Esto ocurría en Gerona cuando el general Saint-Cyr, atento a alejar de

la plaza todo género de socorros, después de haber ocupado a San Feliú

de Guíxols creyó también oportuno apoderarse de Palamós, enviando para

ello el 5 de julio al general Fontane. [Sidenote: Toman los franceses a

Palamós.] Este puerto casi aislado hubiera podido resistir largo tiempo

si le hubieran defendido tropas aguerridas y buenas fortificaciones.

Pero estas, de suyo malas, se hallaban descuidadas, y solamente las

coronaban algunos somatenes y miqueletes, que sin embargo se negaron a

rendirse y disputaron el terreno a palmos. Cañoneras fondeadas en el

puerto hicieron al principio bastante fuego; mas el de los enemigos las

obligó a retirarse. Entraron los franceses la villa y casi todos los

defensores perecieron, no siéndoles dado acogerse según lo intentaron a

las cañoneras y otros barcos que tomaron viento y se alejaron.

[Sidenote: Mariscal Augereau.]

Por el mismo tiempo llegó a Perpiñán el mariscal Augereau. Confiado en

que los catalanes escucharían su voz, dirigioles una proclama en mal

español, que mandó publicar en los pueblos del principado. [Sidenote:

Su proclama.] Mas apenas se habían fijado tres de aquellos carteles,

cuando el coronel Don Antonio Porta destruyó en San Lorenzo de la Muga

el destacamento encargado de tal comisión, volviendo a Perpiñán pocos

de los que le componían. Un ataque de gota en la mano y el ver que no

era empresa la de Cataluña tan fácil como se figuraba, detuvieron algún

tiempo al mariscal Augereau en la frontera, por lo que continuó todavía

mandando el séptimo cuerpo el general Saint-Cyr.

[Sidenote: Partidarios que molestan a los franceses.]

No desayudaban tampoco a los heroicos esfuerzos de Gerona las

escaramuzas con que divertían a los franceses los somatenes, miqueletes

y alguna tropa de línea. Don Antonio Porta los molestaba desde la raya

de Francia hasta Figueras; de aquí a Gerona entreteníalos el doctor Don

Francisco Robira, infatigable y audaz partidario. El general Wimpffen,

Don Pedro Cuadrado y los caudillos Miláns, Iranzo y Clarós, corrían la

tierra que media desde Hostalrich por Santa Coloma hasta la plaza de

Gerona. Por tanto para despejar la línea de comunicación con Francia

tuvo Saint-Cyr que enviar el 12 de julio una brigada del general Souham

a Bañolas, al mismo tiempo que el general Guillot desde Figueras se

adelantaba a San Lorenzo de la Muga.

[Sidenote: Socorro que intenta entrar en Gerona.]

Muy luego de comenzar el sitio habían los de Gerona pedido socorro,

y en respuesta a su demanda trataron las autoridades de Cataluña de

enviar un convoy y alguna fuerza a las órdenes de Don Rodulfo Marshall,

[Sidenote: Marshall.] irlandés de nación y hombre de bríos, que había

venido a España a tomar parte en su sagrada lucha. Pasaron los nuestros

delante del general Pino en Llagostera sin ser descubiertos; mas

avisado el enemigo por un soldado zaguero, tomó el general Saint-Cyr

sus medidas, y el 10 interceptó en Castellar el socorro, entrando solo

en la plaza el coronel Marshall con unos cuantos que lograron salvarse.

[Sidenote: Continúan los franceses su ataque contra Monjuich.]

Los sitiadores después del malogrado asalto de Monjuich prolongaron

sus trabajos, y abrazando los dos frentes del nordeste y noroeste

se adelantaron hasta la cresta del glacis. Nuevas y multiplicadas

baterías levantaron sin que los detuviesen nuestros fuegos ni el valor

de los sitiados. Perecieron el 31 muchos de ellos en la torre de San

Luis, que voló una bomba arrojada de la plaza, y en una salida que

voluntariamente hicieron del castillo en el mismo día varios soldados.

[Sidenote: Agosto. Ataque del revellín de Monjuich.]

Entrado agosto, continuaron los franceses con el mismo ahínco en

acometer a Monjuich, y en la noche del 3 al 4 quisieron apoderarse del

revellín del frente de ataque. Frustrose por entonces su intento; pero

al día siguiente se hicieron dueños de aquella obra, alojándose en la

cresta de la brecha: 800 hombres defendían el revellín, 50 perecieron,

[Sidenote: Grifols.] y con ellos su bizarro jefe Don Francisco de Paula

Grifols. Ni aun así se enseñorearon los franceses de Monjuich. Los

defensores antes de abandonarle hicieron una salida el 10 en daño de

los contrarios.

Sin embargo, previendo el gobernador del castillo, Don Guillermo Nash,

que no le sería ya dado sostenerse por más tiempo, había consultado

en aquellos días a su jefe Don Mariano Álvarez, quien opuesto a todo

género de capitulación o retirada tardó en contestarle. [Sidenote:

Abandonan los españoles a Monjuich.] Nash entonces juntó un consejo

de guerra y con su acuerdo evacuó a Monjuich el 12 de agosto a las

seis de la tarde, destruyendo antes la artillería y las municiones.

Ocuparon los franceses aquellos escombros, siendo maravillosa y dechado

de defensas la de este castillo, pues los sitiadores solo penetraron

en su recinto al cabo de dos meses de expugnación, y después de haber

levantado diez y nueve baterías, abierto varias brechas, y perdido

más de 3000 hombres. De los 900 que componían la guarnición española

murieron 18 oficiales y 511 soldados, sin quedar apenas quien no

estuviese herido.

Poco antes de la evacuación, y ya esta resuelta, recibió Don Guillermo

Nash pliegos del gobernador Álvarez, en los que, lejos de aprobar

la retirada de Monjuich, estimulaba a la defensa con premios y

ofrecimientos. No por eso se cambió de parecer, juzgando imposible

prolongar la resistencia. Los jefes, al entrar en la plaza, pidieron

que se les formase consejo de guerra si no habían cumplido con su

obligación. Pero Álvarez, justo no menos que tenaz y valeroso, aprobó

su conducta.

[Sidenote: Esperanzas vanas de los franceses con la ocupación de

Monjuich.]

Miraba el enemigo como tan importante la rendición de Monjuich que al

dar Verdier cuenta de ella a su gobierno, afirmaba que la ciudad se

entregaría dentro de ocho o diez días. Grande fue su engaño. Cierto era

que la plaza, con la pérdida del castillo, quedaba por aquella parte

muy comprometida, cubriéndola solo un flaco y antiguo muro, y ningunos

otros fuegos sino los de la torre de la Gironella y los de dos baterías

situadas encima de la puerta de San Cristóbal y muralla de Sarracinas.

También los franceses se habían posesionado el 2 del convento de San

Daniel, en la cañada del Galligans, e impedido la entrada de los cortos

socorros que todavía de cuando en cuando penetraban en la plaza por

aquel lado.

[Sidenote: Estrechan la plaza.]

Hasta entonces, persuadidos los sitiadores de que con la ocupación de

Monjuich abriría la ciudad sus puertas, no habían contra ella apretado

el sitio. Solo por medio de una batería de 4 cañones y 2 obuses,

plantada en la ladera del Puig Denroca, molestaban a los vecinos y

hacían desde su elevada posición daño en los baluartes de San Pedro,

Figuerola y en San Narciso. Construyeron ahora tres baterías: una en

Monjuich de 4 cañones de a 24; otra encima del arrabal de San Pedro,

y la tercera en el monte Denroca. Rompieron todas ellas sus fuegos el

día 19, atacando principalmente la muralla de San Cristóbal y la puerta

de Francia. Los sitiados para remediar el estrago y ofrecer nuevos

obstáculos imaginaron muchas y oportunas obras: cerraron las calles

que desembocan en la plaza de San Pedro, y abrieron una gran cortadura

defendida detrás por un parapeto. Los franceses, que, escarmentados

con el ejemplar de Zaragoza, huían de empeñar la lucha en las calles,

no insistieron con ahínco en su ataque de la puerta de Francia, y

revolvieron contra la de San Cristóbal y muralla de Santa Lucía, paraje

en verdad el más flaco y elevado de la plaza. Adelantaron para ello sus

trabajos, y construidas nuevas baterías de brecha y morteros, vomitaron

estas muerte y destrozos los últimos días de agosto, con especialidad

en los dos puntos últimamente indicados y en los cuarteles nuevo y

viejo de Alemanes. Quisieron el 25 alojarse los enemigos en las casas

de la Gironella; pero una partida española que salió del fuerte del

Condestable impidió su intento, matando a unos y cogiendo a otros

prisioneros.

Pocos esfuerzos de esta clase le era lícito hacer a la guarnición,

escasa de suyo y menguada con las pérdidas de Monjuich y las diarias de

la plaza. La corta población de Gerona tampoco daba ensanche, como en

Zaragoza, para repetir las salidas. Ni aun apenas hubiera quedado gente

que cubriese los puestos si de cuando en cuando, y subrepticiamente,

no se hubiesen introducido en el recinto algunos hombres llevados de

verdadera y desinteresada gloria, de los cuales en aquellos días hubo

100 que vinieron de Olot.

[Sidenote: Respuesta notable de Álvarez.]

No obstante, el gobernador Don Mariano Álvarez, activo al propio tiempo

que cuerdo, no desaprovechaba ocasión de molestar al enemigo y retardar

sus trabajos, y a un oficial que encargado de una pequeña salida le

preguntaba que adónde, en caso de retirarse, se acogería, respondiole

severamente, _al cementerio_.

[Sidenote: Su diligencia.]

Mas luego que vio atacado el recinto de la plaza, puso su mayor

conato en reforzar el punto principalmente amenazado: para lo cual,

construyendo en parajes proporcionados varias baterías, hasta colocó

una de dos cañones encima de la bóveda de la catedral. Aunque los

enemigos desencabalgaron pronto muchas piezas, ofendíales en gran

manera la fusilería de las murallas, y sobre todo las granadas, bombas

y polladas que de lugares ocultos se lanzaban a las trincheras y

baterías vecinas. Los apuros, sin embargo, crecían dentro de la ciudad,

y se disminuía más y más el número de defensores, siendo ya tiempo de

que fuese socorrida.

[Sidenote: Don Joaquín Blake.]

El general Don Joaquín Blake, quien, después de su desgraciada campaña

de Aragón, regresó, según dijimos, a Cataluña, puesta también bajo

su mando, salió en julio de Tarragona con solo sus ayudantes, y

recorrió la tierra hasta Olot. En su viaje, si bien detenido por una

indisposición, no permaneció largo tiempo, retrocediendo a Tortosa

antes de concluirse el mes; de allí, tomadas ciertas disposiciones,

pensó con eficacia en auxiliar a Gerona.

[Sidenote: Va al socorro de Gerona.]

Aguijábanle a ello las vivas reclamaciones de aquella plaza, y las

que de palabra hizo Don Enrique O’Donnell, enviado por Álvarez al

intento. Blake, resuelto a la empresa, atendió antes de su partida a

distraer al enemigo en las otras provincias que abrazaba su distrito,

por cuyo motivo envió una división a Aragón, dejó otra en los lindes

de Valencia, y él con la de Lazán se trasladó en persona a Vic, en

donde, no terminado todavía agosto, estableció su cuartel general. A su

llegada agregó a su gente las partidas y somatenes que hormigueaban por

la tierra, y pasó a Sant Hilari y ermita del Padró. Desde este punto

quiso llamar la atención del enemigo a varios otros para ocultar el

verdadero por donde pensaba introducir el socorro. [Sidenote: Buenas

disposiciones que para ello se toman.] Así fue que el 30 de agosto en

la tarde envió a Don Enrique O’Donnell con 1200 hombres la vuelta de

Bruñolas, habiendo antes dirigido por el lado opuesto a Don Manuel

Llauder sobre la ermita de los Ángeles. Don Francisco Robira y Don Juan

Clarós debían también divertir al enemigo por la orilla izquierda del

Ter.

[Sidenote: Septiembre.]

El general Saint-Cyr, cuyos reales desde el 10 de agosto se habían

trasladado a Fornells, estando sobre aviso de los intentos de Blake,

tomó para estorbarlos varias medidas de acuerdo con el general Verdier,

y reunió sus tropas, desparramadas por la dificultad de subsistencias.

Mas a pesar de todo consiguieron los españoles su objeto. Llauder se

apoderó de los Ángeles, y O’Donnell atacando vivamente la posición de

Bruñolas, trajo hacia sí la mayor parte de la fuerza de los enemigos

que creyeron ser aquel el punto que se quería forzar.

[Sidenote: Vese Saint-Cyr engañado.]

Amaneció el 1.º de septiembre cubierta la tierra de espesa niebla, y

Saint-Cyr, a quien Verdier se había ya unido, aguardó hasta las tres de

la tarde a que los españoles le atacasen. Hizo para provocarlos varios

movimientos del lado de Bruñolas; pero viendo que al menor amago daban

aquellos traza de retirarse, tornó a Fornells, en donde, con admiración

suya, encontró en desorden la división de Lecchi que, regida ahora por

Milosewitz, había quedado apostada en Salt. Justamente por allí fue

por donde el convoy se dirigió a la plaza, siguiendo la derecha del

Ter. Componíase de 2000 acémilas que custodiaban 4000 infantes y 2000

caballos a las órdenes del general Don Jaime García Conde. [Sidenote:

Entra un convoy y refuerzo en Gerona a las órdenes de Conde.] Cayó

este de repente sobre los franceses de Salt, arrollolos completamente,

y mientras que en derrota iban la vuelta de Fornells, entró en Gerona

el convoy tranquila y felizmente. Álvarez dispuso una salida que bajo

Don Blas de Fournás fuese al encuentro de Conde, divirtiendo asimismo

la atención del enemigo del lado de Monjuich. A la propia sazón Clarós

penetró hasta San Medir, y Robira tomó a Montagut, de donde arrojó

a los westfalianos que solos habían quedado para guardar la línea,

matando un miquelete al general Hadeln con su propia espada. Clavaron

los nuestros tres cañones, y persiguieron a sus contrarios hasta

Sarriá. En grande aprieto estaban los últimos cuando, repasando el

Ter el general Verdier, volvió a su orilla izquierda y contuvo a los

intrépidos Clarós y Robira. Por su parte el general Conde después de

dejar en la plaza el convoy y 3287 hombres, tornó con el resto de su

gente a Hostalrich, y a Olot Don Joaquín Blake, que había permanecido

en observación de los diversos movimientos de su ejército. Fueron

estos dichosos en sus resultas y bastante bien dirigidos, quedando

completamente burlado el general Saint-Cyr no obstante su pericia.

Dio aliento tan buen suceso a la corta guarnición de Gerona que se vio

así reforzada; mas por este mismo aumento no se consiguió disminuir la

escasez con los víveres introducidos.

Los franceses ocuparon de nuevo los puntos abandonados, y el 6 de

septiembre recobraron la ermita de los Ángeles, pasando a cuchillo

a sus defensores, excepto a tres oficiales y al comandante Llauder,

que saltó por una ventana. No intentaron contra la plaza en aquellos

días cosa de gravedad, contentándose con multiplicar las obras de

defensa. No desaprovecharon los sitiados aquel respiro, y atareándose

afanadamente, aumentaron los fuegos de flanco y parabólicos, y

ejecutaron otros trabajos no menos importantes.

Pasado el 11 de septiembre, renovaron los enemigos el fuego con mayor

furor y ensancharon tres brechas ya abiertas en Santa Lucía, Atemanes

y San Cristóbal, maltratando también el fuerte del Calvario, cuyo fuego

sobremanera los molestaba.

[Sidenote: Salida malograda de la plaza.]

Dispuso el 15 Don Mariano Álvarez una salida con intento de retardar

los trabajos del sitiador y aun de destruir algunos de ellos. Dirigíala

Don Blas de Fournás, y aunque al principio todo lo atropellaron los

nuestros, no siendo después convenientemente apoyadas las dos primeras

columnas por otra que iba de respeto, tuvieron que abrigarse todas de

la plaza sin haber recogido el fruto deseado.

Aportilladas de cada vez más las brechas, y apagados los fuegos del

frente atacado, trataron los enemigos de dar el asalto. Pero antes

enviaron parlamentarios, que según la invariable resolución de Álvarez,

fueron recibidos a cañonazos.

[Sidenote: Asaltan los franceses la plaza el 19 de septiembre.]

Irritados de nuevo con tal acogida, corrieron al asalto a las cuatro

de la tarde del 19 de septiembre, distribuidos en cuatro columnas de

a 2000 hombres. Entonces brillaron las buenas y previas disposiciones

que había tomado el gobernador español: allí mostró este su levantado

ánimo. Al toque de la generala, al tañido triste de la campana que

llamaba a somatén, [Sidenote: Valor de la guarnición y habitantes.]

soldados y paisanos, clérigos y frailes, mujeres y hasta niños

acudieron a los puestos de antemano y a cada uno señalados. En medio

del estruendo de doscientas bocas de cañón y de la densa nube que la

pólvora levantaba, ofrecía noble y grandioso espectáculo la marcha

majestuosa y ordenada de tantas personas de diversa clase, profesión y

sexo. Silenciosos todos, se vislumbraba sin embargo en sus semblantes

la confianza que los alentaba. [Sidenote: Álvarez.] Álvarez a su

cabeza, grave y denodado, representábase a la imaginación en tan

horrible trance a la manera de los héroes de Homero, superior y

descollando entre la muchedumbre, y cierto que si no se aventajaba a

los demás en estatura como aquellos, sobrepujaba a todos en resolución

y gran pecho. Con no menor orden que la marcha se habían preparado los

refuerzos, la distribución de municiones, la asistencia y conducción de

heridos.

Presentose la primera columna enemiga delante de la brecha de Santa

Lucía que mandaba el irlandés Don Rodulfo Marshall. Dos veces tomaron

en ella pie los acometedores, y dos veces rechazados quedaron muchos

de ellos allí tendidos. [Sidenote: Muerte de Marshall.] Tuvieron los

españoles el dolor de que fuese herido gravemente y de que muriese

a poco el comandante de la brecha Marshall, quien antes de expirar

prorrumpió diciendo «que moría contento por tal causa y por nación tan

brava.»

Otras dos columnas enemigas emprendieron arrojadamente la entrada

por las brechas más anchurosas de Alemanes y San Cristóbal, en donde

mandaba Don Blas de Fournás. Por algún tiempo alojáronse en la primera

hasta que al arma blanca los repelieron los regimientos de Ultonia y

Borbón, apartándose de ambas destrozados por el fuego que de todos

lados llovía sobre ellos. No menos padeció otra columna enemiga que

largo rato se mantuvo quieta al pie de la torre de la Gironella. Herido

aquí el capitán de artillería Don Salustiano Gerona, tomó el mando

provisional Don Carlos Beramendi, y haciendo las veces de jefe y de

subalterno causó estrago en las filas enemigas.

Amenazaron también estas durante el asalto los fuertes del Condestable

y del Calvario igualmente sin fruto.

[Sidenote: Son repelidos los franceses en todas partes con gran

pérdida.]

Tres horas duró función tan empeñada. Todas las brechas quedaron llenas

de cadáveres y despojos enemigos; el furor de los sitiados era tal,

que dejando a veces el fusil, sus membrudos y esforzados brazos cogían

las piedras sueltas de la brecha y las arrojaban sobre las cabezas de

los acometedores. Don Mariano Álvarez animaba a todos con su ejemplo y

aun con sus palabras precavía los accidentes, reforzaba los puntos más

flacos, y arrebatado de su celo no escuchaba la voz de sus soldados

que encarecidamente le rogaban no acudiese como lo hacía a los parajes

más expuestos. Perdieron los enemigos varios oficiales de graduación y

cerca de 2000 hombres: entre los primeros contaron al coronel Floresti,

que en 1808 subió a posesionarse del Monjuich de Barcelona, en donde

entonces mandaba Don Mariano Álvarez. De los españoles cayeron aquel

día de 300 a 400, en su número muchos oficiales que se distinguieron

sobremanera, y algunas de aquellas mujeres intrépidas que tanto

honraron a Gerona.

[Sidenote: Convierten los franceses el sitio en bloqueo.]

Escarmentados los franceses con lección tan rigorosa, desistieron

de repetir los asaltos a pesar de las muchas y espaciosas brechas,

convirtiendo el sitio en bloqueo, y contando por auxiliares, como dice

Saint-Cyr, el tiempo, las calenturas y el hambre.

[Sidenote: Intenta en vano Blake socorrer de nuevo la plaza.]

Don Joaquín Blake, a quien algunos motejaban de no divertir la

atención del enemigo del lado de Francia, intentó de nuevo avituallar

la plaza. Para ello preparado un convoy en Hostalrich apareció el 26

de septiembre con 12.000 hombres en las alturas de La Bisbal a dos

leguas de Gerona. [Sidenote: O’Donnell.] Gobernada la vanguardia por

Don Enrique O’Donnell, desalojó a los franceses de los puntos que

ocupaban desde Villa Roja hasta San Miguel. Salieron al propio tiempo

de la plaza y del Condestable [Sidenote: Haro.] 400 hombres guiados

por el coronel de Baza D. Miguel de Haro, que también ha trazado con

imparcialidad la historia de este sitio. Seguía a O’Donnell Wimpffen

con el convoy, el cual constaba de unas 2000 acémilas y ganado lanar.

Quedó el grueso del ejército teniendo al frente a Blake en las

mencionadas alturas de La Bisbal.

Enterado Saint-Cyr de la marcha del convoy, trató de impedir su entrada

en la plaza. Consiguiolo desgraciadamente esta vez interponiéndose

entre O’Donnell y Wimpffen y todo lo apresó, excepto unas 170 cargas

que se salvaron y metieron en Gerona. Achacose la culpa a la sobrada

intrepidez de O’Donnell que se alejó más de lo conveniente de Wimpffen,

y también a la tímida prudencia de Blake que no acudió debidamente en

auxilio del último. Así no llegaron a Gerona víveres tan necesarios

y deseados, y perdió malamente el ejército de Cataluña unos 2000

hombres. O’Donnell y Haro se abrigaron de los fuertes del Condestable

y Capuchinos. Trataron los franceses cruelmente a los arrieros del

convoy, ahorcando a unos y fusilando a otros en el Palau a vista de la

ciudad.

[Sidenote: Ventajas de los españoles y de los ingleses cerca de

Barcelona.]

Corta compensación de tamaña desdicha fueron algunas ventajas

conseguidas en el Llobregat y Besós por los miqueletes y tropas de

línea. Tampoco pudo servir de consuelo el haber dispersado los ingleses

y cogido en parte un convoy que escoltaban navíos de guerra franceses,

y que llevaba víveres y auxilios a Barcelona; ventura que no habían

tenido poco antes con el que mandaba el almirante francés Cosmao que

entró y salió de aquel puerto sin que nadie se lo estorbase.

[Sidenote: Octubre. Empieza el hambre en Gerona.]

Realmente en nada remediaba esto a Gerona, cuyas enfermedades y

penuria crecían con rapidez. Se esmeraban en vano para disminuir el

mal la junta y el gobernador. No se habían acopiado víveres sino

para cuatro meses, y ya iban corridos cinco. Imperceptibles fueron,

conforme manifestamos, los socorros introducidos en 1.º de septiembre,

aumentándose las cargas con el refuerzo de tropas.

[Sidenote: Únese O’Donnell al ejército.]

Por lo mismo, y según lo requería la escasez de la plaza, Don Enrique

O’Donnell, que desde la malograda expedición del convoy de 26 de

septiembre permanecía al pie del fuerte del Condestable, tuvo que

alejarse, y atravesando la ciudad en la noche del 12 de octubre, cruzó

el llano de Salt y Santa Eugenia, uniéndose al ejército por medio de

una marcha atrevida.

[Sidenote: El mariscal Augereau sucede a Saint-Cyr en Cataluña.]

En aquel día llegó igualmente al campo enemigo el mariscal Augereau,

habiendo partido el 5 el general Saint-Cyr. Con el nuevo jefe francés,

y posteriormente, acudieron a su ejército socorros y refuerzos,

estrechándose en extremo el bloqueo. Levantaron para ello los

sitiadores varias baterías, formaron reductos, [Sidenote: Estréchase

el bloqueo.] y llegó a tanto su cuidado que de noche ponían perros

en las sendas y caminos, y ataban de un espacio a otro cuerdas con

cencerros y campanillas; por cuya artimaña, cogidos algunos paisanos,

atemorizáronse los pocos que todavía osaban pasar con víveres a la

ciudad.

[Sidenote: Auméntanse el hambre y las enfermedades.]

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de 5) · 第 6 / 35 段