Ví entónces el Instituto Smithsoniano, que es de piedra roja.
Descuella el edificio de estilo romanesco entre el Capitolio y
el Departamento de agricultura. El noble edificio fué instituido
por el inglés James Smithson, _para el adelanto y difusion de los
conocimientos científicos entre los hombres_. Tiene 447 piés de largo,
450 de ancho, y 9 torres de 75 á 150 piés de altura.
Contiene un Museo de Historia Natural, con muchas y valiosas muestras,
arregladas en unos salones en que se ven y estudian colecciones
metalúrgicas, mineralógicas y etnológicas.
Persona que debe saberlo me dijo, que entre las curiosidades que se
notan en aquel Museo, hay un aerolito de gran tamaño, que tiene la
figura de un anillo, y que lo llevó allí desde México algun _yankee_
garboso, de órden de Dios que puede más que nadie. Le llaman el
aerolito Ainza, del nombre del sonorense que lo donó.
Sin fijarnos en el Departamento de Agricultura ni el Jardin Botánico,
Francisco, viendo su reloj y arrancándome al panorama que contemplaba
tan entretenido, me dijo:
--Fíjate bien en aquel edificio que está á la izquierda: es un hospital
de mujeres dementes; recuérdame que te tengo que hablar de él.
A escape bajamos las escaleras y corrimos hácia la estacion.
--Francisco, Francisco, no vimos ni me hablaste del monumento de
Washington, que está tan hermoso en las Guías.
--Esa es manía de los fabricantes de Guías, dan por hecho lo que es
proyecto: ya viste la Casa Municipal de California y la de Albany.
El monumento de Washington, aunque no levanta sino poco más de
cincuenta varas del suelo, da lugar á que se diga en la Guía que tendrá
200 varas de altura, que lo van á poblar en su interior estatuas de
los héroes, y qué sé yo qué más prodigios. Lo cierto es que ha costado
130,000 pesos, y que segun todas las trazas, no concluirá.
El monumento está colocado en un terreno bajo y pantanoso inmediato al
rio Potomac. Todo el mundo critica su mala colocacion: á causa de esto
parece haberse enfriado el entusiasmo por continuarlo.
Hace cosa de dos años hubo grandes cuestiones, que tuvieron mucho eco
en la prensa, sobre lo que se pudiera hacer con el monumento: unos
opinaban por su demolicion; otros por convertirlo en un arco triunfal,
y otros por aprovechar el material para construirlo en otra parte. Se
habló mucho de que se estaba hundiendo por lo falso del terreno; hubo,
á consecuencia, un reconocimiento de peritos, que dejó las cosas en
duda.
Hay cerca de ese principio de monumento un cobertizo donde se guardan
varias piedras, generalmente de mármol, enviadas, para que formen parte
de él, por los diferentes Estados de la Union; todas ellas contienen
alguna inscripcion, explicando su orígen, y conteniendo alguna
expresion de afecto al padre de la patria. Hay algunas de naciones
extranjeras, entre otras, una del Imperio Celeste.
En esto llegamos á la estacion: un dependiente de un hotel puso en mis
manos dos cartas de Nueva-York.
Eran de dos amigos sur-americanos muy queridos; uno y otro me
invitaban á detenerme en Washington. Me reservé para leer las cartas en
el camino.
Gran disgusto manifestaba de no haber distinguido siquiera desde el
Capitolio á _George-Town_, antigua ciudad situada en una pintoresca
hilera de colinas en el Valle del Potomac. Es puerto de entrada
del Distrito, y hay una línea de _stimbotes_ que lo comunica con
Nueva-York. Uno de sus puntos más notables es un Colegio de Jesuitas.