Trenton.--Filadelfia.--Baltimore.--Llegada á Washington.
Volaba el tren del ferrocarril como si fuera atravesando un
subterráneo; las tinieblas se presentaban como espesos muros, el cráter
de la locomotora lanzaba erupciones de chispas que se desbarataban en
centellas.
El interior del wagon era sombrío, las lámparas alargaban su llama
entre humo espeso que se pegaba al tubo; la mayor parte de los
pasajeros dormian, tomando esas figuras estrambóticas del sueño, y la
trepidacion ó cernimiento del carruaje, les hacia mover como de una
pieza, y como movimiento de cadáveres.
Francisco, con su cachucha sobre las cejas, se concentraba sin hablar
palabra: despues de algun andar, me dijo:
--Vamos á pasar por _Trenton_, capital de Nueva-Jersey.
Algunos faroles, una casa de comercio abierta, fué todo lo que conocí y
de que puedo dar idea.
--Si de este jaez, dije á Francisco, son mis impresiones sobre
Filadelfia, me voy á divertir.
--Pues así serán, porque pasaremos por allí ántes de que amanezca.
Hizo un alto el tren é ingresaron á él dos caballeros que tomaron
asiento frente á nosotros, saludándonos en correcto español, muy
cortesmente.
Yo respiré; ardia en ganas de hablar de Filadelfia, y Francisco no
tenia humor de darme gusto.
Los nuevos compañeros son originarios de Venezuela: llámase el uno, el
más jóven, D. Juan Herrera, y el otro, D. Estéban Galvez.
Herrera, como yo, no conocia á Filadelfia; pero le importaba un bledo,
tenia suficiencia para figurársela poco más, poco ménos, á la vez que
Galvez trataba de instruirle con particular interes.
--Esta ciudad (Filadelfia), decia Galvez, está situada entre los rios
Delaware y Schuytkill, á seis millas de su confluencia y á noventa y
seis del Atlántico.
--Déjate de particularidades. ¿La ciudad es bonita? Me han dicho que es
tristona: no te canses, el que ha visto Paris....
--Es la ciudad monótona, aunque regulares las calles. Corren de Norte á
Sur, y como en todas las ciudades americanas, un nombre sirve para la
extension de una vía, aunque tenga varias secciones, y la numeracion es
de pares de un lado y nones del otro.
--Lo mismo da todo eso.
--¿Quién habia de decir á Guillermo Penn, observaba Francisco,
cuando en 1682 vino aquí con su colonia de cuákeros, el sorprendente
desarrollo de estos pueblos?
--Sin embargo, la emigracion fué muy rápida, objeté yo, y se consideró
como la ciudad más importante en tiempo del gobierno colonial.
--Aquí se reunieron el primero y segundo Congreso, y se hizo la solemne
declaracion de la Independencia el 4 de Julio de 1776.
--Tambien pueden citarse, dijo Galvez, como títulos históricos,
la reunion de la Convencion para formar la Constitucion, en 1787,
residiendo allí el Presidente de la Union.
--¿Y cuál será la poblacion actual de Filadelfia? pregunté.
--Segun la estadística del año de 1876, Filadelfia contaba 817,448
habitantes.
--No es mal pico, dijo Herrera; pero ochenta grisetas hacen más bulla
y son más divertidas que esos miles de mochos, complemento de sus
máquinas.
--El comercio es muy cuantioso; el número de establecimientos es 8184.
Los operarios empleados, 137,496.
El capital invertido, 174.016,674.
Y los productos del año de 1870, 322.004,517.
--Pero, hombre, te estás quedando dormido....
---Y tú tambien, me dijo Francisco.
--Pues si esto solo puede divertir á D. Bonifacio Gutierrez ó á José
María Mata.
--Yo creo, dijo Herrera, que en vez de esos bocados de estadística,
algo diéramos por descansar en el _Continental_ ó en _Girard hotel_,
que dicen que son excelentes posadas.
--Muy caras, replicó Galvez, lo mismo que el hotel de la Columnata,
porque son cuatro pesos diarios los de más lujo, ó tres pesos y medio
los de segundo órden.
--Creo, me dijo Francisco, que en materia de cafés y _restaurants_,
Filadelfia no está á la altura de Nueva-York.
--Convengo, dijo Galvez; pero el _Hotel-café_, el _Bresorter_, el
_Asher_, son buenos _restaurants_, y en el _Union league Club_, se come
como en el mejor hotel de Nueva-York.
--No hagamos comparaciones, dije yo; personas muy conocedoras me han
asegurado que la sola calle de Broadway vale todo Filadelfia.
--Pues no crea vd. que Market St., que es en Filadelfia la calle de
los grandes negocios, es cualquier cosa; tiene cien piés de ancho y es
animadísima.
--Broad St. y Chesnat, son tambien hermosas, añadió Francisco, y
tienen, como Market, suntuosos almacenes.
--Nada de riquezas, ni de hermosura, ni de placer y amor, dijo Juanito;
vdes. repasan vejeces cuando tratan de Filadelfia.
Allí está la iglesia más antigua, _The old, Twea'church_, construida
en 1700 en el lugar que estuvo la primitiva, construida en 1677.
Allí, segun Estéban, llevan á vd. muy reverentes los yankees á ver
una casa grosera de ladrillo, construida por Penn; más adelante, como
si visitara vd. los Santos Lugares, le enseñan un cafesucho de mala
muerte, donde se reunen hace más de un siglo los magnates de la ciudad.
Acullá un obelisco señala el lugar que ocupaba el olmo, bajo cuya
sombra hizo Penn su primer tratado con los indios.
Paseando con un yankee, tiene vd. que mostrarse extasiado en
Carpenter's Hall, lugar donde se reunió el primer congreso....
--De todo, lo que se puede considerar como más curioso, observó D.
Estéban, es el edificio llamado _Independence Hall_, grande fábrica
en Chestenat St., construido de 1725 á 1735, con el costo de ménos de
treinta mil pesos.
En una pieza del lado del Oriente se hizo la declaracion de
Independencia. La pieza se conserva con religioso cuidado en el mismo
estado que tenia cuando aquella declaracion.
Las mismas pinturas, los mismos muebles.
Hay en aquel edificio una estatua de Washington, de mérito, así como
retratos y reliquias de la revolucion, considerándose como preciosa
la campana que sonó inmediatamente despues de hecha la declaracion
de Independencia, y á la que llaman _Liberty bell_ (Campana de la
libertad.) Todo grande amor es fanático.
--Pues yo no tengo esa pasion por las baratijas, dijo Juanito. Cuando
me encarecen el mérito de un sombrero de Napoleon, yo, siendo su dueño,
lo daria por cualquier sorbete de uso comun.
--Hazme favor, Juanillo, de reprimirte, dijo Estéban; hazme el favor,
porque á la tierra que fueres, haz lo que vieres.
--Y de edificios verdaderamente notables, ¿qué me cuentas? pregunté á
Francisco.
--Que el Correo, la Aduana, y la Casa de Moneda, son muy hermosos.
El Correo está concluyéndose y ya sorprende su magnificencia. El
extenso patio es de mármol azul, las paredes de mármol blanco, la torre
que corona el edificio tiene 450 piés de alto, ó sean ciento treinta
varas, es decir, más del doble de las torres de la Catedral de México.
La _Aduana_ es una copia del Partenon de Aténas, y la _Casa de Moneda_,
de mármol blanco y construida del órden jónico, es admiracion de los
artistas inteligentes.
--La vez que más me detuve en esta ciudad, dijo D. Estéban, no visité
esas maravillas por ver el _Asilo naval_, ó sea hospital para marineros
inválidos.
Hay dos arsenales, el uno para la construccion de vestuario para
el ejército, y el otro para la fabricacion de municiones, siendo
de advertir que este es el más grande depósito de pólvora de los
Estados-Unidos.
--Siento que no veas la Penitenciaría. Su aspecto te inspiraria una
leyenda, porque tiene la forma de un castillo feudal.
El sistema adoptado es de separacion de celdas, no de aislamiento,
aunque el aislamiento se modifica cuando está muy llena la prision, de
modo que estén á la vista y sin molestarse, dos presos en cada calabozo.
El prisionero está provisto de útiles y material para un trabajo
moderado, y tiene permiso para hablar con el capellan, sus celadores,
y los oficiales de la Penitenciaría, pero no con sus compañeros de
prision.
--Dejemos, si te parece, mercados, templos y bancos, interrumpió D.
Juanito; los templos son cerca de trescientos, los mercados bien
surtidos y los bancos riquísimos. Todo eso lo traigo en la punta de los
dedos; pero háblame tú á la europea, no olvides que mi pasion es Paris.
¿Qué hay de teatros?
--Pues creo que no te disgustaria el de la Academia de Música, que
tiene asientos para más de tres mil personas.
--Poca cosa, chico, poca cosa; en Paris hay por centenares de esos
teatros.
--Juan, contente.... porque te pasas de la raya.
--Sobre que cada parisiense vale por tres yankees: hay, además, el
teatro de la _Calle del Arco_, el de la _Opera_, el _Central_.
--¿Y respecto á librerías? pregunté á Francisco.
--Abundan, así como las Galerías de Artes. En primer lugar, se cuenta
la Biblioteca de Filadelfia, instituida por la influencia y bajo los
auspicios de Franklin, que tiene 100,000 volúmenes.
Doce mil volúmenes más encierra la librería mercantil.
La de los _Aprendices_, la del _Ateneo_, la _Alemana_, están
perfectamente surtidas de libros especiales, y no menciono librerías
pequeñas, porque seria cosa de estarnos inventariando bibliotecas toda
la noche.
Lo verdaderamente admirable, se interrumpió Francisco con cierto
entusiasmo, es la _Academia de ciencias naturales_; posee y exhibe en
salones espléndidos colecciones riquísimas, que se aumentan dia por
dia, de zoología, ornitología, geología, mineralogía, conchología,
etnología, arqueología y botánica. Agassiz afirma que hay más de
250,000 muestras, y que es la más variada y hermosa coleccion de
objetos de ciencias naturales de cuantos existen en el mundo.
--A mí, dijo D. Estéban, me agradó mucho, cuando lo ví, el Instituto
Franklin para fomentar la mecánica y las artes útiles. Posee el
Instituto una biblioteca numerosa y escogida, y los sabios dan allí
lecciones al público, sobre ciencias.
--Con nosotros habian de dar, dijo Juanito; vaya vd. á reducir á
nuestra raza á que cultive el gusto de los sermones.
--Amigo, dije yo, para eso nuestros sabios; dicen que son prodigios,
cuando se paga á un médico ó cuando despabilan media fortuna como
resultado de un pleito; pero esas becas de gracia, concedidas á los
jurisconsultos; esas asignaciones á la agricultura; esos aparatos
científicos, no han valido al pueblo, sino pocas veces, estoy por
decir que ninguna, una leccion sobre el uso de la garrucha, acerca
de los derechos del hombre; nada.... cuando más se dignan los sabios
censurar.... aunque peguen cada rebuzno cuando abren los labios, que
atarante....
--La _Academia de Bellas Artes_, continuó Francisco sin fijarse
en mi charla, es del estilo gótico; en extensísimos salones de
rasgadas ventanas hay galerías de pintura y escultura muy valiosas, y
modelos traidos de Francia é Italia á todo costo; los trabajos están
perfectamente distribuidos; es prodigioso el número de alumnos, y
muchos se hacen notables por su aprovechamiento.
D. Juanito dormia en el hombro de D. Estéban; Francisco, que es poco
afecto á la conversacion con personas desconocidas, se bajó hasta la
punta de la nariz la visera de su cachuchilla, y yo seguí en vela en el
wagon, aburrido y asendereado, esperando con ansia que llegase la luz.
Pero quiten vdes. de ahí, si la noche era como el alma de Judas de
negra, y la lluvia repicaba que era un contento en los cristales del
wagon....
De pronto paró el tren; serian las once de la noche; yo creia que habia
ocurrido alguna desgracia. Era simplemente arreglar la locomotora para
que atravesase el tren un costado de la ciudad. Antes se atravesaba
ésta, tirados los wagones por caballos.
Al fin, por media hora cesó el ruido y cesó el movimiento que me traia
desencajados los huesos.
Francisco me sacó á la plataforma del wagon; pero, repito, el cielo era
de bronce, y de ébano la oscuridad en que estábamos encerrados.
Algunas luces dispersas, como aves refugiadas de la tempestad, se
veian pegadas á altísimas vigas y á cornisas gigantescas sin duda....
aquello, segun congeturaba, era una estacion.
A cada uno de los fugaces, pero rapidísimos relámpagos, como que
brotaba sorprendente la gran ciudad con sus calles, sus cúpulas, sus
torres, sus macizos de árboles y su conjunto inmenso; yo, en aquellas
apariciones súbitas, le ponia nombre á lo primero que veia, segun
las reminiscencias de mi guía. Aquel, le decia yo á Francisco, debe
ser el Hospicio de Pobres, que dizque lo forman cuatro edificios
espaciosísimos, que ocupan diez acres de tierra.
Los relámpagos seguian, y con ellos mis extravagantes congeturas.
--De fé, le decia yo á Francisco, aquellos dos edificios son el
_Colegio de ciegos_ y el de _Sordo-mudos_.
--Nada de eso: lo que señalaste es el Hospital de locos, donde
mereciamos tú y yo estar, por hacer viajes á vista de relámpago.
--Pues, mira, estoy cierto que aquellas que nos parecian inmensas
murallas, son el Gran Parque de Filadelfia (_Fairmount Park_).
--En efecto, atinaste por casualidad. Ese parque tiene una extension
de 2,740 acres. Se extiende por una y otra ribera del rio _Schukill_ y
de _Wissahickon Creek_, por más de 13 millas. Contiene muchas bellezas
campestres, más dignas de una hacienda que del parque de una gran
ciudad.
Los cuatro depósitos de agua que se ven en aquel parque, para
surtimiento de la ciudad, son admirables; la represa para la formacion
de esos depósitos tiene 16,000 piés de largo; el agua se hace subir
hasta la cima del monte, por medio de ruedas y bombas.
En el parque hay una galería de pinturas, de las que algunas son
muy celebradas, como los cuadros de las batallas de Gettysburg, de
Rothermal, Cristo rechazado por el pueblo judío y una gran alegoría de
la Nueva República, pintada por Powell.
Inmediata al parque se ve una extensa y abierta plaza en cuyo centro
descuella gigantesca una estatua de Abraham Lincoln.
--Pon cuidado hácia Fairmount park. ¿Viste á la luz de esos relámpagos
continuados, como una ciudad de cristales colorándose fantástica con la
roja luz de la tempestad?
--Perfectamente: al Oeste de la ciudad, ¿no es cierto?
--Aunque se han destruido muchos edificios de los que se hicieron en
la Exposicion, otros muchos quedan en pié, y siempre tiene belleza
extraordinaria el sitio que encierra un extenso y cristalino lago,
pequeños valles tapizados de aterciopelado césped, grupos de árboles
y accidentes de terreno, que no embellecen á éste, comparado con el
bosque de Boloña por los franceses, y no puedo decirte más, me dijo
Francisco, porque, como sabes, no la ví.
--Yo tuve la fortuna de ver la Exposicion, observó Galvez, y para mí
fué sorprendente, acaso porque no la pude comparar con las europeas.
El economista Molinari, que describe el terreno de esa Exposicion,
dice que tenia la forma de una montera extendida en una superficie
plana (comparacion rencorosa del frances contra el yankee). La punta
de esa montera la ocupaba el departamento de agricultura; la base,
dos departamentos perfectamente iguales, llamados Main Building y
la Galería de las máquinas. El intervalo de las grandes secciones
descritas, lo llenaban construcciones de todas dimensiones, de todos
los estilos conocidos, de multitud de colores y de objetos los más
variados que puedan imaginarse. El autor que acabo de citar, dice que
eran ciento setenta y uno esos edificios.
El detalle de la Exposicion debe vd. haberlo visto en varios
periódicos, y tengo noticia que en México se publicaron, con este
motivo, artículos muy notables de Bachiller y Morales.
Hizo esta cita Galvez y entramos al wagon, porque nos comenzaba á
molestar la lluvia.
--Los he leido, dijo Gomez del Palacio, y en ellos te puedes imponer á
tu gusto de cuanto desees saber.
--Yo, quien habria deseado, añadí, que hubiese publicado sus
apuntaciones sobre la Exposicion, es nuestro distinguido naturalista
Mariano Bárcena.
--He oido mentar ese caballero con mucha estimacion, y aun me valí de
un amigo para que me lo presentase, dijo Galvez.
--Bárcena es muy jóven y su modestia tal, que hasta que no se dieron á
conocer muy ventajosamente sus obras, no se fijó en él la atencion.
De mediana estatura, robusto, sin tocar ni de léjos á la obesidad, sus
movimientos son listos y de hombre acostumbrado á las fatigas.
Rosado, cariredondo, de ojos negros y nariz proporcionada, un ligero
bigote sombrea sus labios, y sus ojos, aunque no grandes, son
expresivos y brillan con la luz intensa de la penetracion y del talento.
En su trato familiar, lleva Bárcena la modestia hasta el punto de
confundirse con el comun de las gentes; aunque siempre entregado á
estudios gravísimos, no esquiva la sociedad, es alegre y consecuente
con sus compañeros de colegio, y con todo el mundo finísimo y
considerado.
Ama los viajes con delirio: nunca más feliz que cuando cabalgando en un
caballo tísico, sin más equipo que una maleta y un criado á su lado con
sus instrumentos científicos, se lanza en pos de raíces y pedruscos,
penetra en las cavernas y escala las montañas.
Vuelve cargado de cada expedicion, de objetos preciosos para las
ciencias, y entónces le cercamos, nos charla, nos instruye, y los que
tenemos él honor de tratarle, confirmamos la merecida opinion de que
disfruta en el mundo científico, y nos envanecemos con la gloria pura y
universal de ese guapo muchacho, honra de México.
Cada vez que en mis articulejos de chismografía tropiezo con algo
científico que me deja á oscuras, ocurro á su celda, porque así pueden
llamarse las piececitas que ocupa en el Museo, y allí, entre un fémur
de mastodonte, esferas, pajarracos y pedruscos, está Bárcena como la
mosca en la miel.
--Dígame vd., Mariano, qué hay sobre tal materia, porque si no, invento
y sale una sarta de barbaridades que entuman.
Bárcena ríe, me hace con suma paciencia luminosas explicaciones, y
salgo de su cuarto, echando chispas de entendido y hasta de sabio.
Cuando volvió de la Exposicion de Filadelfia, le asalté, y sin más ni
más, le pedí sus apuntaciones. (Hablando así, tomé unos papeles de mi
bolsa de viaje).
--Sr. Prieto, todas están en desórden; pedazos de papel por aquí,
cálculos de lápiz por acullá.
Y solo íntegro lo relativo á su informe oficial, muy ordenado y pronto
á presentarse....
--¡Hombre de Dios! ¿por qué es vd. tan árido? Yo venia buscando lo que
ha encontrado vd. adaptable á México.... vd. pensará, yo charlaré, y al
último, vulgarizaremos los dos los conocimientos.
--No crea vd., me dijo mi sabio amigo, que he descuidado lo que vd. me
dice, ni que me he olvidado de vd.; pero ya vd. ve que tengo muy poco
tiempo disponible: en prueba de mi buena voluntad, vea vd. esta carpeta.
Ví la carpeta, y con mucha satisfaccion mia, leí que decia: "Para
platicar con el Sr. Prieto."
Sin esperar razones, me apoderé de la carpeta, que contenia una porcion
de apuntaciones escritas con pluma y con lápiz.
--Pero.... dije yo, ¿qué demonio de solfa tiene vd. aquí?
--Son apuntaciones muy privadas, indicaciones más bien que me proponia
desarrollar al hablar con vd.
--Veamos cualquiera de esos papelitos, que me están mirando como cosa
mia.... Haber ese de líneas coloradas y azules, que parece arrancado de
un libro de caja.