[8] Alcanza el hombre por la razon bien gobernada algunas verdades en

este mundo, que si bien se mira, demas de ser pocas, son imperfectas,

porque sobre una misma materia le quedan innumerables que alcanzar.

Estas luces, hechas á descubrir verdades mundanas, ¿cómo han de ser

suficientes para percibir la Verdad soberana, perfectísima, complemento

de todas las verdades, y sola capaz de dexar satisfecho el

entendimiento? Esta misma eterna Verdad, comunicada á los hombres, es la

que puede instruirlos con luces sobrenaturales de lo que ella es, y cómo

ha de buscarse. Con las luces naturales conoce el hombre lo justo de

este mundo, y los bienes que en él se hallan; pero para conocer la suma

Justicia, sin mezcla de injusticia ninguna, y entender el Sumo Bien, sin

que se pueda confundir con los bienes falsos y aparentes, es necesaria

la luz de las verdades reveladas. En conclusion todos los conocimientos

específicos del hombre para conocer á Dios como Criador, amarle como

sumo Bien, seguirle como soberana Justicia, entenderle como Verdad

suprema, adorarle como Dueño de todas las criaturas, y lleno de

infinitas perfecciones, si se fían solo á la luz natural, son mundanos,

imperfectos, con mezcla de sensibles, expuestos á las preocupaciones y

toda suerte de errores, que hemos notado en esta Lógica; y así se ve que

los sectarios que han querido fiarse de estas luces naturales, con una

verdad han mezclado mil falsedades y desvíos.

[9] La revelacion unida con la razon es la que da reglas y máxîmas

indefectibles, para que en este asunto gobierne el hombre sus

conocimientos con acierto. Si llegásemos á entender, que en tierras muy

distantes de las nuestras habia un Príncipe que tuviese virtudes muy

superiores á las de otros, tesoros de inestimable valor comunicables á

qualquiera que le buscase, y poseyese un Reyno felicísimo en todo para

sus habitadores, nos vendrian deseos de vivir con él para ser poseedores

de tantos bienes. Pero para ir á buscarle ¿nos fiaríamos de las luces

comunes, capaces de ser inciertas, ó en sí mismas, ó por los conductos

por donde nos venian? Cierto es que no; antes bien procuraríamos

asegurarnos por relaciones firmes, comunicadas por medios ciertos, y que

dimanasen de la misma voz del Príncipe, con la qual quedásemos

asegurados de sus promesas. Quien haga reflexîon sobre la flaqueza del

entendimiento humano, lo poco que se sabe, y lo mucho que se ignora, la

facilidad con que caemos en el error: los extravíos á que venimos por

los sentidos, por la imaginacion, por el ingenio, por los falsos

raciocinios, por la precipitacion del juicio, por falta de método,

cosas todas que cada uno de nosotros tiene cada dia ocasion de

experimentar en sí mismo, será preciso que confiese, que las luces

naturales del hombre no le subministran noticias bastante seguras,

fieles y constantes para llevarle al supremo Príncipe de todo lo criado;

para lo qual las noticias que él se ha dignado dar de sí mismo por medio

de la revelacion, hacen la total certeza con que se ha de caminar á

buscarle.

[10] Considerémos las miserias del hombre y el fin á que es criado. Por

los sentidos comprehendemos, que no hay animal mas lleno de desdichas y

trabajos. Nace desnudo entre la basura y la inmundicia: llora, gime,

siente calor y frio, dolores é incomodidades acabado de nacer: si los

padres no le cuidasen se moriria de hambre, porque por sí no se puede

buscar el alimento. Al paso que va creciendo con la edad, va padeciendo

innumerables enfermedades, continuos sobresaltos, incomodidades sin

límites, de suerte que los bienes físicos que llega á gozar son pocos,

los males innumerables, no debiéndose tener por feliz por la posesion de

algunos bienes mundanos, sino por el apartamiento de muchos males.

Mirando al hombre por la razon natural, y exâminando por ella su ánimo,

hallamos, que como fin de todos sus conocimientos y deseos, busca su

felicidad, su bien estar, su sosiego, su complacencia, y entero

contentamiento. No hay ninguno, si quiere confesar lo que pasa dentro de

sí mismo, que no conozca que no es criado para un mundo donde es

imposible que logre el fin á que aspira. El nuevo estado donde el hombre

ha de vivir sin temor á la muerte, gozando del sumo Bien por quien

suspira, entendiendo la suprema Verdad que busca, poseyendo una justicia

perfectísima, y logrando un contento y satisfaccion, puros, capaces de

llenar sus bien fundados deseos, solo se alcanza por la revelacion, que

nos descubre los inefables bienes y el complemento de todas las

felicidades, que Dios tiene preparadas á los Justos en su Reyno. Los

Filósofos Gentiles cultivaron mucho la razon natural: alcanzaron por

ella algunas verdades concernientes á los usos de este mundo: conocian

que esta habitacion de la tierra no llenaba el fin á que eran nacidos, y

á que les empujaba su propia naturaleza. Pero qué errores no mezclaron

con esto? Quien quiera que los lea en sí mismos, conocerá que son mas

sin comparacion los desvaríos que los aciertos. Faltóles la luz divina

de la revelacion, con la qual pudieran haber disipado todos sus errores

y tinieblas.

[11] Hemos visto en el primer punto de este Discurso, que la razon

alcanza un Sér infinito inmaterial, Hacedor de todas las cosas, Verdad

eterna, Bien sumo, Justicia inefable, centro de nuestra felicidad, y

complemento de todos los bienes: tambien hemos visto, que segun es la

razon humana fragil, endeble, propensa al engaño, movible por las

pasiones, arrebatada de los apetitos, obscurecida por la ignorancia,

trastrocada por las preocupaciones, engañada de los sofismas, de los

sentidos, de la imaginacion, del ingenio, y de otras mil maneras sujeta

al error y á las equivocaciones, no es de suyo suficiente para conocer á

Dios, amarle, adorarle, invocarle, como conviene á su ser, grandeza, y

perfecciones, y como es necesario para, en virtud de sus promesas,

poseerle y gozarle, y que para esto son necesarias las luces de la

revelacion. Puesta esta necesidad, queremos mostrar, que la voz de Dios

por la revelacion se halla en las Santas Escrituras del Viejo y Nuevo

Testamento, contra los Sectarios modernos, que el primer paso que dan

para establecer su impiedad es negar la Divinidad de las Sagradas

Letras. En los Escritores Gentiles anteriores á la Ley de Gracia no se

trata este punto, porque no tuvieron noticia de las Santas Escrituras,

salvo PLATON, de quien se dice que tomó de ellas lo mejor de su

Filosofía, de manera que NUMENIO le llama _Moses atticissans_, esto es,

_Moyses en griego_.

[12] El Abad CALMET, que trató de propósito este punto, no adhiere al

dictamen comun de los antiguos Escritores, que suponian haber tomado

Platon las noticias de los libros de MOYSES, por haber tratado con los

Judíos en Egipto. Mas esta controversia nada hace á nuestro asunto,

puesto que solo intentamos manifestar, que los Filósofos Gentiles

anteriores á Jesu-Christo no se metieron en estas averiguaciones. En los

primeros siglos de la Iglesia sí que hubo muchos impugnadores, y

contradictores de la Divinidad de las Escrituras Sagradas. Bien sabidos

son los conatos de FAUSTO Maniqueo, á quien respondió S. AGUSTIN: las

artes, la malignidad, la potencia de JULIANO el Apóstata, contra quien

escribieron S. CIRILO ALEXADRINO, y S. GREGORIO NACIANCENO: los

argumentos del Filósofo CELSO, á quien satisfizo ORIGENES. Las Apologías

de S. JUSTINO, de TERTULIANO, MINUCIO FELIX, ARNOBIO, LACTANCIO, y otros

antiguos Padres á favor de la Religion Christiana, son testimonios

ciertos de las contradicciones que esta tuvo en su establecimiento, y

por ellas se ve la oposicion que hacian algunos á la Divinidad de las

Santas Escrituras. Estos errores envejecidos, desechados, olvidados, y

envilecidos, se han renovado y se renuevan cada dia, y salen al público

vestidos de nuevo á la moda del siglo, con agudezas, eloqüencia,

versitos de Poetas Latinos, y pedacitos de erudicion halagüeña, para

captar á los incautos en un tiempo en que son muchos los Filósofos, y

muy poca la Filosofía. Los Socinianos, dando á la razon del hombre un

imperio muy superior á sus fuerzas, volvieron á abrir el caminos, que

desde la antigüedad estaba cerrado, exâgerando que no ha de haber otra

norma que la de la razon, y que los Sacrosantos Misterios de la Religion

Christiana han de desecharse por no poderlos alcanzar la razon humana,

sin hacer caso ninguno de lo que en esto enseñan las Divinas Letras. Los

Sectarios del tiempo presente se recalcan en lo mismo, y no pierden

ocasion en sus escritos _varios_ para despreciar la revelacion.

[13] He dicho _varios_, porque hoy dominan una suerte de escritos donde

se habla de todo sin probar nada, parecidos á aquellas ferias donde se

proponen infinitos géneros de poco valor, todos confundidos entre sí,

sin otro fin que el de embelesar á los compradores, incapaces de

distinguir lo sólido de lo aparente, lo superficial de lo fundado, el

oropel del oro. Piezas sueltas, pensamientos vagos, reflexîones

volantes, mezclas de todas las cosas, discursillos de quanto hay en el

mundo, hacen el caudal de estos Escritores. MIGUEL DE MONTAÑA, entre los

Franceses, dió auge á esta costumbre de escribir á los principios del

siglo pasado. Despues Mr. de S. EUREMONT, La BRUYERE, y otros muchos la

han adoptado. Ultimamente la practican Mr. de VOLTAIRE, y ROSEAUX. El

Autor del _Arte de pensar_ y el P. MALLEBRANCHE han mostrado los errores

de MONTAGNE. No faltan ahora impugnadores sólidos de los sectarios

presentes, que con esta casta de escritos persiguen la Religion. La

desgracia es, que los libritos perniciosos se leen y se celebran; los de

los contradictores ni aun noticia se tiene de ellos. Lo mismo sucede con

los del tiempo pasado. S. AGUSTIN trató de propósito de la Divinidad de

las Santas Escrituras en varias partes impugnando á Fausto, y de intento

en los libros _de la Ciudad de Dios_, demostrando los desvaríos de los

Filósofos Gentiles, y la verdad de las Divinas Letras, como dictadas de

Dios. Cerca de nuestros tiempos trató BELARMINO este punto al principio

de sus contraversias: despues NATAL ALEXANDRO en el tomo segundo de su

Historia Eclesiástica. Son tan admirables y tan sólidas las pruebas con

que estos Escritores muestran que las Sagradas Escrituras del Viejo y

Nuevo Testamento son la voz de Dios, que se ha dignado revelar á los

hombres lo que no podian estos alcanzar con sus luces, que no hay mas

que desear. Mi intento aquí es no salir de la Lógica, y mostrar que,

segun sus reglas, las Divinas Escrituras son reveladas por Dios, y que

las contradicciones de los Sectarios modernos no se pueden componer con

una Lógica atinada.

[14]Quando se exâmina si las Sagradas Escrituras del Viejo Testamento

son reveladas por Dios, se trata de averiguar una cosa de _hecho_. Las

cosas de hecho _sensible_ en su raiz, solo se saben por la aplicacion de

los sentidos; si la cosa es _insensible_, por la razon. Las dos

concurren aquí iguales á probar que Dios ha revelado las Sagradas

Letras. Los sentidos, quando uno no puede aplicar los suyos, porque se

trata de cosas pasadas ó ausentes, hacen fe siendo agenos, con tal que

en su uso se haya evitado el engaño. Cómo sabríamos que hubo JULIO

CESAR, que fué muerto en el Senado: que hubo CICERON, y que fué

asesinado en una Granja: que hubo AUGUSTO y otros Emperadores Romanos,

si no creyésemos á los que nos lo aseguran, porque los vieron,

conocieron, y trataron? La fe de las Historias, y la noticia de los

tiempos pasados nos viene de esa manera. Sentemos ahora un hecho

asegurado sin contradiccion por todo el mundo, es á saber, que hubo un

Pueblo Hebreo reducido á pequeño recinto, si se compara con la extension

de los demas Reynos: que este Pueblo es el mas antiguo que se conoce:

que por una tradiccion constante antiquísima, perpetua, y general creia

que solo habia un Dios, el qual habia hablado á sus Padres, á ADAM, que

fué el primer hombre criado en el Paraiso, despues á NOE, ABRAHAM,

MOYSES: que hizo con ellos el pacto de enviarles un Mesías reparador del

género humano, miserable por la culpa del primer hombre: que comunicó á

MOYSES la Ley, haciendo claros los mandatos que la torpeza del

entendimiento y el desorden de la voluntad habian obscurecido: que envió

á los Profetas, inspirándoles lo que debian decir á su Pueblo escogido

para que caminase por las Vias del Señor: que señaló el tiempo en que

habia de venir el Salvador del mundo á enseñarles el camino de su suma

felicidad: que todas sus promesas y avisos los autorizaba con milagros

estupendos, con que se manifestaba su gloria y la seguridad de sus

inspiraciones: que todo esto lo tenian escrito en el Viejo Testamento,

cuyos libros guardaban como venidos del Cielo, los miraban con sumo

respeto, los tenian por regla indefectible de su conducta ácia Dios, y

por cosa sagrada, que era delito profanar. Esta tradicion es digna de fe

inviolable por quantos títulos prescribe la mejor Lógica.

[15] La antigüedad, la perpetuidad, la sucesion de tiempos no

interrumpida, la condicion de los poseedores de esta tradicion, que

fueron los Patriarcas y Profetas, varones santos, ilustrados,

veracísimos, sumamente conformes entre sí, sin haberse opuesto los unos

á los otros en la diversidad de tiempos, costumbres y países, los

milagros confirmatorios de ella, y el exâcto cumplimiento de las

promesas, son pruebas relevantes de su verdad divina, puesto que el

conjunto de todas estas prerrogativas no cabe en la potencia humana.

Júntense todas las Historias seculares, que comunmente llamamos

_profanas_: véanse sus tradiciones las mas acreditadas y tales, que

todos les dén fe sin disputa: cotéjense sus circunstancias con las del

Pueblo Hebreo, y se hallará que apenas llegan aquellas á tener una parte

de las pruebas que califican á estas. La doctrina de los Libros

Sagrados, así en asuntos Históricos, como en Morales, es la mas pura y

perfecta. Todos saben que los mas exâctos Historiadores Gentiles han

escrito innumerables patrañas, de modo que PLINIO, haciéndose cargo de

esto dice, que DIODORO dexó entre los Griegos de escribir cosas

frívolas[a]. Pero quántos defectos halló nuestro VIVES en Diodoro[b]? El

Abad CALMET, en la Disertacion que puso al principio de su Historia del

Viejo Testamento, probó concluyentemente, que todas las Historias

profanas están llenas de faltas y contradicciones, de manera que lo mas

fixo de ellas es lo que han tomado de la Escritura Sagrada. En lo Moral,

quien haya leido á LAERCIO, SEXTO, EMPÍRICO, PLUTARCO, CICERON, SENECA,

donde se hallan los sentimientos de los Filósofos antiguos, verá, no

Moral arreglada en ellos, sino monstruosidades y errores enormísimos.

Digna es de leerse sobre esto la obra del P. BALTO, y la que escribió

últimamente el P. CEILIER contra BARBEYRAC, en las quales podrán todos

ver que los Santos Padres, como fieles seguidores de las Divinas

Escrituras, son los Maestros de la Moral mas pura, y que los Sectarios

modernos en sus escritos no hacen otra cosa que copiar á los Gentiles.

[Nota a: _Apud Graecos desiit nugari Diodorus._ Plin. _Hist. Nat. l. 1.

praef. p. 5._]

[Nota b: Vives _de Caus. corruptar. art. lib. 2. pag. 370._]

[16] Es tambien conseqüente á la pureza de la doctrina, y prueba de su

Divino origen el culto, adoracion y respeto á Dios, que se prescribe en

las Sagradas Letras. No se puede ver mayor humiliacion del ánimo delante

del Señor: qué súplicas y oraciones tan fervorosas, qué lágrimas, qué

esperanzas y sumisiones, qué reconocimiento del supremo dominio de Dios

sobre las criaturas no se descubren en el culto y adoraciones del

templo. Si bien se mira, no pueden los hombres con mas pureza manifestar

su pequeñéz, su miseria, su esperanza, sus votos, sus ánimos,

enderezándolo todo á reconocer la grandeza, magestad, clemencia y

misericordia del Todo-Poderoso. El culto Gentílico á los Dioses era

inmundo, vano, sacrílego, y mezclado de mil impurezas, como consta de

las historias de ellos. Se sacrificaban los hombres: se llenaban los

Altares de sangre: no acompañaba la humildad á las súplicas, ni iban

conformes el corazon y la lengua.

[17] No hay Nacion, por bárbara que sea, que no tenga Religion, porque

están plantadas en el corazon de todos los hombres las semillas de ella.

El Padre ACOSTA, en su Historia Natural de las Indias, pinta los

antiguos Moradores de la Nueva España, como gente sin Religion

alguna[a]; mas creo que se engaña, y que es fundada la impugnacion que

en esto le hace CUMBERLAND, á quien siguen otros Ingleses[b]. Ni hay que

fiarse de las relaciones de los Viageros, pues no siempre averiguan las

cosas de espacio, ni las dicen como ellas son, sino segun las

entendieron, como lo han notado con sagaz advertencia los que no se

dexan sorprender de las novedades[c]. Júntense todas las maneras

gentílicas y bárbaras de adorar la Divinidad, y cotéjense con la

dignidad y pureza del culto que prescriben las Sagradas Letras, y se

verá que aquellas vienen de los hombres, estas de Dios. No es de poca

consideracion el empeño con que las Santas Escrituras condenan la

idolatría, y enseñan á reconocer y adorar un solo Dios, para entender

que así como el culto de muchos Dioses nació de la ignorancia y malicia

de los hombres, el conocimiento y adoracion de un solo Dios verdadero,

Hacedor de todas las cosas, viene del Cielo.

[Nota a: Acost. _Hist. de las Ind. lib. 7. cap. 2. pag. 453_.]

[Nota b: Cumberl. _Ley Natur. Discurs. prelimin. §. 2. pag. 3. y 4_.]

[Nota c: _Vease_ Valsecchi _lib I. cap. 9. §. 2. y sig. pag. 122_.]

[18] Todas estas consideraciones hacen, no una demostracion, sino un

cúmulo de demostraciones, claras, evidentes, y certísimas, de la Divina

inspiracion de los Libros Sagrados. En efecto, PEDRO BAYLE, sin embargo

de su Pyrrhonismo, no se atrevió á negar que las Santas Escrituras

llevan consigo los caractéres de la Divinidad[a]. A todo esto debe

añadirse la creencia y autoridad de la Iglesia, que es indefectible. La

Iglesia Christiana empezó con el mundo. En el Viejo Testamento estuvo en

figura. Cumplióse todo en Jesu-Christo, á quien se enderezaban las

promesas de Dios, los votos de los Patriarcas, las predicciones de los

Profetas, y la creencia del Pueblo encubierta en las ceremonias legales.

Esta Iglesia, continuada desde el principio del mundo hasta nuestros

dias, sin interrupcion, con una misma creencia, reconociendo un mismo

Reparador del género humano, un mismo Mesías libertador de su Pueblo,

mirándolo en la Ley antigua como prometido y venidero: adorándolo en la

Ley nueva como el Autor de la salud y Redentor, en quien se han cumplido

todas las promesas y vaticinios, es un cuerpo sin igual en todo el Orbe;

cuyo nacimiento, continuacion, perpetuidad, duracion, verdad, y

permanencia, propuestas y explicadas en las Escrituras del Viejo

Testamento, y confirmadas en el Nuevo con tan relevantes pruebas de

conexîon, enlace, orden y credibilidad, que no hacen mas certeza las de

la Geometría, arguyen evidentemente un origen divino, una sabiduría

infinita, y una mano sumamente poderosa que la sostiene. ¿Qué Nacion

hay, ó Provincia, ó Reyno, que por grandes que hayan sido sus aumentos,

no haya venido á la decadencia? ¿Qué Gobierno, República, ó Monarquía

podrá señalar y probar origen tan antiguo con unas mismas leyes,

creencia, y costumbres en lo substancial? Un poco de letura de Historia

hará ver á qualquiera la inconstancia de los Reynos, la caida de los

Imperios mas poderosos, la mutabilidad de las Monarquías mas

florecientes, porque así lo trae consigo la condicion humana. Quando á

vista de estas mutaciones observamos, que la Iglesia Christiana

permanece desde el principio del mundo, siempre la misma en sus

fundamentales leyes, doctrina, y ordenamientos propuestos en los Libros

Sagrados, sin variedad en la creencia, y sin que la hayan alterado la

succesion de tantos siglos, tantas persecuciones como en todos tiempos

ha experimentado; quando al mismo tiempo vemos, que quanto han

establecido los Filósofos por el uso de la razon, está lleno de

dificultades, contiendas, contradicciones, mudanzas, instabilidad, y

errores, ¿quién habrá que no conozca que la Religion publicada en las

Sagradas Escrituras no puede venir de los hombres establecedores de

cosas caducas, sino de un Dios eterno, é inmutable? La Iglesia, pues,

que nos asegura la Divinidad de las Escrituras, es un testimonio

irrefragable de las revelaciones de ellas. Guarda la Iglesia estos

santos Libros, los conserva, los sigue, cree su doctrina con

uniformidad, y es fiel depositaria de sus verdades. Si todos los hombres

se convienen en un principio de razon, no pueden engañarse, porque

aquello en que todos concuerdan es preciso que sea verdadero. Dios es

Autor de la revelacion como de la razon; su Iglesia, este Pueblo

escogido, que se conviene sin discordia en la creencia de las Divinas

Letras, no puede padecer engaño, ni puede decirse de ella que en esto

puede errar, sin ofender la infinita veracidad de Dios, que ni puede

engañarse, ni engañarnos.

[Nota a: Bayl. _Diccion. Crític. artícul._ Acosta _tom. I. pag. 71 y

artícul._ Beaulieau _tom. I. pag. 522. artícul._ Manichees _tom. 2. pag.

2026_.]

[19] Hemos probado hasta aquí la necesidad de la revelacion y su

exîstencia: resta ahora satisfacer algunos reparos de los Sectarios.

Dicen que MOYSES en sus leyes no señala otras penas á los transgresores

que las temporales, sin hablar de la pena eterna en los Libros sagrados,

que salieron de su mano, cuyo silencio arguye que no tuvo conocimiento,

ni revelacion de ella. Este reparo ya es antiguo, pues le satisfizo S.

AGUSTIN escribiendo contra PELAGIO. Es así que Moyses en sus leyes al

Pueblo Hebreo no habló del castigo de la otra vida; pero no se arguye

bien por eso, que ni él, ni su Pueblo lo creian. Este es argumento

negativo, tomado del silencio de Moyses. En buena Lógica el argumento

negativo para hacer prueba, entre otras cosas pide, que el sugeto que

calló la cosa pudiese y tuviese necesidad de decirla. El Pueblo se

gobierna mas por los sentidos que por la razon: los bienes sensibles le

atrahen, y los moles sensibles le hacen temer, y le contienen. Moyses,

que era Legislador, y conocia muy bien estas cosas, no hallaba necesario

obligar á su Pueblo á la observancia de sus Leyes por unas penas, como

las de la otra vida, que este miraba como de lejos, y que no le harian

viva impresion, aunque las creyese. Aun en los que tenemos la dicha de

recibir la Fe con el Bautismo, suelen hacer mas impresion las penas

temporales que las eternas. Fuera de esto débese el Pueblo Hebreo mirar

con dos respetos, ó como una Nacion particular gobernada por sus propias

Leyes, ó como un Pueblo en quien estaba depositada la verdadera,

Religion. como que era el que conocia y adoraba á un solo Dios. Quando

Moyses establecia las Leyes de su gobierno temporal, no imponia otras

penas que las mundanas; pero por lo que tocaba la Religion tenia este

Pueblo creencia del premio y castigo eternos por la tradicion de sus

mayores, y no era necesario acordarlas, al modo que sucede entre

nosotros; pues las leyes patrias solo nos amenazan con penas y castigos

de este mundo, aunque creemos las que Dios tiene reservadas para el

otro. Este conocimiento del Pueblo Hebreo se manifestó despues mas

claramente por los Profetas, y aun antes por lo que dice JOB; bien que

su total luz se reservaba para Jesu-Christo, que como hijo de Dios, puso

en claro el Reyno de los Cielos, entendido con algunas sombras por los

antiguos Judíos, é ignorado enteramente de los Filósofos. Este punto le

han satisfecho plenamente algunos Escritores Católicos, que lo tratan de

propósito, entre los quales es muy señalado LUIS VIVES[a]. Un resumen de

sus pruebas se puede ver en VALSECCHI, Dominicano[b]; y en el

Diccionario Antifilosófico, escrito para responder al Diccionario

Filosófico de Mr. de VOLTAIRE, que tomando de otros Sectarios este

argumento, ha tirado á promoverle[c]. JUAN SPENCERO, Ingles, Escritor

moderno de las Leyes y Ritus de los Hebreos, trata este punto muy de

propósito, y pone razones y pruebas eficaces de los motivos que tuvo

Moyses para no proponer á su Pueblo otras penas que las temporales,

aunque era cierta en ellos la noticia de las eternas[d]. Debiera Mr.

VOLTAIRE, si impugnase con buena fe, hacerse cargo de las pruebas de un

Escritor tan célebre contra sus aserciones; mas visto es, que en esto

siguió su estilo de decir las cosas, de no probarlas, y de asegurarlas

con los mismos extremos, que si las hubiera probado.

[Nota a: Vives _de Veritat. Fidei Christ. lib. 3. pag. 414._]

[Nota b: Valsecchi _de Fundament. Relig. lib. 2. cap. 10. §. 5. pag. 214._]

[Nota c: _Dictionair. Antiphilos. articl._ Moys. _tom. 2. p. 43._]

[Nota d: Spencer. _de Legib. Hebraeor. lib. 1, cap. 4. tom. 1. pag.

41_.]

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