[137] De este método se han valido con acierto algunos Escolásticos

doctísimos, como es notorio á los que están versados en la letura de

esta suerte de Filósofos. Mas siempre convendrá mantener en las Escuelas

la forma sylogística para probar y rechazar lo que sea necesario,

quitándose todos los abusos que en ella se han introducido, para que

estando bien limada, pueda ilustrar el entendimiento de los jóvenes, y

hacer que en ellos se arraigue la verdad, y se conozca el error para

evitarle. Si en el uso de este método se quitan las porfias y

acaloramientos, la confusion con que se interrumpen hablando todos á un

tiempo, el demasiado ahinco en las altercaciones, la ostentacion y

vanidad con que se desprecian unos á otros, la satisfaccion arrogante y

decisiva con que cada uno asegura la opinion de su partido, los odios,

burlas y desprecios con que se miran los de opiniones opuestas, y en

lugar de estas cosas se arguye con modestia, con templanza, con ánimo de

sujetarse el que entiende menos al que sabe mas, y con verdadera

intencion de alcanzar la verdad, é ilustrar el entendimiento,

ciertamente el método sylogístico será el mas proporcionado para enseñar

á la juventud las Artes y Ciencias. El que haya freqüentado las

Escuelas, facilmente echará de ver que estos defectos son personales;

esto es, de las personas que disputan; pero no del método; y si por

ellos se hubiera este de abandonar, fuera menester arrancar todas las

viñas por los defectos de los beodos. Los exercicios literarios de

argüir y responder con forma sylogística, segun se usa en las Escuelas,

son admirables para arraigar en el entendimiento las ciencias, y hacer

que permanezcan. El probar la _mayor_ de un sylogismo, ó la _menor_ con

otro sylogismo, es preciso hasta que se llegue á conocer la buena, ó

mala constitucion de la doctrina que se intenta introducir.

[138] En un libro se pueden resumir muchas proposiciones en una,

poniendo la prueba de manera que las incluya á todas; pero esto con la

viva voz no se puede hacer, porque se distrae mucho el entendimiento, y

se le escapa la vista de lo principal. El estilo que se guarda en muchas

partes de hacer una licion de puntos, y responder á dos argumentos es

muy bueno, porque la licion es un razonamiento seguido con que el

candidato manifiesta que está instruido en la materia; pero los engaños

y apariencias, que, como diximos, suele haber en tales razonamientos

seguidos, se descubren con los argumentos que hacen los contrarios, y

con el modo de responder y satisfacer á ellos; y fuera conveniente que

en todas las Escuelas se introduxese la loable costumbre de la de

Valencia, donde el respondiente, concluido el argumento del contrario,

le resume y le satisface solo, y de espacio, para que el concurso

conozca que ha entendido la dificultad, que se ha hecho cargo de ella, y

se vea, si la solucion, ó satisfaccion que da, es cumplida, puesto que

en la seguida del argumento no se puede esto conocer con tanta claridad.

El leer con el papel en la mano la disertacion, ó discurso que uno ha

trabajado sobre los puntos que se le dieron, arguye muy poco saber y

amor al descanso, porque no hay cosa mas facil en qualquiera asunto con

mediana instruccion, que componer un discurso que parezca lo que no es,

y leerle sin trabajo ninguno: por el contrario para decirlo de memoria

es menester estar muy radicado en la materia, tener prontas las

especies, y estar expedito en el uso de las pruebas y argumentos, las

quales cosas son necesarias en los que han de ser Maestros de la

juventud. Dicen que este estilo mas es prueba de _memoria_, que de

saber, y que se han visto hombres muy sabios, que por falta de la

memoria se han perdido, ó parado en las liciones de puntos. Yo no puedo

creer, que á los verdaderos sabios les suceda esto, porque estos no se

atan á la letra de la licion estudiada, y les sucede lo que dice

HORACIO:

... _Cui lecta potenter erit res,

Nec facundia deseret hunc, nec lucidus ordo[a]._

A los falsos sabios, que son los mas, sí que les sucede alguna vez. Mas

si falta á alguno la memoria, aunque sea sabio, no es bueno para

Maestro, porque sin buena memoria, que subministre prontas las especies,

ninguno será á propósito para enseñar á los demas con la viva voz.

[Nota a: _Art. Poet. vers. 40._]

[139] Aunque es verdad, que los que no cursan las Escuelas y quieren

pasar por sabios, aborrecen la forma sylogística, hablando mal de lo que

no conocen; con todo, el que sepa la fuerza del sylogismo para descubrir

la verdad, ó falsedad de las proposiciones, segun lo he mostrado

tratando del raciocinio, no debe hacer caso de tales desprecios, estando

asegurado, que entre los modernos bien instruidos, los que hablan con

candor, están á favor de este método para las Escuelas. DUPIN en su

método de estudiar la Teología, tratando de este punto, y haciéndose

cargo de lo que dicen los modernos, escribe así: _Es menester confesar

que las disputas y respuestas públicas, segun el método escolástico, son

de grande utilidad, así para exercitar el entendimiento haciéndole

exâcto, como para proponer y resolver en pocas palabras las dificultades

con limpieza y precision, sin que se pueda nadie escapar, porque se ve

obligado á concluir y probar directamente la proposicion negada, ó de

impugnar la distincion hasta que se haya apurado la dificultad, &c[a]._

Del mismo sentir es el P. MABILLON en sus Estudios Monásticos, despues

de haber exâminado la materia de propósito, y del modo que podia hacerlo

un hombre de los mas doctos de nuestros tiempos[b]. El Marques de

SANT-AUBIN, aunque rechazó con expresiones fuertes la Lógica de las

Escuelas, habla de la forma sylogística en estos términos: _Sin embargo

del desprecio que el vulgo de los modernos hace hoy de las reglas de los

sylogismos, es preciso confesar que enseñan los medios infalibles de

resistir al error de las conclusiones, y que la forma silogística,

bárbara solamente en la apariencia, es en el fondo muy ingeniosa,

&c._[c] Nuestro LUIS VIVES, que reprehendió tanto los abusos de la

Dialéctica de las Escuelas, nunca impugnó la forma sylogística, sino los

defectos personales de los que la exercitan. El aprecio que de los

sylogismos han hecho WOLFIO, y HEINECCIO lo hemos manifestado tratando

del raciocinio, donde hemos puesto algunas pruebas á favor del estilo

escolástico, las quales conviene juntar con las que aquí proponemos.

[Nota a: Dupin. _Method. pour etudier la Theologie, chap. 25. pag.

274._]

[Nota b: Mab. _de Stud. Mon. c. 10. p. 168._]

[Nota c: Sant-Aubin _traitè de l'opinion, tom. 2. pag. 6._]

[140] Es verdad que LOCK no gusta de este método; pero tambien lo es que

sus impugnaciones son comunes, y que forzado de la verdad puso estas

palabras: _A la verdad los sylogismos pueden servir algunas veces para

descubrir una falsedad ocultada con el esplendor brillante de una figura

de Retórica, y de intento encubierta con un período armonioso que hinche

agradablemente el oido: pueden, vuelvo á decir, aprovechar para que un

razonamiento absurdo se manifieste con su deformidad natural,

desposeyéndole del falso celage con que está cubierto, y de la agradable

expresion que al pronto engaña el entendimiento:::: yo convengo, que los

que han estudiado las reglas del sylogismo hasta alcanzar con la razon,

por qué en tres proposiciones enlazadas entre sí con cierta forma, la

conclusion ha de ser ciertamente justa; y por qué no lo ha de ser con

certeza en otra forma: convengo, vuelvo á decir, que estas gentes están

aseguradas de la conclusion que deducen de las premisas, segun los modos

y figuras, que se han establecido en las Escuelas[a]._ Dignas son de

ponerse aquí las palabras de FACCIOLATO, escritor inteligente y

primoroso: _Por Dios y por los hombres os ruego_ (habla con los jóvenes

que han de estudiar la Lógica) _no os dexeis engañar, ni permitáis se os

metan por fuerza ciertos libritos escritos con agudeza y elegancia, de

quienes se dice que son de socorro al entendimiento humano, y que

enseñan el _Arte de pensar_. Apenas comprehenden pocas cosas que

pertenezcan á formar un Lógico; y los que en estos años se han entregado

á ellos, á primera vista ha parecido que son grandes indagadores, y

jueces de la verdad; pero quando se ha venido á las manos y á la pelea,

y ha sido preciso disputar bien, entonces se ha descubierto qué tales

eran. De este modo los exercicios públicos de los Estudiantes, que se

practican por la costumbre y instituto de nuestros mayores, quitada la

contienda, se han convertido en ciertas leturas::: Hoy confiesan todos

los que en esto pueden tener voto, que la Física de cada dia se

perfecciona con nuevas observaciones, y que la Lógica fué llevada por_

Aristóteles, _el mayor ingenio de los mortales, á su última perfeccion.

Mientras durará el mundo y se honrarán las letras, saldrán al público

Escritores que estas mismas cosas las dirán de otra manera,

acomodándolas á los oidos de su siglo; pero si alguno quisiese

introducir en las Escuelas diferente arte de raciocinar y de disputar,

acaso podrá engañarlas con la novedad, mas no ha de poder lograr que

dure mucho. Este es el camino mas llano de averiguar la verdad, aprobado

no con la opinion de pocos hombres, sino con el juicio de toda la

antigüedad, y allanado con el uso de mucho tiempo. Seguidle y os llevará

derechamente, con el deseo de aprovechar, á la Filosofía, es decir, á

todo conocimiento de las cosas mejores[b]._

[Nota a: Lock _Esai del entendem. lib. 4. chap. 17. §. 4 pag. 559_.]

[Nota b: Facciolat. _Paraenesis logicae artis studios, pag. 221._]

FIN DE LA LOGICA.

DISCURSO SOBRE EL USO DE LA LOGICA EN LA RELIGION.

[1] El Chanciller BACON DE VERULAMIO decia, que la poca Filosofía

natural inclina á los hombres al ateismo, pero la ciencia mas elevada

los lleva á la Religion. Añade, que los siglos eruditos, especialmente

si se goza de la paz y de las cosas prósperas, suelen ser causa del

ateismo, porque las tribulaciones y adversidades llevan con mas fuerza

los ánimos de los hombres á la Religion[a]. Lo que este Escritor dice de

la Filosofía natural, se verifica tambien en la Lógica, Metafísica, y

demas partes de la Filosofía, porque por experiencia se ve, que los

grandes Filósofos, si han tenido la fortuna de ser educados en la

verdadera Religion, son los mas pios: los que con poca Filosofía quieren

hablar de todo, como si todo lo entendiesen, dado que no caygan en el

ateismo, casi siempre son de poca piedad. Es cierto, que los siglos

eruditos engendran una casta de semisabios, que introduciéndose en lo

mas íntimo de la Religion sin el estudio, é inteligencia competente,

quieren dar su voto, y aun reglas para gobernar lo mas sacrosanto de

ella. Su instruccion consiste en unos libritos escritos con estilo

brillante, con agudeza, y con pasages de erudicion antigua que los

sorprenden, y faltándoles los fundamentos científicos se dexan llevar de

vanas apariencias. Estos libritos convencen el entendimiento de los

sabios aparentes, y les ganan el ánimo, porque con estos atractivos les

ganan el gusto, con lo que facilmente son llevados á estimarlos y á

seguirlos. Mr. de VOLTAIRE, ROSEAU, L'AMETRIE, HELVETIUS, y otros tales

son testimonios calificados de lo que proponemos. Como estoy persuadido,

que estos sectarios, y otros del tiempo presente persiguen la Religion

Christiana con mala Lógica, quiero mostrar primero, que segun la buena

Lógica es preciso admitir la _revelacion_, como que todas las luces del

entendimiento humano, ya naturales, ya adquiridas, le dictan, que hay

verdades de orden superior á quanto se puede alcanzar con la Lógica

natural, y artificial mas perfecta, las quales se contienen en la

_revelacion_: despues intento hacer ver, que los principales argumentos

con que combaten la _revelacion_ son sofismas muy distantes de la buena

Lógica. No es mi ánimo tratar esta materia, como lo hiciera un Teólogo,

dándole toda la extension que ella pide, así porque no es de mi

instituto, como porque entre tantos, y tan insignes Teólogos como tiene

nuestra España, espero no ha de faltar alguno que dé á conocer á

nuestras gentes los engaños, falta de fundamentos, y mala voluntad, con

que los sobredichos sectarios intentan introducir sus errores por todo

el Orbe Christiano: me ceñiré solo á mostrar la mala Lógica de que usan,

y al mismo tiempo daré un exemplo práctico de las reglas que he

propuesto en este escrito. Evitaré los sylogismos, porque qualquiera se

los podrá formar facilmente.

[Nota a: _Verum est tamen parùm Philosophiae naturalis homines inclinare

in atheismum; at altiorem scientiam eos ad Religionem circumagere ...

postremò ponuntur (inter causas) saecula erudita, praesertim cum pace &

rebus prosperis conjuncta: etenim calamitates & adversa animos hominum

ad Religionem fortius flectent_. Verulamius _sermones fideles, §. 16.

pag. 1165. edicion de Lipsia del año de 1694._]

[2] Por _revelacion_ entiendo la voz de Dios comunicada por sí misma á

los hombres. Dos son las luces que Dios ha dado al hombre: la una

_natural_, la otra _sobrenatural_. Natural es la que exercita el

entendimiento por sus propias fuerzas, con la qual adquiere las verdades

de las Artes y Ciencias humanas: y esta misma es la que hemos

manifestado en esta Lógica, mostrando los caminos por donde ha de andar

para proceder con acierto. Luz sobrenatural es la que no pudiéndose

alcanzar con las fuerzas propias del entendimiento, se logra por la voz

de Dios, que se ha dignado hablar por sí mismo á los hombres para

instruirlos en lo que concierne á su completa y verdadera felicidad. Las

verdades de la luz natural en gran parte se hallan entre los Filósofos

(bien que si se mira con cuidado es mucho mas lo que ignoran que lo que

saben) que se han dedicado con el estudio á ilustrar el fondo que hay en

la naturaleza. Las verdades sobrenaturales están incluidas en las

Sagradas Escrituras, así del Viejo, como del Nuevo Testamento, y en las

tradiciones de los Apóstoles propagadas hasta nosotros. La Iglesia

Católica solamente es la fiel depositaria de las verdades reveladas; y

las divinas Letras junto con las tradiciones Apostólicas no se han de

recibir por otro conducto, estando hoy demostrado con tanta claridad

como las proposiciones de la Geometría, que solo la Iglesia Católica es

la verdadera Iglesia de Jesu-Christo, y que á ella sola pertenece

manifestar las verdades sobrenaturales reveladas. Así como contra la

buena Lógica hay sofistas, y embrolladores que la corrompen, lo mismo

sucede en la Religion verdadera. Unos manteniendo el ser fundamental de

ella, la vician y destruyen en sus partes. Así lo hacen los hereges,

que, sin negar el adorable nombre de Jesu-Christo, no se conforman en

algunos artículos con la Iglesia Católica, en quien este Divino

Legislador depositó su doctrina. Otros, como quien corta el arbol por el

tronco, ó le arranca de raiz, niegan de todo punto la Religion

Christiana, porque niegan la Fe á las santas Escrituras y á las

tradiciones Apostólicas. Los Socinianos, Ateistas, Deistas,

Materialistas, Naturalistas, y otros sectarios de esta naturaleza, que

hoy cunden mucho, pertenecen á esta clase. Los Padres antiguos, unos con

escritos _polémicos_, otros con apologías rechazaron eficacísimamente

esta casta de enemigos del nombre Christiano, puesto que ya entonces los

habia como ahora, y no hacen los del tiempo presente otra cosa que

renovar los errores envejecidos y olvidados; y siendo tanta la

abundancia de escritos con que los Padres, y Doctores de la Iglesia han

impugnado á toda suerte de sectarios, sería del caso que algun Teólogo,

valiéndose de ellos, y adornando sus máxîmas con los atractivos del

siglo presente, los publicase, para que viese todo el mundo que estos

modernos quieren lucirse entre los incautos con pensamientos viejos,

rechazados con invencibles argumentos. Los hombres son tales, que aun la

doctrina mas sólida no la reciben si no les da gusto, y por eso conviene

de tiempo en tiempo vestirla con los adornos del siglo, pues que de

ellos solos gustan los que no aman la verdad por ella misma, sino por

los atractivos con que anda vestida. El exemplo de SANTO THOMAS, que lo

hizo así, puede ser norma á todo Teólogo.

[3] En nuestros tiempos no han faltado escritores excelentes que han

demostrado las verdades de la Religion Christiana, probando la necesidad

de la revelacion, y satisfaciendo plenamente los argumentos que contra

ella proponen los Sectarios. PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches,

BOSUET, Obispo de Meaux, BELARMINO, PETAVIO, NATAL ALEXANDRO, y algunos

otros han ilustrado admirablemente este asunto. Entre nuestros Españoles

hay muchos, y muy buenos que han tratado estas materias. Es singular por

la doctrina, y por la fuerza de argumentos filosóficos, de que usa para

defender la Fe Christiana de las impugnaciones de los sectarios, el

tratado de nuestro LUIS VIVES _de Veritate fidei christianae_, dividido

en cinco libros preciosísimos, pues en ellos comprehendió en la

substancia quanto en este género han dicho los posteriores. ALFONSO DE

CASTRO es otro Español, que con el motivo de tratar de las heregías,

impugna toda suerte de errores, aun los de los sectarios presentes, que

como he dicho son antiguos, con muy apreciables fundamentos. Estos dos

Escritores se diferencian en el modo de escribir de esta manera. CASTRO

convence su asunto con argumentos Teológico-Dogmáticos: VIVES, al paso

que se vale de las Sagradas Escrituras, y doctrina de los Padres, se

aprovecha tambien de la erudicion filosófica con una crisis exâctísima.

[4] Sentados estos presupuestos voy á mostrar por la Lógica la necesidad

de la revelacion. Dos suertes de conocimientos tiene el hombre para

alcanzar las cosas: uno por los sentidos: otro por la razon. Conocemos á

Dios por los sentidos de esta manera: vemos que en todo lo corporeo que

se presenta á ellos no hay cosa ninguna que exîsta por sí sin venir de

otra, de modo que á la que de nuevo exîste llamamos _efecto_, y á

aquella de donde este dimana, llamamos _causa_. De esta observacion

sensible, perpetua é invariable, nace la verdad fundamental del juicio:

_no hay efecto sin causa_, ó lo que es lo mismo, _todo efecto supone

causa_. Como el _todo_ encierra todas sus partes, de manera que no es el

_todo_ otra cosa que el conjunto de todas ellas, de ahí nace otra

proposicion del juicio: _el mundo tiene su causa_, porque no es el mundo

otra cosa que el conjunto de todas las partes que le componen. Como por

los sentidos se alcanza que todo lo corporeo viene de causas corporeas,

y el juicio no puede admitir ningun infinito, porque es superior, y

opuesto á su capacidad; de aquí deduce muy bien, que no pudiendo ser

infinita la serie de las causas corporeas, es preciso que la causa del

mundo no sea corporea, y por consiguiente sea puro _espíritu_, puesto

que se da este nombre á la substancia activa, que en su ser no contenga

nada de material y corporeo. Los hombres de ahora nacen de otros

hombres: los trigos de otros trigos: y así de las demas cosas naturales

que se engendran y destruyen. Si un hombre no engendrase á otro, ó una

semilla no produxese otra, se acabaría la propagacion. Subiendo, pues,

de siglo en siglo hasta el origen, y viendo que nunca una cosa ha nacido

de sí misma, es preciso llegar á la primera, la qual haya sido producida

de otro Ser, y este es Dios, Hacedor de todas las cosas. Así llega el

entendimiento por grados á conocer la causa del mundo y á su Criador; y

así como en la produccion de las partes del Universo anda de causa en

causa, buscando las que son origen de las partes que le componen, quando

llega á la causa del mundo entero, descansa, y se para, como quien está

satisfecho de haber encontrado el último término de sus conocimientos.

Esta Causa del mundo, que le ha hecho de la nada, es la que llamaron los

Griegos _Theos_, los Latinos _Deus_, nosotros _Dios_.

[5] Por la razon alcanzamos á Dios de esta manera. El entendimiento en

todos sus conocimientos busca la verdad: ninguna verdad de este mundo,

por muchas que recoja, le llega á satisfacer, porque queda siempre con

deseos y ahinco de averiguar mas verdades. Esta inclinacion, que no

puede saciarse en este mundo, le hace entender que hay una Verdad

suprema, por la qual suspira, y con la qual sola se puede satisfacer.

Esta Verdad es _Dios_. Conoce el hombre el bien, va en busca de él, y

todos los bienes de este mundo no pueden llenar sus deseos: de aquí

infiere que hay un Bien sumo distinto de este mundo, que en sí encierra

todos los bienes, que á este se enderezan sus inclinaciones, y que en su

posesion consiste su felicidad, pues que en ella consiste el poseer

todos los bienes que apetece. Este sumo Bien es _Dios_. Tiene el hombre

dentro de sí mismo las nociones de lo justo, é injusto, con estímulos de

seguir lo justo, y con remordimientos y temores de algun daño, si sigue

lo injusto. Como en este mundo halla mil estorbos para la justicia,

naturalmente infiere que hay un Autor de la Justicia universal para

llenar los deseos de lo justo, que el hombre tiene. El Autor de la

Justicia universal es _Dios_. Por la recta razon conocen los hombres que

lo justo es digno de premio, y así todos los justos lo solicitan: que lo

injusto es digno de castigo: y los injustos, aunque se huyan y escondan,

sienten interiormente remordimientos, que los acusan y convencen ser

merecedores de pena. De aquí nace la obligacion que cada uno conoce

tener á seguir lo justo; y no habiendo en este mundo premios, ni

castigos suficientes, que sirvan á contentar al justo, y enmendar al

injusto, deduce el entendimiento que ha de haber precisamente un Juez

Supremo, dueño de todos los premios debidos á la justicia y dispensador

de todas las penas que á la injusticia le corresponden, y este Juez es

_Dios_. Hasta aquí camina el hombre con las luces naturales, y conoce á

Dios, sin que en esto puedan tener excusa alguna los Ateistas; pues, ó

han de negar su propio sér, ó han des confesar que todas estas verdades

están dentro de sí mismos; y fomentadas por una buena Lógica toman mas

vigor, y se radican con mas fundamento.

[6] Pero quán poco es todo esto si el hombre no estuviese ayudado de la

revelacion! El entendimiento conoce la suprema Verdad, el sumo Bien, la

soberana Justicia; mas deseando penetrar su sér íntimo, y sintiéndose

movido á buscarle, amarle, y adorarle, le faltan para esto luces

naturales, y lo suple todo cumplidamente con las reveladas. Así que

decia el Apostol, que los Filósofos Gentiles conocieron á Dios; pero ni

le reverenciaron, ni dieron gracias como era debido, porque se

gobernaron solo por sus luces naturales, que no alcanzan á conocer

íntimamente la Divinidad, ni á venerarla como corresponde á su grandeza.

Hay que considerar cierta relacion ó respeto entre Dios y el hombre.

Dios es causa, el hombre efecto: Dios es el sumo Bien, el hombre desea

gozar este complemento de todos los bienes: Dios es la suprema Verdad,

el hombre está en continuos deseos de alcanzarla: Dios es la soberana

Justicia, el hombre se siente incitado á seguirla. Por la justicia es

preciso que el hombre reciba de Dios las leyes por la verdad el

conocimiento recto: por el bien su felicidad: por el poder de causa su

sér y subsistencia.

[7] Es preciso, pues, que haya cierta relacion y respeto entre Dios y el

hombre, de manera, que este ha de conseguir sus bien fundados deseos con

la posesion de Dios, porque así poseerá todo lo que apetece; y Dios le

dá al hombre el conocimiento que necesita para ir ácia él, y le mueve la

voluntad; y como todos los conocimientos, que para estos fines se

requieren, no puedan tenerse por la luz natural del entendimiento, ya

porque esta no excede ciertos límites, ya tambien porque en saliendo de

ellos para las demas averiguaciones que necesita, facilmente cae en el

error, por eso es preciso que las luces naturales las fortalezca con las

de la revelacion. Los estímulos con que se siente el hombre movido á

buscar á Dios, si solo se gobernasen por la luz natural de la razon, le

llevarian á Dios del modo que estas luces le llevan al amor de las

criaturas; pero como sea preciso que el amor de Dios sea mas puro, mas

perfecto, y como que no se endereza á cosa caduca, sino á la posesion de

un bien inmenso, lo qual descubre con toda certeza la revelacion; por

eso es esta precisa para ilustrar el entendimiento, y subministrarle las

luces que le faltan.

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