DEPARTAMENTO DE MAQUINARIA.

Ese, ese, exclamé con impaciencia; yo no conozco más departamentos de

maquinaria que las oficinas públicas.

Bárcena leyendo:

"Amplio y vistoso edificio; tiene 1,402 piés de largo y 360 de ancho;

costó 542,300 pesos. En el centro del edificio habia una máquina de

vapor con fuerza de 1,400 caballos. Esta comunicaba movimiento á las

otras máquinas que poblaban el edificio."

--¿Qué dice aquí?

--_Máquinas industriales_, leyó Bárcena.

--_Para hacer ladrillos_, leí yo.

"Las principales eran una francesa y otra rusa. Se ponia en ellas el

lodo, tal como se encontraba en el campo, y por un simple movimiento

de la máquina, salian ya cortados y perfectamente comprimidos los

ladrillos."

--Vd. ve: en México se hacen barrancas para extraer la tierra, se forma

el lodo, se bate, se le mezcla estiércol, y no sé despues cuántas

operaciones se hacen, que los ladrillos resultan malos y caros.

--Léame vd., Sr. Bárcena, ahí donde habla de la máquina para hacer

cubiertas de cartas.

Mi amigo leyendo:

"Entraban en ella los pliegos de papel; un golpe cortaba, otro doblaba,

y las cubiertas se acomodaban en una rueda que las pasaba sobre un

gran cepillo con goma, que untaba sus bordes. Esto seria utilísimo para

oficinas y toda clase de establecimientos."

--Y como creo que esas máquinas serán muy poco costosas, habria modo de

que las adquiriese la gente pobre, y aun un recurso para las mujeres....

--Esta otra no. Vea vd., siguió Bárcena:

--_Máquinas de cortar rocas._ Habia varias: la de Emerson laminaba las

rocas con gran facilidad; las losas salian pulidas.

--Y el Ayuntamiento, ¿tendrá noticia de esas máquinas?

--¡Oh! ¡oh! seria una falta de patriotismo no hacer contratas con

nuestros paisanos.

--Eso que está ahí escrito interesa muchísimo á nuestro país.

--¿Qué cosa?

--Las bombas. Léame vd., Sr. D. Mariano.

--Las bombas, continuó mi complaciente amigo, se encontraban

funcionando en un vasto estanque que se hallaba en el mismo edificio

de la maquinaria: habia algunas de gran poder, propias para minas. Se

recomendaban entre otras las de Blake, Hardik, Kowles, etc.

Las automáticas de Sloushour, las movia un hombre muy fácilmente, dando

impulso oscilatorio á una palanca: pueden servir para sacar agua de

acequias y canales, para practicar riegos, etc., etc.

Todas las máquinas funcionando á la vez, producian bosques de chorros,

laberintos de corrientes, capelos, abanicos, lluvias, polvo de plata y

todo lo que la imaginacion de vd. puede concebir.

--Precioso, preciosísimo es eso, le decia yo á mi amigo, y de muy fácil

aplicacion.

--Por supuesto que no faltarian _amigos_ del trabajo, que dijeran que

quedaban con todo esto brazos ociosos.

--Para eso, atenerse á la uña para excavaciones, y á los buches para

trasladar el agua de un punto á otro.

--Entre las máquinas agrícolas, esta para _hacer cercas_, va á llamar

la atencion de vd. (leyendo):

"Habia una máquina muy curiosa; se ponian en ella algunos trozos de

madera y salian divididos en láminas que tenian agujeros cilíndricos

equidistantes; por otro lado salian tallos cilíndricos; con esos

materiales se hacian cercas. Las láminas se clavan en el terreno y los

tallos cilíndricos se pasan por los agujeros de aquellas.

"Entre las máquinas para cortar pastura, las habia que aprovechan

tallo, mazorca y hojas.

"Entre las de segar me llamó la atencion la que practica la operacion,

coloca tallos y espigas y forma atados ó haces con hilo ó con

alambre...."

La relacion que hacia á mis compañeros de mi entrevista con el Sr.

Bárcena, reproduciendo el diálogo y leyendo las apuntaciones que me

dijo, fué imperfectísima, olvidando mucho y quitándole el aplomo que

en estas descripciones da á su dicho el hombre de la ciencia; pero tal

como es, mató el fastidio de la espera, y apénas nos apercibimos de que

continuábamos nuestra marcha.

Los compañeros todos, aunque guardando difíciles equilibrios, se

quedaron dormidos; yo no podia dormir, y tenia necesidad de distraerme.

Don Estéban estaba en situacion análoga, y me decia:

--Es sensible que no haya vd. podido permanecer en Filadelfia; es

interesante y mucho, por la grandiosidad de sus edificios y sus plazas,

por sus recuerdos y por la diligencia con que se acogen los adelantos

de las ciencias.

Entre otras cosas, habria vd. gozado mucho con la vista y conocimiento

del Colegio Girard, magnífico establecimiento para asilo é instruccion

de huérfanos, fabricado y dotado con dos millones de pesos.

Es gigantesco el edificio, todo de mármol blanco, deslumbrador de

riqueza y hermosura. En cuanto á las particularidades de la vida de

Girard, cuya memoria es tiernamente amada en Filadelfia, poco puedo

decir á vd.

Entretenidos con las anteriores pláticas y lecturas, no advertimos

siquiera cuando pasamos por Washington, capital de Delaware, en cuyo

hermoso astillero se construyen afamados buques.

El conductor anunció que pasábamos por Baltimore, y despertó Juanito,

que habia dormido, como en lo general duermen los tontos, es decir,

perfectamente.

Don Juanito se habia quedado dormido precisamente leyendo las Guías

de Baltimore y Washington, de suerte que pudo ostentar conmigo su

erudicion, con aquella prosopopeya y aquel aplomo con que se proponia

aturdir á sus admiradores, al regreso á la patria.

--Ahí tiene vd. una de las ciudades más importantes de los

Estados-Unidos, á la orilla del rio Patapso, con una de sus entradas

en la Bahía de Chesapeake, como quien dice, tocando con la mano el

Atlántico, que está á ménos de cinco leguas.

Como si para esta gente no bastase con tantos elementos de grandeza,

hay un arroyo que se llama _Jones Falls_, que corre apacible por el

medio de la ciudad, la divide en dos partes y la hermosea y fecundiza.

El puerto es amplio, seguro como un baúl y tan defendible, que pudo

resistir el terrible bombardeo de 1812.

--Muy bien, Juan, estoy contento de escucharte, le dijo D. Estéban.

--Como que pienso, continuó D. Juanito, imprimir mis Viajes en cuanto

llegue á mi país.

--Entónces comenzarás refiriendo la fundacion.

--Diré que se eligió el sitio para la gran ciudad en 1722, que se

le puso nombre en 1745, en honor de lord Baltimore, propietario de

Maryland; por supuesto que le invento al tal lord, cuatro anécdotas

que saquen lumbre; que yendo y viniendo dias, el puerto comenzó á

ser visitado, se empedraron las calles, se construyeron edificios y

templos, y que la poblacion subió por saltos, de este modo:

1797--Poblacion 26,000 almas.

1850-- " 200,000 "

1860-- " 212,000 "

y al presente muy cerca de trescientas mil almas.

Diré que dos magníficas líneas de vapores ponen en comunicacion al

puerto con Europa; que multitud de embarcaciones llegan á sus aguas en

demanda de lucrativos cambios, y que una red de ferrocarriles trae y

lleva, que es una gloria, pasajeros y mercancías.

Despues de toser, fumar un puro, contaré á mis lectores que en virtud

de mis vastas relaciones y de mi amistad personal con Hayes, que es

chico de buen humor y á quien le gustan mucho las hermosas, me procuré

datos de las exportaciones, que consisten en tabacos (informe del que

me vende mis puros), algodon (mi costurera), petróleo (el atizador de

los quinqués de cierto teatro), tocino, manteca, queso, mantequilla

(cualquier cocinero me pone al corriente de lo que debo decir sobre

todo eso). Diré, para concluir haciendo sensacion, en un capítulo,

que en Baltimore se benefician los ricos minerales de cobre del Lago

Superior, y producen anualmente 4.000 toneladas de metal refinado; que

de ostiones, frutas y verduras, se venden 5.000,000 de pesos, y 500,000

de cueros curtidos que se remiten generalmente á la Nueva Inglaterra.

--Está muy bien, decia Estéban; pero con ese tonillo y esa tu manera,

te expones á que tengan por dudoso lo cierto, porque esos datos son

fehacientes, y las Guías, aunque relaciones que andan de mano en mano,

tienen en general mucha exactitud, y los datos que contienen son

tomados de documentos oficiales.

--Eso lo debe suponer el lector, decia Juanillo; pero si ensarto

números y números, dimensiones y tablas de cuentas, ya verás mi Viaje

con un solo lector.... el de las pruebas.

--D. Juanito, hágame vd. el favor de seguir su Viaje, porque á mí me

interesa, aun cuando solo sea de oidas, conocer á Baltimore.

--Seguiré, continuó Juanito, diciendo lo que recuerde de la Guía,

porque este pícaro de Estéban acaba de cortar las alas al génio.

Como en todas las ciudades de la Union, hay magníficos hoteles y

_restaurants_; si quiere vd. lo mejor entre los primeros, pregunte por

Carolton ó Barnim-Hotel, y en cuanto á los segundos, Pappes es sin duda

el mejor atendido.

Once líneas de wagones trasportan á vd. donde le parece, momento por

momento; y en cuanto á carretas, carros y carritos, ya vd. sabe lo que

son estos tios de viciosos.

La calle que tiene por nombre "Baltimore," es la principal de los

negocios, sin que dejen de tener importancia, Broadway, la plaza de

Mont-Vernont y las que rodean los muelles.

Por más que hablen á vd. de los muchos y grandiosos edificios de

Baltimore, los que se singularizan son el Cambio, que tiene una fachada

soberbia de 240 piés, cuya fachada la decora una columnata de mármol de

Italia, espléndida, el Banco y City Hall, que tuvo de costo más de dos

millones de pesos.

El Templo Masónico, que se usa para conciertos y lecturas, tuvo de

costo cuatrocientos mil pesos, y es elegantísimo edificio.

El Teatro de la Opera, el de la Academia de Música, son dignos de la

hermosa ciudad, así como fuera de ella llama la atencion el Circo de

Jockey Club, destinado á las carreras de caballos.

Los sabios pueden entretenerse con las bibliotecas del Ateneo de

Baltimore (15,000 volúmenes), la Mercantil (26,000), Biblioteca

Baltimore (10,000), Instituto Peabody (56,000).

La Academia de Ciencias es con justicia celebrada, por sus riquísimas

colecciones de historia natural.

Hay suntuosos templos, aunque, por lo que he visto, á todos los ofusca

la Catedral Católica.

--Es realmente imponente y magnífica, dijo Estéban. Es de granito, de

forma de cruz, cuyos brazos tienen cada uno 177 piés de extension, la

altura es de 127 piés.

Las dos torres, de estilo sarraceno, tienen la apariencia de los

minaretes de una mezquita; hay en la Catedral pinturas de sobresaliente

mérito, donaciones de Luis XVI y Cárlos X.

No desdice Baltimore de las otras ciudades de la Union, en el estado de

su instruccion pública y sus establecimientos de beneficencia y caridad.

--Vea vd., sobre esto, lo que dice la Guía: (leyendo)

Colegio de Medicina de Maryland.

Universidad de Washington.

Colegio de Jesuitas de Mujeres, de Baltimore.

Colegio Peabody, fundado por el eminente banquero americano establecido

en Lóndres, Jorge Peabody, destinado á las ciencias y á la literatura.

La Universidad Hoppins, fundada por el rico propietario de ese nombre,

quien dedicó su inmensa fortuna á objetos de educacion y beneficencia.

Entre los más notables establecimientos de caridad se señalan el

Hospital de locos, el de Ciegos y el Hospital del bendecido beato

Hoppins, el más hermoso de cuantos existen en América, dotado para su

asistencia con dos millones de pesos.

--A Baltimore, interrumpió Francisco, se llama la Ciudad Monumental,

y en efecto, contiene monumentos que cualquiera de ellos podria ser

la gala de la ciudad, como el llamado de _La Batalla_, erigido en

memoria de los que sucumbieron en defensa de la ciudad, en Setiembre de

1814. El consagrado en honra de Wildey, fundador de la Orden de los

_Odd-Fellows_ (rito masónico), en los Estados-Unidos, y el que perpetúa

la memoria de dos jovencitos heróicos, muertos en la batalla de North

Pourt.

Pero yo de lo que conservo apuntaciones, continuó Francisco, es del

gran monumento de Washington, construido en la grandiosa plaza de

Mont-Vernont, que es el más notable de su género que he visto en mi

vida.

Está situado el monumento á más de treinta y tres varas sobre el nivel

del agua: su base es de diez y seis varas poco más, y siete varas de

altura, y sostiene una esbelta columna dórica de cincuenta y nueve

varas, sobre la cual se eleva una estatua colosal de Washington, de

más de cinco varas de altura, de manera que la total elevacion del

monumento es de ciento cuatro varas sobre el nivel del rio. Está

construido de ladrillo, con revestimento de mármol blanco, y costó

doscientos mil pesos.

Desde la balaustrada del monumento se disfruta una vista deliciosa:

la ciudad con sus mil torres, cúpulas y columnas, se distingue entre

sus verdes arboledas; el puerto, lleno de embarcaciones, se extiende

á la vista; cruzan los rios alegres sementeras y se ven á sus orillas

quintas preciosas; el tráfico activísimo, á todo comunica animacion y

aspecto de contento.

En estas conversaciones, y al vislumbrar la luz, tocábamos en

Washington, y teniamos á nuestra disposicion tres horas para dar un

vistazo á la ciudad.

No obstante no ser ni accidentado el viaje de Nueva-York á Washington,

ni los carruajes incómodos, ni la concurrencia desagradable, el

trayecto me estropeó, acaso porque la noche anterior la habia pasado

sin dormir y lleno de fatiga y emociones.

Francisco, que habia estado varias veces en Washington, lo mismo que

mis dos amigos, tenian más gana de dormir y de desayunarse, que de

servirme de instructores. Por otra parte, bien á bien no amanecia, y

no pude disfrutar de la vista de los alrededores de Washington y de

las estancias elegantes de próceres de todas las naciones, en que se

hermanan las grandezas palaciegas con la imitacion de los paisajes y de

las estancias campestres. Esto lo sentí más, despues de haber oido la

magnífica descripcion de estos sitios, por Manuel M. de Zamacona.

Viaje a los Estados Unidos, Tomo III · 第 76 / 153 题