Mont Vernount.--Carta de Palma.--Carta de
Fagoaga.--Richmond.--Excentricidades de
yankee.--Catanogua.--Menphis.--El paso del Mississippí.--Un
mexicano.--Historia de lágrimas.--Llegada á Texas.
Aunque fresca y alegre la mañana y realmente seductores los paisajes
que tenia delante de los ojos, me preocupaba la idea de haber visto tan
superficialmente Washington.
Tenia en mis manos la Guía, concluida en mi cartera la traduccion de
Mont Vernount, y yo, ni por todos los tesoros del mundo, queria dejarla
de consignar en mis apuntaciones de viaje. Allá va la apuntacion de mi
cartera:
"Mont-Vernount está quince millas abajo de Washington, en el
lado de Virginia del Potomac, y se llega á él por vapores, cuya
navegacion por el rio es deliciosa y proporciona excelentes vistas
del país y de los alrededores de Washington. Mont-Vernount;
conocido ántes con el nombre de Huhtik Creck, fué legado por
Agustina Washington, que murió en 1743, á Lorenzo Washington.
El último le puso el nombre del Almirante Vernount, bajo cuyas
órdenes habia servido en las guerras de España y al que profesaba
grande afecto. George Washington heredó la propiedad en 1752. La
parte central de la casa, que es de madera, fué construida por
Lorenzo, y las alas de ella por Jorge Washington. Contiene muchas é
interesantes reliquias históricas, entre las cuales está la llave
de la Bastilla, regalada á Washington por Lafayette. Algunas piezas
del avío personal y militar de Washington, retratos y pinturas
de Rabreau Peale, representándole, delante de Yorktown. La tumba
de Washington está en un local aislado cerca de la casa. Es una
construccion sencilla, pero sólida, de ladrillo, con una reja de
hierro, á través de cuyas verjas se puede ver el sarcófago de
mármol que contiene los restos de Jorge y Marta Washington.
"La casa y la tierra que la circunda la compró en 1856 una
Asociacion de Señoras, en 200,000 pesos, y la donó al Gobierno para
que se considerase como propiedad de la nacion."
El camino me parecia en descenso; ni un solo palmo de tierra estaba sin
cultivo, y como rebaños dispersos, se veian por aquí y por allá casitas
blancas que indicaban propiedades de diligentes labradores.
La concurrencia del wagon que nos conducia comenzó á _pardear_ (á
contener negros), más de lo que yo hubiera querido; de suerte que ménos
me divagaba y más importunaba á Francisco con mi eterno preguntar.
--Creí, le dije haciéndome el chistoso, que me habias prometido decirme
algo sobre el hospital de mujeres dementes.
--En efecto, me contestó Francisco; pero no esperes que yo te cuente lo
que he oido, á tu manera, sino á la mia, muy extraña á las flores y á
los ambajes.
Es de advertir que Francisco tiene dotes poéticas eminentes, que
pretende ocultar como un tuerto presumido su ojo apagado.
--Todo yo soy orejas.
--Vivia en la Nueva Inglaterra una jóven que se hacia notar por su
hermosura angelical, y más aún por su recato, por su dedicacion al
trabajo y por las otras virtudes que la distinguian.
Un jóven de arrogante presencia y de excelentes cualidades, se enamoró
de Miss Harris, que es el nombre de la hermosa, rondó su casa, se
mostró rendido y le dió palabra de esposo.
La encantadora _lady_, que realmente adoraba á su novio, con empeño tan
formalmente contraido, dió rienda á su ternura y prodigó atenciones
y cariño á su prometido, hasta donde el pudor y la decencia podian
autorizarlo.
¡Qué paraíso de ilusiones! ¡qué cielo de ensueños! Eran envidia de
amantes, modelo de novios consecuentes, y las polluelas almibaradas,
cuando los veian pasar, decian: "¡qué felices son!"
Sin antecedente alguno, interrumpiendo sus visitas y sus hábitos, el
jóven se trasladó á Washington, donde estaba empleado en el Ministerio
del Tesoro.
Al principio palió su ausencia el jóven con sus ocupadones; despues
sus cartas parecieron tibias; al último dejó de escribir.
La jóven no creia en su inmensa desdicha: todo cariño tierno es
indulgente; disculpó á su amante, atribuyó la que llamaba aparente
frialdad, á escasez de recursos, y voló á Washington á allanar todo
inconveniente y unirse al amado de su corazon.
Llegó desasosegada y encerrando un mar de pasion en su pecho: anunció
su arribo á la ciudad, y el mal caballero, el indigno jóven, le dió una
cita para una casa no frecuentada por los santos amores.
Supo Miss Harris el ultraje de que se la queria hacer víctima, y sintió
que su corazon se despedazaba.
Disimuló sin embargo y provocó otra cita. Entónces supo que el nuevo
lugar que se le designaba, tenia mujeres desenvueltas, se oian allí
palabras que quemaban la piel, se distinguian fisonomías de bacantes; y
humillada, trémula, enloquecida, fué en busca de quien así restregaba
en los suelos, su honra, su alma, su inocencia y su vida.
Dirigióse la ultrajada señorita á la oficina del jóven, en pleno dia;
le llama, mediaron algunas palabras, y con un _revólver_ que llevaba
prevenido, dió muerte al jóven que habia querido sepultar en el fango,
cuanto tenia de más amado en el mundo.
Aprehendida la mujer desdichada, bella como nunca con su indignacion y
su infortunio, fué conducida al Jurado.
Su defensor, el célebre abogado Brady, expuso con tal elocuencia la
situacion de aquella mujer, sus creencias despedazadas, la naturaleza
del ultraje inferido, que por unanimidad la absolvió el Jurado. El
defensor pintó su excitacion como una verdadera demencia, y adujo el
testimonio de algunos alienistas que justificaban su asercion.
El pueblo, que oyó la causa y la defensa, estalló, en "¡vivas!" al
saber el veredicto de absolucion del Jurado, paseando en triunfo á la
terrible vengadora de su honor.
Pero la niña desventurada, al aniquilar al verdugo de su alma, habia
destrozado su corazon. En medio de las aclamaciones de regocijo, dió
señales del espantoso extravío de su razon.
* * * * *
Ahora se visita el Hospital de mujeres dementes del Distrito federal,
y en el departamento de mujeres suele pasar delante del viajero una
jóven alta, hermosa sobre toda ponderacion, que solloza, ríe y queda
sepultada en honda meditacion.
--"¿Quién es esa mujer?" se suele preguntar.--"Es Miss Harris, la
misma á quien pasearon en triunfo hace tiempo por las calles de
Washington......."
--Mucho te agradezco tu anécdota, dije á Francisco, y voy á unirla á
la historia de un plagio que mucho llamó mi atencion, por no ser fruta
de estas tierras, y que corrobora el refran que dice: "En todas partes
cuecen habas." Oye mi historia:
Hace más de cuatro años, un Sr. Roos, rico comerciante de Germantown
que, como tú sabes mejor que yo, es una prolongacion de Filadelfia,
tenia dos hijos, uno de seis y otro de cuatro años: el de cuatro años
se llamaba Charley; era alegre como los ojos de una china de mi tierra,
y lindo como un serafin.
Los chiquitines, con sus vestidos primorosos, sus sombreritos llenos
de listones y sus juguetes en las manos, salian solos á la calle y se
daban unas paseadas, que era un contento.
Una tarde que los chicos corrian con sus aros, bajo las frondosas
arboledas de una de las calles más céntricas de Filadelfia, se
detuvieron ante ellos dos hombres que iban en un _bogue_. Al parecer,
aquellas eran personas decentes, puesto que los niños no mostraron
extrañeza, cuando uno de ellos se apeó del carruaje, y dijo al
grandecito que les llevaria á dar un paseo y les compraria dulces y
juguetes.
Los niños partieron con sus raptores; pero el mayor de los dos mostró
disgusto del paseo, dió señales de inquietud é impaciencia, y los
hombres del _bogue_ le bajaron del carruaje, cerca de su casa. En
ésta, á la llegada del niño, se supo la aventura, y desde ese momento
comenzaron las diligencias para buscar al otro niño, con cruel ansiedad.
Cuatro años habian trascurrido desde la aventura del _bogue_, sin que
el niño pareciera. La casa de M. Roos, ántes tan llena de la alegría de
los niños, estaba lúgubre y como desierta.
El desventurado padre de Carlitos habia recorrido los pueblos más
remotos de los Estados-Unidos, la prensa en constante clamoreo, habia
simpatizado con el grande infortunio de M. Roos, haciendo cargos
tremendos á la policía.
En tales circunstancias, recibió M. Roos un anónimo en que se le pedian
veinte mil pesos por la devolucion de su hijo. La policía lo supo y se
opuso á aquella condescendencia, diciendo que estaba sobre la pista de
los plagiarios.
Las pesquisas se redoblaron, se consideró como punto de honor del
Estado descubrir á los malvados, y toda diligencia fué en vano.
M. Roos, no obstante que no habia envejecido, estaba enfermo, devorado
por la idea fija de encontrar á su hijo, y aniquilada su cuantiosa
fortuna, ofreció diez mil pesos al que le diera noticias del niño; la
policía hizo igual oferta, y la misma el Estado.
Muchas veces escribieron cartas misteriosas al padre dándole falsas
noticias; abandonaba sus intereses y su casa, se galvanizaba, corria,
se formaba risueñas ilusiones y volvia á su triste hogar, abatido y con
la desesperacion en el alma.
En una de estas ocasiones hubo un robo famoso en Nueva-York; fueron
en él sorprendidos dos malhechores; uno de ellos, al morir, en la
penitenciaría, declaró que era uno de los plagiarios del niño de M.
Roos, á quien tenia un compañero suyo.... Entónces revivieron las
esperanzas, la prensa narró todos los detalles de la declaracion del
bandido, produciéndose en el público intensa sensacion: se dijo que el
niño se encontraba por Texas. M. Roos, que estaba bastante enfermo,
pareció revivir con aquella noticia, se puso en marcha, recorrió el
Oeste, registró los últimos rincones de Texas, y volvió hecho un viejo,
doblado por los sufrimientos, á caer sobre la tumba de todas sus
esperanzas.
Jamás se ha sabido del niño; muchas personas creen que murió ó lo
mataron, temiendo que se descubriera el crímen.
* * * * *
--Muy triste, dijo Francisco, está siendo nuestro camino con esas
relaciones; lee las cartas que te entregaron en la estacion. Veamos si
esos muchachos dicen algo que valga la pena.
--Mira, dije sacando una de las cartas. Esta es de Luis Palma, aquel
chico despabilado que siempre hablaba de política y queria acompañarnos
hasta Washington.
--Excelente muchacho, dijo Francisco; esas ligerezas y ese brío que tu
le echabas en cara, son cosas de la edad. Leamos su carta.
--Escucha:
"D. Guillermo:
"Ménos del plazo que conceden á un ahorcado le pido á vd. de
espera, para que paseemos juntos siquiera dos dias en la Capital de
la Union.
"¡Qué buenos ratos nos podemos pasar! aunque no abundan las
diversiones, como en Nueva-York, no falta en que pasar el tiempo, y
veria vd. comedias diplomáticas divertidas.
"Es singular: estos yankees, que viven tan _sans façon_, y de cuyo
desparpajo se ocupan todos los viajeros, esencialmente si son
franceses, observan la etiqueta con inflexible escrupulosidad.
"El chisme, aunque de guante blanco y casacon con bordados y
cruces, recorre grandes y pequeños salones, y con finura no vista,
se despellejan las potencias amigas, al darse tiernos besos de
confraternidad.
"Lo que quiero es que pasemos revista de los grandes hombres que
tienen en sus manos la suerte de la gran nacion americana.
"¿No conoció vd. á Hayes cuando estuvo en Nueva-York? Es un
hombre que representa cincuenta y cinco años; ántes se le
oyó mentar en la guerra como Coronel de voluntarios, y era en
realidad un hombre oscuro, apénas conocido en el Ohio, de donde
era Gobernador accidental cuando se reunió allí la convencion de
Chicago, y resultó candidato de presidente, de la pura anarquía y
desacuerdo para elegir, de entre los hombres eminentes del partido
republicano: su poca importancia, que á nadie inspiraba celos, fué
el secreto de su elevacion: de esto se ve todos los dias.
"Hayes tiene una fisonomía comun, y en su porte y maneras, más bien
parece un hombre de iglesia que un político. De secretario de un
obispo no tendria precio.
"La parte moral corresponde á ese físico, es retraido y monástico.
Es un _metodista_ severo y solo comparable á su esposa. Pertenece
el austero matrimonio á la Sociedad de Templanza, al extremo de
pretender suprimir el vino en los convites diplomáticos.
"Cuando convidaron á comer al Príncipe Constantino de Rusia,
estuvo muy á pique de beber agua, de susto; pero los periódicos
ridiculizaron tal ocurrencia, y se dispuso entónces que solo para
el Príncipe se sirviese vino, teniendo los demás que ver y desear,
entre cuero y carne, es decir, en el fuero íntimo.
"En el órden comun de convites, cuando se sirve pescado, le hacen
seguir del café para que el animalito no reviva, y despues continúa
proveyendo el líquido elemento, como en los dias de la creacion.
"No obstante ser la costumbre del Presidente ir en coche á la
iglesia, á él le asaltó el escrúpulo de andar en coche el domingo,
con beneplácito de sus amigos de creencias.
"Lo notable hasta ahora de su política es el retirar las fuerzas
que se decian oprimir al Sur, y algunas ternezas con México, que
más vdes. que yo pueden calificar.
"Otra cosa es M. Evart, Ministro de Relaciones, jefe del gabinete,
su alma y su vida, como decimos nosotros.
"M. Evart es alto, delgado, seco, acartonado y huesudo; su
rostro es lampiño, pequeño, y su frente calva; vese su cabeza
como una naranja clavada en una asta bandera. Son desairados sus
movimientos, como los de todo largo, porque miéntras el espíritu
anda por un lado, queda como en huelga el resto del cuerpo. La edad
de M. Evard es de sesenta años; no es aleman como habian dicho á
vd., sino de la Nueva Inglaterra; pero ha residido constantemente
en Nueva-York.
"Carece M. Evard de antecedentes políticos; pero como abogado, ha
sido considerado como el primero de Nueva-York. Su erudicion es
variada y profunda en la ciencia del derecho; su palabra, tarda y
pesada, se pasea en todos los vericuetos forenses, y es verbosa,
difusa, sin aliño. Si hubiera nacido en España, se le habria
comparado á Gregorio López ó al Conde de la Cañada.
"En la prensa se le censura la longitud de sus períodos, que le
achacan que mide por la sombra de su cuerpo.
"Cuando se propone desleir su pensamiento en la fuente de sus
palabras, corre y corre su discurso, hasta que despues de varios
dias se le encuentra el fin.
"Pero el título de más reciente celebridad de Evard es su triunfo
forense en la causa del R. Beecher, de que voy á hablar á vd.
"El R. Beecher es orador eminente y ejerce influencia poderosa en
el país.
"Pastor evangélico, reside en Broklyn, llamada Ciudad de las
Iglesias, y la suya es la de más moda y renombre de la Ciudad Santa.
"Dicen los entendidos en materias literarias, que Beecher es
elocuentísimo, y que sus dotes oratorias, unidas á una gallarda
presencia, le hacen positivamente seductor.
"Creció su fama y se desarrolló la influencia de este personaje en
la pasada guerra, en que favoreció con su palabra la causa de la
Union, convirtiéndose en una verdadera potencia.
"Además de ocupar Beecher lugar tan prominente como orador sagrado,
es escritor de mucho mérito.
"Se ha acusado siempre al Reverendo de inclinaciones mundanales.
"Entre las ovejas que apacentaba el siervo del Señor, de que hablo
á vd., se contaba Elisabeth, mujer de Tilton, escritor religioso
muy amigo del Reverendo.
"Yo no sé qué clase de ejercicios poco piadosos notaria Tilton, el
caso fué que estallaron disturbios conyugales, y acusó al párroco
de adulterio, demandándole cien mil pesos por daños y perjuicios.
"Estos daños y perjuicios me han caido mucho en gracia, porque al
fin se valúa en alto precio la corona.... del martirio.
"El escándalo fué estupendo: los periódicos se apoderaron del
gran chisme, y anécdotas, retratos y todos los medios de producir
sensacion, se pusieron en juego á medida que avanzaba la célebre
causa.
"En medio de una excitacion tremenda, se reunió el Jurado. Los
abogados hicieron alegatos piramidales, y Evart, defensor de
Beecher, habló de un hilo durante una semana.
"A la elocuencia de Evart, á la posesion de Beecher, que es hombre
que gana en su iglesia anualmente de setenta á ochenta mil pesos,
y á sus amigos poderosos, se debió la absolucion del Reverendo,
quien solo tuvo débil mayoría en el Jurado; pero como vd. sabe,
el voto de éste para la condenacion, ha de ser unánime, y á tal
circunstancia debió Beecher tambien su buena fortuna.
"Tilton, con envidiable serenidad, se consoló de su infortunio con
el _renombre_ adquirido en su lucha con su socio conyugal, y que le
produjo dinero en las lecturas públicas que comenzó á dar.
"Por su parte Beecher ganó en celebridad; la gente acudia en tropel
á conocerle y escucharle, y era invitado á residir en los mejores
hoteles, porque allí donde posaba Beecher, la concurrencia era
mayor.
"El triunfo de Evart acentuaba poderosamente su personalidad cuando
la eleccion de Hayes.
"Fué empleado por el partido republicano en la cuestion de la
eleccion presidencial disputada en Luisiana y otros dos Estados
para alegar por Hayes. Este es el precedente inmediato de su
nombramiento de Gefe del Gabinete.
"Por lo demás, su política no se ha caracterizado de un modo
especial: yo he oido decir que aspira á la próxima presidencia, y
que uno de los medios de que piensa valerse, es provocar la guerra
con México.
"En cuanto á los otros ministros, querido _Fidel_, sobran
ejemplares en su país de vd., como el Ministro de la Guerra
Mac-Greacrey, _áspero_, hombre de cartucheras al cañon, ardiente
republicano y partidario de Hayes.
"Sherman, Ministro de Hacienda, es hermano del general célebre
de la pasada guerra: debe en parte su elevacion al poder, á la
influencia que tuvo en la eleccion de Hayes.
"El director del Correo, Rey, que como vd. sabe, forma parte del
Gabinete, es una prenda de reconciliacion de los partidos, porque
Rey fué separatista; es un buen orador y se le confiesa talento y
probidad.
"En una palabra, vd. haria sus revistas de la gente de gobierno y
se divertiria.
"Repito á vd. que estando abiertas las Cámaras, Washington cobra
animacion; los diputados se reunen el primer lúnes de Octubre. Un
mes entero se ocupan generalmente en el nombramiento de comisiones
y de _Speaker_, que no se turna mensualmente, sino que dura todo
el tiempo que funge la Legislatura, y tiene, por lo mismo, grande
influencia....
"Con las alegrías de Noche Buena se dispersan los padres de la
patria, y van á sus hogares á disfrutar sus _vacaciones_, volviendo
á sus tareas desde el 2 de Enero, hasta que el calor los lanza de
las curules; vuelven el otro Diciembre, en que el período termina
forzosamente en Marzo, por las nuevas elecciones, porque el encargo
dura por dos años, como entre vdes.
"El órden que se guarda en el Senado es el mismo.
"El Presidente del Senado, como vd. sabe, es el Vice-presidente de
la República, y como el Senado funge en la administracion, y como
hace parte del Gobierno como su Consejo, este carácter político le
identifica con la accion del poder.
"En México, segun vdes. me contaban, no es lo mismo: el
Vice-presidente es el Presidente de la Corte, y esto ingiere en la
política activa á un poder esencialmente regulador de la marcha
social, aumentando los elementos revolucionarios.
"Las sesiones del Congreso son de once de la mañana á cuatro de
la tarde; pero cuando los negocios lo requieren, se prolongan las
sesiones hasta la noche.
Miéntras dura la sesion, hay sobre el Capitolio una gran bandera,
y durante los períodos en que están reunidas las Cámaras, una luz
vivísima brilla sobre el mismo Capitolio, y se distingue como un
astro á algunas millas de distancia.
"No hay solemnidad alguna para abrir y cerrar las sesiones. Al
comenzarse, remite el Presidente un mensaje á las Cámaras, en que
les da cuenta del Estado que guardan los negocios.
"Los Ministros envían sus Memorias y asisten á las comisiones, pero
no dan funciones grátis en dimes y diretes con los diputados y
senadores.
"Quédese vd. por tres ó cuatro dias en ese punto, y no se
arrepentirá...."
Seguia Palma en su larga carta hablándome de los amigos de Nueva-York,
mezclando siempre, como era su manía, la política á todas sus
observaciones.
--Es divertida tu carta, exclamó Francisco; parece una foja del
Almanaque de Gotta; pero si te ha divagado la murria, santo y bueno Sr.
Palma. Veamos lo que te dice el Sr. Fagoaga.
Desdoblé mi carta, pasé los ojos por ella, y dije á Francisco:
--Este jóven es más previsor, y me quiere prestar un servicio.
Leo, pues:
"Supongo que una ó dos horas será lo que vd. se detenga en
Washington, porque así lo requieren los cálculos de vd.: esta
consideracion me hace no reunírmele como queria; pero deseando
serle útil de alguna manera, le envío copia de las apuntaciones
que hice en mi primera visita á Washington, en la calidad de
agregado á la Legacion de mi país. Vd. tome de ellas lo que guste,
corrigiendo, borrando y poniendo en cristiano papeles que escribí
para mi uso privado. De todos modos, y aunque no sirva á vd. de
nada el mamarracho, él le probará mi decidido afecto y el interes
que tengo porque su obrita contenga el mayor número de noticias
posible.
"Así como confieso lo desaliñado de mi escrito, le aseguro que le
garantizo la verdad de cuanto en él expongo, pues repito que, como
para mí, no pude tener la pretension de engañarme.