"La poblacion de Washington varia constantemente, como que se
forma de empleados que á cada cambio de gobierno andan á salto de
mata, individuos de la Cámara que van y vienen como las aguas,
personajes del cuerpo diplomático que aparecen y desaparecen como
sombras chinescas, y ricos caprichosos que suelen pasar el invierno
disfrutando de aquella buena sociedad, que en obsequio de la
justicia, es fina é inteligente como pocas.
"Las costumbres por una parte, y el modo con que se verifican las
reuniones, hacen que en realidad se goce en ellas poco.
"Hay personajes distinguidos que declaran su casa abierta: así se
publica en los periódicos ó se advierte por invitaciones; pero
toda persona decente tiene acceso á la reunion aun sin invitacion
especial, como se puede ir á la iglesia ó á ver un Museo.
"Las piezas de las habitaciones son en general pequeñas, aunque muy
decentemente amuebladas: la señora y el señor de la casa se colocan
de pié á la entrada del salon en que se recibe: se llega, se saluda
sin detenerse y se entra en busca de conocidos y amigos; pero todo
esto sin detencion especial, de pié, como de viaje, como en la
estacion de un ferrocarril.
"Nadie se sienta, con excepcion de tal cual anciano, ó de tal cual
enfermo.
"Semejantes centinelas en aquel agolpamiento, no es posible que
emprendan conversaciones; están como en espera de algo para
marcharse. "¿Cómo está?" "¿qué tal va?" es lo que se escucha entre
costado y costado, y como si se lo dijeran dos viajeros que cruzan
en opuestos rumbos.
"Estas _recepciones_ son de noche.
"A las once, poco más ó ménos, despues de tener la comodidad que
en una plaza pública, se hace la invitacion para pasar al comedor,
donde tampoco hay asientos.
"Sobre una gran mesa hay fiambres y licores, que sirven los criados
con diligencia y compostura. Es general en la alta sociedad el
consumo del Champaña.
"Cuando no son los criados bastantes, entónces los caballeros
sirven á las señoras que conducen ó quieren obsequiar, teniendo
fatigas para conquistar en aquella confusion, unas cuantas hebras
de ensalada ó una medita de galantina.
"Pero la posicion en pié hace la escena del servicio difícil y á
veces cómica; el caballero tiene el plato á la altura de los brazos
de la señora, ésta pica infirme y se acomoda á lo inseguro del
suplemento de mesa.
"La señora, á veces, no consiente en aquel espectador cercano de
su alimentacion; entónces ella sostiene su plato, embarazada con
el pañuelo, el abanico ó cosas semejantes, haciendo á cada bocado
prodigios de prestidigitacion, si no es que algun caballero se
encargue del depósito de sus atavíos, ó si no es que transite
brusco un importante diputado del Oeste, con el pelo de la dehesa,
muy raro en aquella sociedad distinguida, y dé un codazo á un plato
ó vierta el vino sobre el vistoso trage de la _lady_, en uno de sus
movimientos de mastodonte.
"En las reuniones que describo hay mucho lujo; las señoras gustan
de lucir riquísimas alhajas.
"Suelen aparecer tipos ridículos de esos foráneos que solo tienen
la primera silla.... curul.... Ellos monopolizan el leviton
dominguero de la aldea, y sus consortes, trages y tocados que
tienen la autoridad del tiempo que pasó. Es de advertir que aunque
en esos salones hay gente desconocida, jamás se lamenta ninguna
especie de desórdenes. Hay tertulias de este género que son de
invitacion individual, y por lo mismo, más aristocráticas.
"Muchas y variadas son las _recepciones_ de que acabo de hablar,
pudiendo asegurar que desde Enero y Febrero que comienzan, hasta
la Cuaresma, hay por lo ménos una cada noche. La concurrencia se
disuelve á las doce.
"Las señoras por su parte tienen sus _recepciones_ de dia.
Comienzan á la una y concluyen á las cinco de la tarde. En ellas
suele aparecer uno que otro caballero como mosca desvelada.
"Durante la semana, las señoras, segun las clases oficiales de sus
maridos, dan esas _recepciones_ diurnas, poco más ó ménos en el
órden siguiente: el lúnes, las señoras de los Jefes del Ejército y
la Marina; el mártes, las señoras de los individuos del Congreso;
el miércoles, las señoras de los Secretarios del despacho, y así
sucesivamente, siempre con excepcion de los domingos, en que ya se
sabe que todo el mundo se aisla y se encierra en su casa.
"La del Presidente recibe señoras los sábados, de dos á cuatro
de la tarde. El Presidente asiste á esa _recepcion_ cuando sus
ocupaciones se lo permiten.
"Durante la estacion del movimiento en Washington, el Presidente da
tres ó cuatro convites de ceremonia, generalmente en el órden que
sigue:
"1. Ministros del Gabinete y señoras.
"2. Cuerpo diplomático, sin comprender generalmente más que á los
Jefes de Legacion.
"3. Los Presidentes de las Cámaras y algun otro diputado notable,
pues en la mesa no caben mas que treinta y cuatro personas, y
esto limita el número de convidados.
"La gran _recepcion_ del Presidente es el dia de Año Nuevo.
"Comienza á las once y termina á las tres de la tarde.
"Esta _recepcion_ se hace con la mayor formalidad. Se publica
programa, se marcan las puertas para la entrada y salida de los
coches, y numerosos policías cuidan de que se guarde la mayor
compostura.
"El cuerpo diplomático se presenta en la _recepcion_, que es
propiamente la felicitacion de Año Nuevo, de grande uniforme; el
Presidente y los Ministros, de frac negro, como es la etiqueta,
aun cuando el Ministro de Guerra haya sido ó sea militar: caeria
en ridículo una incrustacion de sombrero al tres y de espadin, en
aquel gabinete.
"Los Ministros mexicanos asisten á estas ceremonias, de veinte años
á la fecha, de frac negro, sin singularizarse por nada.
"El gentío inmenso llega en interminable fila á dar la mano al
Presidente; los Ministros extranjeros presencian los saludos á la
espalda del Presidente, y la concurrencia es tanta, que se rinde el
Presidente de dar la mano, y alguna vez han tenido que sostenerle
el brazo.
"Un dependiente de palacio anuncia á las personas notables que
saludan al Presidente.
"Es costumbre robustecida en los últimos años, que se feliciten las
personas que tienen relacion, y cumpliendo con esa etiqueta, se
da ménos importancia y aun se disimulan las visitas y el envío de
tarjetas los dias de natalicios, pascuas, etc., etc.
"La fiesta de Noche Buena es, como entre nosotros, la fiesta del
hogar; se verifican reuniones íntimas y de familia, siendo para
ellos tan sacramental el _guajolote_ (Torkey), como entre nosotros
la ensalada de Noche Buena.
"Al cerrarse las sesiones se redoblan las visitas, pero con ménos
ceremonia, y gran parte de la poblacion emigra á Nueva-York, donde
hacen parada, unos para dirigirse á _Long Branch_, _New-Port_,
_Saratoga_, _Cap May_, etc., y los que tienen grandes fortunas,
emprenden viaje á Europa, donde gozan más y gastan ménos, porque la
vida de los baños es en extremo costosa...."
Sin sentirlo, con la lectura de las cartas y sus comentarios, pasamos
gran parte del camino, haciendo parada en un punto en que se vendian
sandías y melones hermosísimos, y en que un hombre en una especie
de cepillo de carpintero, inverso, convertia en polvo la nieve para
mezclarlo á las frutas, á el agua y al vino.
La tierra estaba perfectamente cultivada, sin que dejase de tener cada
campo su cerca de palo, notándose la opulencia agrícola de aquellas
fértiles comarcas de la Virginia.
Pasamos por Richmond, capital de la Virginia, poblacion que renace de
entre sus cenizas y sus ruinas, despues de los estragos que le causó la
última contienda. Cuenta sesenta mil habitantes.
Richmond, situada á la orilla del rio James, está en el centro de
una red de comunicaciones por agua y por vías férreas, con todos los
Estados del Sur y los más importantes de la Union.
La agricultura y la industria manufacturera parecen haber establecido
competencia para enriquecer á la capital privilegiada.
Exporta tabacos, granos y harina para Europa, y recibe esencialmente de
la América del Sur, maderas, azúcares, melaza, cueros, guano, etc.
Valúanse sus productos manufactureros en veinte millones de pesos, y la
sola industria de tabaco rinde siete millones.
La ciudad está situada como en fajas de colinas superpuestas, en
cuyas alturas, conservándose los accidentes todos del terreno, se han
construido las habitaciones entre arboledas y jardines, produciendo una
vista deliciosa.
Al pié de la faja de habitaciones corren wagones y carruajes, y
descendiéndose, está la parte comercial, en la que se ven edificios
soberbios que, como el Capitolio, tienen renombre universal.
Como se sabe, el desenlace de la tremenda guerra del Sur se verificó
en Pettersburg y en Richmond mismo; las tropas separatistas, ántes de
abandonar la ciudad, la incendiaron, y la costosa victoria del General
Grant se proclamó entre ruinas humeantes, el espanto y la desolacion.
Hablóse del Capitolio y del Parque que lo circunda. Se hizo mencion
de una estatua de mármol que está en uno de los salones del gran
monumento, obra del escultor Houdon, calificándola de obra de mérito.
Refiriéronse varias curiosidades que se encuentran en el Capitolio,
como una estufa de los tiempos coloniales, que estuvo en la Casa
Municipal al servicio de William Burg, y un busto de Lafayette.
Tambien no faltó viajero que hiciese la descripcion de la estatua
ecuestre de Washington, que está frente al Capitolio, rodeada de varias
estatuas de bronce de Jefferson, Nelson, Andrieu, Levis y otros héroes.
Los americanos tienen en mucho la estatua de que hablamos, y autores
hay que digan que el monumento es de los mejores del mundo.
Tres estatuas, una de Clay, otra de Foley y la otra de Jackson,
completan la decoracion de la gran plaza del Capitolio.
Entre los templos, que hay muchos, y algunos suntuosos, se cuenta el
Sant Pauls, donde Jefferson Davis recibió la noticia de que Lee estaba
á punto de abandonar Pettersburg.
Aunque hay en Richmond muchos cementerios, el principal es Houngwod,
que es un sitio de especial belleza, adornado de árboles venerables,
prados y flores. En ese cementerio se guardan los restos del Presidente
Monroe, del General Stuart, comandante de la caballería de Lee, y
existen los sepulcros de cien confederados, entre los que descuella un
soberbio monumento.
Nuestro paso por Richmond, puede decirse que fué á vuelo de pájaro;
parece que á todos nos absorbian los recuerdos de la sangrienta
contienda de los tiempos modernos, que eclipsó, por sus proporciones
titánicas, cuanto habian cantado los poetas y perpetuado los
historiadores en el antiguo continente.
Catanogua, por donde tambien atravesamos, debe su celebridad á la
última guerra. Cuando quise fijarme en ella, habia pasado el tren como
relámpago.
El tren que nos conducia nos hacia recordar con amargura las
comodidades de los pasados alojamientos ambulantes; y de la
concurrencia ni se diga, porque me hartó de feo hasta la punta de los
cabellos.
En lo más hondo de la noche escribia yo en mi cartera:
"La luna está suspendida, opaca y triste, en la cima de la montaña
oscura que sobresale en una hilera de eminencias silenciosas
y lúgubres; detrás de ese muro, como que asomaban pasajeros
relámpagos de miradas terribles, que parecian de furias acechando
nuestro tránsito.
"Nuestro tren se dirigia al ocaso con su galopar de acero,
tendiendo un manto de humo espeso bordado de chispas refulgentes,
que como que formaban enjambres y se desbarataban en líneas
fantásticas.
"Al Sur se tendia vaporosa y apacible una línea luminosa, que
dilataba al infinito el horizonte dulce y melancólico sembrado de
luceros....
"Ver á los cielos, hacer salir al alma en nuestra mirada, para
recorrer el infinito, ¡oh, cuán bello es! como que flota el
espíritu, como que halla en ese vago remedo de lo eterno, el
testimonio de su inmortalidad sublime!"
Fuera de estos consuelos realmente poéticos, la noche fué infernal;
sentia magullado y altamente comprometido el forro de mis cuadriles,
con las sacudidas del carruaje, en aquel asiento de cantería.
Desvelado, hambriento, molesto, sahumado con la atmósfera que la
negrería formaba en nuestro derredor, apénas salió la luz como
ruborizada de alumbrar tanta fealdad, cuando yo, como quien empuña
la espada del ángel exterminador, empuñé mi lápiz, y deseando que
las letras se hubieran convertido en alacranes para picar á mis
accidentales compañeros de viaje, escribí el siguiente bilioso romance: