doctísimos, como es notorio á los que están versados en la letura de
esta suerte de Filósofos. Mas siempre convendrá mantener en las Escuelas
la forma sylogística para probar y rechazar lo que sea necesario,
quitándose todos los abusos que en ella se han introducido, para que
estando bien limada, pueda ilustrar el entendimiento de los jóvenes, y
hacer que en ellos se arraigue la verdad, y se conozca el error para
evitarle. Si en el uso de este método se quitan las porfias y
acaloramientos, la confusion con que se interrumpen hablando todos á un
tiempo, el demasiado ahinco en las altercaciones, la ostentacion y
vanidad con que se desprecian unos á otros, la satisfaccion arrogante y
decisiva con que cada uno asegura la opinion de su partido, los odios,
burlas y desprecios con que se miran los de opiniones opuestas, y en
lugar de estas cosas se arguye con modestia, con templanza, con ánimo de
sujetarse el que entiende menos al que sabe mas, y con verdadera
intencion de alcanzar la verdad, é ilustrar el entendimiento,
ciertamente el método sylogístico será el mas proporcionado para enseñar
á la juventud las Artes y Ciencias. El que haya freqüentado las
Escuelas, facilmente echará de ver que estos defectos son personales;
esto es, de las personas que disputan; pero no del método; y si por
ellos se hubiera este de abandonar, fuera menester arrancar todas las
viñas por los defectos de los beodos. Los exercicios literarios de
argüir y responder con forma sylogística, segun se usa en las Escuelas,
son admirables para arraigar en el entendimiento las ciencias, y hacer
que permanezcan. El probar la _mayor_ de un sylogismo, ó la _menor_ con
otro sylogismo, es preciso hasta que se llegue á conocer la buena, ó
mala constitucion de la doctrina que se intenta introducir.
[138] En un libro se pueden resumir muchas proposiciones en una,
poniendo la prueba de manera que las incluya á todas; pero esto con la
viva voz no se puede hacer, porque se distrae mucho el entendimiento, y
se le escapa la vista de lo principal. El estilo que se guarda en muchas
partes de hacer una licion de puntos, y responder á dos argumentos es
muy bueno, porque la licion es un razonamiento seguido con que el
candidato manifiesta que está instruido en la materia; pero los engaños
y apariencias, que, como diximos, suele haber en tales razonamientos
seguidos, se descubren con los argumentos que hacen los contrarios, y
con el modo de responder y satisfacer á ellos; y fuera conveniente que
en todas las Escuelas se introduxese la loable costumbre de la de
Valencia, donde el respondiente, concluido el argumento del contrario,
le resume y le satisface solo, y de espacio, para que el concurso
conozca que ha entendido la dificultad, que se ha hecho cargo de ella, y
se vea, si la solucion, ó satisfaccion que da, es cumplida, puesto que
en la seguida del argumento no se puede esto conocer con tanta claridad.
El leer con el papel en la mano la disertacion, ó discurso que uno ha
trabajado sobre los puntos que se le dieron, arguye muy poco saber y
amor al descanso, porque no hay cosa mas facil en qualquiera asunto con
mediana instruccion, que componer un discurso que parezca lo que no es,
y leerle sin trabajo ninguno: por el contrario para decirlo de memoria
es menester estar muy radicado en la materia, tener prontas las
especies, y estar expedito en el uso de las pruebas y argumentos, las
quales cosas son necesarias en los que han de ser Maestros de la
juventud. Dicen que este estilo mas es prueba de _memoria_, que de
saber, y que se han visto hombres muy sabios, que por falta de la
memoria se han perdido, ó parado en las liciones de puntos. Yo no puedo
creer, que á los verdaderos sabios les suceda esto, porque estos no se
atan á la letra de la licion estudiada, y les sucede lo que dice
HORACIO:
... _Cui lecta potenter erit res,
Nec facundia deseret hunc, nec lucidus ordo[a]._
A los falsos sabios, que son los mas, sí que les sucede alguna vez. Mas
si falta á alguno la memoria, aunque sea sabio, no es bueno para
Maestro, porque sin buena memoria, que subministre prontas las especies,
ninguno será á propósito para enseñar á los demas con la viva voz.
[Nota a: _Art. Poet. vers. 40._]
[139] Aunque es verdad, que los que no cursan las Escuelas y quieren
pasar por sabios, aborrecen la forma sylogística, hablando mal de lo que
no conocen; con todo, el que sepa la fuerza del sylogismo para descubrir
la verdad, ó falsedad de las proposiciones, segun lo he mostrado
tratando del raciocinio, no debe hacer caso de tales desprecios, estando
asegurado, que entre los modernos bien instruidos, los que hablan con
candor, están á favor de este método para las Escuelas. DUPIN en su
método de estudiar la Teología, tratando de este punto, y haciéndose
cargo de lo que dicen los modernos, escribe así: _Es menester confesar
que las disputas y respuestas públicas, segun el método escolástico, son
de grande utilidad, así para exercitar el entendimiento haciéndole
exâcto, como para proponer y resolver en pocas palabras las dificultades
con limpieza y precision, sin que se pueda nadie escapar, porque se ve
obligado á concluir y probar directamente la proposicion negada, ó de
impugnar la distincion hasta que se haya apurado la dificultad, &c[a]._
Del mismo sentir es el P. MABILLON en sus Estudios Monásticos, despues
de haber exâminado la materia de propósito, y del modo que podia hacerlo
un hombre de los mas doctos de nuestros tiempos[b]. El Marques de
SANT-AUBIN, aunque rechazó con expresiones fuertes la Lógica de las
Escuelas, habla de la forma sylogística en estos términos: _Sin embargo
del desprecio que el vulgo de los modernos hace hoy de las reglas de los
sylogismos, es preciso confesar que enseñan los medios infalibles de
resistir al error de las conclusiones, y que la forma silogística,
bárbara solamente en la apariencia, es en el fondo muy ingeniosa,
&c._[c] Nuestro LUIS VIVES, que reprehendió tanto los abusos de la
Dialéctica de las Escuelas, nunca impugnó la forma sylogística, sino los
defectos personales de los que la exercitan. El aprecio que de los
sylogismos han hecho WOLFIO, y HEINECCIO lo hemos manifestado tratando
del raciocinio, donde hemos puesto algunas pruebas á favor del estilo
escolástico, las quales conviene juntar con las que aquí proponemos.
[Nota a: Dupin. _Method. pour etudier la Theologie, chap. 25. pag.
274._]
[Nota b: Mab. _de Stud. Mon. c. 10. p. 168._]
[Nota c: Sant-Aubin _traitè de l'opinion, tom. 2. pag. 6._]
[140] Es verdad que LOCK no gusta de este método; pero tambien lo es que
sus impugnaciones son comunes, y que forzado de la verdad puso estas
palabras: _A la verdad los sylogismos pueden servir algunas veces para
descubrir una falsedad ocultada con el esplendor brillante de una figura
de Retórica, y de intento encubierta con un período armonioso que hinche
agradablemente el oido: pueden, vuelvo á decir, aprovechar para que un
razonamiento absurdo se manifieste con su deformidad natural,
desposeyéndole del falso celage con que está cubierto, y de la agradable
expresion que al pronto engaña el entendimiento:::: yo convengo, que los
que han estudiado las reglas del sylogismo hasta alcanzar con la razon,
por qué en tres proposiciones enlazadas entre sí con cierta forma, la
conclusion ha de ser ciertamente justa; y por qué no lo ha de ser con
certeza en otra forma: convengo, vuelvo á decir, que estas gentes están
aseguradas de la conclusion que deducen de las premisas, segun los modos
y figuras, que se han establecido en las Escuelas[a]._ Dignas son de
ponerse aquí las palabras de FACCIOLATO, escritor inteligente y
primoroso: _Por Dios y por los hombres os ruego_ (habla con los jóvenes
que han de estudiar la Lógica) _no os dexeis engañar, ni permitáis se os
metan por fuerza ciertos libritos escritos con agudeza y elegancia, de
quienes se dice que son de socorro al entendimiento humano, y que
enseñan el _Arte de pensar_. Apenas comprehenden pocas cosas que
pertenezcan á formar un Lógico; y los que en estos años se han entregado
á ellos, á primera vista ha parecido que son grandes indagadores, y
jueces de la verdad; pero quando se ha venido á las manos y á la pelea,
y ha sido preciso disputar bien, entonces se ha descubierto qué tales
eran. De este modo los exercicios públicos de los Estudiantes, que se
practican por la costumbre y instituto de nuestros mayores, quitada la
contienda, se han convertido en ciertas leturas::: Hoy confiesan todos
los que en esto pueden tener voto, que la Física de cada dia se
perfecciona con nuevas observaciones, y que la Lógica fué llevada por_
Aristóteles, _el mayor ingenio de los mortales, á su última perfeccion.
Mientras durará el mundo y se honrarán las letras, saldrán al público
Escritores que estas mismas cosas las dirán de otra manera,
acomodándolas á los oidos de su siglo; pero si alguno quisiese
introducir en las Escuelas diferente arte de raciocinar y de disputar,
acaso podrá engañarlas con la novedad, mas no ha de poder lograr que
dure mucho. Este es el camino mas llano de averiguar la verdad, aprobado
no con la opinion de pocos hombres, sino con el juicio de toda la
antigüedad, y allanado con el uso de mucho tiempo. Seguidle y os llevará
derechamente, con el deseo de aprovechar, á la Filosofía, es decir, á
todo conocimiento de las cosas mejores[b]._
[Nota a: Lock _Esai del entendem. lib. 4. chap. 17. §. 4 pag. 559_.]
[Nota b: Facciolat. _Paraenesis logicae artis studios, pag. 221._]
FIN DE LA LOGICA.
DISCURSO SOBRE EL USO DE LA LOGICA EN LA RELIGION.
[1] El Chanciller BACON DE VERULAMIO decia, que la poca Filosofía
natural inclina á los hombres al ateismo, pero la ciencia mas elevada
los lleva á la Religion. Añade, que los siglos eruditos, especialmente
si se goza de la paz y de las cosas prósperas, suelen ser causa del
ateismo, porque las tribulaciones y adversidades llevan con mas fuerza
los ánimos de los hombres á la Religion[a]. Lo que este Escritor dice de
la Filosofía natural, se verifica tambien en la Lógica, Metafísica, y
demas partes de la Filosofía, porque por experiencia se ve, que los
grandes Filósofos, si han tenido la fortuna de ser educados en la
verdadera Religion, son los mas pios: los que con poca Filosofía quieren
hablar de todo, como si todo lo entendiesen, dado que no caygan en el
ateismo, casi siempre son de poca piedad. Es cierto, que los siglos
eruditos engendran una casta de semisabios, que introduciéndose en lo
mas íntimo de la Religion sin el estudio, é inteligencia competente,
quieren dar su voto, y aun reglas para gobernar lo mas sacrosanto de
ella. Su instruccion consiste en unos libritos escritos con estilo
brillante, con agudeza, y con pasages de erudicion antigua que los
sorprenden, y faltándoles los fundamentos científicos se dexan llevar de
vanas apariencias. Estos libritos convencen el entendimiento de los
sabios aparentes, y les ganan el ánimo, porque con estos atractivos les
ganan el gusto, con lo que facilmente son llevados á estimarlos y á
seguirlos. Mr. de VOLTAIRE, ROSEAU, L'AMETRIE, HELVETIUS, y otros tales
son testimonios calificados de lo que proponemos. Como estoy persuadido,
que estos sectarios, y otros del tiempo presente persiguen la Religion
Christiana con mala Lógica, quiero mostrar primero, que segun la buena
Lógica es preciso admitir la _revelacion_, como que todas las luces del
entendimiento humano, ya naturales, ya adquiridas, le dictan, que hay
verdades de orden superior á quanto se puede alcanzar con la Lógica
natural, y artificial mas perfecta, las quales se contienen en la
_revelacion_: despues intento hacer ver, que los principales argumentos
con que combaten la _revelacion_ son sofismas muy distantes de la buena
Lógica. No es mi ánimo tratar esta materia, como lo hiciera un Teólogo,
dándole toda la extension que ella pide, así porque no es de mi
instituto, como porque entre tantos, y tan insignes Teólogos como tiene
nuestra España, espero no ha de faltar alguno que dé á conocer á
nuestras gentes los engaños, falta de fundamentos, y mala voluntad, con
que los sobredichos sectarios intentan introducir sus errores por todo
el Orbe Christiano: me ceñiré solo á mostrar la mala Lógica de que usan,
y al mismo tiempo daré un exemplo práctico de las reglas que he
propuesto en este escrito. Evitaré los sylogismos, porque qualquiera se
los podrá formar facilmente.
[Nota a: _Verum est tamen parùm Philosophiae naturalis homines inclinare
in atheismum; at altiorem scientiam eos ad Religionem circumagere ...
postremò ponuntur (inter causas) saecula erudita, praesertim cum pace &
rebus prosperis conjuncta: etenim calamitates & adversa animos hominum
ad Religionem fortius flectent_. Verulamius _sermones fideles, §. 16.
pag. 1165. edicion de Lipsia del año de 1694._]
[2] Por _revelacion_ entiendo la voz de Dios comunicada por sí misma á
los hombres. Dos son las luces que Dios ha dado al hombre: la una
_natural_, la otra _sobrenatural_. Natural es la que exercita el
entendimiento por sus propias fuerzas, con la qual adquiere las verdades
de las Artes y Ciencias humanas: y esta misma es la que hemos
manifestado en esta Lógica, mostrando los caminos por donde ha de andar
para proceder con acierto. Luz sobrenatural es la que no pudiéndose
alcanzar con las fuerzas propias del entendimiento, se logra por la voz
de Dios, que se ha dignado hablar por sí mismo á los hombres para
instruirlos en lo que concierne á su completa y verdadera felicidad. Las
verdades de la luz natural en gran parte se hallan entre los Filósofos
(bien que si se mira con cuidado es mucho mas lo que ignoran que lo que
saben) que se han dedicado con el estudio á ilustrar el fondo que hay en
la naturaleza. Las verdades sobrenaturales están incluidas en las
Sagradas Escrituras, así del Viejo, como del Nuevo Testamento, y en las
tradiciones de los Apóstoles propagadas hasta nosotros. La Iglesia
Católica solamente es la fiel depositaria de las verdades reveladas; y
las divinas Letras junto con las tradiciones Apostólicas no se han de
recibir por otro conducto, estando hoy demostrado con tanta claridad
como las proposiciones de la Geometría, que solo la Iglesia Católica es
la verdadera Iglesia de Jesu-Christo, y que á ella sola pertenece
manifestar las verdades sobrenaturales reveladas. Así como contra la
buena Lógica hay sofistas, y embrolladores que la corrompen, lo mismo
sucede en la Religion verdadera. Unos manteniendo el ser fundamental de
ella, la vician y destruyen en sus partes. Así lo hacen los hereges,
que, sin negar el adorable nombre de Jesu-Christo, no se conforman en
algunos artículos con la Iglesia Católica, en quien este Divino
Legislador depositó su doctrina. Otros, como quien corta el arbol por el
tronco, ó le arranca de raiz, niegan de todo punto la Religion
Christiana, porque niegan la Fe á las santas Escrituras y á las
tradiciones Apostólicas. Los Socinianos, Ateistas, Deistas,
Materialistas, Naturalistas, y otros sectarios de esta naturaleza, que
hoy cunden mucho, pertenecen á esta clase. Los Padres antiguos, unos con
escritos _polémicos_, otros con apologías rechazaron eficacísimamente
esta casta de enemigos del nombre Christiano, puesto que ya entonces los
habia como ahora, y no hacen los del tiempo presente otra cosa que
renovar los errores envejecidos y olvidados; y siendo tanta la
abundancia de escritos con que los Padres, y Doctores de la Iglesia han
impugnado á toda suerte de sectarios, sería del caso que algun Teólogo,
valiéndose de ellos, y adornando sus máxîmas con los atractivos del
siglo presente, los publicase, para que viese todo el mundo que estos
modernos quieren lucirse entre los incautos con pensamientos viejos,
rechazados con invencibles argumentos. Los hombres son tales, que aun la
doctrina mas sólida no la reciben si no les da gusto, y por eso conviene
de tiempo en tiempo vestirla con los adornos del siglo, pues que de
ellos solos gustan los que no aman la verdad por ella misma, sino por
los atractivos con que anda vestida. El exemplo de SANTO THOMAS, que lo
hizo así, puede ser norma á todo Teólogo.
[3] En nuestros tiempos no han faltado escritores excelentes que han
demostrado las verdades de la Religion Christiana, probando la necesidad
de la revelacion, y satisfaciendo plenamente los argumentos que contra
ella proponen los Sectarios. PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches,
BOSUET, Obispo de Meaux, BELARMINO, PETAVIO, NATAL ALEXANDRO, y algunos
otros han ilustrado admirablemente este asunto. Entre nuestros Españoles
hay muchos, y muy buenos que han tratado estas materias. Es singular por
la doctrina, y por la fuerza de argumentos filosóficos, de que usa para
defender la Fe Christiana de las impugnaciones de los sectarios, el
tratado de nuestro LUIS VIVES _de Veritate fidei christianae_, dividido
en cinco libros preciosísimos, pues en ellos comprehendió en la
substancia quanto en este género han dicho los posteriores. ALFONSO DE
CASTRO es otro Español, que con el motivo de tratar de las heregías,
impugna toda suerte de errores, aun los de los sectarios presentes, que
como he dicho son antiguos, con muy apreciables fundamentos. Estos dos
Escritores se diferencian en el modo de escribir de esta manera. CASTRO
convence su asunto con argumentos Teológico-Dogmáticos: VIVES, al paso
que se vale de las Sagradas Escrituras, y doctrina de los Padres, se
aprovecha tambien de la erudicion filosófica con una crisis exâctísima.
[4] Sentados estos presupuestos voy á mostrar por la Lógica la necesidad
de la revelacion. Dos suertes de conocimientos tiene el hombre para
alcanzar las cosas: uno por los sentidos: otro por la razon. Conocemos á
Dios por los sentidos de esta manera: vemos que en todo lo corporeo que
se presenta á ellos no hay cosa ninguna que exîsta por sí sin venir de
otra, de modo que á la que de nuevo exîste llamamos _efecto_, y á
aquella de donde este dimana, llamamos _causa_. De esta observacion
sensible, perpetua é invariable, nace la verdad fundamental del juicio:
_no hay efecto sin causa_, ó lo que es lo mismo, _todo efecto supone
causa_. Como el _todo_ encierra todas sus partes, de manera que no es el
_todo_ otra cosa que el conjunto de todas ellas, de ahí nace otra
proposicion del juicio: _el mundo tiene su causa_, porque no es el mundo
otra cosa que el conjunto de todas las partes que le componen. Como por
los sentidos se alcanza que todo lo corporeo viene de causas corporeas,
y el juicio no puede admitir ningun infinito, porque es superior, y
opuesto á su capacidad; de aquí deduce muy bien, que no pudiendo ser
infinita la serie de las causas corporeas, es preciso que la causa del
mundo no sea corporea, y por consiguiente sea puro _espíritu_, puesto
que se da este nombre á la substancia activa, que en su ser no contenga
nada de material y corporeo. Los hombres de ahora nacen de otros
hombres: los trigos de otros trigos: y así de las demas cosas naturales
que se engendran y destruyen. Si un hombre no engendrase á otro, ó una
semilla no produxese otra, se acabaría la propagacion. Subiendo, pues,
de siglo en siglo hasta el origen, y viendo que nunca una cosa ha nacido
de sí misma, es preciso llegar á la primera, la qual haya sido producida
de otro Ser, y este es Dios, Hacedor de todas las cosas. Así llega el
entendimiento por grados á conocer la causa del mundo y á su Criador; y
así como en la produccion de las partes del Universo anda de causa en
causa, buscando las que son origen de las partes que le componen, quando
llega á la causa del mundo entero, descansa, y se para, como quien está
satisfecho de haber encontrado el último término de sus conocimientos.
Esta Causa del mundo, que le ha hecho de la nada, es la que llamaron los
Griegos _Theos_, los Latinos _Deus_, nosotros _Dios_.
[5] Por la razon alcanzamos á Dios de esta manera. El entendimiento en
todos sus conocimientos busca la verdad: ninguna verdad de este mundo,
por muchas que recoja, le llega á satisfacer, porque queda siempre con
deseos y ahinco de averiguar mas verdades. Esta inclinacion, que no
puede saciarse en este mundo, le hace entender que hay una Verdad
suprema, por la qual suspira, y con la qual sola se puede satisfacer.
Esta Verdad es _Dios_. Conoce el hombre el bien, va en busca de él, y
todos los bienes de este mundo no pueden llenar sus deseos: de aquí
infiere que hay un Bien sumo distinto de este mundo, que en sí encierra
todos los bienes, que á este se enderezan sus inclinaciones, y que en su
posesion consiste su felicidad, pues que en ella consiste el poseer
todos los bienes que apetece. Este sumo Bien es _Dios_. Tiene el hombre
dentro de sí mismo las nociones de lo justo, é injusto, con estímulos de
seguir lo justo, y con remordimientos y temores de algun daño, si sigue
lo injusto. Como en este mundo halla mil estorbos para la justicia,
naturalmente infiere que hay un Autor de la Justicia universal para
llenar los deseos de lo justo, que el hombre tiene. El Autor de la
Justicia universal es _Dios_. Por la recta razon conocen los hombres que
lo justo es digno de premio, y así todos los justos lo solicitan: que lo
injusto es digno de castigo: y los injustos, aunque se huyan y escondan,
sienten interiormente remordimientos, que los acusan y convencen ser
merecedores de pena. De aquí nace la obligacion que cada uno conoce
tener á seguir lo justo; y no habiendo en este mundo premios, ni
castigos suficientes, que sirvan á contentar al justo, y enmendar al
injusto, deduce el entendimiento que ha de haber precisamente un Juez
Supremo, dueño de todos los premios debidos á la justicia y dispensador
de todas las penas que á la injusticia le corresponden, y este Juez es
_Dios_. Hasta aquí camina el hombre con las luces naturales, y conoce á
Dios, sin que en esto puedan tener excusa alguna los Ateistas; pues, ó
han de negar su propio sér, ó han des confesar que todas estas verdades
están dentro de sí mismos; y fomentadas por una buena Lógica toman mas
vigor, y se radican con mas fundamento.
[6] Pero quán poco es todo esto si el hombre no estuviese ayudado de la
revelacion! El entendimiento conoce la suprema Verdad, el sumo Bien, la
soberana Justicia; mas deseando penetrar su sér íntimo, y sintiéndose
movido á buscarle, amarle, y adorarle, le faltan para esto luces
naturales, y lo suple todo cumplidamente con las reveladas. Así que
decia el Apostol, que los Filósofos Gentiles conocieron á Dios; pero ni
le reverenciaron, ni dieron gracias como era debido, porque se
gobernaron solo por sus luces naturales, que no alcanzan á conocer
íntimamente la Divinidad, ni á venerarla como corresponde á su grandeza.
Hay que considerar cierta relacion ó respeto entre Dios y el hombre.
Dios es causa, el hombre efecto: Dios es el sumo Bien, el hombre desea
gozar este complemento de todos los bienes: Dios es la suprema Verdad,
el hombre está en continuos deseos de alcanzarla: Dios es la soberana
Justicia, el hombre se siente incitado á seguirla. Por la justicia es
preciso que el hombre reciba de Dios las leyes por la verdad el
conocimiento recto: por el bien su felicidad: por el poder de causa su
sér y subsistencia.
[7] Es preciso, pues, que haya cierta relacion y respeto entre Dios y el
hombre, de manera, que este ha de conseguir sus bien fundados deseos con
la posesion de Dios, porque así poseerá todo lo que apetece; y Dios le
dá al hombre el conocimiento que necesita para ir ácia él, y le mueve la
voluntad; y como todos los conocimientos, que para estos fines se
requieren, no puedan tenerse por la luz natural del entendimiento, ya
porque esta no excede ciertos límites, ya tambien porque en saliendo de
ellos para las demas averiguaciones que necesita, facilmente cae en el
error, por eso es preciso que las luces naturales las fortalezca con las
de la revelacion. Los estímulos con que se siente el hombre movido á
buscar á Dios, si solo se gobernasen por la luz natural de la razon, le
llevarian á Dios del modo que estas luces le llevan al amor de las
criaturas; pero como sea preciso que el amor de Dios sea mas puro, mas
perfecto, y como que no se endereza á cosa caduca, sino á la posesion de
un bien inmenso, lo qual descubre con toda certeza la revelacion; por
eso es esta precisa para ilustrar el entendimiento, y subministrarle las
luces que le faltan.