Pick-nick marino.--Rockway.--Los muelles.--El
vapor "Plimouth."--Paisajes.--Bañadores.--Pavilion
Baths.--Cantina.--Museo.--Fonda.--Los baños.--Modorra.--Un
romance.--Regreso.--Las Tumbas.--Laberinto.--Asco y
degradacion.--Una cita de poetas.--Jacinto Gutierrez.--Perez
Bonald.--El Café Delmónico.--Lectura de mis versos.
Ayer sí que estuvo el diablo en holgorio: paseo en el mar, baile,
baños; ¡cuántas cosas juntas para echar, no una cana al aire, sino
todas las canas, y gastar todo un tintero de tinta color de rosa!
Trátase de un gran Pick-nick: yo tenia premeditada semejante excursion,
habia recorrido con avidez el _Heraldo_, y me habia fijado en un paseo
á _Rockway_, que es uno de tantos preciosos islotes que bordan y
alegran la bahía.
Ya hemos dicho al hablar de los Pick-nick de San Francisco y de
Orleans, que ó esa diversion se hace á escote y en familia, ó es una
empresa la que toma á su cargo procurar el local y la música, ó como
éste, el empresario del Pick-nick toma el vehículo para determinado
lugar.
Fué domingo ayer: á las nueve de la mañana mi caballeroso amigo Buzeti
estaba listo, con todas las instrucciones correspondientes.
El vapor de rio es de los más elegantes; el precio, de tránsito
cincuenta centavos; la música la del regimiento 23, famosa por sus
walses y por sus cuadrillas de _Orfeo en los Infiernos_.
Como todos los domingos, la ciudad estaba desierta. Atravesamos calles
y más calles solitarias, tomamos por el frente de los muelles, despues
cruzamos la série de calles con sus tejados y sus hileras de pequeñas
puertas que forman el sucio Mercado de Washington. En el mercado
no habia una sola persona; los clavijeros vacíos, los mostradores
solitarios: yo no he visto esqueleto más triste que el de ese mercado.
Del otro lado de la calle silenciosa, es decir, en la bahía, se oian
músicas, y colgando de los altos palos de los buques flotaban grandes
banderas y banderas pequeñitas, en cordeles que bajan desde lo más alto
al casco del buque, recordando á todas las naciones de la tierra.... la
bandera de México no se veia allí. Estas banderas con cria me caen en
gracia.
A la entrada de cada muelle habia gente agolpada buscando el Pick-nick
de su eleccion. Descendian de los carruajes y desembocaban de las
bocacalles los paseantes, en lo general en familia: el padre cargando
á los _nenes_ y llevando á otro de la mano, con sus botecitos de hoja
de lata con comida; la mamá con un bolson ó con un canasto, tambien con
municiones de boca; de vez en cuando una suegra, tambien oficiosa y
útil, porque es de advertir que la suegra en este país es un animal de
todo punto domesticado.
En pocos grupos amigos íntimos, casi en ninguno convidados.
Rios de gente corrian en los muelles, al punto que solo para _Rockway_
y sus inmediaciones partieron ese dia más de cuarenta mil personas.
Para Corregisland y los otros puntos de recreo, más de cien mil.
El vapor que nos condujo se llama el "Plimouth:" es un vapor de rio de
grandes dimensiones y sin duda destinado para largas travesías. Amplio
salon con alfombras, lleno de espejos, sofás y sillas lujosísimas,
toldo á proa sombreando extensas y cómodas bancas, amplios corredores
cubiertos de sillas, y en la parte baja la tabaquería y el _bar-room_,
la venta de carnes frias y los puestos con dulces, flores y frutas.
En la parte baja del buque, entrándose por un pórtico de columnas
graciosas y estatuas colosales, se extiende en amplísimo salon
el comedor, con su mesa redonda y sus mesillas aisladas, con sus
jarrones de flores y sus grandes ventanas, desde donde se ven los mil
encantadores paisajes que va recorriendo el vapor.
Entre el mugir de las embarcaciones que llegaban y partian; al ruido de
las campanas de los templos; á los ecos de las músicas marciales de los
otros vapores, emprendimos la marcha cerca de dos mil personas, con la
novedad que, aunque repetida siempre, siempre se produce á la vista de
esas ciudades flotantes y de esa multitud de sombrillas, sombreros de
paja, gorros con flores, cintas, velos y gasas.
Los bosques de mástiles hacian ver, como tras de una celosía, por un
lado Broklyn, por el otro Jersey, entre sus arboledas; al frente, los
fuertes; á los lados, los botes mil y los barquichuelos, con sus velas
tendidas rozando las aguas.
El conjunto era como el de una plaza pública; los niños atravesaban
corriendo; las jóvenes y los jóvenes pasaban coqueteando; las ancianas
y la gente séria leia sus periódicos, y las madres de familia
batallaban con sus _bebes_ y los tenian en su regazo dándoles el
pecho. Y no obstante la multitud, el gentío era silencioso; no iba, lo
trasladaban, estaba allí como pudiera en cualquiera otra parte.
--Vea vd., me decia mi compañero, aquella que parece gran señora, que
cuando levanta su brazo ostenta sus muchas pulseras con campanillas y
monedas, signo de sus muchos adoradores: es una obrera.... veale vd.
las manos que oculta siempre con el pañuelo.
--¿Y esos jóvenes de sombreros de paja y bastoncillos, zapato bajo y
medias de colores?
--Son sastres, empleados de las tiendas de abarrotes, conductores de
ferrocarriles: de á legua se les distingue.
--Hombre, si no puede ser: esa es mucha seda, y mucho lujo, y mucho
abanico.
--Pues es lo que le digo á vd.: yo no respondo de cómo estarán los
retretes de estas hermosuras, ni las pobrezas que por allá revelarán
camas y ajuares, sartenes y percheros; pero en la calle, todas son
grandes señoras.
--Vea vd., ese es el calavera ordinario que da cada silbido que crispa
las carnes, zapatea como un arlequin y retoza como quien es.... Pero
vea vd. qué aspecto ofrece (dejando este salon), la inmensidad del mar.
Vea vd. aquella multitud que parece devorada por las olas.
En efecto, bajo un escalon de verdura que baja á la playa oriental, se
extiende una inmensa faja de arena, y se percibe, como saliendo de las
olas, un inmenso letrero que dice: _Northon and Murray Pavilion Baths_.
Aquel y otros establecimientos de baños son frecuentados los domingos
por más de cien mil personas. Corona la gente el escalon bajo toldos y
sombrillas, y los nadadores se lanzan á las olas, variando al infinito
los espectáculos.
El hombre usa para bañarse los calzones de punto que conocemos; las
mujeres, sacos oscuros, pero no tan celosos, que no dejen percibir en
toda su belleza las formas de estas mujeres hechiceras.
Sonó al fin el vapor, como relincha un caballo que reconoce su establo.
Miéntras llegábamos, yo improvisé el versito que sigue: