. Hasta entonces

no parecía sino que aun las bombas en su caída habían respetado tan

grande alma, pues destruido todo en su derredor y los más de los

cuartos de su propia casa, quedó en pie el suyo, no habiéndose nunca

mudado del que ocupaba al principio del sitio.

[Sidenote: Háblase de capitular.]

Postrado Álvarez, postrose Gerona. En verdad ya no era dado resistir

más tiempo. D. Julián Bolívar congregó la junta corregimental y una

militar. Dudaban todos qué resolver, ¡tanto les pesaba someterse al

extranjero!; pero habiendo recibido aviso del congreso catalán de que

su socorro no llegaría con la deseada prontitud, tuvieron que ceder a

su dura estrella, y enviaron para tratar al campo enemigo a D. Blas de

Fournás. [Sidenote: Honrosa capitulación de Gerona. (* Ap. n. 10-2.)]

Acogió bien a este el mariscal Augereau y se ajustó [*] entre ambos

una capitulación honrosa y digna de los defensores de Gerona. Entraron

los franceses en la plaza el 11 de diciembre por la puerta del Areny,

y asombráronse al considerar aquel montón de cadáveres y de escombros,

triste monumento de un malogrado heroísmo. Habían allí perecido de 9 a

10.000 personas, entre ellas 4000 moradores.

[Sidenote: Extraordinaria defensa la de esta plaza.]

Carnot nos dice que, consultando la historia de los sitios modernos,

apenas puede prolongarse más allá de 40 días la defensa de las mejores

plazas, ¡y la de la débil Gerona duró siete meses! Atacáronla los

franceses, conforme hemos visto, con fuerzas considerables, levantaron

contra sus muros 40 baterías de donde arrojaron más de 60.000 balas y

20.000 bombas y granadas, valiéndose por fin de cuantos medios señala

el arte. Nada de esto sin embargo rindió a Gerona, «solo el hambre,

según el dicho de un historiador de los enemigos, y la falta de

municiones pudo vencer tanta obstinación.»

Dirigieron los españoles la defensa, no solo con la fortaleza que

infundía Álvarez, sino con tino y sabiduría. Mejor avituallada, hubiera

Gerona prolongado sin término su resistencia, teniendo entonces los

enemigos que atacar las calles y las casas, en donde, como en Zaragoza,

hubieran encontrado sus huestes nuevo sepulcro.

[Sidenote: Álvarez, trasladado a Francia. Su muerte.]

El gobernador Don Mariano Álvarez, aunque desahuciado, volvió en sí,

y el 23 de diciembre le sacaron para Francia. Desde allí tornáronle

a poco a España, y le encerraron en un calabozo del castillo de

Figueras, habiéndole antes separado de sus criados y de su ayudante Don

Francisco Satué. Al día siguiente de su llegada susurrose que había

fallecido, y los franceses le pusieron de cuerpo presente tendido en

unas parihuelas, [Sidenote: Sospechas de que fue violenta.] apareciendo

la cara del difunto hinchada y de color cárdeno a manera de hombre a

quien han ahogado o dado garrote. Así se creyó generalmente en España,

y en verdad la circunstancia de haberle dejado solo, los indicios

que de muerte violenta se descubrían en su semblante, y noticias

confidenciales [*] [Sidenote: (* Ap. n. 10-3.)] que recibió el gobierno

español, daban lugar a vehementes sospechas. Hecho tan atroz no merecía

sin embargo fe alguna, a no haber amancillado su historia con otros

parecidos el gabinete de Francia de aquel tiempo.

[Sidenote: Honores concedidos a la memoria de Álvarez.]

La junta central decretó «que se daría a Don Mariano Álvarez, si

estaba vivo, una recompensa propia de sus sobresalientes servicios,

y que si por desgracia hubiese muerto, se tributarían a su memoria

y se darían a su familia los honores y premios debidos a su ínclita

constancia y heroico patriotismo.» Las cortes congregadas más adelante

en Cádiz mandaron grabar su nombre en letras de oro en el salón de

las sesiones, al lado de los ilustres Daoiz y Velarde. En 1815

Don Francisco Javier Castaños, capitán general de Cataluña, pasó a

Figueras, hízole las debidas exequias, y colocó en el calabozo en donde

había expirado una lápida que recordase el nombre de Álvarez a la

posteridad. Honores justamente tributados a tan claro varón.

[Sidenote: Estado de las otras provincias.]

Ocurrieron durante el largo sitio de Gerona en las demás partes de

España diversos e importantes acontecimientos. De los más principales

hasta la batalla de Talavera dimos cuenta. Reservamos otros para este

lugar, sobre todo los que acaecieron posteriormente a aquella jornada.

Entre ellos distinguiremos los generales y que tomaban principio en el

gobierno central, de los particulares de las provincias, empezando por

los últimos nuestra narración.

[Sidenote: Provincias libres.]

Debe considerarse en aquel tiempo el territorio español como dividido

en país libre y en país ocupado por el extranjero. Valencia, Murcia,

las Andalucías, parte de Extremadura y de Salamanca, Galicia y Asturias

respiraban desembarazadas y libres, trabajadas solo por interiores

contiendas. Mostrábase Valencia rencillosa y pendenciera, excitando

al desorden el ambicioso general Don José Caro, quien, habiéndose

valido de ciertas cabezas de la insurrección para derribar de su

puesto al conde de la Conquista, las persiguió después y maltrató

encarnizadamente. Murcia, aunque satélite, por decirlo así, de Valencia

en lo militar, daba señales de moverse con mayor independencia cuando

se trataba de mantener la unión y el orden. Asiento las Andalucías

del gobierno central, no recibían por lo común otro impulso que el

de aquel, teniendo que someterse a su voluntad la altiva junta de

Sevilla. Permaneció en general sumisa Extremadura, y la parte libre de

Salamanca estaba sobradamente hostigada con la cercanía del enemigo

para provocar ociosas reyertas. En Galicia y Asturias no reinaba el

mejor acuerdo, resintiéndose ambas provincias de los males que causó la

atropellada conducta de Romana. Desabrida la primera con la persecución

de los patriotas, no ayudó al conde de Noroña que quedó mandando y a

quien también faltaba el nervio y vigor entonces tan necesarios, lo

cual excitó de todas partes vivas reclamaciones al gobierno supremo

para que se restableciese la junta provincial que Romana ni pensó ni

quiso convocar. Al cabo, pero pasados meses, se atendió a tan justos

clamores. Gobernaban a Asturias el general Mahy y la junta que formó

el mismo Romana, autoridades ambas harto negligentes. En octubre fue

reemplazado el primero por el general Don Antonio de Arce. Habíale

enviado de Sevilla la junta central en compañía del consejero de Indias

Don Antonio de Leiva, a fin de que aquel capitanease la provincia y de

que los dos oyesen las quejas de los individuos de la junta disuelta

por Romana. Ejecutose lo postrero mal y lentamente, y en lo demás nada

adelantó el nuevo general, hombre pacato y flojo. Reportose, por tanto,

poco fruto en las provincias libres de las buenas disposiciones de

los habitantes, siendo menester que el enemigo punzase de cerca para

estimular a las autoridades y acallar sus desavenencias.

[Sidenote: Provincias ocupadas.]

Tampoco faltaban rivalidades en las provincias ocupadas,

particularmente entre los jefes militares, achaque de todo estado en

que las revueltas han roto los antiguos vínculos de subordinación y

orden. Vamos a hablar de lo que en ellas pasó hasta fines de 1809.

[Sidenote: Navarra y Aragón.]

Pulularon en Aragón, después de las funestas jornadas de María y

Belchite, los partidarios y cuerpos francos. Recorrían unos los valles

del Pirineo e izquierda del Ebro, otros la derecha y los montes que se

elevan entre Castilla la Nueva y reino de Aragón. Aquellos obraban por

sí y sostenidos a veces con los auxilios que les enviaba Lérida; los

segundos escuchaban la voz de la junta de Molina y en especial la de la

de Aragón, que, restablecida en Teruel el 30 de mayo, tenía a veces que

convertirse, como muchas otras y a causa de las ocurrencias militares,

en ambulante y peregrina.

Abrigáronse partidarios intrépidos de las hoces y valles que forma

el Pirineo desde el de Benasque en la parte oriental, hasta el de

Ansó situado al otro extremo. También aparecieron muy temprano en el

de Roncal, que pertenece a Navarra, fragoso y áspero, propio para

embreñarse por selvas y riscos. [Sidenote: Renovales.] En estos dos

últimos y aledaños valles campeó con ventura D. Mariano Renovales.

Prisionero en Zaragoza, se escapó cuando le llevaban a Francia, y

dirigiéndose a lugares solitarios, se detuvo en Roncal para reunir

varios oficiales también fugados. Noticioso de ello el general francés

D’Agoult, que mandaba en Navarra, y temeroso de un levantamiento, envió

en mayo para prevenirle al jefe de batallón Puisalis con 600 hombres.

Súpolo Renovales, y allegando apresuradamente paisanos y soldados

dispersos, se emboscó el 20 del mismo mes en el país que media entre

los valles del Roncal y Ansó. [Sidenote: Combates en Roncal.] El 21,

antes de la aurora, comenzaron los combates, trabáronse en varios

puntos, duraron todo aquel día y el siguiente, en que se terminaron

con gloria nuestra al pie del Pirineo, en la alta roca llamada Undarí.

Todos los franceses que allí acudieron fueron muertos o hechos

prisioneros, excepto unos 120 que no penetraron en los valles.

Animado con esto Renovales, pero mal municionado, buscó recursos en

Lérida y trajo armeros de Éibar y Plasencia. Pertrechado algún tanto,

aguardó a los franceses, quienes invadiendo de nuevo aquellas asperezas

el 15 de junio, fueron igualmente deshechos y perseguidos hasta la

villa de Lumbier. Interpusiéronse en seguida los nuestros en los

caminos principales, y sembraron entre los enemigos el desasosiego y la

zozobra.

[Sidenote: Correspondencia entre los franceses y Renovales.]

Dieron lugar tales movimientos a que el comandante de Zaragoza, Plicque,

y el gobernador de Navarra, D’Agoult, entablasen correspondencia con

Renovales. En ella, al paso que agradecían los enemigos el buen porte de

que usaba el general español con los franceses que cogía, reclamaban

altamente el castigo de algunos subalternos, que se habían desmandado

a punto de matar varios prisioneros, quejándose también de que el

mismo Renovales se hubiese escapado, sin atender a la palabra empeñada.

Respecto de lo primero, olvidaban los franceses que a tan lamentables

excesos habían dado ellos triste ocasión, mandando D’Agoult ahorcar

poco antes, socolor de bandidos, a cinco hombres que formaban parte de

una guerrilla de Roncal; y respecto de lo segundo replicó Renovales:

«si yo me fugué antes de llegar a Pamplona, advertid que se faltó por

los franceses al sagrado de la capitulación de Zaragoza. Fui el primero

a quien el general Morlot, sin honor ni palabra, despojó de caballos y

equipaje, hollando lo estipulado. Si al general francés es lícita la

infracción de un derecho tan sagrado, no sé por qué ha de prohibirse a

un general español faltar a su palabra de prisionero.»

[Sidenote: Sarasa.]

Los triunfos de Roncal y Ansó infundieron grande espíritu en todas

aquellas comarcas, y Don Miguel Sarasa, hacendado rico, después

de haber tomado las armas y combatido en julio en varios felices

reencuentros, formó la izquierda de Renovales apostándose en San Juan

de la Peña, monasterio de benedictinos, y en cuya espelunca, como la

llama Zurita, nació la monarquía aragonesa y se enterraron sus reyes

hasta Don Alfonso el II.

Viendo los enemigos cuán graves resultas podría traer el levantamiento

de los valles del Pirineo, mayormente no habiéndoles sido dado apagarle

en su origen, idearon acometer a un tiempo el país que media entre

Jaca y el valle de Salazar, en Navarra, llamando al propio tiempo la

atención del lado de Benasque. Con este fin salieron tropas de Zaragoza

y Pamplona y de otros puntos en que tenían guarnición, no olvidando

tampoco amenazar de la parte de Francia. Un trozo dirigiose por Jaca

sobre San Juan de la Peña, otro ocupó los puertos de Salvatierra,

Castillo Nuevo y Navascués, y se juntó una corta división en el valle

de Salazar. [Sidenote: San Juan de la Peña quemado.] Fue San Juan de

la Peña el primer punto atacado. Defendiose Sarasa vigorosamente,

mas, obligado a retirarse, quemaron el 26 de agosto los franceses el

monasterio de benedictinos, conservándose solo la capilla abierta en

la peña. Con el edificio ardió también el archivo, habiéndose perdido

allí, como en el incendio del de la diputación de Zaragoza, ocurrido

durante el sitio, preciosos documentos que recordaban los antiguos

fueros y libertades de Aragón. El general Suchet fundó, por vía de

expiación, en la capilla que quedaba del abrasado monasterio, una misa

perpetua con su dotación correspondiente. Pensaba quizá cautivar de

este modo la fervorosa devoción de los habitantes, mas tomose a insulto

dicha fundación y nadie la miró como efecto de piedad religiosa.

[Sidenote: Combates en los valles de Ansó y Roncal.]

Vencido este primer obstáculo avanzaron los franceses de todas partes

hacia los valles de Ansó y Roncal. El 27 empezó el ataque en el

primero, y a pesar de la porfiada oposición de los ansotanos, entraron

los enemigos la villa a sangre y fuego.

Contrarrestó Renovales su ímpetu en Roncal los días 27, 28 y 29,

retirándose hasta el término y boquetes de la villa de Urzainqui. Mas,

agolpándose a aquel paraje los franceses del valle de Ansó, los del

de Salazar y una división procedente de Oleron en Francia, no fue

ya posible hacer por más tiempo rostro a tanta turba de enemigos.

Así, deseando Renovales salvar de mayores horrores a los roncaleses,

[Sidenote: Capitulan los valles.] determinó que Don Melchor Ornat,

vecino de la villa, capitulase honrosamente por los valles, como lo

hizo, asegurando a los naturales la libertad de sus personas y el goce

de sus propiedades. Renovales con varios oficiales, soldados y rusos

desertores se trasladó al Cinca.

[Sidenote: Benasque.]

En tanto que esto pasaba en Navarra y valles occidentales de Aragón,

llamaron también los franceses la atención a los orientales, incluso el

de Arán, en Cataluña. No llevaron en todos ellos su intento más allá

del amago, siendo rechazados en el puerto de Benasque, en donde se

señaló el paisano Pedro Berot.

[Sidenote: Perena y otros partidarios.]

Descendiendo la falda de los Pirineos, y siguiendo la orilla izquierda

del Cinca, Don Felipe Perena, Baget y otros partidarios tuvieron

con los franceses reñidos choques. En varios sacaron ventaja los

nuestros, incomodándolos incesantemente y cogiéndoles reses y víveres

que llevaban para su abastecimiento. Ansiosos los franceses de

libertarse de tan porfiados contrarios, enviaron al general Habert

para dispersarlos y despejar las riberas del Cinca. Consiguió Habert

penetrar hasta Fonz, en donde sus tropas asesinaron desapiadadamente a

los ancianos y enfermos que habían quedado. Al mismo tiempo que Habert,

cruzó el Cinca por cima de Estadilla el coronel Robert, quien al

principio fue rechazado, pero concertando ambos jefes sus movimientos,

replegáronse los partidarios españoles a Lérida, Mequinenza y puntos

abrigados, tomando después el mando de todos ellos Renovales. Ocuparon

los franceses a Fraga y Monzón, como importantes para la tranquilidad

del país.

[Sidenote: Nuevas partidas.]

Mas ni aun así consiguieron su objeto. Sarasa en octubre y noviembre

apareció de nuevo en las cercanías de Ayerbe, y procuró cortar las

comunicaciones entre Zaragoza y Jaca. Los españoles de Mequinenza

también hicieron en 16 de octubre una tentativa sobre Caspe, en un

principio dichosa, al último malograda. Otras parciales refriegas

ocurrían al mismo tiempo por aquellos parajes, poniendo al fin los

franceses su conato en apoderarse de Benasque.

[Sidenote: Ríndese Benasque.]

Mandaba allí desde 1804 el marqués de Villora, y el 22 de octubre del

año en que vamos, intimándole el comandante francés de Benavarre,

La Pageolerie, que se rindiese, contestole el marqués dignamente.

Mas en noviembre, acudiendo otra vez los franceses, cedió Villora sin

resistencia; y por esto, y por entrar después al servicio del intruso,

tachose su conducta de muy sospechosa.

[Sidenote: Junta de Aragón.]

En la margen derecha del Ebro, las juntas de Molina y Aragón trabajaban

incansables en favor de la defensa común. La última, aunque metida

en Moya, provincia de Cuenca, después de la vergonzosa jornada de

Belchite, desvivíase por juntar dispersos y promover el armamento de la

provincia. Don Ramón Gayán, [Sidenote: Gayán.] separado ya del ejército

de Blake al desgraciarse la acción de María, sirvió de mucho con su

cuerpo franco para ordenar la resistencia. Ocupaba la ermita del Águila

en el término de Cariñena, y la junta agregole el regimiento provincial

de Soria y el de la Princesa venido de Santander. Hubo entre los

nuestros y los enemigos varios reencuentros. Los últimos, en julio,

desalojaron a Gayán de la ermita del Águila, y frustrose un plan que

la junta de Aragón tenía trazado para sorprender a los franceses que

enseñoreaban a Daroca.

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de 5) · 第 7 / 35 段