juzgó político y miró como inagotable recurso la creación que hizo por
decreto de 9 de junio, [Sidenote: Cédulas hipotecarias.] bajo nombre
de _cédulas hipotecarias_, de unos documentos que habían de trocarse
contra los créditos antiguos del estado de cualquiera especie, y
emplearse en la compra de bienes nacionales, con la advertencia de
que los que rehusaran adquirir dichos bienes recibirían en cambio
inscripciones del libro de la deuda pública que se establecía, cobrando
al año cuatro por ciento de interés. También discurrió Cabarrús
prohibir el curso de los vales reales en los países dominados por
los franceses, si no llevaban el sello del nuevo escudo adoptado por
José; lo que, en lugar de atraer los vales a la circulación de Madrid,
ahuyentolos, temerosos los tenedores de que el gobierno legítimo se
negase a reconocerlos con la nueva marca. Coligiéndose de ahí ser
Cabarrús el mismo de antes, esto es, sujeto de saber y viveza, pero
sobradamente inclinado a forjar proyectos a centenares, por lo cual
le había ya calificado con oportunidad el célebre conde de Mirabeau
_d’homme à expédients_.
Además, todas estas medidas, que flaqueaban ya por tantos lados
y particularmente por el de la confianza, base fundamental del
crédito, acabaron de hundirse con crear otras cédulas, [Sidenote:
Cédulas de indemnización y recompensa.] llamadas de _indemnización_
y _recompensa_, pues aunque al principio se limitó la suma de estas
a la de 100.000.000, y en forma diferente de las otras, claro era
que en un gobierno sin trabas como el de José, y en el que había de
contentarse a tantos, pronto se abusaría de aquel medio, ampliándole y
absorbiendo de este modo gran parte de los bienes nacionales destinados
a la extinción de la deuda. Así fue que, si bien al principio algunos
cortesanos y especuladores hicieron compras de cédulas hipotecarias,
con que adquirieron fincas pertenecientes a confiscos y comunidades
religiosas, padeció en breve aquel papel gran quebranto, quedando casi
reducido a valor nominal.
No sacando, pues, de ahogo tales medidas económicas al gobierno de
Madrid, tuvo Napoleón, mal de su grado, que suministrar de Francia
2.000.000 de francos mensuales, siendo aquella la primera guerra que,
en lugar de producir recursos a su erario, los menguaba.
[Sidenote: Otros decretos.]
Más atinado anduvo José en otros decretos que también promulgó
desde junio hasta fines del año 1809; entre ellos merece particular
alabanza el que abolió el _voto de Santiago_, impuesto gravosísimo
a los agricultores, del que hablaremos al tratar de las cortes de
Cádiz. Igualmente fueron notables el de la enseñanza pública, el de
la milicia y sus grados, el de municipalidades y el de quitar a los
eclesiásticos toda jurisdicción civil y criminal. Providencias estas
y otras, que si bien en mucha parte tiraban a la mejora del reino, no
eran apreciadas por falta de ejecución, y sobre todo porque desaparecía
su beneficio al lado de otras ruinosas, y de las lástimas que causaban
las persecuciones de particulares y los males comunes de la guerra.
RESUMEN
DEL
LIBRO DÉCIMO.
_Sitio de Gerona. — Mal estado de la plaza. — Descripción de Gerona. —
Su población y fuerza. — Álvarez, gobernador. — Defectos de la plaza.
— Entusiasmo de los gerundenses. — San Narciso declarado generalísimo.
— Se presentan los franceses delante de Gerona. Mayo. — Circunvalan
la plaza. Junio. — Formalizan su ataque. — Entereza de Álvarez. —
Acometen los enemigos las torres avanzadas de Monjuich. — Empieza el
bombardeo contra la ciudad. — Beramendi. — Nieto. — Apodéranse los
enemigos de las torres avanzadas de Monjuich. — Desalojan los españoles
del Pedret a los enemigos. — Saint-Cyr con todo su ejército pasa al
sitio de Gerona. — Ocupa a San Feliú de Guíxols. — Correrías de los
partidarios. — Julio. — Embisten los enemigos a Monjuich. — Intrepidez
de Montoro. — Asalto de Monjuich. — Por cuatro veces son repelidos
los franceses. — Retíranse. — Pierson. El tambor Ancio. — Vuélase
la torre de S. Juan. — Arrojo de Beramendi. — Toman los franceses a
Palamós. — Mariscal Augereau. — Su proclama. — Partidarios que molestan
a los franceses. — Socorro que intenta entrar en Gerona. — Marshall.
— Continúan los franceses su ataque contra Monjuich. — Agosto. —
Ataque del revellín de Monjuich. — Grifols. — Abandonan los españoles
a Monjuich. — Esperanzas vanas de los franceses con la ocupación de
Monjuich. — Estrechan la plaza. — Respuesta notable de Álvarez. — Su
diligencia. — Don Joaquín Blake. — Va al socorro de Gerona. — Buenas
disposiciones que para ello se toman. — Septiembre. — Vese Saint-Cyr
engañado. — Entra un convoy y refuerzo en Gerona a las órdenes de
Conde. — Salida malograda de la plaza. — Asaltan los franceses la
plaza el 19 de septiembre. — Valor de la guarnición y habitantes.
— Álvarez. — Muerte de Marshall. — Son repelidos los franceses en
todas partes con gran pérdida. — Convierten los franceses el sitio
en bloqueo. — Intenta en vano Blake socorrer de nuevo la plaza. —
O’Donnell. — Haro. — Ventajas de los españoles y de los ingleses
cerca de Barcelona. — Octubre. — Empieza el hambre en Gerona. — Únese
O’Donnell al ejército. — El mariscal Augereau sucede a Saint-Cyr
en Cataluña. — Estréchase el bloqueo. — Auméntanse el hambre y las
enfermedades. — Tercera e inútil tentativa de Blake para socorrer a
Gerona. — Noviembre. — Hambre horrorosa. Carestía de víveres. — Vacila
el ánimo de algunos. — Inflexibilidad de Álvarez. — Bando de Álvarez. —
Gracias que concede la central a Gerona. — Congreso catalán. — Estado
deplorable de la plaza. — Diciembre. — Renuevan los franceses sus
ataques. — Ataque del 7 de diciembre. — Se agolpan contra Gerona todo
género de males. — Enfermedad de Álvarez. — Sustitúyele Don Julián
Bolívar. — Háblase de capitular. — Honrosa capitulación de Gerona.
— Extraordinaria defensa la de esta plaza. — Álvarez, trasladado a
Francia. — Su muerte. — Sospechas de que fue violenta. — Honores
concedidos a la memoria de Álvarez. — Estado de las otras provincias.
— Provincias libres. — Provincias ocupadas. — Navarra y Aragón. —
Renovales. — Combates en Roncal. — Correspondencia entre los franceses
y Renovales. — Sarasa. — San Julián de la Peña quemado. — Combates
en los valles de Ansó y Roncal. — Capitulan los valles. — Benasque.
— Perena y otros partidarios. — Nuevas partidas. — Ríndese Benasque.
— Junta de Aragón. — Gayán. — Le atacan los franceses. — Se apoderan
de la Virgen del Tremedal. — Entra Suchet en Albarracín y Teruel. —
Cuenca y Guadalajara. — Atalayuelas. — El Empecinado. — Hechos de
este. — La Mancha. — Francisquete. — León y Castilla. — Don Julián
Sánchez. — El Capuchino, Saornil. — Juntas y partidarios en el camino
de Francia. — Mina el mozo. — Sucesos generales de la nación. — Estado
de desasosiego de la central. — Don Francisco de Palafox. — Consulta
del consejo. — Su ceguedad. — Altercados de las juntas de provincia y
la central. Sevilla. — Extremadura. — Valencia. — Exposición de esta
contra el consejo. — Trama para disolver la central. — Descúbrela
el embajador de Inglaterra. — Trata la central de reconcentrar la
potestad ejecutiva. — Diversidad de opiniones. — Nómbrase al efecto
una comisión. — Nómbrase otra segunda. — Nuevos manejos. — Palafox. —
Romana. — Su inconsiderada conducta y su representación. — Nómbrase la
comisión ejecutiva. — Fíjase el día de juntarse las cortes. — Instálase
la comisión ejecutiva. — Estado de Europa. — Expediciones inglesas.
— Contra Nápoles. — Contra el Escalda. — Desgraciadísima esta. — Paz
entre Napoleón y el Austria. — Manifiesto de la central. — Prurito de
batallar de la central. — Ejército de la izquierda. — General Marchand.
— Carrier. — Primera defensa de Astorga. — Muévese el duque del Parque
al frente del ejército de la izquierda. — Batalla de Tamames. —
Gánanla los españoles. — Únese Ballesteros a Parque. — Entra Parque en
Salamanca. — Únesele la división castellana. — Ejércitos españoles del
mediodía. — Únese al de la Mancha parte del ejército de Extremadura. —
Fuerza de este ejército reunido al mando de Eguía. — Posición de los
franceses. — Irresolución de Eguía. — Sucédele en el mando Aréizaga.
— Favor de que este goza. — Lord Wellington en Sevilla. — Ibarnavarro
consejero de Aréizaga. — Muévese este. — Choque en Dos Barrios. —
Aréizaga en Tembleque. — Ejército español en Ocaña. — Movimientos
inciertos y mal concertados de Aréizaga. — Choque de caballería en
Ontígola. — Fuerzas que acercan los franceses. — Batalla de Ocaña.
— Horrorosa dispersión. Pérdida de Ocaña. — Resultas. — Se retira
Alburquerque a Trujillo. — Movimientos del duque del Parque. — Acción
de Medina del Campo. — Acción de Alba de Tormes. — Valor de Mendizábal.
— Retirada de los españoles. — Retirada de los ingleses del Guadiana
al norte del Tajo. — Flaqueza de la comisión ejecutiva. — Comisionados
enviados a La Carolina. — Prisión de Palafox y Montijo. — Manejos de
Romana y de su hermano Caro. — Tropelías. — Estado deplorable de la
junta central. — Providencias de la comisión ejecutiva y de la junta. —
Proposición de Calvo sobre libertad de imprenta. — Modo de convocarse
las cortes. — Mudanza de individuos en la comisión ejecutiva. — Decreto
de la central para trasladarse a la Isla de León._
HISTORIA
DEL
LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
de España.
LIBRO DÉCIMO.
[Sidenote: Sitio de Gerona.]
«Será pasado por las armas el que profiera la voz de capitular o de
rendirse.» Tal pena impuso por bando, al acercarse los franceses a
Gerona, su gobernador Don Mariano Álvarez de Castro. Resolución que
por su parte procuró cumplir rigurosamente, y la cual sostuvieron con
inaudito tesón y constancia la guarnición y los habitantes.
[Sidenote: Mal estado de la plaza.]
Preludio fueron de esta tercera y nunca bien ponderada defensa las
otras dos, ya relatadas, de junio y julio del año anterior. Los
franceses no consideraban importante la plaza de Gerona, habiéndola
calificado de muy imperfecta el general Marescot, comisionado para
reconocerla; juicio tanto más fundado, cuanto, prescindiendo de lo
defectuoso de sus fortificaciones, estaban entonces estas, unas
cuarteadas, otras cubiertas de arbustos y malezas, y todas desprovistas
de lo más necesario. Corrigiéronse posteriormente algunas de aquellas
faltas, sin que por eso creciese en gran manera su fortaleza.
[Sidenote: Descripción de Gerona.]
Gerona, cabeza del corregimiento de su nombre, situada en lo antiguo
cuesta abajo de un monte, extendiose después por las dos riberas del
Oñar, llamándose el Mercadal la parte colocada a la izquierda. La de la
derecha se prolonga hasta donde el mencionado río se une con el Ter,
del que también es tributario por el mismo lado, y después de correr
por debajo de varias calles y casas el Galligans, formado de las aguas
vertientes de los montes situados al nacimiento del sol. Comunícanse
ambas partes de la ciudad por un hermoso puente de piedra, y las
circuía un muro antiguo con torreones, cuyo débil reparo se mejoró
después, añadiendo siete baluartes, cinco del lado del Mercadal y dos
del opuesto; habiendo solo foso y camino cubierto en el de la puerta de
Francia. Dominada Gerona en su derecha por varias alturas, eleváronse
en diversos tiempos fuertes que defendiesen sus cimas. En la que mira
al camino de Francia y, por consiguiente, en la más septentrional
de ellas, se construyó el castillo de Monjuich, con cuatro reductos
avanzados, y en las otras, separadas de esta por el valle que riega el
Galligans, los del Calvario, Condestable, reina Ana, Capuchinos, del
Cabildo y de la Ciudad. Antes del sitio se contaban algunos arrabales,
y abríase delante del Mercadal un hermoso y fértil llano que, bañado
por el Ter, el riachuelo Güell y una acequia, estaba cubierto de aldeas
y deleitables quintas.
[Sidenote: Su población y fuerza.]
La población de Gerona en 1808 ascendía a 14.000 almas, y al comenzar
el tercer sitio constaba su guarnición de 5673 hombres de todas
armas. Mandaba la plaza, en calidad de gobernador interino, D. Mariano
Álvarez de Castro, [Sidenote: Álvarez, gobernador.] natural de Granada
y de familia ilustre de Castilla la Vieja, quien con la defensa
inmortalizó su nombre. Era teniente de rey Don Juan Bolívar, que se
había distinguido en las dos anteriores acometidas de los franceses,
y dirigían la artillería y los ingenieros los coroneles Don Isidro de
Mata y Don Guillermo Minali; el último trabajó incesantemente y con
acierto en mejorar las fortificaciones.
[Sidenote: Defectos de la plaza.]
Por la descripción que acabamos de hacer de Gerona y por la noticia
que hemos dado de sus fuerzas, se ve cuán flacas eran estas y cuán
desventajosa su situación. Enseñoreada por los castillos, tomado que
fuese uno de ellos, particularmente el de Monjuich, quedaba la ciudad
descubierta, siendo favorables al agresor todos los ataques. Además, si
atendemos a los muchos puntos que había fortificados, y a la extensión
del recinto, claro es que para cubrir convenientemente la totalidad de
las obras, se requerían por lo menos de 10 a 12.000 hombres, número
lejano de la realidad. A todo suplió el patriotismo.
[Sidenote: Entusiasmo de los gerundenses.]
Animados los gerundenses con antiguas memorias, y reciente en ellos la
de las dos últimas defensas, apoyaron esforzadamente a la guarnición,
distribuyéndose en ocho compañías que, bajo el nombre de Cruzada,
instruyó el coronel Don Enrique O’Donnell. Compusiéronla todos los
vecinos sin excepción de clase ni de estado, incluso el clero secular
y regular, y hasta las mujeres se juntaron en una compañía que
apellidaron de Santa Bárbara, la cual, dividida en cuatro escuadras,
llevaba cartuchos y víveres a los defensores, recogiendo y auxiliando a
los heridos.
[Sidenote: San Narciso declarado generalísimo.]
Anteriormente, habíase también tratado de excitar la devoción de los
gerundenses nombrando por generalísimo a San Narciso, su patrono. Desde
muy antiguo tenían los moradores en la protección del santo entera
y sencilla fe. Atribuían a su intercesión prosperidades en pasadas
guerras, y en especial la plaga de moscas que tanto daño causó, según
cuentan, en el siglo decimotercero al ejército francés que bajo su
rey Felipe el Atrevido puso sitio a la plaza; sitio en el que, por
decirlo de paso, grandemente se señaló el gobernador Ramón Folch de
Cardona, quien, al asalto, como refiere Bernardo Desclot, tañendo su
añafil y soltadas las galgas, no dejó sobre las escalas francés que
no fuese al suelo herido o muerto. Ciertos hombres, sin profundizar
el objeto que llevaron los jefes de Gerona, hicieron mofa de que se
declarase generalísimo a San Narciso, y aun hubo varones cuerdos que
desaprobaron semejante determinación, temiendo el influjo de vanas
y perniciosas supersticiones. Era el de los últimos arreglado modo
de sentir para tiempos tranquilos, pero no tanto para los agitados y
extraordinarios. De todas las obligaciones, la primera consiste en
conservar ilesos los hogares patrios, y lejos de entibiar para ello el
fervor de los pueblos, conviene alimentarle y darle pábulo hasta con
añejas costumbres y preocupaciones; por lo cual, el atento político y
el verdadero hombre religioso, enemigos de indiscretas y reprensibles
prácticas, disculparán, no obstante, y aun aplaudirán en el apretado
caso de Gerona, lo que a muchos pareció ridícula y singular resolución,
hija de grosera ignorancia.
[Sidenote: Se presentan los franceses delante de Gerona. Mayo.]
Los franceses, preparándose de antemano para el sitio, se presentaron
a la vista de la plaza el 6 de mayo, en las alturas de Costa Roja.
Mandaba entonces aquellas tropas el general Reille, hasta que el 13 le
reemplazó Verdier, quien continuó a la cabeza durante todo el sitio.
Con este general, y sucesivamente, llegaron otros refuerzos, y el 31
arrojaron los enemigos a los nuestros de la ermita de los Ángeles,
que fue bien defendida. Hubo varias escaramuzas, pero lo corto de
la guarnición no permitió retardar, cual conviniera, las primeras
operaciones del sitiador. Solamente los paisanos de las inmediaciones
de Montagut, tiroteándose con él a menudo, le molestaron bastantemente.
[Sidenote: Circunvalan la plaza. Junio.]
Al comenzar junio fue la plaza del todo circunvalada. Colocose la
división westfaliana de los franceses, al mando del general Morio, desde
la margen izquierda del Ter, por San Medir, Montagut y Costa Roja;
la brigada de Joba en Pont-Mayor, y los regimientos de Berg y
Wurszburgo en las alturas de San Miguel y Villa Roja hasta los Ángeles;
cubrieron el terreno del Oñar al Ter por Montelibi, Palau y el llano de
Salt tropas enviadas de Vic por Saint-Cyr, ascendiendo el conjunto de
todas a 18.000 hombres. Hubiera preferido el último general bloquear
estrechamente la plaza a sitiarla; mas sabiéndose en el campo francés
que no gozaba del favor de su gobierno, y que iba a sucederle en el
mando el mariscal Augereau, no se atendieron debidamente sus razones,
llevando Verdier adelante su intento de embestir a Gerona.
[Sidenote: Formalizan su ataque.]
Reunido el 8 de junio el tren de sitio correspondiente, resolvieron
los enemigos emprender dos ataques, uno flojo contra la plaza, otro
vigoroso contra el castillo de Monjuich y sus destacadas torres
o reductos. Mandaban a los ingenieros y artillería francesa los
generales Sanson y Taviel. Antes de romper el fuego se presentó el 12
un parlamentario para intimar la rendición, [Sidenote: Entereza de
Álvarez.] mas el fiero gobernador Álvarez respondió que no queriendo
tener trato ni comunicación con los enemigos de su patria, recibiría en
adelante a metrallazos a sus emisarios. Hízolo así en efecto siempre
que el francés quiso entrar en habla. Criticáronle algunos de los que
piensan que en tales lances han de llevarse las cosas reposadamente,
mas le loó muy mucho el pueblo de Gerona, empeñando infinito en la
defensa tan rara resolución, cumplida con admirable tenacidad.
[Sidenote: Acometen los enemigos las torres avanzadas de Monjuich.]
Los enemigos habían desde el 8 empezado a formar una paralela en
la altura de Tramón a 600 toesas de las torres de San Luis y San
Narciso, dos de las mencionadas de Monjuich, sacando al extremo de
dicha paralela un ramal de trinchera, delante de la cual plantaron
una batería de ocho cañones de a 24 y dos obuses de a nueve pulgadas.
Colocaron también otra batería de morteros detrás de la altura Denroca
a 360 toesas del baluarte de San Pedro, situado a la derecha del Oñar
en la puerta de Francia. Los cercados, a pesar del incesante fuego que
desde sus muros hacían, no pudieron impedir la continuación de estos
trabajos.
[Sidenote: Empieza el bombardeo contra la ciudad.]
Progresando en ellos y recibida que fue por los franceses la repulsa
del gobernador Álvarez, empezó el bombardeo en la noche del 13 al 14,
y todo resonó con el estruendo del cañón y del mortero. Los soldados
españoles corrieron a sus puestos, otro tanto hicieron los vecinos,
acompañándolos a todas partes las doncellas y matronas alistadas en la
compañía de Santa Bárbara. Sin dar descanso prosiguieron en su porfía
los enemigos hasta el 25, y no por eso se desalentaron los nuestros, ni
aun aquellos que entonces se estrenaban en las armas. El 14 incendiose
y quedó reducido a cenizas el hospital general; gran menoscabo por los
efectos allí perdidos, difíciles de reponer. La junta corregimental, que
en todas ocasiones se portó dignamente, reparó algún tanto el daño,
[Sidenote: Beramendi.] coadyuvando a ello la diligencia del intendente
Don Carlos Beramendi y el buen celo del cirujano mayor Don Juan
Andrés Nieto, [Sidenote: Nieto.] que en un memorial histórico nos ha
transmitido los sucesos más notables de este sitio.
[Sidenote: Apodéranse los enemigos de las torres avanzadas de Monjuich.]
Al rayar del 14 también acometieron los enemigos las torres de San
Luis y San Narciso, apagaron sus fuegos, descortinaron su muralla,
y abriendo brecha obligaron a los españoles a abandonar el 19 ambas
torres. Lo mismo aconteció el 21 con la de San Daniel, que evacuaron
nuestros soldados. Este pequeño triunfo envalentonó a los sitiadores,
causándoles después grave mal su sobrada confianza.
[Sidenote: Desalojan los españoles del Pedret a los enemigos.]
En la noche del 14 al 15 desalojaron los mismos a una guerrilla
española del arrabal del Pedret, situado fuera de la puerta de Francia;
y levantando un espaldón, trataron de establecerse en aquel punto.
Temeroso el gobernador de que erigiesen allí una batería de brecha,
dispuso una salida combinada con fuerza de Monjuich y de la plaza.
Destruyeron los nuestros el espaldón y arrojaron al enemigo del
arrabal.
[Sidenote: Saint-Cyr con todo su ejército pasa al sitio de Gerona.]
En tanto, el general en jefe francés Saint-Cyr, habiendo enviado a
Barcelona sus enfermos y heridos, aproximose a Gerona. En su marcha
cogió ganado vacuno, que del Llobregat iba para el abasto de la
ciudad sitiada. Sentó el 20 de junio su cuartel general en Caldas,
y extendiendo sus fuerzas hacia la marina, [Sidenote: Ocupa a San
Feliú de Guíxols.] se apoderó el 21, aunque a costa de sangre, de San
Feliú de Guíxols. Con su llegada aumentose el ejército francés a unos
30.000 hombres. Los somatenes y varios destacamentos molestaban a los
franceses en los alrededores, [Sidenote: Correrías de los partidarios.]
y antes de acabarse junio cogieron un convoy considerable y 120
caballos de la artillería que venían para el general Verdier. Corrió
así aquel mes sin que los franceses hubiesen alcanzado en el sitio
de Gerona otra ventaja más que la de hacerse dueños de las torres
indicadas.
[Sidenote: Julio. Embisten los enemigos a Monjuich.]
Pusieron ahora sus miras en Monjuich. Guarnecíanle 900 hombres, a las
órdenes de Don Guillermo Nash, estando todos decididos a defender el
castillo hasta el último trance. Al alborear del 3 de julio empezaron
los enemigos a atacarle valiéndose de varias baterías, y en especial
de una llamada Imperial que plantaron a la izquierda de la torre de
San Luis, compuesta de 20 piezas de grueso calibre y 2 obuses. En todo
el día aportillose ya la cara derecha del baluarte del norte, y los
defensores se prepararon a resistir cualquiera acometida practicando
detrás de la brecha oportunas obras. El fuego del enemigo había
derribado del ángulo flanqueado de aquel baluarte la bandera española
que allí tremolaba. [Sidenote: Intrepidez de Montoro.] Al verla caída,
se arrojó al foso el subteniente Don Mariano Montoro, recobrola y
subiendo por la misma brecha la hincó y enarboló de nuevo: acción
atrevida y digna de elogio.
[Sidenote: Asalto de Monjuich.]
No tardaron los enemigos en intentar el asalto del castillo.
Emprendiéronle furiosamente a las diez y media de la noche del 4 de
julio; vanos fueron sus esfuerzos, inutilizándolos los nuestros con
su serenidad y valentía. Suspendieron por entonces los contrarios sus
acometimientos; mas en la mañana del 8 renovaron el asalto en columna
cerrada y mandados por el coronel Muff. [Sidenote: Por cuatro veces
son repelidos los franceses.] Tres veces se vieron repelidos haciendo
en ellos grande estrago la artillería cargada con balas de fusil,
particularmente un obús dirigido por Don Juan Candy. Insistió el jefe
enemigo Muff en llevar sus tropas por cuarta vez al asalto, hasta
que, herido él mismo, desmayaron los suyos y se retiraron. [Sidenote:
Retíranse.] Perdieron en esta ocasión los sitiadores unos 2000
hombres, entre ellos 11 oficiales muertos y 66 heridos. Mandaba en la
brecha a los españoles Don Miguel Pierson, [Sidenote: Pierson.] que
pereció defendiéndola, y distinguiose al frente de la reserva Don Blas
de Fournás. Durante el asalto tuvieron constantemente los franceses
en el aire, contra el punto atacado, 7 bombas y muchos otros fuegos
parabólicos. Grandes y esclarecidos hechos allí se vieron. [Sidenote:
El tambor Ancio.] Fue de notar el del mozo Luciano Ancio, tambor
apostado para señalar con la caja los tiros de bomba y granada. Llevole
un casco parte del muslo y de la rodilla, y al quererle transportar al
hospital opúsose, diciendo: «No, no, aunque herido en la pierna tengo
los brazos sanos para con el toque de caja librar de las bombas a mis
amigos.»
[Sidenote: Vuélase la torre de San Juan.]
Enturbió algún tanto la satisfacción de aquel día el haberse volado la
torre de San Juan, obra avanzada entre Monjuich y la plaza. Casi todos
los españoles que la guarnecían perecieron, salvando a unos pocos Don
Carlos Beramendi, [Sidenote: Arrojo de Beramendi.] que sin reparar
en el horroroso fuego del enemigo acudió a aquel punto, mostrándose
entonces, como en tantos otros casos de este sitio, celoso intendente,
incansable patriota y valeroso soldado.