este mundo, que si bien se mira, demas de ser pocas, son imperfectas,
porque sobre una misma materia le quedan innumerables que alcanzar.
Estas luces, hechas á descubrir verdades mundanas, ¿cómo han de ser
suficientes para percibir la Verdad soberana, perfectísima, complemento
de todas las verdades, y sola capaz de dexar satisfecho el
entendimiento? Esta misma eterna Verdad, comunicada á los hombres, es la
que puede instruirlos con luces sobrenaturales de lo que ella es, y cómo
ha de buscarse. Con las luces naturales conoce el hombre lo justo de
este mundo, y los bienes que en él se hallan; pero para conocer la suma
Justicia, sin mezcla de injusticia ninguna, y entender el Sumo Bien, sin
que se pueda confundir con los bienes falsos y aparentes, es necesaria
la luz de las verdades reveladas. En conclusion todos los conocimientos
específicos del hombre para conocer á Dios como Criador, amarle como
sumo Bien, seguirle como soberana Justicia, entenderle como Verdad
suprema, adorarle como Dueño de todas las criaturas, y lleno de
infinitas perfecciones, si se fían solo á la luz natural, son mundanos,
imperfectos, con mezcla de sensibles, expuestos á las preocupaciones y
toda suerte de errores, que hemos notado en esta Lógica; y así se ve que
los sectarios que han querido fiarse de estas luces naturales, con una
verdad han mezclado mil falsedades y desvíos.
[9] La revelacion unida con la razon es la que da reglas y máxîmas
indefectibles, para que en este asunto gobierne el hombre sus
conocimientos con acierto. Si llegásemos á entender, que en tierras muy
distantes de las nuestras habia un Príncipe que tuviese virtudes muy
superiores á las de otros, tesoros de inestimable valor comunicables á
qualquiera que le buscase, y poseyese un Reyno felicísimo en todo para
sus habitadores, nos vendrian deseos de vivir con él para ser poseedores
de tantos bienes. Pero para ir á buscarle ¿nos fiaríamos de las luces
comunes, capaces de ser inciertas, ó en sí mismas, ó por los conductos
por donde nos venian? Cierto es que no; antes bien procuraríamos
asegurarnos por relaciones firmes, comunicadas por medios ciertos, y que
dimanasen de la misma voz del Príncipe, con la qual quedásemos
asegurados de sus promesas. Quien haga reflexîon sobre la flaqueza del
entendimiento humano, lo poco que se sabe, y lo mucho que se ignora, la
facilidad con que caemos en el error: los extravíos á que venimos por
los sentidos, por la imaginacion, por el ingenio, por los falsos
raciocinios, por la precipitacion del juicio, por falta de método,
cosas todas que cada uno de nosotros tiene cada dia ocasion de
experimentar en sí mismo, será preciso que confiese, que las luces
naturales del hombre no le subministran noticias bastante seguras,
fieles y constantes para llevarle al supremo Príncipe de todo lo criado;
para lo qual las noticias que él se ha dignado dar de sí mismo por medio
de la revelacion, hacen la total certeza con que se ha de caminar á
buscarle.
[10] Considerémos las miserias del hombre y el fin á que es criado. Por
los sentidos comprehendemos, que no hay animal mas lleno de desdichas y
trabajos. Nace desnudo entre la basura y la inmundicia: llora, gime,
siente calor y frio, dolores é incomodidades acabado de nacer: si los
padres no le cuidasen se moriria de hambre, porque por sí no se puede
buscar el alimento. Al paso que va creciendo con la edad, va padeciendo
innumerables enfermedades, continuos sobresaltos, incomodidades sin
límites, de suerte que los bienes físicos que llega á gozar son pocos,
los males innumerables, no debiéndose tener por feliz por la posesion de
algunos bienes mundanos, sino por el apartamiento de muchos males.
Mirando al hombre por la razon natural, y exâminando por ella su ánimo,
hallamos, que como fin de todos sus conocimientos y deseos, busca su
felicidad, su bien estar, su sosiego, su complacencia, y entero
contentamiento. No hay ninguno, si quiere confesar lo que pasa dentro de
sí mismo, que no conozca que no es criado para un mundo donde es
imposible que logre el fin á que aspira. El nuevo estado donde el hombre
ha de vivir sin temor á la muerte, gozando del sumo Bien por quien
suspira, entendiendo la suprema Verdad que busca, poseyendo una justicia
perfectísima, y logrando un contento y satisfaccion, puros, capaces de
llenar sus bien fundados deseos, solo se alcanza por la revelacion, que
nos descubre los inefables bienes y el complemento de todas las
felicidades, que Dios tiene preparadas á los Justos en su Reyno. Los
Filósofos Gentiles cultivaron mucho la razon natural: alcanzaron por
ella algunas verdades concernientes á los usos de este mundo: conocian
que esta habitacion de la tierra no llenaba el fin á que eran nacidos, y
á que les empujaba su propia naturaleza. Pero qué errores no mezclaron
con esto? Quien quiera que los lea en sí mismos, conocerá que son mas
sin comparacion los desvaríos que los aciertos. Faltóles la luz divina
de la revelacion, con la qual pudieran haber disipado todos sus errores
y tinieblas.
[11] Hemos visto en el primer punto de este Discurso, que la razon
alcanza un Sér infinito inmaterial, Hacedor de todas las cosas, Verdad
eterna, Bien sumo, Justicia inefable, centro de nuestra felicidad, y
complemento de todos los bienes: tambien hemos visto, que segun es la
razon humana fragil, endeble, propensa al engaño, movible por las
pasiones, arrebatada de los apetitos, obscurecida por la ignorancia,
trastrocada por las preocupaciones, engañada de los sofismas, de los
sentidos, de la imaginacion, del ingenio, y de otras mil maneras sujeta
al error y á las equivocaciones, no es de suyo suficiente para conocer á
Dios, amarle, adorarle, invocarle, como conviene á su ser, grandeza, y
perfecciones, y como es necesario para, en virtud de sus promesas,
poseerle y gozarle, y que para esto son necesarias las luces de la
revelacion. Puesta esta necesidad, queremos mostrar, que la voz de Dios
por la revelacion se halla en las Santas Escrituras del Viejo y Nuevo
Testamento, contra los Sectarios modernos, que el primer paso que dan
para establecer su impiedad es negar la Divinidad de las Sagradas
Letras. En los Escritores Gentiles anteriores á la Ley de Gracia no se
trata este punto, porque no tuvieron noticia de las Santas Escrituras,
salvo PLATON, de quien se dice que tomó de ellas lo mejor de su
Filosofía, de manera que NUMENIO le llama _Moses atticissans_, esto es,
_Moyses en griego_.
[12] El Abad CALMET, que trató de propósito este punto, no adhiere al
dictamen comun de los antiguos Escritores, que suponian haber tomado
Platon las noticias de los libros de MOYSES, por haber tratado con los
Judíos en Egipto. Mas esta controversia nada hace á nuestro asunto,
puesto que solo intentamos manifestar, que los Filósofos Gentiles
anteriores á Jesu-Christo no se metieron en estas averiguaciones. En los
primeros siglos de la Iglesia sí que hubo muchos impugnadores, y
contradictores de la Divinidad de las Escrituras Sagradas. Bien sabidos
son los conatos de FAUSTO Maniqueo, á quien respondió S. AGUSTIN: las
artes, la malignidad, la potencia de JULIANO el Apóstata, contra quien
escribieron S. CIRILO ALEXADRINO, y S. GREGORIO NACIANCENO: los
argumentos del Filósofo CELSO, á quien satisfizo ORIGENES. Las Apologías
de S. JUSTINO, de TERTULIANO, MINUCIO FELIX, ARNOBIO, LACTANCIO, y otros
antiguos Padres á favor de la Religion Christiana, son testimonios
ciertos de las contradicciones que esta tuvo en su establecimiento, y
por ellas se ve la oposicion que hacian algunos á la Divinidad de las
Santas Escrituras. Estos errores envejecidos, desechados, olvidados, y
envilecidos, se han renovado y se renuevan cada dia, y salen al público
vestidos de nuevo á la moda del siglo, con agudezas, eloqüencia,
versitos de Poetas Latinos, y pedacitos de erudicion halagüeña, para
captar á los incautos en un tiempo en que son muchos los Filósofos, y
muy poca la Filosofía. Los Socinianos, dando á la razon del hombre un
imperio muy superior á sus fuerzas, volvieron á abrir el caminos, que
desde la antigüedad estaba cerrado, exâgerando que no ha de haber otra
norma que la de la razon, y que los Sacrosantos Misterios de la Religion
Christiana han de desecharse por no poderlos alcanzar la razon humana,
sin hacer caso ninguno de lo que en esto enseñan las Divinas Letras. Los
Sectarios del tiempo presente se recalcan en lo mismo, y no pierden
ocasion en sus escritos _varios_ para despreciar la revelacion.
[13] He dicho _varios_, porque hoy dominan una suerte de escritos donde
se habla de todo sin probar nada, parecidos á aquellas ferias donde se
proponen infinitos géneros de poco valor, todos confundidos entre sí,
sin otro fin que el de embelesar á los compradores, incapaces de
distinguir lo sólido de lo aparente, lo superficial de lo fundado, el
oropel del oro. Piezas sueltas, pensamientos vagos, reflexîones
volantes, mezclas de todas las cosas, discursillos de quanto hay en el
mundo, hacen el caudal de estos Escritores. MIGUEL DE MONTAÑA, entre los
Franceses, dió auge á esta costumbre de escribir á los principios del
siglo pasado. Despues Mr. de S. EUREMONT, La BRUYERE, y otros muchos la
han adoptado. Ultimamente la practican Mr. de VOLTAIRE, y ROSEAUX. El
Autor del _Arte de pensar_ y el P. MALLEBRANCHE han mostrado los errores
de MONTAGNE. No faltan ahora impugnadores sólidos de los sectarios
presentes, que con esta casta de escritos persiguen la Religion. La
desgracia es, que los libritos perniciosos se leen y se celebran; los de
los contradictores ni aun noticia se tiene de ellos. Lo mismo sucede con
los del tiempo pasado. S. AGUSTIN trató de propósito de la Divinidad de
las Santas Escrituras en varias partes impugnando á Fausto, y de intento
en los libros _de la Ciudad de Dios_, demostrando los desvaríos de los
Filósofos Gentiles, y la verdad de las Divinas Letras, como dictadas de
Dios. Cerca de nuestros tiempos trató BELARMINO este punto al principio
de sus contraversias: despues NATAL ALEXANDRO en el tomo segundo de su
Historia Eclesiástica. Son tan admirables y tan sólidas las pruebas con
que estos Escritores muestran que las Sagradas Escrituras del Viejo y
Nuevo Testamento son la voz de Dios, que se ha dignado revelar á los
hombres lo que no podian estos alcanzar con sus luces, que no hay mas
que desear. Mi intento aquí es no salir de la Lógica, y mostrar que,
segun sus reglas, las Divinas Escrituras son reveladas por Dios, y que
las contradicciones de los Sectarios modernos no se pueden componer con
una Lógica atinada.
[14]Quando se exâmina si las Sagradas Escrituras del Viejo Testamento
son reveladas por Dios, se trata de averiguar una cosa de _hecho_. Las
cosas de hecho _sensible_ en su raiz, solo se saben por la aplicacion de
los sentidos; si la cosa es _insensible_, por la razon. Las dos
concurren aquí iguales á probar que Dios ha revelado las Sagradas
Letras. Los sentidos, quando uno no puede aplicar los suyos, porque se
trata de cosas pasadas ó ausentes, hacen fe siendo agenos, con tal que
en su uso se haya evitado el engaño. Cómo sabríamos que hubo JULIO
CESAR, que fué muerto en el Senado: que hubo CICERON, y que fué
asesinado en una Granja: que hubo AUGUSTO y otros Emperadores Romanos,
si no creyésemos á los que nos lo aseguran, porque los vieron,
conocieron, y trataron? La fe de las Historias, y la noticia de los
tiempos pasados nos viene de esa manera. Sentemos ahora un hecho
asegurado sin contradiccion por todo el mundo, es á saber, que hubo un
Pueblo Hebreo reducido á pequeño recinto, si se compara con la extension
de los demas Reynos: que este Pueblo es el mas antiguo que se conoce:
que por una tradiccion constante antiquísima, perpetua, y general creia
que solo habia un Dios, el qual habia hablado á sus Padres, á ADAM, que
fué el primer hombre criado en el Paraiso, despues á NOE, ABRAHAM,
MOYSES: que hizo con ellos el pacto de enviarles un Mesías reparador del
género humano, miserable por la culpa del primer hombre: que comunicó á
MOYSES la Ley, haciendo claros los mandatos que la torpeza del
entendimiento y el desorden de la voluntad habian obscurecido: que envió
á los Profetas, inspirándoles lo que debian decir á su Pueblo escogido
para que caminase por las Vias del Señor: que señaló el tiempo en que
habia de venir el Salvador del mundo á enseñarles el camino de su suma
felicidad: que todas sus promesas y avisos los autorizaba con milagros
estupendos, con que se manifestaba su gloria y la seguridad de sus
inspiraciones: que todo esto lo tenian escrito en el Viejo Testamento,
cuyos libros guardaban como venidos del Cielo, los miraban con sumo
respeto, los tenian por regla indefectible de su conducta ácia Dios, y
por cosa sagrada, que era delito profanar. Esta tradicion es digna de fe
inviolable por quantos títulos prescribe la mejor Lógica.
[15] La antigüedad, la perpetuidad, la sucesion de tiempos no
interrumpida, la condicion de los poseedores de esta tradicion, que
fueron los Patriarcas y Profetas, varones santos, ilustrados,
veracísimos, sumamente conformes entre sí, sin haberse opuesto los unos
á los otros en la diversidad de tiempos, costumbres y países, los
milagros confirmatorios de ella, y el exâcto cumplimiento de las
promesas, son pruebas relevantes de su verdad divina, puesto que el
conjunto de todas estas prerrogativas no cabe en la potencia humana.
Júntense todas las Historias seculares, que comunmente llamamos
_profanas_: véanse sus tradiciones las mas acreditadas y tales, que
todos les dén fe sin disputa: cotéjense sus circunstancias con las del
Pueblo Hebreo, y se hallará que apenas llegan aquellas á tener una parte
de las pruebas que califican á estas. La doctrina de los Libros
Sagrados, así en asuntos Históricos, como en Morales, es la mas pura y
perfecta. Todos saben que los mas exâctos Historiadores Gentiles han
escrito innumerables patrañas, de modo que PLINIO, haciéndose cargo de
esto dice, que DIODORO dexó entre los Griegos de escribir cosas
frívolas[a]. Pero quántos defectos halló nuestro VIVES en Diodoro[b]? El
Abad CALMET, en la Disertacion que puso al principio de su Historia del
Viejo Testamento, probó concluyentemente, que todas las Historias
profanas están llenas de faltas y contradicciones, de manera que lo mas
fixo de ellas es lo que han tomado de la Escritura Sagrada. En lo Moral,
quien haya leido á LAERCIO, SEXTO, EMPÍRICO, PLUTARCO, CICERON, SENECA,
donde se hallan los sentimientos de los Filósofos antiguos, verá, no
Moral arreglada en ellos, sino monstruosidades y errores enormísimos.
Digna es de leerse sobre esto la obra del P. BALTO, y la que escribió
últimamente el P. CEILIER contra BARBEYRAC, en las quales podrán todos
ver que los Santos Padres, como fieles seguidores de las Divinas
Escrituras, son los Maestros de la Moral mas pura, y que los Sectarios
modernos en sus escritos no hacen otra cosa que copiar á los Gentiles.
[Nota a: _Apud Graecos desiit nugari Diodorus._ Plin. _Hist. Nat. l. 1.
praef. p. 5._]
[Nota b: Vives _de Caus. corruptar. art. lib. 2. pag. 370._]
[16] Es tambien conseqüente á la pureza de la doctrina, y prueba de su
Divino origen el culto, adoracion y respeto á Dios, que se prescribe en
las Sagradas Letras. No se puede ver mayor humiliacion del ánimo delante
del Señor: qué súplicas y oraciones tan fervorosas, qué lágrimas, qué
esperanzas y sumisiones, qué reconocimiento del supremo dominio de Dios
sobre las criaturas no se descubren en el culto y adoraciones del
templo. Si bien se mira, no pueden los hombres con mas pureza manifestar
su pequeñéz, su miseria, su esperanza, sus votos, sus ánimos,
enderezándolo todo á reconocer la grandeza, magestad, clemencia y
misericordia del Todo-Poderoso. El culto Gentílico á los Dioses era
inmundo, vano, sacrílego, y mezclado de mil impurezas, como consta de
las historias de ellos. Se sacrificaban los hombres: se llenaban los
Altares de sangre: no acompañaba la humildad á las súplicas, ni iban
conformes el corazon y la lengua.
[17] No hay Nacion, por bárbara que sea, que no tenga Religion, porque
están plantadas en el corazon de todos los hombres las semillas de ella.
El Padre ACOSTA, en su Historia Natural de las Indias, pinta los
antiguos Moradores de la Nueva España, como gente sin Religion
alguna[a]; mas creo que se engaña, y que es fundada la impugnacion que
en esto le hace CUMBERLAND, á quien siguen otros Ingleses[b]. Ni hay que
fiarse de las relaciones de los Viageros, pues no siempre averiguan las
cosas de espacio, ni las dicen como ellas son, sino segun las
entendieron, como lo han notado con sagaz advertencia los que no se
dexan sorprender de las novedades[c]. Júntense todas las maneras
gentílicas y bárbaras de adorar la Divinidad, y cotéjense con la
dignidad y pureza del culto que prescriben las Sagradas Letras, y se
verá que aquellas vienen de los hombres, estas de Dios. No es de poca
consideracion el empeño con que las Santas Escrituras condenan la
idolatría, y enseñan á reconocer y adorar un solo Dios, para entender
que así como el culto de muchos Dioses nació de la ignorancia y malicia
de los hombres, el conocimiento y adoracion de un solo Dios verdadero,
Hacedor de todas las cosas, viene del Cielo.
[Nota a: Acost. _Hist. de las Ind. lib. 7. cap. 2. pag. 453_.]
[Nota b: Cumberl. _Ley Natur. Discurs. prelimin. §. 2. pag. 3. y 4_.]
[Nota c: _Vease_ Valsecchi _lib I. cap. 9. §. 2. y sig. pag. 122_.]
[18] Todas estas consideraciones hacen, no una demostracion, sino un
cúmulo de demostraciones, claras, evidentes, y certísimas, de la Divina
inspiracion de los Libros Sagrados. En efecto, PEDRO BAYLE, sin embargo
de su Pyrrhonismo, no se atrevió á negar que las Santas Escrituras
llevan consigo los caractéres de la Divinidad[a]. A todo esto debe
añadirse la creencia y autoridad de la Iglesia, que es indefectible. La
Iglesia Christiana empezó con el mundo. En el Viejo Testamento estuvo en
figura. Cumplióse todo en Jesu-Christo, á quien se enderezaban las
promesas de Dios, los votos de los Patriarcas, las predicciones de los
Profetas, y la creencia del Pueblo encubierta en las ceremonias legales.
Esta Iglesia, continuada desde el principio del mundo hasta nuestros
dias, sin interrupcion, con una misma creencia, reconociendo un mismo
Reparador del género humano, un mismo Mesías libertador de su Pueblo,
mirándolo en la Ley antigua como prometido y venidero: adorándolo en la
Ley nueva como el Autor de la salud y Redentor, en quien se han cumplido
todas las promesas y vaticinios, es un cuerpo sin igual en todo el Orbe;
cuyo nacimiento, continuacion, perpetuidad, duracion, verdad, y
permanencia, propuestas y explicadas en las Escrituras del Viejo
Testamento, y confirmadas en el Nuevo con tan relevantes pruebas de
conexîon, enlace, orden y credibilidad, que no hacen mas certeza las de
la Geometría, arguyen evidentemente un origen divino, una sabiduría
infinita, y una mano sumamente poderosa que la sostiene. ¿Qué Nacion
hay, ó Provincia, ó Reyno, que por grandes que hayan sido sus aumentos,
no haya venido á la decadencia? ¿Qué Gobierno, República, ó Monarquía
podrá señalar y probar origen tan antiguo con unas mismas leyes,
creencia, y costumbres en lo substancial? Un poco de letura de Historia
hará ver á qualquiera la inconstancia de los Reynos, la caida de los
Imperios mas poderosos, la mutabilidad de las Monarquías mas
florecientes, porque así lo trae consigo la condicion humana. Quando á
vista de estas mutaciones observamos, que la Iglesia Christiana
permanece desde el principio del mundo, siempre la misma en sus
fundamentales leyes, doctrina, y ordenamientos propuestos en los Libros
Sagrados, sin variedad en la creencia, y sin que la hayan alterado la
succesion de tantos siglos, tantas persecuciones como en todos tiempos
ha experimentado; quando al mismo tiempo vemos, que quanto han
establecido los Filósofos por el uso de la razon, está lleno de
dificultades, contiendas, contradicciones, mudanzas, instabilidad, y
errores, ¿quién habrá que no conozca que la Religion publicada en las
Sagradas Escrituras no puede venir de los hombres establecedores de
cosas caducas, sino de un Dios eterno, é inmutable? La Iglesia, pues,
que nos asegura la Divinidad de las Escrituras, es un testimonio
irrefragable de las revelaciones de ellas. Guarda la Iglesia estos
santos Libros, los conserva, los sigue, cree su doctrina con
uniformidad, y es fiel depositaria de sus verdades. Si todos los hombres
se convienen en un principio de razon, no pueden engañarse, porque
aquello en que todos concuerdan es preciso que sea verdadero. Dios es
Autor de la revelacion como de la razon; su Iglesia, este Pueblo
escogido, que se conviene sin discordia en la creencia de las Divinas
Letras, no puede padecer engaño, ni puede decirse de ella que en esto
puede errar, sin ofender la infinita veracidad de Dios, que ni puede
engañarse, ni engañarnos.
[Nota a: Bayl. _Diccion. Crític. artícul._ Acosta _tom. I. pag. 71 y
artícul._ Beaulieau _tom. I. pag. 522. artícul._ Manichees _tom. 2. pag.
2026_.]
[19] Hemos probado hasta aquí la necesidad de la revelacion y su
exîstencia: resta ahora satisfacer algunos reparos de los Sectarios.
Dicen que MOYSES en sus leyes no señala otras penas á los transgresores
que las temporales, sin hablar de la pena eterna en los Libros sagrados,
que salieron de su mano, cuyo silencio arguye que no tuvo conocimiento,
ni revelacion de ella. Este reparo ya es antiguo, pues le satisfizo S.
AGUSTIN escribiendo contra PELAGIO. Es así que Moyses en sus leyes al
Pueblo Hebreo no habló del castigo de la otra vida; pero no se arguye
bien por eso, que ni él, ni su Pueblo lo creian. Este es argumento
negativo, tomado del silencio de Moyses. En buena Lógica el argumento
negativo para hacer prueba, entre otras cosas pide, que el sugeto que
calló la cosa pudiese y tuviese necesidad de decirla. El Pueblo se
gobierna mas por los sentidos que por la razon: los bienes sensibles le
atrahen, y los moles sensibles le hacen temer, y le contienen. Moyses,
que era Legislador, y conocia muy bien estas cosas, no hallaba necesario
obligar á su Pueblo á la observancia de sus Leyes por unas penas, como
las de la otra vida, que este miraba como de lejos, y que no le harian
viva impresion, aunque las creyese. Aun en los que tenemos la dicha de
recibir la Fe con el Bautismo, suelen hacer mas impresion las penas
temporales que las eternas. Fuera de esto débese el Pueblo Hebreo mirar
con dos respetos, ó como una Nacion particular gobernada por sus propias
Leyes, ó como un Pueblo en quien estaba depositada la verdadera,
Religion. como que era el que conocia y adoraba á un solo Dios. Quando
Moyses establecia las Leyes de su gobierno temporal, no imponia otras
penas que las mundanas; pero por lo que tocaba la Religion tenia este
Pueblo creencia del premio y castigo eternos por la tradicion de sus
mayores, y no era necesario acordarlas, al modo que sucede entre
nosotros; pues las leyes patrias solo nos amenazan con penas y castigos
de este mundo, aunque creemos las que Dios tiene reservadas para el
otro. Este conocimiento del Pueblo Hebreo se manifestó despues mas
claramente por los Profetas, y aun antes por lo que dice JOB; bien que
su total luz se reservaba para Jesu-Christo, que como hijo de Dios, puso
en claro el Reyno de los Cielos, entendido con algunas sombras por los
antiguos Judíos, é ignorado enteramente de los Filósofos. Este punto le
han satisfecho plenamente algunos Escritores Católicos, que lo tratan de
propósito, entre los quales es muy señalado LUIS VIVES[a]. Un resumen de
sus pruebas se puede ver en VALSECCHI, Dominicano[b]; y en el
Diccionario Antifilosófico, escrito para responder al Diccionario
Filosófico de Mr. de VOLTAIRE, que tomando de otros Sectarios este
argumento, ha tirado á promoverle[c]. JUAN SPENCERO, Ingles, Escritor
moderno de las Leyes y Ritus de los Hebreos, trata este punto muy de
propósito, y pone razones y pruebas eficaces de los motivos que tuvo
Moyses para no proponer á su Pueblo otras penas que las temporales,
aunque era cierta en ellos la noticia de las eternas[d]. Debiera Mr.
VOLTAIRE, si impugnase con buena fe, hacerse cargo de las pruebas de un
Escritor tan célebre contra sus aserciones; mas visto es, que en esto
siguió su estilo de decir las cosas, de no probarlas, y de asegurarlas
con los mismos extremos, que si las hubiera probado.
[Nota a: Vives _de Veritat. Fidei Christ. lib. 3. pag. 414._]
[Nota b: Valsecchi _de Fundament. Relig. lib. 2. cap. 10. §. 5. pag. 214._]
[Nota c: _Dictionair. Antiphilos. articl._ Moys. _tom. 2. p. 43._]
[Nota d: Spencer. _de Legib. Hebraeor. lib. 1, cap. 4. tom. 1. pag.
41_.]